La actual crisis magallánica
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Conflicto en Magallanes: Un campanazo al centralismo chileno
Se enseña en las clases de historia que, nuestro padre de la patria, Bernardo O Higgins en su lecho de muerte musitó como ultimas palabras: “Magallanes, Magallanes”. Por entonces, nuestro país no ejercía soberanía sobre esas tierras distantes, pero eran consideradas estratégicas para el destino de la nación, se temía que alguna potencia extranjera tomara posesión del estrecho, en esos tiempos un paso insustituible de comunicación entre los océanos Atlántico y Pacífico.
Esa preocupación anclada en los orígenes de la nación, se suma a lo que podemos conocer de las inmensas vicisitudes que debe pasar cotidianamente los habitantes de una región extrema, pues tiene una condición de aislamiento y distancia del resto, por tanto debiera tener un tratamiento especial.
Por si fuera poco, Argentina ha hecho una propuesta de largo plazo en pos del desarrollo de la Patagonia, la cual la ha convertido en una zona pujante, lo que ha dejado en evidencia la precariedad o la inexistencia de un programa o propuesta.
La región ha ido reaccionando, eligiendo a representantes parlamentarios y alcaldes que están ajenos a los dos bloques políticos dominantes, pero esta expresión en las urnas no ha bastado, sino que un alza inconsulta del gas generó un fuerte movimiento social identitario el cual se ha convertido en la mayor protesta regionalista de la que tengamos memoria.
En ese contexto ha quedado de manifiesto que la figura del Gobierno Regional y sus autoridades designadas solo asegura la supervivencia y desarrollo de un pequeño territorio situado entre Til-Til por el norte y Paine por el Sur.
Más allá de esos estrechos derroteros, hay otro país que no puede utilizar al máximo sus potencialidades, que condena a sus millones de habitantes a mendigar los recursos que maneja las elites del poder público y privado.
Bajo estas condiciones, no parece pausible que los cánticos de que estamos al borde del desarrollo se vayan a lograr con un Estado anquilosado y heredero de una tradición centralista adherida a la piel de las coaliciones que llegan a La Moneda.
Particularmente, la derecha tiende a valorar más el municipio como ente administrativo, de
hecho ha llegado a controlar la gran mayoría de ellos, demostrando tener competencias y liderazgos. Probablemente les interesaba la elección de consejeros regionales mientras fueron oposición, pues le entregaría un eventual poder.
En el nuevo escenario, dificulto que hoy estén dispuestos a la promulgación de la ley, pues no parece inimaginable un escenario con consejeros regionales resultado de votaciones que en varias regiones pueden ser de oposición y ser la mayoría, y un Intendente designado por el Presidente de la República y amarrado en sus prerrogativas a los recursos que entregan los ministerios.
La actual crisis magallánica ha demostrado el debilitado rol que cumple la primera autoridad regional en el esquema del Estado unitario como representantes del Presidente de la República, se abren grandes interrogantes a sobre lo que ocurrirá en el futuro cuando emerjan nuevos conflictos en las vapuleadas regiones al sur y norte de Santiago, una ciudad que se ha convertido en un imperdible para el turismo mundial, según el New York Times, y era que no, si es un enclave del primer mundo surgido a costa de la marginación y postergación de resto del país. Los ciudadanos de las regiones tenemos la palabra, para de una vez y a luz de las lecciones que nos deja la memorable batalla de Magallanes, exigir las elecciones directas de nuestras autoridades regionales.
Nota: Noticias SER da la bienvenida al sociólogo Jorge Bravo que inicia sus colaboraciones como Columnista desde Chile.
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Hasta el Obispo de Punta Arenas tuvo que mediar entre el Gobierno y la Asamblea para intentar solucionar el conflicto del gas.
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Las protestas en Magallanes de 2011 (también llamada Segundo Puntarenazo) fueron una serie de movilizaciones sociales provocadas por el alza en el valor del gas natural en la región chilena de Magallanes, realizadas durante enero de 2011.
Las protestas, de amplia participación ciudadana, provocaron un fuerte golpe al gobierno del presidente Sebastián Piñera, que debió solicitar la renuncia a su ministro de Energía en lo que fue su primer cambio de gabinete. Tras una semana de protestas, el gobierno acordó rebajar el alza desde un 16,8% a sólo un 3% (equivalente a la inflación anual) y entregar amplios subsidios para las familias de menores recursos de la región.
http://es.wikipedia.org/wiki/Protestas_en_Magallanes_de_2011
Antecedentes
El 29 de diciembre de 2010, el directorio de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) decidió aumentar en un 16,8% el precio del gas natural en la región de Magallanes, ubicada en el extremo austral de Chile.[2] La medida tenía por objetivo disminuir la diferencia entre el precio del gas subsidiado que cobra ENAP a la distribuidora Gasco Magallanes y los valores del mercado internacional, tomando en cuenta que la petrolera nacional atravesaba por una complicada situación económica y debía mejorar sus márgenes.[3] La decisión fue tomada por el directorio de la empresa estatal, con la participación de los ministros de Energía y Minería, Ricardo Raineri y Laurence Golborne.[4]
Por otro lado, la extracción del recurso natural de gas en Magallanes es vendida a un bajo costo a la empresa transnacional Methanex, de capitales canadienses, quienes ocupan un 75% de la producción total de ENAP, hecho fuertemente criticado por la comunidad local.[5
La decisión de la ENAP, que contó con el apoyo del ministro Raineri,[5] provocó una serie de manifestaciones públicas en esa región desde el 5 de enero, incluyendo movilizaciones multitudinarias[6] [7] y paralización de actividades en sus ciudades más importantes, como Punta Arenas y Puerto Natales.[8] Ante el rechazo ciudadano, Raineri criticó dicha postura argumentando que “el subsidio en Magallanes es una fiesta que debe terminar”, generando mayor descontento entre los magallánicos.[5]
El 11 de enero la Asamblea Ciudadana de Magallanes convocó a un paro indefinido a partir de la medianoche.[9] Esa misma noche, dos mujeres, Claudia Castillo Campos de 19 años y Melisa Silva Ruiz de 23,[10] murieron arrolladas por una camioneta durante las protestas en Punta Arenas.[11] Durante ese día, más de 31 personas fueron detenidas, algunas mientras intentaban realizar saqueos y daños a la propiedad pública.[11] Tras las primeras manifestaciones, Carabineros de Chile ordenó el envío de un contingente de Fuerzas Especiales para controlar el paro.[12]
Durante el día 12 de enero, el paro continuó en las principales localidades de la región de Magallanes, extendiéndose a los principales pasos fronterizos con Argentina, por lo cual quedaron aislados más de dos mil vehículos que intentaban cruzar desde la provincia de Tierra del Fuego hacia Santa Cruz a través de territorio chileno. Otros 1.500 turistas quedaron sin movilización en el Parque Nacional Torres del Paine luego de que piquetes magallánicos cortaran las rutas hacia Puerto Natales y El Calafate.[13] Aunque funcionó en forma normal, los cortes en la ruta hacia el Aeropuerto Internacional Presidente Carlos Ibáñez del Campo obligaron a la suspensión de los vuelos de Sky Airline y de LAN Airlines.[13] [14]
El 14 de enero, la ministra secretaria general de Gobierno Ena von Baer anunció cambios en el gabinete luego de la partida del ministro Raineri y de otros tres ministros. El ministerio de Energía fue asumido por Laurence Golborne, quien se convirtió en biministro de Minería y Energía el 16 de enero.[15] El recién asumido ministro Golborne viajó a Magallanes el 17 de enero, donde continuó las negociaciones con la Asamblea Ciudadana de Magallanes. Esa noche, Golborne fue acorralado por una masa de manifestantes en una radio local, por lo que tuvo que ser escoltado por fuerzas especiales.[16]
El 18 de enero se firmó un acuerdo entre el Gobierno y la Asamblea, donde se estableció que el alza del precio del gas sólo aumentaría un 3% durante los 10 meses siguientes, y se volvió a definir el subsidio gubernamental en la barrera de los 25 mil m3. Además, el Gobierno se comprometió a entregar 18 mil subsidios a las familias más pobres de la región.[17] Ello permitió el fin del paro regional, que se extendió durante siete días.[18]
El impacto de la crisis magallánica golpeó duramente al gobierno de Sebastián Piñera. Según la encuesta Adimark, en el mes de enero la aprobación presidencial bajó 6 puntos llegando al 41%, mientras un 46% de la población manifestó desaprobación, siendo primera vez en su gobierno en que se produjo un rechazo mayoritario. Al analizar por semanas, durante plena crisis, la desaprobación a Sebastián Piñera llegó a un clímax de 52% entre el 11 y el 17 de enero. Pese a ser uno de los principales involucrados, Laurence Golborne no sufrió cambios en su percepción ciudadana, bajando dos puntos de aprobación a un 84%.[19
http://es.wikipedia.org/wiki/Protestas_en_Magallanes_de_2011

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