Overblog
Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
El polvorín

Wangari Muta Maathai o la mujer árbol

25 Abril 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

"Tengan un arma en una mano y un árbol en la otra".    

 Wangari Muta Maathai

 

 

La inquebrantable determinación de Wangari Maathai inspiró a una generación de kenianos a unirse a la causa ambiental y a expresarse en contra de los políticos corruptos

“La contemplación de las cosas como son, sin error o confusión, sin sustitución o impostura  es en sí mismo algo más noble que una cosecha entera de invención”

  

Francis Bacon (1561-1626) Tomado del libro  biográfico sobre la fotógrafa norteamericana Dorotea Lange.

 

Movimiento Cinturón Verde alentó a las mujeres a formar grupos y armar viveros de árboles.
 

“El Movimiento Cinturón Verde de Wangari Maathai está conducido por y para mujeres rurales kenianas. Lo que empezó con la plantación de unas pocas semillas de árboles creció para transformar el paisaje político de Kenia y el mundo. Maathai entrenó a miles de mujeres en muchísimas cosas desde la conservación del agua hasta el liderazgo civil y, hasta la fecha, llevan plantados 35 millones de árboles en un país devastado por la deforestación. De paso, también ayudaron a derrocar una dictadura.”

 

Ayer al sentarme a escribir la historia de vida semanal me entretuve en leer el artículo de Olaya Dotel  titulado “Margarita Cedeño y la instrumentalización de la mujer” enviado por  Orlando Díaz  editor de Guasábara y un correo electrónico que en uno de sus párrafos decía así:  “Con el mayor respeto, he tenido a bien escribirle en el interés de que, siendo usted una ciudadana prestigiosa cuya firma contribuye en la prensa con análisis regulares, apegados a la voluntad democrática, la honestidad y el compromiso con un pueblo mejor informado, pueda considerar pronunciarse sobre las recientes declaraciones presentes en el libro "Verdades ocultas del Gobierno de Juan Bosch y de la Guerra de Abril" del  señor  Víctor Gómez Bergés”. 

 

 

Las mujeres del Movimiento Cinturón Verde probaron que una delicada semilla puede ser una poderosa herramienta de acción política
 
 

José Marti dijo que muchas veces se escribe sobre alguien por omisión o sea sin nombrarlo lo está diciendo todo así es que hoy a la mañana al revisar lo escrito al calor de lo recibido lo guardé y recordé a una auténtica hija de su pueblo, defensora de la mujeres campesinas africanas. En el año 2004 otorgaron dos premios Nobel a dos  mujeres muy diferentes entre sí. La  ecologista africana y la escritora austriaca. De las dos escribí una historia de vida.

 

Wangari Maathai: mientras da la pelea, sonríe  dice así: Es la primera mujer africana en recibir el galardón del Nobel de la Paz, que la premia por ser ecologista y defensora del medioambiente. En el ámbito privado, también rompió clichés en una sociedad que relega a la mujer. Su marido, un antiguo parlamentario, se divorció de ella en 1980 porque “era demasiado educada, con demasiado carácter y demasiado éxito para poder controlarla”

 

Si las comparaciones son odiosas muchas veces permiten crear similitudes, simetrías, sincronías, también comparar las diferencias son aleccionadoras y ayudan a crecer. Sin ir más lejos, es radical la diferencia entre los dos premios Nobel del año 2004.

 

La diferencia abismal entre la austríaca Elfriede Jelinek, premio Nobel de literatura, blanca, delgada, furibunda, vengativa, polémica, desafiante que advierte que no va a ir a Oslo a recibir el premio y que anuncio  que enviará a la ceremonia de entrega de los premios un video demoledor.

 

En cambio, Wangari Maathai es la primera mujer africana en recibir el galardón del Nobel de la Paz. Apareció en los periódicos hermosa, opulenta, sonriente, con la aristocracia de los de su raza, vestida con ropa étnica y derrochando simpatía.

 

En un libro sobre la menopausia leí que para las blancas era un martirio aceptar el climaterio porque habían sido domesticadas para ser anoréxicas, vivir como objetos del deseo masculino, manipuladas por el mercado y la manía de la eterna juventud.

 

En cambio las negras envejecen de manera saludable porque aceptan con gozo y sensualmente lo instintivo, la naturaleza y sus designios, las necesidades del sexo, la buena comida y el goce de la vida, incluidos los hijos y el amor.

 

Daba el ejemplo de la cantante de ópera Jesse Norman, obesa, estatuaria y con voz de ángel.

 

Wangari Maathai se convirtió a lo largo de su vida en la defensora del desarrollo sostenible, la democracia, del medio ambiente y de los derechos humanos.

 

Es la primera vez que una mujer del continente africano consigue este importante reconocimiento.

 

La primera mujer africana en ganar el Nobel de la Paz nació en Nyeri, Kenia, tiene tres hijos y en ese ano  era diputada y ministra adjunta para Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Silvestre, dentro del gobierno de Mwai Kibaki.

 

Ha sido una pionera desde su época universitaria: se licenció en Biología en Atchison (Kansas) amplió sus estudios en Pittsburgh, en Alemania y en la Universidad de Nairobi, donde se convirtió en 1971 en la primera mujer en obtener un doctorado en toda África Central y Oriental.

 

Cuando fue directora del Departamento de Anatomía Veterinaria en Nairobi, en 1976-1977, Wangari empezó su actividad en el Consejo Nacional de Mujeres de Kenia, una organización que llegó a presidir entre 1981 y 1987.

 

Tiene 64 años, cuenta con amplio reconocimiento internacional por su incansable defensa de la democracia, de los Derechos Humanos y del medio ambiente, lo que le ha llevado a dirigirse en varias ocasiones a la ONU y a intervenir, en nombre de los derechos de las mujeres, en la cumbre quinquenal de la tierra de la Asamblea General de Naciones Unidas.

 

Su mayor contribución ha sido el “Movimiento Cinturón Verde de Kenia”, un proyecto que impulsó en 1977 y que combina la promoción de la biodiversidad con la del empleo a mujeres, y gracias al que se han plantado 30 millones de árboles en su país y se ha dado trabajo a más de 50.000 mujeres pobres en diferentes viveros.

 

Desde 1986, este movimiento originó una gran red panafricana que ha llevado proyectos similares a países como Tanzania o Etiopía.

 

“Si uno desea salvar el entorno, primero hay que proteger al pueblo. Si somos incapaces de preservar la especie humana, ¿qué objeto tiene salvaguardar las especies vegetales?”, declaró en una entrevista hace unos años, resumiendo su filosofía, que ha expuesto más de una vez en la tribuna de la sede central de la ONU.

 

Gracias a su iniciativa se fortaleció la imagen de la mujer en la sociedad.

 

“Nosotros plantamos la semilla de la paz para ahora y para el futuro”, ha declarado la ecologista en sus primeras palabras tras recibir el reconocimiento. La defensa del medioambiente y la promoción de la paz están, a su juicio, “estrechamente ligados” ya que cuando “los recursos escasean combatimos para apropiarnos de ellos”, explicó en la televisión noruega.

 

Enemiga de la deforestación y defensora de suprimir la deuda externa del Tercer Mundo, destacó también como decidida opositora al régimen dictatorial de Daniel Arap Moi en Kenia, y durante los noventa fue detenida y encarcelada varias veces. La organización Amnistía Internacional siempre intercedió por ella. En 1997, Maathi fue candidata a la Presidencia de Kenia, pero su partido retiró su candidatura días antes de las elecciones.

 

En 1998, su oposición a un proyecto gubernamental de construcción en la selva desencadenó una revuelta popular que fue duramente reprimida por el gobierno y que originó la repulsa internacional.

 

Su compromiso se ha visto recompensado con un sinfín de galardones como el de Mujeres del Mundo de Women Aid (1989), el de la Fundación Ecologista Goldman (1991), el Premio África de Naciones Unidas (1991) o el Petra Kelly (2004).

 

Además de ser negra, es linda, robusta, combativa, femenina, envejece con alegría, con ganas de vivir, sin traumas ni furia  y sobre todo mientras da la pelea, sonríe.

 

Hasta aquí la historia de vida pero lo que maravilla y sirve de ejemplo por omisión es lo que esa mujer hizo por su pueblo, por las mujeres y como sembrando un árbol les enseñó a combatir la corrupción de los y las políticas durante siete años.

 

“Movimiento Cinturón Verde de Kenia”

 

Dicen que “fundó  el “Movimiento Cinturón Verde de Kenia”, una especie de lobby ecologista responsable de la plantación de más de 30 millones de árboles por todo el país, para evitar la erosión del suelo, y así mejorar la calidad de vida de las mujeres que lo llevaban a cabo. Esto le hizo merecer el apelativo afectuoso de Tree Woman (Mujer Árbol). Desde entonces, se ha convertido en una mujer muy activa en temas medioambientales y a favor de las mujeres.

 

Bajo el régimen del presidente Daniel Arap Moi, fue a prisión diversas veces y fue atacada de forma violenta por haber exigido elecciones con pluralidad de partidos y el fin de la corrupción y de las políticas tribales. Gracias a prácticamente solo ella, se salvó el Parque Uhuru de Nairobi en 1989 al parar la construcción de un complejo urbanístico promovido por los asociados del presidente Moi. Maathai fue reelegida al parlamento como diputada en diciembre de 2002,] con un 98% de votos, cuando el presidente Mwai Kibaki ganó las elecciones en Uhuru Kenyatta. Desde 2003 ha sido nombrada Ministra de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Salvaje. El mismo 2003 fundó el Mazingira Green Party of Kenya, un partido político de carácter ecologista.

 

El 28 de marzo de 2005, fue escogida como la primera presidenta del Consejo Económico, Social y Cultural de la Unión Africana (o African Union's Economic, Social and Cultural Council).

 

Los bosques que desaparecen

 

En  “Los bosques que desaparecen”, Alan Dater and Lisa Merton narran la vida y el compromiso de Maathai.

 

“En 1977, la bióloga Wangari Maathai atendió el llamado de las mujeres rurales de Kenia. Típicamente responsables de recolectar leña y cultivar el alimento, estas mujeres se vieron seriamente golpeadas por los efectos de la deforestación masiva en Kenia. Vieron desaparecer su fuente de madera y cómo el suelo se secaba y erosionaba.

 

La solución de Maathai fue enseñarles a plantar y hacer crecer nuevos árboles. Los árboles proveían la sombra necesaria y evitaban que el suelo desapareciera por la acción del agua. Al crecer, brindarían madera y materiales de construcción, así como también frutos para combatir la desnutrición. Los árboles también significaban una rara oportunidad de generación de ingresos para las mujeres rurales. La nueva organización de Maathai, llamada "Movimiento Cinturón Verde", pagaba a las mujeres una pequeña suma por cada árbol que plantaban.

 

Las mujeres se organizaron, armaron viveros de árboles e intercambiaron el conocimiento acumulado durante años de experiencia en el trabajo con la tierra y se convirtieron en lo que Maathai denomina "silvicultoras sin diplomas".

 

Hacer conexiones

 

Cuanto más investigaba soluciones para los problemas ambientales de Kenia, Maathai más se daba cuenta de que estos eran simplemente síntomas de una causa mucho mayor. Ella dice que era imposible desconectar los recursos naturales del país de los problemas sociales, de su economía y de su política.

 

"Las cuestiones y los problemas que la gente estaba planteando eran los síntomas de problemas que necesitaban atacarse de raíz. Y así continué yendo más y más hacia la raíz. Empecé tratando la política, la democracia, los conflictos, los derechos de los vulnerables, de mujeres y niños".

 

Confrontar el poder

El activismo de Maathai empezó a hacer olas en la política del país, lo que a menudo la puso a ella, y a sus seguidores, en peligro. En la mira del dictador keniano Daniel Arap Moi, fue regularmente arrestada y encarcelada, incluso se vio forzada a un exilio temporal. Durante una manifestación, la policía la golpeó hasta dejarla inconsciente.

Pero el movimiento se había hecho fuerte y el impulso de la organización de las mujeres del Cinturón Verde, conducidas por Maathai, empezó a cambiar la marea política. Tomó como misión personal proteger una franja de bosque que estaba siendo dividida y puesta en subasta para los seguidores del gobierno. Hombres, mujeres, estudiantes y la comunidad internacional se manifestaron alineados detrás de ella con semejante fuerza que ayudaron a desbancar a Moi en 2002.

 

Ese mismo año, Maathai se postuló para el Parlamento keniano, y ganó su banca con el 98 por ciento de los votos. Al año siguiente, fue designada Viceministra de Medioambiente y Recursos Naturales.

 

Árboles por la paz

 

Como parlamentaria, alentó al personal militar a que plantara árboles alrededor de sus barracas, diciéndoles "tengan un arma en una mano y un árbol en la otra". Los soldados abrazaron la causa ambientalista al ver la conexión entre defender el territorio y defender los recursos naturales de Kenia.

 

Hoy, el activismo de Maathai por el ambiente y los derechos humanos ha crecido hasta traspasar las fronteras de Kenia. El Movimiento Cinturón Verde combate la devastación ambiental y promueve el empoderamiento de las mujeres en toda África y el mundo”.

 

Hasta aquí el recuento de una mujer maravillosa, combativa, gallarda. Es mi intención al narrarla,  al incluir tantas páginas  valiosas de ella como de esos hombres y mujeres que han empuñado armas y árboles   emularlos y quien sabe me digo,  si al contarla no nos contagiamos y  de paso, también ayudamos  a derrocar una dictadura.

 

Fuentes:

Periódico HOY. Areito 11 Diciembre 2004, Wangari Maathai: mientras da la pelea, sonríe  http://www.hoy.com.do/resumen-2006/2004/12/11/209451/print

 

Weeb sobre  Mujeres, poder y política -Ambiente- Raíces de paz - Wangari Maathai y el Movimiento Cinturón Verde. http://www.imow.org/wpp/stories/viewStory?language=es&storyid=1239

 

Wangari Maathai - Un artículo y una película por el Museo internacional de mujeres.

 

Wangari Maathai - Página de la UNESCO Wangari Muta Maathai: El Vivero de la Democracia.

 

Para más información sobre Taking Root: The Vision of Wangari Maathai, visite takingrootfilm.com.

 

Graciela Azcárate

Compartir este post

Comentar este post