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El polvorín

Vaticano: dinero lavado con agua bendita

12 Noviembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 Publicado el lunes, 08 de noviembre de 2010.
Autor: Cynthia Rodríguez.Fuente: CDN.

 

El Instituto para las Obras de la Religión (IOR), mejor conocido como Banco del Vaticano, está envuelto en un nuevo caso de presunto lavado de dinero.

La Procuraduría de Catania (Sicilia) descubrió que en una cuenta del IOR se depositaron 245 mil euros, que eran parte de casi 600 mil euros obtenidos de manera fraudulenta por Vicenzo Bonnaccorsi, miembro del clan Nardo y quien en 2002 estuvo en prisión por el delito de “asociación mafiosa”.

Vicenzo cometió dicho fraude con ayuda de su hermano Antonio y su sobrino Orazio, quien –bendita casualidad– es sacerdote y estudiante de la Universidad Gregoriana en Roma, con diversos contactos en el Vaticano.

Este caso se destapó en un contexto de diversas investigaciones judiciales sobre operaciones del Banco del Vaticano. Destaca la que inició la Procuraduría de Roma, el pasado 21 de septiembre, contra Ettore Gotti Tedeschi, presidente del Banco del Vaticano, por presuntas violaciones a las normas contra el lavado de dinero; además, ordenó a la Guardia de Finanzas bloquear 23 millones de euros de una cuenta del IOR establecida en una sucursal en Roma, del banco Crédito Artegino.

Ello ocurrió después de que la unidad de información financiera del Banco de Italia emitió un aviso por considerar “sospechosas” dos operaciones efectuadas por el IOR: una por 20 millones de euros destinados al banco JP Morgan de Frankfurt, Alemania, y otra por 3 millones de euros a la italiana Banca del Fucino.

Lazos de familia

En el caso de los miembros de la familia Bonnaccorsi, agentes de la Guardia de Finanzas en Roma explicaron a Apro las artimañas de las que éstos se valieron para obtener dinero de manera fraudulenta y depositar una parte de él en el Banco del Vaticano.

La historia es así: en 2006, Vincenzo y Antonio Bonnaccorsi obtuvieron de los Fondos Estructurales Europeos un crédito de 600 mil euros para establecer un criadero de truchas y un estanque para la práctica de la pesca deportiva en la región de Sicilia. Sin embargo, nunca realizaron las obras.

Con fecha 3 de enero de 2006, la mitad de esa cifra --300 mil euros-- fue depositada a la cuenta 1511 en una sucursal de la ciudad de Catania del Banco Popular de Novara, a nombre de Antonio Bonnaccorsi.

Quince días después, otros 250 mil euros fueron depositados en la cuenta número 12138 de la sucursal número 15 del banco BNL de Roma. El propietario de dicha cuenta es el padre Orazio. De acuerdo con la ficha en poder de las autoridades, el dinero fue depositado bajo el concepto de “beneficencia”.

Casi de inmediato, el sacerdote se giró a sí mismo un cheque con la cantidad de 245 mil euros, que se depositaron a su cuenta número 2838150 del Banco del Vaticano, también con el concepto de “beneficencia”. El padre Orazio sólo dejó 5 mil euros en su cuenta del BNL.

“De esta manera, al entrar al banco del Vaticano todo puede ser confuso, porque una vez entrando al IOR, las cuentas pierden la identidad”, dice un funcionario de la Guardia de Finanzas que colabora con la investigación.

Y es que las prácticas del Banco del Vaticano evitan la transparencia y el intercambio de información, a pesar de que el decreto 231/2007 traslada a las leyes italianas una directiva de la Unión Europea (UE), adoptada para evitar las operaciones de lavado de dinero.

Tiempo después. Antonio y Vincenzo retiraron de la Banca de Novara, donde se había realizado el primer depósito, 300 mil euros en efectivo, los cuales fueron confiscados el pasado 27 de octubre de este año.

“Aunque el caso de los Bonnaccorsi quizá no sea el más escandaloso en términos de cantidades lavadas, ejemplifica cómo, todavía en los últimos años, algunos personajes aprovechan las condiciones del Banco del Vaticano para lavar dinero mal habido”, señala el citado funcionario de la Guardia de Finanzas.

Opacidad

Consultado por Apro, el vaticanista Alberto Statera señala que días antes de que la Procuraduría de Roma embargara los 23 millones al IOR, ya estaba en marcha un proyecto de transparencia para restituir el prestigio a la institución pontificia. De hecho, el Banco del Vaticano se comprometió a adecuar, para el 31 de diciembre de 2010, las normas de la UE contra el lavado de dinero.

El IOR nació en 1942 con el papa Pío XII, sustituyendo a la administración creada desde 1887 por el Papa León XIII. Esta institución, que depende directamente del Papa, cuenta con un patrimonio de 5 mil millones de euros, donde se operan 44 mil cuentas corrientes. Su consejo es manejado por un presidente (Ettore Gothi Tedeschi), un director general (Paolo Cipriani) y el presidente de la Comisión Cardenalicia de Vigilancia (Cardenal Tarcisio Bertone).

Fue el Papa Juan Pablo II quien decidió reformar el estatuto del IOR en 1989, para que cinco cardenales conformaran esta comisión, hoy presidida por Bertone.

Para Statera, la Banca Vaticana, más que un paraíso fiscal, se ha convertido en un purgatorio de las sociedades offshore, de misteriosas cuentas cifradas, de lavado de dinero de dudoso origen y de operaciones bancarias que navegan en aguas grises, cuando no verdaderamente negras.

“La idea era que no habría más cuentas corrientes anónimas puestas a nombre de santos o beatos, no debería haber más cuentas con pseudónimos o triangulaciones ocultas como las que por años han transitado en esta institución. Al menos esta era o es la promesa del banquero Tedeschi, quien desde hace un año dirige el IOR”, dice el vaticanista.

Y es que él mismo también ha sido testigo de primera línea de los últimos escándalos donde el Vaticano se ha visto envuelto, siempre por cuestiones de dinero y cuentas aún no aclaradas. Antes de los 23 millones confiscados y de la investigación de Catania, llegaron hasta el IOR las cuentas de Angelo Balducci, empresario involucrado en un fraude con los inmuebles que se construyeron en Cerdeña para realizar la Cumbre del los Ocho, evento que finalmente se llevó a cabo en la ciudad de L’Aquila.

De acuerdo con las fuentes de la Guardia de Finanzas de la capital italiana, no cualquiera accede al Banco del Vaticano, pues además de grandes sumas de dinero --siempre en efectivo, que pueden ser billetes o lingotes de oro-- se necesita tener conocidos, pues ya adentro no se manejan recibos ni cartas de crédito. El discurso es el de la confianza.

Cuando el IOR fue fundado, explica Statera, la idea era que sus inversiones fueran aprovechadas por las diversas conferencias episcopales, las arquidiócesis, las diócesis, las parroquias, las nunciaturas, las órdenes religiosas, los sacerdotes y hasta los monjes, para las distintas obras de la fe.

“Sin embargo no fue así, y tiempo después se descubrió que a las orillas del Tíber (el río que atraviesa Roma y pasa junto al Vaticano) las cuentas servían a los amigos y a los amigos de los amigos, para manejar dinero sin ninguna regla”, señala Statera.

 

Tomado de Laicismo.org

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