ÉTICA Y DEFINICIONES
Los análisis de Fidel Castro nos obligan a mirar de frente las graves amenazas que se ciernen sobre la Humanidad. Nos aportan, como siempre, ángulos poco conocidos de este rompecabezas que cambia y se reconstruye vertiginosamente.
Pero Fidel, consciente de su ascendencia planetaria, interviene con el objetivo central de desactivar la amenaza nuclear más inminente; ése es hoy su deber ante los pueblos del mundo. Y desnuda los mecanismos de la guerra de rapiña para que podamos enfrentarlos, para que los confundidos comprendan las señales y para que los débiles de voluntad entiendan a qué los está llevando el imperialismo.
Ante todo, su voz pone en evidencia los silencios. Y los silencios evidencian las complicidades.
El aporte de Fidel no nos quita la responsabilidad de pensar con cabeza propia y pronunciarnos. No sólo contra la guerra nuclear, no sólo por la libertad de los cinco cubanos cautivos y por cada lucha popular en el planeta, sino también sobre las tareas siempre vigentes de la liberación nacional y el socialismo.
Del mismo modo, las hábiles movidas tácticas de Chávez no pueden ser excusas para rebajar nuestra lucha y nuestro internacionalismo. La solidaridad con el proceso bolivariano no es un fin aislado en sí mismo, sino un elemento más de nuestras responsabilidades liberadoras. Venezuela combina la movilización ciudadana y su armamento defensivo con medidas nacionalizadoras y al mismo tiempo con el mantenimiento de su papel exportador y de socio en el mercado mundial capitalista. Esto último le permite adquirir artículos de primera necesidad., armamento defensivo, insumos para salud y educación y tecnologías para un desarrollo más sustentable y para la comunicación remota.
Podemos polemizar hasta el infinito sobre cada medida del Gobierno venezolano, pero la solidaridad con ese proceso no se discute y nuestro derecho a derrotar gobiernos que tienen buena relación con Venezuela tampoco.
Y en ese marco no es negociable tampoco nuestra solidaridad con los movimientos guerrilleros en el estado narco policial de Colombia.
Viví en Centro América y descubrí que (en aquellos años duros de comienzos de los ochenta) la guerrilla en Guatemala y en el Salvador, a diferencia del Río de la Plata, no era una opción más entre otras: era la única posibilidad de supervivencia que tenía un habitante que no se sometiera a la dictadura. Años después en Colombia hubo un inmenso esfuerzo de la izquierda por luchar electoralmente; en ese período, tuvo más compañeros asesinados en la campaña electoral que caídos en la guerrilla.
Por eso, no sé si las FARC-Ep y el ELN pueden vencer militarmente, pero sí sé que representan la dignidad del pueblo colombiano ante la corrupción, el narcotráfico y el crimen sistemático que representa el Presidente Santos.
Bienvenidos los esfuerzos por pacificar la región.
Arriba los que luchan
Gonzalo Abella
postaporteñ@
