El pretexto climático: La ecología de la guerra
| El pretexto climático 1/3
El discurso ambientalista apareció en la escena política internacional a principios de los años 1980. Esencialmente positivo, rápidamente se convirtió en atributo indispensable del poder legítimo. Los más importantes jefes de Estado o de gobierno lo han hecho suyo en algún momento de sus carreras. Las transnacionales más contaminadoras han financiado abundantemente los órganos de la ONU vinculados a la protección del medio ambiente. En este artículo, que presentamos en 3 partes y que no será probablemente del agrado de los ecologistas ni de sus adversarios, Thierry Meyssan hace un recuento de la perturbadora historia de la retórica ambientalista, que a menudo ha servido para manipular las buenas intenciones o el miedo al futuro como medio de justificar polémicas decisiones militares o económicas. | |
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El presidente Gerald Ford, el secretario de Estado Henry Kissinger y el consejero para la seguridad nacional Brent Scowcroft. Después de haber estudiado las consecuencias del calentamiento climático, los tres decidieron, a finales de 1974, que Estados Unidos tenía que hacer de la reducción de la población mundial uno de sus objetivos estratégicos. La conferencia de Copenhague sobre el medio ambiente fue el ejemplo por excelencia del abismo que existe entre la realidad de este tipo de evento y la imagen de él que nos ofrecen los medios. Antes de la conferencia, numerosas personalidades aseguraban que el mundo se iba a acabar al día siguiente si no se hacía algo y calificaban la cumbre de «última oportunidad para la humanidad». Pero cuando ese encuentro se terminó sin alcanzar un acuerdo de obligatorio cumplimiento, esas mismas personalidades aseguraron que la situación no era tan grave, que se alcanzaría el acuerdo en futuros encuentros y que la Apocalipsis podía esperar un poco más. Para entender lo que realmente sucedió en Copenhague y lo que realmente está en juego cuando se habla de la «amenaza climática» es necesario mirar hacia atrás y pasar en revista todo el proceso que dio como resultado el surgimiento de esta nueva ideología y desembocó en el show de Copenhague. Concentraremos nuestra atención en otro aspecto del asunto: A lo largo de 40 años, las cuestiones vinculadas al medio ambiente han sido manipuladas con los más diversos fines políticos por Richard Nixon, Henry Kissinger, Margaret Thatcher, Jacques Chirac y Barack Obama. El día de la Tierra
Todo comienza en 1969. El militante pacifista estadounidense John McConnell propone a la UNESCO la proclamación de un «Día de la Tierra» que debe celebrarse durante el equinoccio de primavera y en forma de día feriado mundial, para fortalecer el espíritu de unidad entre todos los seres humanos a través de todo el planeta. Su sueño obtiene el apoyo del secretario general de la ONU, U-Thant, quien lo ve como una nueva oportunidad de expresar su oposición a la guerra de Vietnam. Para el diplomático birmano, al igual que para muchos asiáticos, el respeto por el medio ambiente es indisociable del respeto por la vida humana y forma parte de una búsqueda de la armonía que debe poner fin a las guerras. U-Thant implanta el «Día», pero ningún Estado sigue su recomendación. No se registra entonces ninguna reacción directa por parte de Washington. Sin conexión aparente con lo anterior, Gaylord Nelson, senador por el Estado de Wisconsin, propone aplicar las técnicas de movilización de la izquierda estadounidense contra la guerra de Vietnam a las cuestiones medioambientales estadounidenses. Y proclama el miércoles 22 de abril de 1970 como… «Día de la Tierra» [2].
Siendo Nelson miembro del partido demócrata, nadie denuncia la manipulación. Por el contrario, la prensa dominante se hace eco de su llamado y le aporta su apoyo. Más de 20 millones de estadounidenses participan en el evento, que consiste ante todo en limpiar ciudades y zonas rurales de los desechos amontonados. Para el presidente Richard Nixon y su omnipresente consejero Henry Kissinger se trata de un éxito inesperado. Se demuestra así que es posible crear un movimiento diversionista capaz de competir con el movimiento antibelicista y de desviar la energía de los manifestantes hacia otros combates. La ecología tiene que apoderarse del lugar que ocupan el pacifismo y el tercermundismo. Bajo su influencia personal, las asociaciones estudiantiles demandan un cambio en las prioridades del momento y que una parte de los presupuestos destinados a la Defensa se transfiera a la protección del medio ambiente. Al hacerlo están renunciando, en particular, a la condena de la guerra de Vietnam y a la condena del imperialismo en general. [5] Rápidamente, los republicanos logran imponer varias leyes sobre la calidad del aire y del agua, así como otras a favor del desarrollo de los parques naturales y de la protección del patrimonio natural. El presidente Richard Nixon crea una Agencia Federal de Protección del Medio Ambiente (US EPA, siglas en inglés), mientras que 42 Estados de la Unión institucionalizan la celebración anual del «Día de la Tierra».
La ecología se convierte, en lo adelante, en una «preocupación» de Washington y requiere por lo tanto un tratamiento especial en el plano internacional, sobre todo con vistas a neutralizar el movimiento antibelicista en el resto del mundo. 1972: Estocolmo, la primera «Cumbre de la Tierra» y el Club de Roma En 1972, la ONU organiza en Estocolmo su primera conferencia sobre el medio ambiente humano, posteriormente conocida como la primera «Cumbre de la Tierra» [6]. Este alto funcionario dirigía la Agencia canadiense de Desarrollo Internacional [7], administración hermana de la USAID y que, al igual que esta última, sirve de pantalla a la CIA [8]. Al ocupar además el puesto de administrador en el seno de la Rockefeller Foundation, Strong encarga a esta última el documento preparatorio de la conferencia Only One Earth. The care and maintenance of a small planet (En español, “Una sola Tierra: cuidado y preservación de un pequeño planeta”), redactado por la economista británica Barbara Ward y el biólogo franco-estadounidense René Dubos. Es evidente que los recursos del planeta no son lo suficientemente abundantes como para permitir que toda la humanidad tenga el mismo nivel de desarrollo económico. Es necesario tomar medidas de carácter conservacionista. Aunque el tema no está todavía a la moda en ese momento, 113 Estados participan en la Cumbre. Sólo dos jefes de Estado asisten a ella: Olof Palme, primer ministro de Suecia (país sede del encuentro), e Indira Ghandi, primera ministra de la India. Se trata de dos resueltos adversarios de la política imperial estadounidense que son también resueltamente contrarios a la guerra estadounidense contra Vietnam. Lo cual implica que no son los pobres sino los ricos los que están poniendo en peligro el planeta. El testimonio de los habitantes de la isla japonesa de Minamata —contaminados, a través del pescado que les sirve de alimento, por el mercurio proveniente de los desechos industriales [10]— da a conocer al mundo entero los peligros de un capitalismo sin conciencia.
Como las cosas están bien organizadas, los anglosajones se apoderan poco a poco del tema. Proponen poner al fiel Maurice Strong a la cabeza del PNUMA y que la sede del nuevo programa de la ONU se instale en Nairobi (Kenya), donde Strong había comenzado su carrera como representante de la compañía petrolera CalTex. El multimillonario David Rockefeller milita por el cese del crecimiento mundial. Apadrina un think tank, el Club de Roma [11] que paga la realización de un estudio por el equipo de Dennis Meadows (Massachussetts Institute of Technologie), estudio que se publica bajo el título The Limits to Growth [Título en español: Los límites del crecimiento] y se convierte en un best seller, un éxito de venta en las librerías. Malthus planteaba este problema a la escala de las islas británicas mientras que el Club de Roma lo amplía a todo el planeta.
Esta reactivación del maltusianismo en los años 1970 parece sorprendente dado que ya en aquel momento los historiadores de la demografía habían comprobado de forma convincente que el crecimiento de la población varía según los grupos humanos y que la tasa de fecundidad de las mujeres disminuye considerablemente a partir del momento en que estas tienen acceso a la educación. Más allá de las críticas metodológicas formuladas contra los modelos matemáticos no diferenciados del Club de Roma, y a pesar de las lógicas esperanzas en cuanto a la posibilidad de resolver el problema gracias al progreso de la ciencia y la técnica, la opinión pública occidental se interroga en cuanto a la fragilidad de su propio sistema de desarrollo económico, sobre todo teniendo en cuenta que enfrenta en ese mismo momento una escasez temporal de petróleo, durante la guerra israelo-árabe de octubre de 1973. En Washington, el consejero de seguridad nacional Henry Kissinger encarga un informe sobre la cuestión [12]. No podemos estar completamente seguros de que en la próxima década no aparezcan cambios climáticos que creen considerables dificultades para la alimentación de una población que sigue creciendo, especialmente en los países en vías de desarrollo que viven en condiciones cada vez más marginales y vulnerables.
La corriente ideológica de Rockefeller no se designa como «maltusiana» sino como «neo-maltusiana» ya que predica la difusión de la píldora anticonceptiva y el uso del aborto, soluciones que habrían horrorizado al pastor Malthus, partidario de la abstinencia obligatoria. Esa doctrina parece sin embargo más comprensible si la situamos en su contexto histórico. A finales del siglo 18, el hambre asola Inglaterra. En plena guerra fría, los neo-maltusianos siguen el mismo razonamiento, con el temor de que en el nuevo contexto las multitudes hambrientas caigan en brazos del comunismo soviético. Volvamos ahora a la crisis petrolera de 1973. En Estados Unidos e Israel surgen inquietudes en cuanto al medio de presión del que disponen los países árabes productores de petróleo. Finalmente, el presidente Jimmy Carter (miembro de la Comisión Trilateral, otro think tank financiado por David Rockefeller y dirigido por Zbignew Brzezinski) pronuncia su célebre discurso sobre la crisis de confianza [14].
En 1975, la caída de Saigón pone fin a la guerra en Vietnam y en el sudeste asiático. El posterior balance saca a la luz la guerra ambiental y climática que desató Estados Unidos sobre esa región. El más célebre, el «agente naranja», se fabricaba a base de dioxina. Estos productos químicos fueron utilizados masivamente y durante largos periodos de tiempo, primeramente para destruir los arrozales y sembrar así el hambre entre la población y después para destruir las selvas que servían de refugio a los guerrilleros (Operación Ranch Hand). Resultado: 2,5 millones de hectáreas envenenadas y 5 millones de personas afectadas con diversos grados de contaminación [16]. El Pentágono también ordenaba bombardear las nubes con yoduro de plata para provocar lluvias torrenciales sobre el territorio de Laos, alargar la temporada del monzón e impedir así el uso de la ruta Ho Chi Minh, que garantizaba el aprovisionamiento de la guerrilla en Vietnam del sur (Operación Popeye) [17]. Estados Unidos y la Unión Soviética deciden de común acuerdo que, antes de emprender cualquier discusión sobre los temas ecológicos, es indispensable excluir de ellas las guerras ambientales y climáticas. La Asamblea General de la ONU adopta a regañadientes ese texto a finales de 1976. Pero el documente está redactado de manera que las dos superpotencias se reservan diversas vías para eludir la prohibición que ellas mismas acaban de imponer a los demás Estados. (Continúa en la segunda parte titulada: «1982-1996: La ecología de mercado»)
[1] «May there be only peaceful and cheerful Earth Days to come for our beautiful Spaceship Earth as it continues to spin and circle in frigid space with its warm and fragile cargo of animate life». [2] Ver en Internet el memorial Nelson Earth Day. [3] «Rising concern about the "environmental crisis" is sweeping the nation’s campuses with an intensity that may be on its way to eclipsing student discontent over the war in Vietnam..», in «’Environmental Crisis’ May Eclipse Vietnam as College Issue», por Gladwin Hill, The New York Times, 30 de noviembre de 1969. [4] En el contexto de la época, la frase se refiere simultáneamente a la guerra de Vietnam y a la ley de guerra contra la pobreza (1964), propuesta por el presidente Lyndon Johnson. [5] La misma estrategia fue aplicada en Alemania con el financiamiento de los Grunen. El objetivo de Washington era por entonces debilitar la oposición alemana a la OTAN y posteriormente, durante la reunificación, neutralizar a las juventudes comunistas de la antigua RDA. [6] Documentos de la conferencia disponibles en inglés en el sitio del PNUMA. [7] En inglés, Canadian International Development Agency. [8] Ver «La USAID y las redes terroristas de Bush», por Edgar González Ruiz, Rrd Voltaire, 15 de julio de 2004. [9] La posición de Olof Palme debe analizarse dentro del contexto del creciente conflicto entre Suecia y Estados Unidos, que se manifestará 6 meses más tarde mediante la congelación de las relaciones diplomáticas entre ambos países. [10] «Dix choses à savoir sur la maladie de Minamata» (Diez cosas a saber sobre la enfermedad de Minamata), por el Minamata Disease Municipal Museum. Documento disponible para su descarga a través de este vínculo. [11] El Club de Roma se crea por iniciativa del industrial italiano Aurelio Peccei (muy activo por aquel entonces en América Latina) y del director científico de la OCDE Alexander King, y gracias al apoyo financiero de la familia Agnelli (de quien el propio Peccei había sido empleado). La idea original era crear un Foro Mundial que vincularía las cuestiones económicas y el medio ambiente. Este objetivo se alcanzó en parte con la creación del PNUMA. El Club de Roma, ya ampliamente financiado por la familia Rockfeller, abandonó entonces su discurso metodológico para convertirse en vocero del neomaltusianismo. Algunos de los participantes en la reunión en la que se fundó el Club (en abril de 1968) ya se habían alejado de ese discurso en el momento de la publicación del informe Meadows (en marzo de 1972). [12] National Security Study Memorandum 200. Implications of Worldwide Population Growth For U.S. Security and Overseas Interests, documento conocido como el «Informe Kissinger», 10 de diciembre de 1974. Este documento se mantuvo en secreto hasta que fue desclasificado, en 1989, siendo entonces objeto de duras polémicas. [13] «We do not know whether technological developments will make it possible to feed over 8 much less 12 billion people in the 21st century. We cannot be entirely certain that climatic changes in the coming decade will not create great difficulties in feeding a growing population, especially people in the LDCs who live under increasingly marginal and more vulnerable conditions. There exists at least the possibility that present developments point toward Malthusian conditions for many regions of the world». [14] Alocución televisiva conocida como «The Crisis of confidence speech», pronunciada por Jimmy Carter el 15 de julio de 1979. [15] Discurso sobre el estado de la Unión pronunciado por Jimmy Carter el 23 de enero de 1980. [16] Estados Unidos ya había utilizado anteriormente el agente naranja en Corea, aunque de forma menos intensiva. El gobierno brasileño y la multinacional Alcoa también utilizaron el agente naranja, a fines de los años 1970 y a principios de los años 1980, para destruir una zona selvática y expulsar de ella a la población autóctona con vistas a facilitar la explotación minera y la construcción de la represa de Tucuruí. [17] En el marco de la Operación PopEye, también conocida como Operation Intermediary o Operation Compatriot, se realizaron 2 602 incursiones aéreas de los C-130 entre el 20 de marzo de 1967 y el 5 de julio de 1972. Ver «Rainmaking Is Used As Weapon by U.S.; Cloud-Seeding in Indochina Is Said to Be Aimed at Hindering Troop Movements and Suppressing Antiaircraft Fire Rainmaking Used for Military Purposes by the U.S. in Indochina Since ’63», por Seymour Hersh, The New York Times, 3 de julio de 1972. Spacecast 2020: Into the Future [the U. S. Air Force Visioin of Their Future, Possibilities, Capabilities, Technologies in the Pursuit of National Security objectives, US Department of Defense, Air University, 1994. El Pentágono disponía en realidad de una unidad de guerra medioambiental denominada Defense Environmental Services y creada por Cyrus Vance en 1966. |
Tomado de Red Voltaire