DESPUÉS DE 20 AÑOS EN EL PODER IZQUIERDA CHILENA INTENTA SALVAR AL PROGRESISMO
MENSAJE DE LA 36
El candidato oficialista Eduardo Frei dio la sorpresa el jueves por la noche al cerrar su campaña electoral, y aceptar la propuesta del representante izquierdista de formar un pacto para evitar el triunfo del abanderado derechista en la segunda vuelta electoral presidencial de enero.
Las encuestas coinciden en que el multimillonario Sebastián Piñera, que representa a la ultraderechista Unión Demócrata Independiente UDI y de la derechista Renovación Nacional RN, triunfará en las elecciones del domingo, pero sin la mayoría suficiente para evitar el balotaje.
“Quiero hoy día, aquí en Concepción en el sur, acoger el llamado que ha hecho nuestro amigo y candidato del Juntos Podemos, alianza liderada por los comunistas, Jorge Arrate. A partir del 13 de diciembre por la noche será el momento de la unidad”, anunció sorpresivamente Frei.
Frei aparece, según todas las encuestas, entre 13 y 17 puntos detrás de Piñera y para tener posibilidades de ganarle en la segunda vuelta del 17 de enero a Piñera de los votos del abanderado comunista y de los sufragios del candidato independiente Marco Enríquez, Ominami, que renunció al partido socialista PS para lanzarse a una aventura presidencial en junio último.
Arrate aparece captando entre el 5 y el 7% de los sufragios y Enríquez, Ominami el 17%.
Frei tiene las mejores posibilidades de pasar a segunda vuelta y competir con el empresario Piñera, por lo que necesita captar votos de los comunistas y del candidato independiente.
De momento Enríquez, Ominami ha rechazo la propuesta de Arrate, un ex ministro socialista que también renunció al PS.
Los cuatro candidatos presidenciales cerraron sus campañas con sus discursos centrados en el balotaje, un par de horas antes del inicio de la veda electoral que se extenderá hasta las elecciones del domingo.
El primero en cerrar su actividad proselitista fue Piñera, que ante unas 10.000 personas dijo que “faltan sólo tres días para que el cambio y el futuro y la esperanza empiecen a llegar a todos los hogares chilenos, pero muy especialmente a los hogares que más lo necesitan”.
Afirmó que sus contendores han tenido cuatro oportunidades para cambiar el país, en alusión a los gobiernos de la coalición de centroizquierda que han gobernando desde el retorno de la democracia, en 1990.
“No le han cumplido a los chilenos y ahora quieren una quinta oportunidad, ¿creen que se la merecen?”, preguntó, vestido con camisa blanca, mangas arremangadas, una corbata roja y acompañado por su esposa.
Piñera, un economista de 60 años, es un derechista atípico que no pierde ocasión de recordar que se opuso a que el ex dictador Augusto Pinochet gobernará ocho años más en un plebiscito en 1988, aunque representa a los partidos que fueron el sustento civil del régimen militar 1973, 1990.
Esta es la ocasión en que la derecha política ha estado más cerca de llegar al poder en medio siglo, básicamente porque la coalición oficialista de centroizquierda va con tres candidatos, uno como independiente.
El senador y ex presidente Frei 1994, 2000, abanderado de la Concertación oficialista, ya empezó a trabajar con miras al 17 de enero, anticipó que relanzará el próximo martes su propaganda con miras al balotaje e incluso estrenó ya su nueva propaganda, que lo muestra junto a la presidenta Michelle Bachelet.
“Por primera vez las fuerzas progresistas democráticas llegamos representados por tres candidatos al momento de la elección, pero hay algo más importante que eso, somos muchos más los que creemos en la libertad, en la democracia, en el respeto a los derechos humanos como valores fundamentales”, dijo Frei.
El díscolo diputado Marco Enríquez, Ominami, que renunció al Partido Socialista para presentarse como independiente, cerró simbólicamente su campaña en La Calera, 120 kilómetros al norte de Santiago, una de las localidades por las que su padre aspira a la reelección en el Senado.
“Dijeron que era imposible que superáramos 5% de las encuestas, y según las encuestas nuestras no solo las superamos, sino que pasamos a segunda vuelta”, declaró el diputado.
Brasil avisa a Zelaya que debe dejar embajada en enero.
Francisco Catunda, encargado de negocios de la embajada de Brasil en la capital hondureña, dijo que Zelaya sabe que debe salir hasta esa fecha de la sede diplomática.
Brasil dio aviso al presidente depuesto de Honduras, Manuel Zelaya, que debe abandonar la sede diplomática del país suramericano, donde está alojado, cuando concluya su mandato el 27 de enero, reveló el viernes un diplomático brasileño.
Francisco Catunda, encargado de negocios de la embajada de Brasil en la capital hondureña, dijo telefónicamente a la red televisiva Globo que Zelaya sabe que debe salir hasta esa fecha de la sede diplomática, donde se instaló en setiembre después de entrar subrepticiamente al país centroamericano.
“Él, por Zelaya tiene conciencia de que tiene que salir el 27 de enero, al terminar su mandato, tiene que buscar otro destino”, expresó Catunda.
La televisora citó también al gobernante derrocado, quien confirmó la intención de salir de la embajada antes del plazo establecido.
“La posición mía es salir lo más pronto posible, lógicamente con el respaldo del gobierno de Brasil”, declaró Zelaya telefónicamente a la televisora.
La Associated Press consultó con la presidencia y el ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil sobre el tema, pero no respondieron inmediatamente.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el ministro de Relaciones Exteriores, Celso Amorim, se encontraban el viernes en Lima para un encuentro con el gobernante peruano Alan García.
Zelaya fue derrocado el 28 de junio y, desde entonces, Brasil exigió su restitución al cargo y dijo desconocer el resultado de las elecciones del 29 de noviembre, en las que resultó electo el conservador Porfirio Lobo, por considerar que el proceso se realizó bajo un gobierno ilegítimo.
Este viernes arrancó hoy el juicio contra Astiz y otros marinos asesinos de la armada Argentina.
Se los juzgará por el secuestro de las monjas francesas y de Rodolfo Walsh.
Casi una veintena de represores, encabezados por Alfredo Astiz y Jorge “El Tigre” Acosta, deberán enfrentar el demorado juicio por los crímenes ocurridos en la Escuela de Mecánica de la Armada ESMA, donde funcionó uno de los centros clandestinos de detención más grandes de la última dictadura militar.
Apenas 24 horas antes del inicio del debate, Astiz decidió echar a su abogado, Juan Aberg Cobo, diciendo desconocer la autoridad del Tribunal Oral Federal 5 para someterlo a proceso, pero se estima que al iniciar el debate los jueces le designaran un defensor oficial para que, de todas maneras, responda por sus delitos.
Astiz se hizo conocido como “El Angel Rubio” y su figura se transformó en uno de los símbolos del accionar de la dictadura: a él se le atribuye haberse infiltrado en un grupo de familiares de desaparecidos en la Iglesia de la Santa Cruz y haber secuestrado a todos sus integrantes, entre ellos las monjas francesas Leonie Domon y Alice Duquet.
El juicio en su contra había empezado en 1987 pero quedó trunco a raíz de la ley de Obediencia Debida, promulgada por el entonces presidente Raúl Alfonsín, y revocada en 2004 por la Corte Suprema.
Por eso tendrá que sentarse en el banquillo de los acusados junto a otros 18 integrantes de Grupo de Tareas 3.2.2 que actuó en la ESMA.
Además de Astiz, los acusados son los oficiales retirados de la Armada Jorge “El Tigre” Acosta, jefe de inteligencia del grupo represivo; Oscar Montes ex canciller de la dictadura y Adolfo Donda Tigel, acusado del secuestro de su hermano y apropiación de su sobrina y actual diputada Victoria Donda.
También serán enjuiciados Antonio Pernías, Jorge Rádice, Juan Carlos Rolón, Carlos Capdevilla y Ricardo Miguel Cavallo. La nómina se completa con Juan Antonio Azic, Julio César Coronel, Juan Carlos Fotea, Manuel Jacinto García Tallada, Pablo Eduardo García Velasco, Carlos Orlando Generoso, Alberto González, Oscar Antonio Montes, Néstor Omar Savio, Raúl Enrique Scheller y Ernesto Frimón Weber.
Desde las 10 de la mañana, los jueces Oscar Hergott, Daniel Obligado y Ricardo Farías llevarán adelante este juicio “será paradigmático porque se unifican tres partes de la megacausa ESMA” que estuvo en manos del juez Sergio Torres, según dijo el Centro de Estudios Legales y Sociales CELS.
El CELS detalló que el juicio se basa en “Testimonios A”, es decir investigaciones cerradas en la década del “80”, pero que no pudieron llegar a juicio por la sanción de las leyes de impunidad, referidas a hechos padecidos por 63 víctimas; “Testimonios B”, el sub, expediente conocido como “causa Monjas Francesas” o “Iglesia de la Santa Cruz”, y “Testimonios C”, en donde se ventila la desaparición del periodista Rodolfo Walsh. El inicio del proceso de la ESMA ya fue suspendido en dos oportunidades.
El proceso estará a cargo del Tribunal Oral Federal 5.
La justicia tiene identificados a más de 250 represores que actuaron en este centro clandestino de detención y a más de 800 compañeros que estuvieron secuestrados allí. Sin embargo, en esta oportunidad se juzgará solo a 19 genocidas por los delitos cometidos contra 85 personas, apenas el diez por ciento de las identificadas y un porcentaje ínfimo si se tiene en cuenta que por este campo de concentración de la Marina pasaron 5000 detenidos desaparecidos. La gran mayoría de las imputaciones realizadas por el juez de instrucción, Sergio Torres, corresponden a aplicación de tormentos y no se acusa a ninguno de los represores por homicidio a pesar de que está probado que ocho de las víctimas fueron asesinadas, ellas son: Esther Ballestrino de Careaga, Leonie Duquet, María Cristina Lennie, María Ponce de Bianco, José María Salgado, Azucena Villaflor de Devicenci, Raimundo Aníbal Villaflor.
Estos querellantes pedirán que se incluya esa acusación en el debate oral.
Este tramo de la megacausa ESMA que llega a juicio llevará a los tribunales de Comodoro P y por segunda vez a represores de ese campo de detención, tortura y exterminio.
En 2007, el TOF 5 había tenido a su cargo el juzgamiento al torturador Héctor Febres pero no llegó a dictarle sentencia ya que fue asesinado el 10 de diciembre de ese año con cianuro.
En España como en nuestro país -y después de haber sido derrotada en las últimas elecciones el voto por el juicio y castigo a los culpables de terrorismo de estado- los torturadores, militares, policías, médicos y civiles colaboradores de la dictadura, siguen impunes.
Un escritor español Jacinto Antón ha recogido en su libro “Vivir a muerte” algunos testimonios de condenados franceses a la pena capital. Hasta hoy mismo se trasladan días similares durante la lucha de liberación nacional en nuestro país. Pocos días antes de las elecciones la gran prensa oficialista se ocupó de evitar por todas las formas del suicidio y la carta dejada por un matrimonio, padres de un joven Tupamaro asesinado por las Fuerzas Conjuntas durante el 14 de abril de 1972.
“Mi última carta: me fusilan hoy”
“Vivir a muerte” reúne misivas de resistentes franceses condenados a la pena capital.
¿Qué escribiríamos si supiéramos que nos van a fusilar dentro de unas horas? ¿Qué mensajes dejar a los seres queridos, al mundo, a la posteridad? ¿Qué horrores de esos momentos postreros conjuraríamos, qué cuentas trataríamos de ajustar con la vida, qué arrepentimientos, despedidas, recuerdos o desafíos plasmaríamos en el papel?.
¿Qué escribiríamos si supiéramos que nos van a fusilar dentro de unas horas? ¿Qué mensajes dejar a los seres queridos, al mundo, a la posteridad? ¿Qué horrores de esos momentos postreros conjuraríamos, qué cuentas trataríamos de ajustar con la vida, qué arrepentimientos, despedidas, recuerdos o desafíos plasmaríamos en el papel? ¿Cómo sería nuestra última carta?
“A las 4 me van a fusilar. Si vieras lo calmado que estoy, mamá querida”, escribió Robert Busillet, de 19 años, en la prisión de Fresnes en 1941.
“Vive, tienes que vivir”, anotó otro para su amada antes de caer bajo las balas de los nazis.
“No tengo miedo, no es mi costumbre”, fue el último, valiente mensaje a su familia del rehén Michel Dabat, abatido por el pelotón de fusilamiento en Nantes.
Vivir a muerte, Barril & Barral, 2009, un libro conmovedor, imposible de leer sin que en más de una ocasión se inunden los ojos de lágrimas.
“voy a llevar en el pecho vuestras fotos para que me acompañen en el ataúd”, “mi alegría más grande sería que pensaras en mí lo menos posible y que rehagas tu vida”, “besos grandes, besos como sólo podemos dar cuando son los últimos”, “me gustaría que cuando el niño fuera mayor le habléis mucho de mí”, “no te olvides de mis zapatos, los llevé a arreglar, se los das a Maurice”, recoge un centenar de cartas de resistentes de Francia, franceses y extranjeros, hay un español, que sufrieron la pena capital, la mayoría fusilados por los nazis, muchos como rehenes, aunque alguno en la guillotina o decapitado por hacha en Alemania. Dos son de mujeres. Todas fueron escritas entre 1941 y 1944.
Las cartas, un camposanto de vidas truncadas donde aletea aún el eco terrible del tiro de gracia y por el que uno discurre atribulado hasta el quebranto, están todas documentadas en el libro, con el nombre del remitente y una semblanza biográfica. Desprenden los textos, escritos en la situación más angustiosa y límite que puede afrontar un ser humano, un torbellino de emociones: amor, coraje, esperanza, orgullo, ternura. También, una urgencia, lógica, y una implícita mirada al gran misterio de la muerte.
La mayoría de los condenados se disculpa por el dolor que, involuntariamente, va a causar a sus seres queridos. Tratan de tranquilizarlos, mostrando valor, resignación, serenidad o sosiego. Deseamos que fuera eso lo que en realidad sentían. “No he sufrido antes y ya no más después, por supuesto”, “pasamos el tiempo contando chistes”, “siempre soñé, mira tú por dónde, morir de pie un día en que el sol brillara”. La última frase la escribe Fernand Zelnikov, empleado de peletería parisiense de origen judío ruso, que participó en varios atentados contra soldados alemanes.
Por su parte, el rehén Bernard Grinbaum anota poco antes de ser pasado por las armas, con desdén: “Bah, no importa”.
Es una constante en los hombres con pareja pedir a ésta que rehaga su vida: “Te deseo que encuentres un buen proletario digno de ti”, escribe a su mujer el tornero comunista y combatiente clandestino Maurice, que reconoce: “Es duro decir esto porque estoy celoso aun ante la muerte”.
El humor y la ironía brillan por su ausencia; en cambio, abundan el patriotismo y la religión. Hay reos de todas las clases sociales y profesiones, incluso un abad. Las cartas son remitidas por las autoridades después de la ejecución. Una del libro lleva un mensaje secreto en código. Varias son enviadas clandestinamente, incluso lanzadas por encima de los muros de la cárcel.
En algunas cartas leemos desesperación, rabia, miedo, odio o afán de revancha. “Vengadme”, escribe el judío Simon Fryd, que ha atacado con granadas a un destacamento de la Wehrmacht. Otros perdonan; Émile Bertrand escribe: “He cumplido con mi deber, sólo siento, y de todo corazón, haber matado”. Guy Môquet, detenido por pegar carteles y al que fusilan con 17 años, escribe a su Odette: “Siento no haber podido tener lo que me prometiste”.
No es el más joven. Henri Fertet cuenta 16, pero mucho valor: “No quiero venda en los ojos ni que me aten”.
Pese a que todos tratan piadosamente de hurtar los detalles escabrosos, en algunas misivas se percibe la provisionalidad atroz de las últimas horas: “Te escribo de pie, a la luz que pasa a través de la mirilla”; “mi escritura es quizá un poco temblorosa, pero es que tengo un lápiz muy pequeño”; “te escribo sobre un cubo nauseabundo”; “sed fuertes como lo seré yo cuando las balas me sacudan”; “vienen a buscarnos”.
Se traslucen dudas: “Creo que voy a morir con valor”, “creo que todo irá bien” (!) “y sabré morir como un hombre”; “tengo mucho coraje, pero estoy un poco nervioso”. Algunos tratan de ser prácticos: “Dejo mi chaqueta de cuero, trata de recuperarla”. Uno incluso recuerda devolver los volúmenes de La Pléiade prestados. “Haz editar mis poemas”, escribe el líder partisano de origen armenio Missak Manouchian. Hay verdaderos testamentos. Otros filosofan. Predomina la contención pero hay anotaciones desgarradoras: “Hallaré valor pensando en tu amor”; “sabes que alguna vez hemos discutido, pero te quería mucho”. “Un último largo, largo beso en tus labios”, escribe el maquisard Paul Meyer a su mujer. Y otro a la suya: “Lamento profundamente no haberte hecho feliz”.
Palabras desde el paredón
- “Te ruego que de vez en cuando te acuerdes de nuestro amor”.
- “Voy hacia la muerte como a una nueva aventura”.
- “Sé feliz en los brazos de otro”.
- “Siempre soñé, mira tú por dónde, morir de pie un día en que el sol brillase”.
- “Siempre he tenido tanto, tanto miedo a morir”.
- “A la tumba, cuando vengáis, traedme sólo flores rojas”.
- “Perdonadme las faltas de ortografía”.
Hay una historia que a la corta o a la larga siempre será recogida por los escritores y las editoriales distribuirán entre los pueblos. Ya no hay temor siquiera, ni a que otros sigan el ejemplo o alcen las mismas banderas. Hace falta que las aguas estén tranquilas, que reine la madurez y el raciocinio y sobre todo que los mismos rebeldes de otrora hayan sentado cabeza y con el prestigio del pasado tranquilamente se hallen ahora abocados a proseguir la obra del sistema.
Millones de obreros asesinados por el fascismo en Europa. Cientos de miles de comunistas, socialistas, anarquistas, republicanos y combatientes internacionalistas asesinados por el franquismo español. 30 mil asesinados y desaparecidos en Argentina, por la dictadura militar fascista. Casi dos mi, asesinados y desaparecidos en Chile durante la dictadura del carnicero Augusto Pinochet. Decenas de miles de muertos y desaparecidos en Centro América, Guatemala, Honduras y el Salvador, durante los años de terrorismo de estado en esos países. Miles y miles de asesinatos y desapariciones durante el gobierno de Fujimori en Perú. Muertos y desparecidos en Brasil y Paraguay en el periodo de dictadura y del “Plan Cóndor”, bajo los mandatos de los dictadores Costa e Silva, Garrastasu Medici y Stroesner. Asesinados y torturados arrojados a los volcanes de Nicaragua en tiempos de Anastacio Somoza.
Más de seiscientos muertos y desaparecidos en nuestro país durante los gobiernos fascistas de Pacheco Areco, Bordaberry y la dictadura cívico militar.
Una nebulosa de amnesia cubre buena parte de la humanidad actual. Solo unos pocos canallas mantienen la memoria y tozudamente, neciamente siguen teniendo ojos en la espalda y no olvidan. Ni se dejan engañar por quienes han hecho de la tragedia una forma de obtener beneficios y bancas legislativas.
¡Oiga qué tristeza!:
“No tengo memoria personal”
- ¿Qué quiere decir que no tiene memoria personal?
“Que para los problemas que tuve yo, qué me pasó con fulano o con mengano, qué me pasó a mi acá o allá, no tengo memoria personal. Tengo memoria colectiva sobre lo que le pasó al país, cómo actuaron los actores que actuaron, cómo actuamos los actores que actuamos. Tengo memoria histórica, no memoria personal. En el ejercicio de los cargos me estoy refiriendo, porque después cada uno…”
- ¿Qué hace?
“Cuando se me viene la memoria personal lo arreglo conmigo mismo. Me sirvo un traguito y me arreglo”.
- ¿No guarda rencor?
No, eso sí no tengo ninguno.”
Esto lo dice en la contratapa del último Búsqueda, un Tupamaro del ‘73, un futuro ministro del gobierno de Mujica, el mismo que siendo legislador del Frente Amplio durmió en los mismos cuarteles donde había estado preso.
“NUEVAMENTE VIENEN A BUSCARNOS”
DISPUESTOS A DAR UNA NUEVA BATALLA DE PIE, SIN VENDAS NI ATADURAS.