Brusco cambio de la situación estratégica en el Medio Oriente
| por Thierry Meyssan* El rediseño geopolítico del «Gran Medio Oriente» orquestado por los EEUU en esa región ha fracasado, dejando el campo libre a una nueva alianza, conformada por el triángulo Teherán-Damasco-Ankara. Y Moscú viene a llenar naturalmente la vacante que Washington había dejado. El viento ha cambiado de dirección y está soplando fuerte. Todo el equilibrio regional ha cambiado en unos pocos meses. | |
| | |
El equilibrio del Medio Oriente se ha visto enteramente modificado en el transcurso de los últimos meses. En primer lugar, han cambiado las posibilidades y las posiciones de varios actores. Pero esa evolución es frágil, ya que Washington puede tener posibilidades de desestabilizar la nueva troika. Los múltiples atentados orquestados por la CIA en las provincias no persas del territorio iraní no han desembocado en revueltas separatistas, mientras que la revolución de color orquestada en Irán por la CIA y el MI6 en ocasión de la elección presidencial se vio arrollada por una marea humana. La respuesta a las protestas de varias decenas de miles de opositores que se circunscribieron a los barrios del norte de Teherán fue una gigantesca manifestación en la que se congregaron 5 millones de personas. Finalmente, Washington parece no contar ya con la posibilidad de utilizar nuevamente al Gladio para instaurar una dictadura militar en Turquía. Por un lado, porque la nueva generación de generales turcos ya no tiene la obsesión del kemalismo y, por otra parte, porque el gobierno demócrata-musulmán del AKP se ha dedicado a desmantelar el Ergenekon (la actual versión del Gladio turco). También es posible que Washington y Tel Aviv inventen nuevos pretextos para justificar acciones militares. Esas acusaciones no resisten sin embargo el más somero análisis, al igual que las que el secretario de Estado Colin Powell entregara en el pasado al Consejo de Seguridad de la ONU sobre las supuestas armas iraquíes de destrucción masiva. Las diferentes inspecciones de la AIEA no han encontrado otra cosa que evidencias de actividades civiles y la fuerza de paz de la ONU en el Líbano desmintió la presencia de cohetes Scud en ese país.
Rusia entra en escena La pérdida de influencia de Estados Unidos es tan palpable que el general David Petraeus, comandante en jefe del Central Command, ha dado la señal de alarma en Washington. A su entender, el juego que están jugando los israelíes, no sólo en Palestina sino sobre todo en Irak, ha entorpecido los planes estadounidenses en la región. Más aun, el empantanamiento de las tropas estadounidenses en Irak y en Afganistán las ha transformado en rehenes de Turquía, de Siria y de Irán, únicos países que cuentan con la capacidad necesaria para apaciguar a los pueblos en rebelión. Tomando nota del fracaso del rediseño estadounidense del Gran Medio Oriente, Moscú se ha reposicionado en la escena regional durante el viaje del presidente Dimitri Medvedev a Damasco y Ankara. Refiriéndose a los conflictos con Israel, Rusia ha reafirmado que todo arreglo político debe basarse en las resoluciones pertinentes de la ONU (incluyendo el derecho inalienable de los palestinos al regreso) y en los principios de la conferencia de Madrid (restitución de los territorios ocupados, como el este de Jerusalén y el Golán sirio, a cambio de un tratado de paz). Dimitri Medvedev confirmó además la preferencia rusa por una solución que implique la existencia de dos Estados. Teniendo en cuenta la presencia de un millón de ex soviéticos en Israel, Moscú tiene que prevenir la posibilidad de un éxodo masivo en caso de una caída del régimen sionista. Ante esa posibilidad, Medvedev se pronunció por una reconciliación entre Al Fatah y el movimiento Hamas, y se reunió con Khaled Mechaal, el líder político de la Resistencia palestina, a pesar de que Estados Unidos lo cataloga como «terrorista». Se trata, en efecto, de un paso decisivo por parte de Rusia ya que, después de haberse negado anteriormente por 3 veces a recibir a Mechaal encontrándose este último de paso en Moscú, el propio presidente Medvedev finalmente se reúne con él, y lo hace además en Damasco. En esa ocasión, el presidente ruso subrayó la creciente urgencia de la situación humanitaria existente en Gaza y deploró el poco interés de Washington por la solución de ese drama. Rusia apoya el acercamiento político y económico en marcha entre Irán, Siria y Turquía. Los tres Estados líderes del Medio Oriente han iniciado una intensa fase de cooperación. En varios meses han abierto sus fronteras y han liberalizado rápidamente sus intercambios. Sus economías, estancadas por los años de guerra, han recibido una bocanada de oxigeno. Rusia no tiene intenciones de mantenerse al margen de esta nueva zona de prosperidad. Ankara y Moscú han eliminado la necesidad de visas para sus residentes. Gracias a esa medida un turco puede entrar en Rusia sin necesidad de ese tipo de formalidad, pero no puede hacer lo mismo ni en Estados Unidos ni en los países de la Unión Europea, a pesar de que Turquía es miembro de la OTAN y candidata a entrar a la UE (Unión Europea). Moscú ha creado instancias permanentes de consulta de alto nivel, en los sectores diplomático y económico, con Damasco y Ankara, actitud que contrasta con la política de Estados Unidos. A principios de año, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, conminó a Siria a distanciarse de la Resistencia. En respuesta, el presidente sirio Bachar el-Assad se mostró inmediatamente junto a su homólogo iraní Mahmud Ahmadinejad y con el secretario general del Hezbollah Hasan Nasrallah, e incluso firmó un documento que lleva el irónico título de «Tratado de Distancia Reducida». Aunque la improvisación del encuentro entre los tres dirigentes no dio tiempo a que Khaleed Mechaal estuviera presente, el movimiento Hamas estuvo asociado a él. Las empresas rusas Rosatom y Atomstroyexport, que están terminando la construcción de una central nuclear civil en Irán (en Bushehr) y se encuentran enfrascadas en las discusiones preparatorias de otras más, y tienen prevista la construcción de otra central de ese tipo en Turquía, a un costo de 20 000 millones de dólares. La inauguración de esa instalación debe tener lugar dentro de 7 años. Un proyecto similar está en marcha con Siria. La falta de electricidad, en una región que ha sufrido los bombardeos israelíes, constituye el principal obstáculo al desarrollo económico. Desde la perspectiva del Medio Oriente, la premura rusa por construir dichas centrales no está tan vinculada a una ambición comercial como a la voluntad de poner en manos de los pueblos interesados los medios necesarios para acelerar el desarrollo económico que los occidentales desde hace tanto tiempo les han venido negando. En el plano militar, Rusia tomó posesión de su nueva base naval en Siria. Los diplomáticos rusos se pronuncian fuertemente contra las provocaciones iraníes, pero también han repetido que no creen en las acusaciones occidentales sobre los supuestos programas nucleares militares de Irán o Siria. Aunque el protocolo de los Estados ribereños del mar Caspio no estipula otra cosa que la entrega de armas a Irán en caso de ataque, el presidente Medvedev ha mencionado una posible intervención directa de Rusia y ha advertido a Estados Unidos que una guerra en Irán podría convertirse en una Tercera Guerra Mundial. Sobre esa base, Mevdeved ha expresado su apoyo al proyecto de desnuclearización de la región, o sea al desmantelamiento del arsenal nuclear de Israel. La cuestión acaba de ser presentada a la AIEA.
Para Moscú tiene particular importancia el ayudar a Turquía a resolver sus tensiones seculares con Grecia y Armenia, incluyendo los conflictos de Chipre y del Alto Karabaj. De esa manera, puede ser que Ankara se aleje definitivamente de Tel Aviv y Washington, recuperando así su total independencia. El presidente turco Abdula Gull dado pasos importantes, aunque insuficientes, en dirección de Ereván. Renunciando a 95 años de odio, Turquía y Armenia han establecido relaciones diplomáticas. Otros progresos deben producirse próximamente en cuanto a un acercamiento de Ankara con Atenas con la bendición del patriarca ortodoxo Ciril I de Moscú. Desde ese punto de vista, la visita de Recip Erdogan a Grecia constituye un acontecimiento histórico que reactiva el proceso de reconciliación en el mar Egeo, que si inició en los años 1930 y fue interrumpido por la Segunda Guerra Mundial.
Rompiendo con la estrategia de Estados Unidos en el Mar Negro y el Caspio, Ankara ha aceptado una gigantesca inversión rusa para la construcción de un oleoducto entre Samsun y Ceyhan. Este oleoducto debe llevar al Mediterráneo el petróleo ruso del Mar Negro, eliminando así la necesidad de trasladarlo a través de los estrechos, poco convenientes para el tránsito de materias contaminantes. De la misma manera, Ankara estudia actualmente su posible participación en el proyecto de gasoducto ruso conocido como South Stream. Una confirmación de la participación turca haría inútil el proyecto rival que proponen Estados Unidos y la Unión Europea bajo la denominación de Nabucco. En suma, el apoyo ruso garantiza la continuidad del triángulo Teherán-Damasco-Ankara ante la hostilidad de Estados Unidos y de la Unión Europea. El equilibrio estratégico del Medio Oriente acaba de registrar una transformación. La onda expansiva puede extenderse al Cáucaso.
|