ARGENTINA: Trenque Lauquen, pueblo fumigado
Por: Pablo Carabelli (*)
En algún momento, hace ya más de una década, Trenque Lauquen exhibía su orgullo en el tratamiento de problemas ambientales. De la mano del Prolim, principalmente, comenzó a circular el mote de “Ciudad ecológica”, que podía verse, sin ir más lejos, en patentes de vehículos y en artículos periodísticos (aun hoy se venden calcomanías con esa denominación, falaz para aquellos tiempos, anacrónica en una actualidad en la que el Prolim agoniza).
Decíamos en los años dorados (cuando medios nacionales como “Clarín” se hacían eco del supuesto carácter pionero de nuestro distrito en materia ambiental) que existían muchos fenómenos que ponían en cuestión la idea “Trenque Lauquen=ciudad ecológica”. Desde GITSA (Grupo Interdisciplinario de Trabajo para la Salud Ambiental) reclamábamos que se atendiera al desastre ecotoxicológico que provocaba el abusivo uso de agroquímicos. Por ello planteamos en todos los foros (HCD, Departamento Ejecutivo, organismos provinciales, medios locales de difusión, charlas-debate con vecinos, etc.) que en este punto nada teníamos de ecológicos. No fue en vano, pero los abusos continuaron hasta ahora.
Por lo antedicho, a nadie debería sorprender que en este 2009 tenga Trenque Lauquen el dudoso honor de figurar, como uno de los cinco sitios de la provincia de Buenos Aires aludidos, en el trabajo “Pueblos fumigados: informe sobre la problemática del uso de plaguicidas en las principales provincias sojeras de la Agentina”. Este notable libro es el fruto del esforzado trabajo del Grupo de Reflexión Rural (GRR) que, junto a otras ONG como el Centro de Protección a la Naturaleza santafesino (CEPRONAT), protagonizan la campaña “Paren de fumigar” (con la cual colabora GITSA).
En la introducción de este informe de 254 páginas, en el que vierten sus afligidos testimonios compatriotas de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, Jorge Eduardo Rulli dice cosas como las siguientes:
“Los testimonios de los pueblos afectados evidencian la poca información y conciencia de los productores y las instituciones gubernamentales en los problemas generados por la apuesta a un cultivo “rentable” y hegemónico en la agricultura argentina, en desmedro de la protección del medio ambiente y de la salud humana.”
Sigue Rulli (coordinador de la campaña “Paren de fumigar”): “La creciente expansión de los monocultivos de soja RR ha barrido con los tradicionales cinturones verdes de morigeración de los impactos que rodeaban los pueblos. Estos corredores estaban generalmente constituidos por montes frutales, criaderos de animales pequeños, tambos y chacras de pequeños agricultores. Ahora los monocultivos llegan a las primeras calles de las localidades y las fumigaciones impactan en forma directa e inmisericorde sobre las poblaciones. Las máquinas fumigadoras se guardan y se lavan dentro de las zonas urbanas, en muchos casos incumpliendo la Ley y en todos, contraviniendo toda norma de prevención; los aerofumigadores suelen decolar de los aeroclubes de las propias localidades y cruzan los pueblos chorreando venenos cuando se dirigen o cuando retornan de sus objetivos sin que la autoridad municipal haga demasiado por impedirlo.”
El referente del GRR plantea, además: “La agricultura industrial de la soja es sinónimo de desmontes, gravísimo deterioro de los suelos, contaminación generalizada y en particular de las fuentes y reservorios hídricos, degradación del medio y de los agroecosistemas, destrucción de la biodiversidad y expulsión masiva de poblaciones rurales. Sin embargo, puede haber todavía consecuencias aún mucho más horrendas. Creemos haber descubierto a partir del caso de las madres del barrio Ituzaingó (Córdoba) y a lo largo de estos cuatro años en que hemos impulsado la campaña “Paren de fumigar”, los elementos necesarios para confirmar una vasta operatoria de contaminación sobre miles de poblados pequeños y medianos de la Argentina. Se está configurando una catástrofe sanitaria de envergadura tal, que nos motiva a imaginar un genocidio impulsado por las políticas de las grandes corporaciones y que sólo los enormes intereses en juego y la sorprendente ignorancia de la clase política logran mantener asordinado. El cáncer se ha convertido en una epidemia en miles y miles de localidades argentinas y el responsable es, sin lugar a dudas, el modelo rural.”
Quien quiera consultar el Informe “Pueblos fumigados” puede hacerlo en la página del GRR: http://www.grr.org.ar. Vale la pena.
Y casi como post-data, teniendo en cuenta lo del Prolim y la “ciudad ecológica” (que no ha sido), recuerdo que en 2004 realizamos con alumnos de Tercero Polimodal de la Escuela Media Nº2 una encuesta a vecinos (400 familias de la ciudad, dividida en cinco zonas ad hoc) para saber cuántos trenquelauquenses estaban separando sus residuos, una década después del lanzamiento del Prolim. ¿Sabe, estimado lector, qué resultado dio esa encuesta? Que sólo el 20% (en realidad el 19% en el promedio de las cinco zonas de la ciudad) lo hacía. A propósito: ¿Usted separa sus residuos?.
(*) Profesor. Presidente de la Comisión por los Derechos Humanos. Integrante de la agrupación ambientalista GITSA.