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El polvorín

Informe: Memoria, Juicio y Castigo. “Tener hermanos es lo más hermoso del mundo”

7 Abril 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Informe: Memoria, Juicio y Castigo.
“Tener hermanos es lo más hermoso del mundo”

Sabrina Gullino, su hermano Sebastián, hijos de Raquel Negro, y su tío Valenzuela.
Foto Rosario/12

enREDando dialogó durante horas con Sabrina Gullino, recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo en el año 2008. En esta nota, compartimos sus recuerdos, su búsqueda, su historia, sus proyectos. Hija de dos militantes montoneros desaparecidos, Raquel Negro y Tulio Valenzuela, hoy Sabrina milita en el Espacio Juicio y Castigo Rosario y está buscando, además de Justicia, a su hermano mellizo.
Además, a 34 años del golpe militar, compartimos un extenso informe con las voces de los sobrevivientes, militantes, querellantes, madres, hijos y familiares, a pocos días del comienzo del segundo juicio a represores y de la sentencia en la causa Guerrieri - Amelong. El repudio al asesinato de la querellante y testigo Silvia Suppo y la crónica de una contundente y masiva marcha en Rosario, el pasado 24 de marzo.

Tiene un tono de voz suave. Una mirada que, por momentos, parece querer detenerse en algún lugar, en un instante del tiempo, de la historia. Una cadencia tranquila, un humor que le hace brillar los ojos, un deseo de impulsar proyectos, de crecer, de hacer.

Tiene una gata a la que adora, una pareja, una profesión y una historia de vida que también, es la historia política de un país. Tiene muchas familias, lazos y vínculos que la unen a sus padres biológicos y adoptivos. A los que admira, de los que se enorgullece; a los que ama. Tiene una hermana con la cual creció y dos hermanos que, a los 32 años, está comenzando a conocer.

Y tiene, sobretodo, el profundo deseo de encontrar, en algún lugar e instante del tiempo, a su hermano mellizo.

Ella milita en el Espacio Juicio y Castigo, conformado por numerosas organizaciones sociales y organismos de derechos humanos de la ciudad. Estudió Comunicación Social y además, integra la Cooperativa de Animadores de Rosario.

Sabrina es su nombre. Su apellido Gullino, y también, Negro y Valenzuela. Es la nieta Nº 96, recuperada en el año 2008 por las Abuelas de Plaza de Mayo.

Lo primero que hace, al recibirme en su casa, es preparar el mate. Luego nos sentamos las dos, y la charla deviene en coincidencias, encuentros, lugares compartidos, amigos en común. Pequeños retazos de vida que parecen acomodar las piezas de un rompecabezas. Su ímpetu, su impulso, motivó durante la charla, el sano delirio de proyectar una revista cultural. “Qué bueno sería poder darle espacio a todas esas voces que no se escuchan”, me dice, antes de comenzar a hablar de su historia personal. Sabrina proyecta con sus trazos finos y gruesos y con ellos, dibuja una comunicación plural, un lugar donde las voces puedan tener eco en muchas otras.

Y después de algunas horas, enciendo el grabador. El tiempo nos lleva a otros tiempos. Su rostro empieza a recordar. Y sus pausas, por momentos, también.

I. Las dudas

“A mí de chiquita me contaron siempre que era hija adoptada. Fui creciendo sin nada oscuro. Hacía todo tipo de chistes y bromas en relación a eso. Siempre hubo mucha felicidad en relación a la conformación de nuestra familia. Siempre me sentí muy querida. Y cuando me vine a estudiar a Rosario, cuando empecé a conocer más de la historia argentina, y comencé a tener más vinculación con la militancia y con lo que pasó en la última dictadura militar, me fui preguntando si no era hija de desaparecidos. Dudaba de ir a hacerme el ADN con Abuelas. Pero el tema nunca fue un tabú.”

A fines del año 2008, Sabrina decidió finalmente, contactarse con la Filial de Abuelas de Plaza de Mayo en Rosario. Y en ese instante comenzó a cambiar su vida, casi inesperadamente. Dos días después, la familia Gullino, oriunda de la ciudad de Ramallo, recibió una citación judicial para presentarse ante el Tribunal Federal de Paraná en el marco de la causa Trimarco. No entendían demasiado de qué se trataba. Pero este fue el disparador que la impulsó a conocer la historia de una mujer, Raquel Negro, su mamá; de un hombre, Tulio Valenzuela, su papá, y de esos mellizos que habían nacido en el Hospital Militar de Paraná y que estaban, desde hace años, siendo buscados por las familias, las Abuelas de Plaza de Mayo y abogados de organismos de derechos humanos.

Sabrina se realizó el análisis de ADN y al tiempo, tuvo el resultado. “Lo que me conmovió cuando me lo leyeron es que tenia dos familias buscándome desde hace años”, cuenta.

Según consta en un informe elaborado por el equipo jurídico de HIJOS Rosario la causa “Trimarco, Juan Carlos Ricardo y otros ”, se inició el 18 de mayo de 2005, debido a una denuncia presentada por el recientemente fallecido, y de quien Sabrina destaca profundamente su militancia en Derechos Humanos, el “Mencho” Guillermo Antonio Germano, “en su carácter de coordinador del Registro Único de la Verdad, dependiente de la Secretaría de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, con motivo de haber tomado éste conocimiento de la existencia de mujeres embarazadas que habrían dado a luz en el Hospital Militar de la ciudad de Paraná, durante la última dictadura militar. Durante los primeros años de instrucción las medidas principales fueron llevadas por el Fiscal a cargo, Mario Silva.

En ese tiempo se tomaron testimoniales de la mayoría de los empleados civiles que prestaban servicio en el Hospital Militar durante los años 1977-8. Además, declararon médicos y enfermeras del Instituto Médico de Pediatría de la ciudad de Paraná, debido a que hay prueba que indica que los bebés nacidos fueron trasladados a ese lugar. Abuelas se constituyó como querellante el 14 de febrero de 2008.”

Por esta causa, fueron citados a indagatoria: Trimarco, Juan, Amelong, Daniel, Pagano, Walter, Gónzalez, Héctor Marino, Navone, Paul, Fariña, Rubén, Zacarías, Antonio, Cantaberta, Mario, Guerrieri, Pascual.

Como querellante, además de Abuelas de Plaza de Mayo, se encuentra la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y Sebastián Alvarez, hijo de Raquel Negro. Sabrina se presentó también, en febrero del año 2009.

II. La búsqueda

La vida de Sabrina parece ser un camino de búsquedas. La de ella misma, con su historia personal, un examen de ADN y sus proyectos que, inconcientemente, la atraviesan. En varias notas periodísticas, cuenta que hace un tiempo, sin saber de su historia, dirigió un corto llamado Negra Idea, en el cual, una beba, por ser diferente, es rechazada y convertida en zapallo, hasta que al fin, gracias al amor, logra recuperar su identidad.

Una segunda búsqueda, incansable, es la que llevaron adelante, durante tantos años, sus abuelos y abuelas, a quienes no llegó a conocer. Sus tíos y sus hermanos a los que hoy abraza en cada cumpleaños.

Y una tercera búsqueda que está viva, que es constante, permanente, es la de su hermano mellizo. “Qué se acerquen a Abuelas”, es lo primero que dice, como un reclamo insistente hacia quienes de alguna manera, dudan de su identidad.

III. El encuentro

Sabrina Gullino es hija de Raquel Negro y Tulio Valenzuela, dos militantes montoneros, secuestrados en la Quinta de Funes y actualmente desaparecidos. El destino de sus padres es conocido, conmovedor y doloroso. El libro Recuerdos de la Muerte, del periodista Miguel Bonasso, recopila, a partir del testimonio de Jaime Dri, único sobreviviente del centro clandestino, la historia completa de estos dos militantes quienes, comprometidos con un proyecto de país para todos y una sociedad justa y solidaria, fueron asesinados por la dictadura militar.

Raquel Negro, embarazada de mellizos, dio a luz entre fines de febrero y principios de marzo de 1978, en el Hospital Militar de Paraná. A Sabrina, la dejaron, a pocos días de nacer, en el Hogar del Huérfano y de allí, la adoptó legalmente Raúl Gullino y Susana Scola, sus padres que la acompañaron en todo este camino.

Sabrina, ahora, me cuenta de su hermano mayor, Sebastián Alvarez, hijo de Raquel Negro y Marcelino Alvarez, con quién se reencontró hace apenas un año. Y ese encuentro –imagino- fue como el de muchos hermanos, hijos de desaparecidos. Extensas horas de charla, recuerdos, fotografías, anécdotas, abrazos, llantos, risas. No entender demasiado y querer recuperar, de algún modo, el tiempo de tanta distancia. Algo de esta huella identitaria, nacional, de los pibes que recuperan su historia, se repite en la vida de Sabrina.

“Apenas supe, lo llamé y él me dijo, “Estoy encerrado en el baño, llorando. ¿Pero vos, negrita, me querés conocer?”, cuenta Sabrina con frescura, con alegría.

Este fue uno de los momentos más emotivos de la charla.

Luego, habla también, de esa búsqueda instintiva, necesaria, vital, de su otro hermano, el mellizo, quien, según testimonios del represor Eduardo Constanzo, habría fallecido a causas de problemas cardiorrespiratorios. Sin embargo, esto nunca pudo ser comprobado y, por tanto, sus “hermanos, como Abuelas e H.I.J.O.S lo seguiremos buscando”.

A los 31 años, Sabrina se reencontró con su familia paterna de San Juan y de quien también tiene un hermano, Matías, hijo de Tulio Valenzuela, y con su familia materna, los Negro, oriundos de Santa Fe. Ambas la buscaron durante décadas. Y la alegría es inmensa. Por ello, su historia es una ráfaga de emociones, llantos, humor y unas cuantas sonrisas arrancadas del pecho.

IV La militancia

Con la confirmación del examen, Sabrina se reencuentra con esta parte de su historia. Y ahora, comienza a recordar lo que amigos, compañeros, familiares y su hermanos le contaron de sus viejos, Raquel y Tulio. Reivindica, en todo momento, la militancia, la entrega, el compromiso político de sus padres. Y es por esa militancia, que hoy Sabrina no duda en participar como querellante en los juicios contra los represores que se llevan adelante en Rosario. “Yo a mis viejos, Raúl y Susana, siempre les decía: “yo en los 70 hubiese sido guerrillera”, dice entre risas, complicidades y un sentido del humor que la acompaña en todo su relato.

“Mi mamá Raquel, se recibió de trabajadora social, y trabajaba en el Barrio Santa Rosa de Lima, en Santa Fe. Ella, los domingos no terminaba de comer que ya se iba al barrio a llevar el mate cocido. Una compañera de militancia me comentaba que ella se mimetizó con el barrio. Dicen que le encantaba subirse a los techos, a trepar. Tulio viene de una familia con mucha tradición política, con mucha cultura de la literatura. Estudió derecho en Buenos Aires”, cuenta Sabrina.

Como toda hija, “quisiera sentarme hoy con ellos, y poder charlar y preguntarle de un montón de cosas. Pero ellos me dejaron un ejemplo muy grande de compromiso, de sus ideales, de la lucha por una sociedad más justa. Para nosotros, son un gran de ejemplo”.

V Juicio y Castigo.

Con el reencuentro de su identidad, comienza otra búsqueda en la historia de Sabrina: la del juicio y castigo a los genocidas, responsables del asesinato de sus padres y de los 30000 desaparecidos durante la última dictadura militar.

“Participar del Espacio Juicio y Castigo me permite ir procesando ciertas cosas, y hoy, sentirme con más fuerzas. Estar ahí, haciendo cosas, me hizo crecer un montón. Y para mí, a partir de esto, cambió mucho lo que significa el juicio en lo personal. Los abogados de HIJOS me asesoraron y me ayudaron mucho en lo humano. Trato de pensar a los juicios en su función social histórica, en lo que significa socialmente.”

El último 24 de marzo fue masivo. 30000 personas salieron a la calle, en Rosario, a repudiar el golpe militar, y esto, para Sabrina, quien también participó de un acto organizado por la Casa de la Memoria en Ramallo, simboliza “un sentimiento de reivindicación masiva de todos los 30000 compañeros desaparecidos”.

Sabrina brindó un emotivo testimonio en el juicio donde se juzgan a 5 represores en la denominada causa Guerrieri – Amelong. Allí, pidió a los jueces que “no se olviden que estos señores –por los imputados– no sólo cometieron todos los delitos por los que se los está juzgando, sino que también son los responsables de la desaparición de mi hermano”.

Todavía no hay fecha de sentencia para esta causa, pero Sabrina adelanta que, desde el Espacio Juicio y Castigo, se está organizando una gran vigilia frente a los Tribunales Federales, con la participación de la Murga la Memoriosa y otros artistas.

Y sobre el final de la nota, resuena, nuevamente, esa necesidad profunda de buscar al melli, a su hermano. “La investigación siempre se centró en Paraná y en buscarme a mí, porque sabían que estaba viva, y del melli, trascendió que estaba muerto. Pero cuando se analizan los testimonios, nadie vio el cuerpito muerto, y queda una gran duda de qué paso con él. Y para todos nosotros, esta vivo. Queremos decirle que tiene tres hermanos que lo están buscando. Y si hay chicos que tienen dudas de su identidad, que se acerquen a Abuelas porque tienen a un montón de hermanos que los están buscando, y tener hermanos, es lo más hermoso del mundo”.

Datos:
Filial Abuelas de Plaza de Mayo Rosario
Laprida 563 Of. C. Tel: 0341 - 4484421 abuelas.rosario@gmail.com
 
 
 

Casa de la Memoria
Allí donde despuntan sueños

Por Vivi Benito.


En la casita de Santiago 2815 (Rosario) todo el tiempo nacen sueños. Hay lugar para pensar con otros y generar nuevas miradas. Quince años después de haber sido recuperada de la usurpación militar, allí se tallan esperanzas y se las pone a rodar... Tomando a la Memoria como una de sus luces fundamentales, como un acto de recuperación histórica, que además del juicio a los responsables del terrorismo de Estado, implica la lucha contra todas las impunidades, las de ayer y hoy.


Mural colectivo, en el frente de casita.
Un par de adolescentes pasan por la vereda, miran para adentro y saludan. Ya entraron varios vecinos a preguntar sobre los talleres de teatro o la proyección de películas. “No hay función hoy señora, el viernes 9 de abril comenzamos con el ciclo de Cine. Tome un volantito e invite a su familia”, le dice uno de los chicos del grupo a una vecina, que le agradece y sigue caminando para el almacén.

El portón de la casita está abierto de par en par. Acaban de baldear el piso y el ventilador da vueltas al máximo. En el medio de esta sala, amplia y luminosa, alrededor de una baqueteada mesa blanca, despuntan sueños. Se tallan esperanzas y se las pone a rodar...

Desde que los integrantes del colectivo de la Casa de la Memoria pusieron manos a la obra con los arreglos y refacciones en la casita, y empezaron a ofrecer una diversidad de actividades, algo hizo clic en el barrio: “La gente se fue interesando porque la oferta es variada, a la gorra, es buena y los precios son populares. Por más que no les guste la historia de la casita, el barrio se acerca”, explica Mauro, que es parte de la ronda en torno a la mesita blanca.

La historia a la que se refiere Mauro, esa de la que aún cuesta hablar, se remonta al último golpe militar y está vinculada a la sistemática violación de los derechos humanos por parte del Estado, que en este lugar dejó sus huellas. “La casita tiene todo un simbolismo y carga ideológica, los vecinos son medio reticentes a eso, pero cuando nos vieron trabajando, haciendo cosas a pulmón, fueron viniendo más”, agrega, como sintiendo la necesidad de explicar que los militantes sociales no son seres de otro planeta.

Hace 33 años, un grupo de tareas del Comando del II Cuerpo de Ejército a cargo de Leopoldo Galtieri, secuestró y desapareció al matrimonio que vivía en la casita. María Esther Ravelo y Etelvino Vega militaban en la organización Montoneros, ambos eran ciegos. Desde su secuestro, en 1978, la casa estuvo usurpada. Pasaron 17 años hasta su recuperación. (ver nota)

“Somos miembros de una nueva generación que trabaja en la Casa, yo estoy hace casi 10 años. Nuestro funcionamiento tiene que ver con la complejidad de lo que es el conflicto social y político, nunca nos desvinculamos de esas situaciones que padecemos todos como pueblo. Las próximas actividades tienen que ver con la lucha de los pueblos originarios, que la reivindicamos como una lucha contra el capitalismo”, comenta Lisandro, haciendo referencia a una de las películas que se proyectará la noche del 9 de abril: “Por el camino del Malón de la paz”.

“Queremos que el barrio se acerque a las actividades culturales. Hicimos reformas técnicas, pusimos barrales, tachos de luces, tenemos una consolita, armamos una especie de sala de teatro. Queremos que haya cierto recorrido cultural, que el barrio circule y se vaya apropiando del lugar”, dice Carina, acompañando la expresión con la manos. Nos cuenta que se sumó al colectivo hace dos años, empezó dando un taller de teatro... y se quedó.

“En primera instancia trajimos los espectáculos del grupo, como herramienta para que la gente del barrio se acerque y conozca un poco la historia de La Casita. El año pasado hicimos un evento con los compañeros del Teatro del Oprimido, un encuentro con chicos con capacidades diferentes en el que vino gente del sur del país. La idea es interactuar desde lo artístico, que es lo que nos convoca”, agrega Hernán, compañero de Carina en la coordinación del espacio de teatro, que empieza el martes 6 de abril a las 20 hs.

Abrazar la memoria
Aquí dentro, la Memoria se expresa integralmente, a través del teatro, la producción audiovisual, de rondas materas, la formación política, con el relato de experiencias de luchas sociales sostenidas en todo el país. Entre los invitados que en 2009 visitaron el lugar, estuvo Moira Millán, comprometida activista del Frente de Lucha Mapuche y Campesina. (ver entrevista)

El puñado de sueños que lenta y constantemente toman forma en la casita, encuentra en la Memoria una de sus luces fundamentales. La Memoria como un acto de recuperación histórica, política y económica. Como un ejercicio continuo, individual y social, que además del juicio a los responsables del terrorismo de Estado, implica la lucha contra todas las impunidades, las de ayer y hoy.

“Estamos y apoyamos el juicio a los genocidas, pero creemos que la lucha trasciende los juicios. Esos compañeros murieron para construir otro tipo de sociedad, para que vayan también presos gran cantidad de responsables civiles, grupos económicos. No queremos cortar la historia, no debiéramos sólo vincular el genocidio al 24 de marzo, sino que el tema es más integral. La democracia restrictiva castiga hoy a los mismos que en los 70”, opina Lisandro, destacando la perspectiva compleja e integral que el colectivo hace del abordaje de la memoria y los derechos humanos.

“La lucha contra la impunidad contiene y pone en el centro a los organismos de derechos humanos, pero los excede. Para nosotros el abordaje es integral, no puede haber una política que le pretende pagar a los fondos buitres la deuda externa y que eso sea compatible con una política contra la impunidad. No se puede decir que el gobierno es coherente en su política de derechos humanos cuando veta la ley de los glaciares, cuando le renueva la concesión a las petrolíferas y les regala la concesión de los recursos por 30 o 40 años. Así no puede haber políticas sanas de derechos humanos”, afirma Beto Olivares, llamando a no reducir la lucha por los derechos humanos a los estratos judiciales.

“¿De qué vale bajar el cuadro de Videla si después los trabajadores están en negro?. ¿Cómo puede ser que el 30 por ciento dela población esté en la pobreza?”, se pregunta Olivares, abriendo el debate sobre un tema que afecta la calidad de vida del conjunto social.

 Las preguntas circulan y los portones siguen abiertos. Afuera, 42 luchadores políticos, sociales y culturales de nuestra América Latina y el mundo, entre los que están San Martín, Sandino, el Che Guevara, Patricio Lumumba, Rosa Luxemburgo, Tupac Amaru, José Artigas, John Lenon, Marx, Martí, Pocho Lepratti y Fidel Tonioli, desde el mural del frente de la casita abrazan esa historia colectiva que se construye al andar...

Contactos:
Dirección: Santiago 2815 (Rosario)
e-mail: casitamemoria@gmail.com

Tomado de enredando.org.ar
 
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