Argentina: GATILLO FÁCIL Y REPRESIÓN
(AW) La falta de reacción ante el asesinato por la espalda frente a numerosos testigos de un joven chorro permite sospechar que pueda estar por abrirse o se haya abierto ya sigilosamente una nueva "temporada de caza" de muchachos pobres y morochos dentro de los lindes de la Capital.

Foto El polvorín
Por Juan Salinas / Noticias Urbanas
Buenos Aires, viernes 12 de marzo de 2010 (Noticias Urbanas)
El pasado miércoles 17 de febrero a las 19:37, un policía de civil le disparó por la espalda a un joven que al parecer había robado un comercio cercano y pretendía huir bajando por las escaleras de una de las bocas de subte de la estación Callao del subte B, en el cruce de la avenida homónima con Corrientes.
La persecución fue grabada por una cámara fija de C5N. El fugitivo no llevaba armas en las manos. El policía de paisano le disparó y acertó no una sino tres veces, matándolo. Lo hizo frente a numerosos testigos, incluidos dos estupefactos uniformados de la nueva y controvertida Policía Metropolitana.
Sin embargo, al dar la noticia, ningún medio gráfico identificó al occiso, ni a su victimario, ni siquiera a que comisaría, departamento o división pertenece, y menos aún qué juzgado intervino.
La Nación informó que el muerto tenía 25 años, y el cronista de Clarín se atrevió a escribir, en relación al supuesto asaltante, "No está claro si él llevaba un arma". En cambio, el diario que más y más alto levanta la bandera de los derechos humanos, Página/12, se limitó a pegar un cable de agencia en el que se informaba que el asesinato se había dado en el marco de "un tiroteo".
Al día siguiente, una compañera de trabajo le contó a este cronista que su hija había visto la balacera, que el acribillado no estaba armado y que se lo había contado a H.C. un buen periodista de de Página/12.
El cronista esperó viernes y sábado a que Página/12 publicara algo. Que cuando menos rectificara lo del "tiroteo" que jamás existió. Pero esa breva no maduró. Así que esperó a que el domingo, su columnista estrella, abordara el tema. Parecía algo que, ahora sí, caería por su propio peso, ya que Horacio Verbitsky preside un organismo de Derechos Humanos, el Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels), que tiene como una de sus misiones específicas combatir el llamado "gatillo fácil". Sin embargo Verbitsky soslayó el tema, que ya no volvió a ser abordado por ningún otro medio.
El silencio del Cels y de Página/12 fueron estrepitosos. En lo que respecta al Cels, no sólo por el abandono sigiloso de lo que -al menos bajo la dirección de su fundador, Emilio Fermín Mignone, fallecido en 1998-, era una de sus funciones específicas e irrenunciables, sino también por la prioridad que le concede en los últimos tiempos a destacarse dentro del nutrido coro de los críticos acerbos de los gobiernos de Cuba y Venezuela, y a tomar partido contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) en la añosa guerra civil colombiana, para satisfacción de su principal auspiciante, la Fundación Ford.
El silencio de la prensa ilustra la decadencia del periodismo de noticias policiales en el que hace muchos años se especializara Rodolfo Walsh. Hace veinte años todavía era inconcebible que en caso de balacera los diarios eludieran informar, como mínimo, quienes habían sido los protagonistas y en qué juzgado había quedado radicada la causa. Y para eso no hacía falta adscribirse expresamente a la defensa de los Derechos Humanos: lo hacía puntualmente Crónica, el diario con más vínculos con el mundo policial y delictivo, Sus periodistas (como los de los sucesivos semanarios Así y Esto!, de la misma editorial) tenían perfecta conciencia de que eran leídos en comisarías y reparticiones y especificaban rutinariamente a cargo de qué departamento o división policial había estado a cargo cada procedimiento.
Los cronistas de noticias policiales de entonces sabían mejor que nadie que los "tiroteos" en los que morían delincuentes, no había detenidos pero uno se escapaba, eran, casi por definición, "ratoneras". Es decir, emboscadas tendidas gracias a los datos de un confidente, precisamente el que conseguía escapar, lo que servía para dos cosas: a) buchón que huye sirve para otra delación y b) so pretexto de que el huido lo había llevado consigo, los policías se quedaban con el botín.
No puede descartarse a priori que el fusilado en Corrientes y Callao no ha sido expeditivamente silenciado. Clarín había denunciado el domingo anterior a la ejecución extrajudicial del presunto ratero que las cuatro cuadras de Callao que van de Rivadavia a Congreso se han convertido en una virtual tierra de nadie, en una "zona liberada" de presencia policial, con ocho asaltos a mano armada en menos de un mes.
"Pero eso no fue todo -puntualizó sugestivamente el cronista de Clarín-. "En apenas 48 horas (entre lunes y martes de esta semana) volvieron a ser asaltados tres de esos ocho locales comerciales que ya habían sufrido robos recientemente. Y ayer el panorama empeoró con el asalto que terminó con un delincuente muerto". (Ver Congreso ¿Una zona liberada?).
Consultado el mayor experto en fuerzas policiales y de seguridad que tiene el país dijo que "el silencio de muchos progres ante todo lo que huele a la Policía Federal es patético. Al parecer, sólo estamos autorizados a darle palos a los malos policías bonaerenses, pero no para meternos con la Federal. Hasta ahí llega el progresismo y también toda la oposición. Todos son muuuuuuy cobardes", comentó.
El experto no exageró un ápice: la oposición apenas si abrió la boca cuando policías mataron a golpes a Rubén Carballo, un muchacho que aguardaba con su entrada en la mano el momento de entrar a ver un recital de rock del grupo Viejas Locas en la cancha de Vélez el pasado 14 de noviembre. Todo parece indicar que la policía inició la represión (con infantería, caballería y un blindado hidrante que arrojaba un potente chorro azul que arruinaba la ropa que tocaba) para abrirle paso a sus amigos de la barra brava de Vélez que obviamente querían y lograron entrar sin pagar. La sociedad comercial entre policías y barras bravas había quedado patente poco antes en el mismo estadio de Vélez, cuando tuvo lugar el megaconcierto de Luis Alberto Spinetta y sus bandas eternas, ocasión en que los barrabravas reconvertidos en trapitos pedían hasta 40 pesos por estacionar los autos sobre las veredas de la ochavas.
Los policías, arremetieron, golpearon y balearon con postas de goma a todos los que hacían la cola para entrar sin hacer diferencia entre quienes tenían o no entrada (ver http://viejas-locas.com.ar/novedad/video-de-los-incidentes-y-la-represion-en-el-recital-de-viejas-locas-en-velez/). Para colmo, al parecer, una vez que vieron que Carballo agonizaba, o que ya estaba muerto, sus asesinos parecen haberlo arrojado desde las alturas, en un intento de fraguar las causas del fallecimiento.
"La masividad y diversidad de unidades policiales intervinientes, la coordinación de su actuación represiva y la evidente intención de reprimir sin atenuantes, indican claramente que se trató de un operativo concebido, planificado e impulsado por los mandos operacionales superiores. Más allá del impúdico silencio y la quietud oficial al respecto, todo indica que esos hechos no fueron casuales ni fueron el resultado de una concatenación de excesos, sino, más bien, de algún desajuste o puja interna", escribe Marcelo Saín, ex jefe y hacedor de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) en el último número de Le Monde Diplomaticque (Ver Mientras esté Macri...).
El Gobierno nacional tuvo mucha suerte. Si Carballo u otro muchacho hubieran sido muertos en ocasión de los recitales de Metallica, o de Coldplay, celebrados en Ríver, es muy posible que la proteica oposición lo hubiera convertido en un mártir, y en bandera opositora. Pero la oposición, casi sin excepciones, es antirroquera. Y también es clasista y llena de prejuicios acerca de ese magma poco diferenciado que a sus ojos componen trabajadores manuales, pobres, indigentes, marginales y marginados, los excluidos del banquete. Y Viejas Locas, como su líder, Pity Álvarez, son precisamente de este palo.
Los homicidios de Carballo y del malogrado fugitivo anónimo, al no contar casi con repulsa social, abren la caja de Pandora, y acaso una nueva temporada de caza de jóvenes pobres y morochos.
Una tarea en la que a la Federal quizá no le sea tan fácil ganarle a una Metropolitana adiestrada por el FBI con el beneplácito de la CIA y cuyo vocero lo fue antes del Ejército israelí. Menudo desafío.
Por lo pronto, Canal 13 y el Grupo Clarín ya han puesto la mira sobre la comisaría con jurisdicción en la estación de Liniers.
(Juan Salinas trabajó para revistas y diarios de Argentina, Uruguay y España: Tele/eXprés, El Viejo Topo, Diario de Barcelona, Humor, Caras & Caretas, Mate Amargo, Brecha, Humor y la revista cooperativa El Porteño, quizá su mayor amor, de la que fue editor político entre 1988 y 1993, lapso dentro del cual se desempeñó también como redactor especial y jefe de noticias policiales del diario Nuevo Sur. Fue luego durante años redactor de la sección Economía en la agencia estatal Télam, y corresponsal del diario La Capital, de Rosario, el más antiguo de Argentina.)
AGENCIA DE COMUNICACIÓN RODOLFO WALSH