La verdad como centro de la acción: iniciativas de justicia y diálogo para África Central

La verdad como centro de la acción: iniciativas de justicia y diálogo para África Central
Jordi Palou-Loverdos
Miércoles 20 de enero de 2010, por Revista Pueblos
No es posible aquí hacer un análisis ni siquiera somero del conflicto que ha afectado a Rwanda y la República Democrática del Congo en las últimas dos décadas. Tampoco de los varios procesos de paz alcanzados y/o frustrados en ambos países; ni de las diversas intervenciones desde la Justicia Internacional (Tribunal Penal Internacional para Rwanda), o nacional, en relación a los incontables crímenes internacionales cometidos en África Central, con casi 8 millones de víctimas rwandesas, congolesas, burundesas, españolas, canadienses, belgas, británicas, etc., lo que lo convierte en el conflicto con más víctimas civiles desde la Segunda Guerra Mundial. Sólo se hace aquí referencia a un humilde pero vigoroso ejemplo de iniciativa concertada de la sociedad civil y de víctimas de este conflicto, para hacer una aproximación combinada entre las vías de la justicia y de la construcción de la paz, con el fin de intentar transformar de forma no violenta dicho conflicto, en beneficio de las generaciones presentes y futuras de África Central.
Dicho proyecto bípedo coloca como columna vertebral a la verdad, el trabajo por desvelar las verdades ocultadas y el coraje de hablarse la verdad entre visiones aparentemente incompatibles. Como se describirá a continuación, se trata de unas iniciativas que no pretenden convertirse en modelo universalmente aplicable pero que constituyen un ejemplo de cómo la vía de la justicia y del diálogo pueden nutrirse y reforzarse mutuamente para la reconstrucción del tejido social, político y económico de una sociedad devastada por conflictos bélicos.
La vía de la justicia y la lucha contra la impunidad
Desde finales de los años noventa un número de personalidades, víctimas y familiares de víctimas españolas, rwandesas y congolesas, Organizaciones No Gubernamentales nacionales e internacionales y algunas instituciones públicas (englobadas en la organización Forum Internacional por la Verdad y la Justicia en el África de los Grandes Lagos) concertaron recursos, energías y voluntades para iniciar un proceso internacional de investigación de destacados crímenes internacionales producidos en Rwanda y la República Democrática del Congo entre octubre de 1990 y julio de 2002 [1]] (inicio de la competencia temporal de la Corte Penal Internacional), crímenes que no eran objeto de investigación por ninguna instancia jurisdiccional internacional ni nacional.
Después de años de recogida de información, documentación y testigos, todas ellas presentaron en el año 2005 una querella ante los tribunales españoles en aplicación del principio de justicia universal. Después de años de investigación formal, el 6 de febrero de 2008 los tribunales españoles dictaron Auto de Procesamiento y órdenes de arresto internacional contra 40 altos cargos de la actual cúpula político-militar de Rwanda [2] por crímenes internacionales de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra (entre otros), presuntamente cometidos en el período antes señalado en los territorios de Rwanda y la República Democrática del Congo [3]
Gracisas a dicha investigación se ha podido conocer la estricta y piramidal cadena de mando de la APR/FPR (con el presidente Paul Kagame a la cabeza) como responsable de tres grandes bloques de crímenes, fuertemente vinculados entre sí: los sufridos por 9 víctimas españolas, 9 misioneros y cooperantes (que asistían prioritariamente a la población local y fueron en todos los casos testigos incómodos de las matanzas producidas contra la población hutu en ambos países); los cometidos contra ruandeses y congoleses (ya sean crímenes selectivos contra diversos líderes o los masivos y sistemáticos contra centenares de miles de civiles); y los crímenes de pillaje de guerra de recursos naturales (a gran escala y de forma sistemática), en especial, de minerales valiosos y estratégicos. La investigación ha puesto de manifiesto que en África Central se han cometido crímenes a gran escala antes, durante y después de las matanzas masivas contra población tutsi de los meses de abril a julio de 1994, reconocidas como genocidio por la Resolución ad hoc del Consejo de Seguridad de la ONU, siendo estas últimas las únicas tenidas en cuenta por la versión oficial que ha logrado imponerse internacionalmente. La decisión judicial saca a la luz varios hechos: · Que ya el 1 de octubre de 1990 seis batallones y 2.400 militares de la APR/FPR (apoyados militar, logística y políticamente por Uganda) invadieron el norte de Rwanda causando innumerables víctimas entre la población civil hutu. · Que entre los años 1991 y 1993 la APR/FPR llevó a cabo numerosas operaciones abiertas y selectivas contra población civil, a través de sus dos brazos ejecutores (el ejército regular de la APR y los servicios secretos de la Directorate Military Intelligence- DMI), creando asimismo escuadrones de la muerte específicos como el “Network Commando”. · Que en el año 1994 la APR enterró secretamente numeroso armamento en Uganda para preparar el asalto final al poder (transportado a escondidas posteriormente a Rwanda) antes de cometer el atentado contra el entonces presidente de Rwanda J. Habyarimana, hecho que fue el detonante del caos; y cómo ese mismo año, además de lo señalado, y también en 1995, la APR y la DMI ejecutaron numerosos crímenes masivos y selectivos contra población civil, mayoritariamente hutu, habiendo ordenado explícitamente Paul Kagame proceder a la eliminación sin distinción (utilizando el término screening), y los enterramientos colectivos en fosas comunes e incineración masiva de cuerpos en el Parque de l’Akagera o en Nyungwe. · Que en los años 1996 y 1997 la APR/FPR procedió al ataque sistemático a los campos de refugiados hutus del este del entonces Zaire, donde eliminó a cientos de miles de rwandeses y congoleses; y organizó el pillaje de recursos minerales como diamantes, coltán y oro, creando una compleja madeja dirigida por el “Congo Desk”, la DMI y empresas rwandesas (como Tristar Investment), apoyada por multinacionales y poderes occidentales, y prosiguiendo dichas actividades en una segunda invasión militar a partir de 1998. Matanzas y pillaje que prosiguen en la actualidad en el este de la República Democrática del Congo.
La vía del diálogo en la sociedad rwandesa
Conscientes de que la vía de la justicia constituía a la vez un paso importante pero insuficiente para la transformación del conflicto rwandés, la prevención de nuevos episodios violentos y la superación de la tragedia vivida en las dos últimas décadas, destacados miembros de la sociedad civil rwandesa junto con víctimas rwandesas se propusieron iniciar un diálogo desde el exilio. Iniciaron el mismo dos personas: un presidente de una asociación de víctimas, perteneciente a la etnia hutu y residente en Bruselas, y un ex embajador plenipotenciario del actual Gobierno de Rwanda ante la Organización de las Naciones Unidas, perteneciente a la etnia tutsi y residente en Nueva York.
En el año 2004, gracias a la facilitación internacional, tuvieron un primer encuentro presencial en Mallorca 10 hombres y mujeres rwandeses de la diáspora, pertenecientes a las etnias tutsi y hutu, en el que constataron las diferencias de comprensión sobre la historia de Rwanda y el pasado en función de sus experiencias personales, familiares y comunitarias, y las coincidencias sobre propuestas constructivas de futuro. Después de dos años de preparación, en el año 2006 se realizó en Barcelona una segunda edición del que denominaron ya Diálogo IntraRwandés (que constituiría la Red Internacional por la Verdad y la Reconciliación en África Central), con la asistencia de 20 rwandeses procedentes de la diáspora y del interior de Rwanda, tanto hutus como tutsis, y celebrado bajo los auspicios del candidato a premio Nobel de la Paz Juan Carrero, con el apoyo presencial del Nobel Adolfo Pérez Esquivel y el apoyo no presencial del presidente de la República de Senegal Abdoulaye Wade.
El documento de conclusiones de la edición de 2006 (en el que se solicitaba ya la celebración del denominado Diálogo InterRwandés altamente inclusivo) sirvió de base de diálogo para cinco ediciones posteriores llamadas Plataformas de Diálogo, celebradas en los años 2007 y 2008 [4]: en Washington DC (USA), para 20 participantes procedentes de EE UU y Canadá; en Amsterdam para 20 participantes procedentes de Holanda, Bélgica y Alemania; en Orléans para 20 participantes procedentes de Francia e Italia; la Plataforma de mujeres rwandesas en Barcelona; así como una edición especial ad hoc de participantes congoleses procedentes del este del país lindante con Rwanda, edición realizada en Kinshasa (RD Congo).
En el año 2007, dicha iniciativa recibió el apoyo del Parlamento español, que aprobó una Resolución unánime de todos los grupos políticos mediante la que se ofrece apoyo técnico, jurídico, diplomático y político y se insta a ampliarlo a nivel internacional [5] Recientemente, en el año 2009, se celebró la octava edición en Mallorca con la asistencia de 30 hombres y mujeres rwandeses procedentes de África, Europa y Norteamérica, pertenecientes a todos los grupos étnicos de Rwanda (hutus, tutsis y twa), así como dos congoleses. Todos ellos, culminando cinco años de proceso, acordaron instar formalmente a un gobierno de África Central a la celebración del Diálogo InterRwandés Altamente Inclusivo, solicitando el apoyo institucional y financiero de la comunidad internacional [6]. En estos cinco años de proceso han participado casi 150 líderes rwandeses, entre ellos dos ex primeros ministros, varios ex ministros, ex embajadores, ex militares, líderes políticos, representantes de la sociedad civil, de organizaciones de víctimas, de Derechos Humanos e investigación por la paz y del mundo económico, que se proyectan con potencia en el futuro para la celebración de este diálogo InterRwandés, que consideran base legitimadora sobre la que debe construirse una nueva Rwanda ampliamente aceptada por todos los grupos políticos, étnicos, sociales y económicos rwandeses y por la comunidad internacional.
Palabras finales
Muchos rwandeses y congoleses (y también muchos de nosotros) anhelan una paz estable para su país y para su región (tan destrozada por el delirio criminal y los intereses de las transnacionales y países “democráticos”), anhelan volver a su tierra superando otras “reconciliaciones manipuladas o cerradas en falso” ... Cuando, casi al límite del diálogo, una de las personas participantes de la etnia hutu llega a expresar sin miedo que no puede soportar no poder hacer memoria públicamente por sus vecinos tutsis masacrados, “porque la celebración por la memoria oficial de las víctimas aparece como exclusiva de los tutsis” .... y una persona de la etnia tutsi llega a decir que siente como propios los crímenes sufridos por las personas inocentes de la etnia hutu... Y, sobre todo, cuando con lágrimas en los ojos, expresan que “ahora sí, ahora sí que tenemos fuerza para ir al encuentro de las personas de la otra etnia, ya no como personas de la otra etnia, sino como personas” ... puede que vayan más allá de sus personas y representen un anhelo personal y colectivo honesto y sincero que debería de servir de catalizador para una verdadera transformación.