Lacalle: “El discurso de Mujica rompió con los moldes ideológicos de la izquierda tradicional”
MENSAJE DE LA 36
EL DISCURSO DE MUJICA, Y “LAS MÁSCARAS DEL CARÁCTER”
Lacalle: “El discurso de Mujica rompió con los moldes ideológicos de la izquierda tradicional”
El presidente del Directorio del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle, consideró que las declaraciones realizadas por el presidente de la República, José Mujica, en el acto de asunción reflejaron “pragmatismo” y un alejamiento de los conceptos clásicos de la izquierda. Entrevistado por “En Perspectiva”, calificó el discurso como “sincero y esperanzador” en cuanto a que el gobierno buscará “resultados” y no “homogeneidad de pensamiento”.
Algunas de las principales consideraciones realizadas por el Presidente José Mujica en el Parlamento Nacional, el día de la asunción presidencial.
Mis conocimientos jurídicos, extraordinariamente escasos, me impiden dilucidar cuál es el momento exacto en que dejo de ser presidente electo para transformarme en presidente a secas.
No se si es ahora, o si es dentro de un rato, cuando reciba los símbolos del mando de manos de mi antecesor.
Por mi parte, desearía que el título de "electo" no desapareciera de mi vida de un día para otro. Tiene la virtud de recordarme a cada rato que soy presidente sólo por la voluntad de los electores.
"Electo" me advierte que no me distraiga y recuerde que estoy mandatado para la tarea. No en vano, el otro sobrenombre de los presidentes es "mandatario".
Primer mandatario, si se quiere, pero mandado por otros, no por sí mismo.
Con mejores palabras y más solemnidad, esto es lo que la constitución establece.
La Constitución es un marco, una guía, un contrato, un límite que encuadra a los gobiernos.
Ese es su propósito principal.
Pero es también un programa, que nos ordena cómo comportarnos, en cuestiones que tienen que ver con la esencia de la vida social
Por ejemplo, nos manda literalmente evitar que las cárceles sean instrumentos de mortificación.
O nos dice NO reconocer ninguna diferencia de raza, género o color.
¡Cuánta deuda tenemos aún con la constitución!!
¡Con qué naturalidad la desobedecemos!
No está de más recordarlo hoy, un día en que nos enorgullecemos de estar aplicando las reglas con todo rigor y detalle.
Pondremos todo nuestro empeño en cumplir los mandatos constitucionales. En cumplir los que aluden a las formas de organización política del país, por supuesto Y también en cumplir los enunciados constitucionales que describen la ética social que la nación quiere darse.
Hoy es el día cero o el día uno de mi gobierno.
Y para mí, gobernar empieza por crear las condiciones políticas para gobernar.
Por si suena como un traba, lenguas, lo repito: para mí, gobernar, empieza por crear las condiciones políticas para gobernar.
Y gobernar, para generar transformaciones hacia el largo plazo, es más que nada crear las condiciones para gobernar 30 años con políticas de estado.
Me gustaría creer, que esta de hoy, es la sesión inaugural de un gobierno de 30 años.
No míos, por supuesto, ni tampoco del Frente Amplio, sino de un sistema de partidos, tan sabio y tan potente, que es capaz de generar túneles herméticos que atraviesan las distintos presidencias de los distintos partidos ,y que por allí, por esos túneles, corren intocadas las grandes líneas estratégicas de los grandes asuntos.
Asuntos como la educación, la infraestructura, la matriz energética o la seguridad ciudadana
Esto no es una reflexión para el bronce ni para la posteridad. Es una formal declaración de intenciones.
Me estoy imaginando el proceso político que viene, como una serie de encuentros, a los que unos llevamos los tornillos y otros llevan las tuercas.
Es decir, encuentros a los que todos concurrimos, con la actitud de quien está incompleto sin la otra parte.
En ese tono se va a desarrollar el próximo gobierno del Frente Amplio.
Asistiendo incansablemente a las mesas de negociación con vocación de acuerdo.
Puede ser que el gobierno tenga más tornillos que nadie,
Más tornillos que el Partido Nacional, más que el Partido Colorado, más que los empresarios y más que los sindicatos…
¿Pero de qué nos sirven los tornillos sueltos, si son incapaces de encontrar sus piezas complementarias en la sociedad?
Vamos a buscar así el dialogo, no de buenos, ni de mansos, sino porque creemos que esta idea de la complementariedad de las piezas sociales, es la que mejor se ajusta a la realidad.
Nos parece que el diagnóstico de concertación y convergencia es más correcto que el de conflicto, y que sólo con el diagnóstico correcto, se puede encontrar el tratamiento correcto.
Miramos la radiografía, y lo que vemos adentro de la sociedad, son formas convexas y cóncavas, negociando el ajuste, porque se necesitan entre si. Entonces pensamos que sería contra natura, que los representantes políticos de esos retazos sociales, nos dedicáramos a separar y no a concertar.
En Uruguay, todos los partidos políticos son socialmente heterogéneos. Pero los partidos tienen fracciones, y las fracciones tienen acentos sociales.
Pero aún en el caso de las fracciones más específicamente representativas de sectores, el mandato de sus votantes no es el de atropellar ciegamente para conquistar territorio.
Hace rato que todos aprendimos que las batallas por el todo o nada, son el mejor camino para que nada cambie y para que todo se estanque.
Queremos una vida política orientada a la concertación y a la suma, porque de verdad queremos transformar la realidad.
De verdad queremos terminar con la indigencia
De verdad queremos que la gente tenga trabajo.
De verdad queremos seguridad para la vida cotidiana.
De verdad queremos salud y previsión social bien humanas.
Nada de esto se consigue a los gritos. Basta mirar a los países que están adelante en estas materias y se verá que la mayor parte de ellos tienen una vida política serena.
Con poca épica, pocos héroes y pocos villanos.
Más bien, tienen políticos que son honrados artesanos de la construcción.
Nosotros queremos transformaciones y avances de verdad.
Queremos cambios de esos, que se tocan con la mano, que no sólo afectan las estadísticas sino la vida real de la gente.
Para lograrlo estamos convencidos de que se necesita una civilizada convivencia política
Y no vamos a ahorrar ningún esfuerzo para lograrla.
Por supuesto, nada de esto comienza con nosotros. El país tiene hermosas tradiciones de respeto recíproco que vienen de muy atrás.
Pero es probable que nunca hayamos estado tan cerca de conseguir un cambio cualitativo en la intensidad de esos vínculos entre partidos políticos. Quizás ahora podemos pasar de la tolerancia a la colaboración, de la confrontación controlada a ciertos modos societarios de largo plazo.
Con el Frente Amplio en el gobierno, el país ha completado un ciclo. Ahora todos sabemos que los ciudadanos no le extienden cheques en blanco a ningún partido y que los votos hay que ganárselos una y otra vez en buena ley. Los ciudadanos nos han advertido a todos que ya no son incondicionales de ningún partido, que evalúan y auditan las gestiones, que los que hoy son protagonistas principales, mañana pueden convertirse en actores secundarios.
Después de 100 años, al fin, ya no hay partidos predestinados a ganar y partidos predestinados a perder.
Esa fue la dura lección que los lemas tradicionales recibieron en los últimos años. El país les advirtió que no eran tan diferentes entre sí como pretendían, que sus prácticas y estilos se parecían demasiado y que se necesitaban nuevos jugadores, para que el sistema recuperara una saludable tensión competitiva.
Por su parte el Frente Amplio, eterno desafiante y ahora transitorio campeón, tuvo que aceptar duras lecciones, no ya de los votantes sino de la realidad. Descubrimos que gobernar era bastante más difícil de lo que pensábamos, que los recursos fiscales son finitos y las demandas sociales infinitas, que la burocracia tiene vida propia, que la macroeconomía tiene reglas ingratas pero obligatorias.
Y hasta tuvimos que aprender, con mucho dolor, y con vergüenza, que no toda nuestra gente era inmune a la corrupción.
Estos últimos años han sido entonces de intenso aprendizaje para todos los actores políticos.
Es probable que todos estemos ahora más maduros y por tanto listos para pasar a una etapa cualitativamente nueva en el relacionamiento entre fuerzas políticas.
Cada una con su identidad y sus énfasis ideológicos.
Sin aflojarle ni a la pulseada ni al control recíproco.
Pero sí ampliando dos capacidades que estamos lejos de haber llevado al máximo: la sinceridad y la valentía.
Más sinceros en nuestro discurso político, llevando lo que decimos un poco más cerca de lo que de verdad pensamos y un poco menos atado a los que nos conviene.
Y más valientes para explicarle, cada uno a su propia gente, los límites de nuestras respectivas utopías.
Esa sinceridad y esa valentía van a ser necesarias para llevar adelante las políticas de estado que proyectamos.
Para ponernos de acuerdo vamos a tener que rebajar nuestras respectivas posturas y promediarlas con las otras.
Y esa rebaja implica líos obligatorios con nuestras bases políticas.
Ese va a ser un test de valentía.
Los temas de estado deben ser pocos y selectos.
Deben ser aquellos asuntos en los que pensamos que se juega el destino, la identidad, el rostro futuro de esta sociedad.
Sin pretensiones de verdad absoluta, hemos dicho que deberíamos empezar por 4 asuntos: educación, energía, medio ambiente y seguridad.
Permítanme un pequeño subrayado: educación, educación, educación.
Y otra vez, educación.
Los gobernantes deberíamos ser obligados todas las mañanas a llenar planas, como en la escuela, escribiendo 100 veces, "debo ocuparme de la educación"
Por que allí se anticipa el rostro de la sociedad que vendrá. De la educación dependen buena parte de las potencialidades productivas de un país. Pero también depende la futura aptitud de nuestra gente para la convivencia cotidiana.
Y seguramente, cualquiera de los aquí presentes podría seguir agregando argumentos sobre el carácter prioritario de la educación.
Pero, lo que probablemente nadie pueda contestar con facilidad es ¿a qué cosas vamos a renunciar, para darle recursos a la educación?
¿Qué proyectos vamos a postergar, qué retribuciones vamos a negar, qué obras dejarán de hacerse?
Con cuántos "NO" habrá que pagar el gran "SÍ" a la educación!
Ningún partido querrá quedar en soledad para hacerse responsable de todo ese desgaste. Tendremos que hacerlo juntos, decidirlo juntos y por supuesto, poner el pecho juntos.
Este es el significado de las políticas de estado.
Sus consecuencias no deben beneficiar ni perjudicar a ningún partido en particular.
¿Estamos dispuestos a hacerlo?
Si no lo estamos, todas nuestras grandes declaraciones de amor por la educación, no serán más que palabrerío de discurso político.
El estado deberá arbitrar y tomar las mejores decisiones.
Sean las que sean, deben tener un ancho respaldo político, para que tengan toda la legitimidad posible y puedan sostenerse en el tiempo, contra viento y marea.
Para todo lo demás, necesitamos que la política discurra en sus formas naturales: es decir, el gobierno en el gobierno y la oposición en la oposición.
Con respeto recíproco, pero cada uno en su lugar.
Como gobierno, nos corresponde la iniciativa para trazar el mapa de ruta.
Aquí vamos.
Lo que hoy comienza, se define a sí mismo, entusiastamente, como un segundo gobierno. Ya lo dijimos en la campaña: nuestro programa se resume en 2 palabras "Más de lo mismo"
En primer lugar, vamos a darle al país 5 años más de manejo profesional de la economía, para que la gente pueda trabajar tranquila, e invertir tranquila.
Una macroeconomía prolija es un prerrequisito para todo lo demás. Seremos serios en la administración del gasto, serios en el manejo de los déficit, serios en la política monetaria y más que serios, perros, en la vigilancia del sistema financiero.
Permítanme decirlo de una manera provocativa: vamos a ser ortodoxos en la macroeconomía.
Lo que vamos a compensar largamente, siendo heterodoxos, innovadores y atrevidos, en otros aspectos.
No queremos repetir errores del pasado.
En particular no queremos que nos vuelva a pasar lo que ocurrió entre los años 50 y 70, cuando la sociedad desperdició enormes recursos, en la quimera de industrias imposibles.
Ya una vez quisimos ser antárticos, y producirlo todo fronteras adentro. Nos fue mal, muy mal.
Seria criminal no aprender de aquellos dolores y volver a una economía enjaulada y cerrada al mundo.
A la cabeza de todas las prioridades va a estar la masificación de las escuelas de tiempo completo, seguido por el fortalecimiento de la Universidad del Trabajo y el sostén de esa maravilla que es el Plan Ceibal.
Ya tenemos una computadora por niño y por maestro. Ahora vamos por una computadora por adolescente y por profesor.
Y por conexión a Internet en todos los hogares.
No quiero olvidarme de nuestros pobres de uniforme.
Las FF AA, llenas de pobres, van a ser parte del Plan de Emergencia Habitacional y vamos a movernos rápido para aliviar en algo la penuria salarial que las aflige.
El pasado no es excusa para que hoy no nos demos cuenta que una patria de todos incluye a estos soldados.
Nuestro reconocimiento para aquellos compatriotas militares que sirven en Haití y han demostrado una admirable entereza y eficiencia solidaria.
En estos años, el Uruguay ha cambiado mucho, y nadie discute que ha cambiado para bien.
Allí están los números económicos y sociales, de todos los colores.
Pero hay un cambio menos visible, imposible de cuantificar, pero a mi juicio de gran importancia: el cambio en la autoestima, el cambio en la manera que nos percibimos a nosotros mismos y a los horizontes posibles.
Nuestros modestos éxitos nos han hecho más ambiciosos y más inconformistas.
¡Bienvenido inconformismo!
¡Bienvenido el cuestionamiento de viejas certezas!
Y en esta línea:
BIENVENIDO EL PROFUNDO CUESTIONAMIENTO DEL ESTADO URUGUAYO.
Del estado hacia adentro, como estructura, como organización, como prestador de servicios.
El Uruguay se mantuvo al margen de los vientos privatizadores de los años 90. Es más, la sociedad recibió propuestas, las consideró y las rechazó explícitamente.
Estuvimos entre los abanderados de ese rechazo y no nos arrepentimos.
Pero el respaldo de los ciudadanos, fue a un modo de propiedad social, no a un modo de gestión de la cosa pública y menos, a sus resultados.
Es probable que aquellos eventos y estas confusiones, hayan postergado demasiado la discusión franca sobre el Estado, sobre los recursos que consume y sobre la calidad de los servicios que presta.
Hoy una revisación profunda es impostergable.
Necesitamos evaluaciones serias, imparciales y profundas.
Necesitamos números y comparaciones.
Y con todo eso a la vista, tenemos que rediseñar el Estado.
Todos sabemos que puede ser más eficiente y más barato.
Esta reforma, no va ser en contra de los funcionarios sino con los funcionarios.
Pero tampoco vale hacerse el distraído: el 90 % de la eficacia del estado se juega en el desempeño de los funcionarios públicos.
La sociedad uruguaya ha sido benévola con algunos de sus servidores públicos y casi cruel con otros. Ha permitido que, funciones sencillas, que no requieren esfuerzo ni preparación, se paguen en algunas oficinas 10 veces más de lo que recibe quien realiza un trabajo imprescindible y duro, como un policía o un maestro rural.
Cuando estas asimetrías duran un tiempo, pueden considerarse errores o desaciertos. Cuando duran décadas, más bien parecen ser manifestaciones de una sociedad que se va volviendo cínica.
Del mismo modo la sociedad uruguaya ha protegido a sus servidores públicos mucho más que a sus trabajadores privados. Recordemos que en la crisis del año 2002 y 2003, casi 200 mil personas perdieron su trabajo y ninguna fue un funcionario público. Se estima que otras 200 mil sufrieron rebajas en sus salarios, y todos fueron trabajadores privados.
Como bien ha dicho el presidente Tabaré Vázquez, esta es la madre de todas las reformas. No deberíamos permitir que esa madre nos siga esperando.
¿En que mundo vivimos? No está fácil de saber.
Me gustaría preguntárselo, a cada uno de los ilustres visitantes que están aquí.
Aunque sin duda tienen "mucho mundo", me atrevería a decir que no van a poder darme una respuesta simple.
¿Verdad que no?
El mundo está cambiando a cada rato
Y lo que es peor, a cada rato está cambiando la teoría, de cómo se construye, uno mejor.
Todavía no acabamos de padecer las consecuencias de la crisis planetaria, con que nos obsequió el sistema financiero, en la cumbre del mundo.
Descubrimos que habían creado un universo de burbuja y de casino. Pero que desde allí, no solo se jugaba a la ruleta, sino que se podía golpear al mundo productivo real.
Durante la crisis, para rescatar lo que quedaba en pie, se rompieron dogmas que parecían sagrados, se decretó la muerte de los paradigmas vigentes y se volvió a la política, como a un refugio de esperanza.
Hoy ante los desafíos no previsibles de la realidad, casi todos pensamos que ningún camino puede descartarse a priori, ninguna experiencia desconocerse, ninguna fórmula archivarse para siempre.
Sólo el dogmatismo, quedó sepultado.
No está fácil navegar. Las brújulas ya no están seguras de donde quedan los puntos cardinales
Así que mirando las estrellas nos quedan algunas pocas certezas para orientarnos.
Primero, que el mundo ya no hay un centro sino varios y que la globalización es un hecho irreversible.
Por todos lados, los humanos anudamos nuestro destino y nos hacemos mutuamente dependientes. La idea de cerrase al mundo quedó obsoleta.
Pero a su vez, el proteccionismo sigue vivito y coleando, y a menudo es protagonizado por unidades de tamaño continental.
Los latinoamericanos, un poco a los tumbos, estamos intentando construir mercados más grandes
¡Pero como nos cuesta!!
Somos una familia balcanizada, que quiere juntarse, pero no puede. Hicimos, tal vez, muchos hermosos países, pero seguimos fracasando en hacer la Patria Grande.
Por lo menos hasta ahora.
No perdemos la esperanza, porque aún están vivos los sentimientos: desde el Río Bravo a las Malvinas vive una sola nación, la nación latino americana.
Dentro de nuestro hogar latinoamericano, tenemos un dormitorio que compartimos y que se llama MERCOSUR.
! AYY MERCOSUR!
¡Cuanto amor y cuando enojo nos suscita!
Hoy estamos en público y no es el momento de hablar de los temas de alcoba.
Solo déjenme afirmar que para nosotros, el MERCOSUR es "hasta que la muerte nos separe" y que esperamos una actitud reciproca de nuestros socios mayores.
Finalmente, deseamos que el Bicentenario nos encuentre con un Río de la Plata más angosto, despejados todos los caminos que nos unen.
He reservado para el final, la más grata de todas las tareas:
Nosotros, vamos a seguir por el mismo camino, construyendo una
PATRIA PARA TODOS
Y CON TODOS
MUCHAS GRACIAS
De esta manera Mujica en sus palabras finales, cambia la histórica consigna Tupamara, de “Patria para todos o para nadie”, tomada a su vez del lema de guerra de Aparicio Saravia "habrá Patria para todos o no habrá Patria para nadie".
Pero a esta altura poco importa cuando el “pragmatismo” que inunda el pensamiento de Mujica le hace perder todas y las pocas certezas que acompañan a este hombre en el ocaso de su vida.
Seguramente muchas cosas no son obvias. Sin embargo debemos tener en cuenta que tenemos sentimientos mucho antes que aprender a hablar. No son pocas las personas que no reparan en lo que se dice, sino en como se dice. Por tanto la manera de decir es tan importante como lo que se dice.
En el discurso de Mujica hace falta que pongamos atención en lo que se dice, y deberemos tener en cuenta que hablar no significa siempre pensar.
La conducta de Mujica nos permite descubrir las intenciones que se ocultan detrás de la estructura de sus palabras.
Mucho énfasis y con razón se ha puesto en los métodos criminales y despiadados de los torturadores de la dictadura y de los métodos de martirio a los que fueron sometidos miles de prisioneros uruguayos.
En cambio poco y nada se ha comentado ni investigado acerca de los modeladores de la conducta de los prisioneros en las cárceles.
Mujica como viejo prisionero de guerra en condiciones muy especiales ha sido indudablemente, al igual que un grupo pequeño de detenidos un experimento bien definido de métodos y experiencias de la CIA, y de los militares del Plan Cóndor.
Aquí tienen mucho que ver los condicionadores y los especialistas en lavado de cerebros, y también los terapeutas de grupos y fabricantes de drogas. En el penal de libertad los represores trabajaron afanosamente con todas estas herramientas a partir de especialistas, psicólogos, médicos, censuradores, por eso conviene suponer cuanto más duro ha de haber resultado emplear los mismos métodos particularmente aplicados individualmente.
Las formas tradicionales de manejar a los prisioneros intratables consistía en sancionarlos en calabozos aislados de los demás presos y mantenerlos a pan y agua.
En los penales y calabozos de la dictadura los oficiales llevaron a cabo un trabajo más inteligente, y tuvieron constantes conversaciones individuales con los jefes para rehabilitarlos y sobre todo “manejarlos”.
A los torturadores les despertaba gran curiosidad conocer de cerca aquellos “guerrilleros” que venían precedidos de tanta fama y admiración popular. Y no les alcanzaba con haberlos derrotado en la guerra, sino que querían derrotarlos también en los órdenes ideológico, político y moral. Les despertaba curiosidad una cantidad de técnicas de manejo que a esa altura se hacían en la ciencias médicas y de la conducta, con la ayuda de cócteles de psicofármacos como el “calmancial”, y otras drogas con las que tenían a centenares de presos zombis caminando en los recreos.
Por medio de una serie de estrategias de modificación de la conducta, se hablaba sin rodeos de lavados de cerebros, por medio de una serie de estrategias de modificación de la conducta, y los penales y cárceles de la dictadura eran laboratorios visitados constantemente por delegaciones militares de los países de la región.
Se instó a los carceleros al aislamiento sistemático de varios prisioneros respecto a sus compañeros. Y entonces a menos de un año de inaugurado el penal de Libertad, se flauteó a los principales dirigentes del MLN hacia los cuarteles.
Algunos de ellos terminaron con gravísimos desequilibrios psíquicos, llevándoles largos periodos de recuperación, y al parecer dejándoles importantes secuelas. Situaciones que se desprenden de sus propios relatos en libros y prensa o transmisiones y acusaciones de sus propios compañeros.
Ahora que los militares en respuesta a su detención pretenden de alguna manera tomarse una revancha publican determinadas actas y declaraciones en aquellas circunstancias, ciertas o falsas, lo que debemos ver es que esa estrategia tiende a fomentar una desconfianza mutua. Haciendo que el prisionero redactase, declaraciones que después se mostrarían a los demás. En los cuarteles se pasaban en parlante las declaraciones de una maestra detenida que renegaba de la organización y hablaba muy bien de los soldados que la habían detenido. También se hacía conocer entre los detenidos las declaraciones de Amodio Pérez que estaba colaborando desde un principio.
Eso se hacía para convencer a los demás detenidos de que no se podía confiar en nadie.
Mas tarde llevaron alguna gente desde el Penal de Libertad al cuartel de Florida en condiciones especiales de mejor trato. Esta técnica final consistente en ubicar al prisionero ablandado en una situación nueva, ambigua, en la cual se siente confundido en condiciones poco claras. Para volverlo a presionar más tarde cambiando en las condiciones deseadas.
Los presos en general eran hostigados por los métodos descriptos hasta que aceptaban someterse al programa de reformas de pensamiento, luego venían otro tipo de presiones por parte de los presos reformados hacia los que mantenían la rebeldía del funcionamiento orgánico, el estudio del marxismo y los planes de continuar la lucha.
En oportunidad de que un grupo de presos realizara una huelga de hambre, otros prisioneros reformados se disputaban la comida que se negaban a ingerir los que sostenían el ayuno.
El enemigo atacaba dentro de las prisiones todo el marco de creencias de los detenidos, la idea consistía en reformar sus pensamientos de modo que pudieran adaptarse a los cambios.
En el Penal a unos presos se les ofrecía trabajo, salidas a comisiones, mientras que otros se les sometía a la soledad de la celda y una taza turca para realizar las necesidades. Desde esa situación se les ofrecía la oportunidad de reformarse y ganarse una comisión de trabajo, una bajada a la cocina o panadería o quizás una frase en su carpeta de “preso recuperado”.
Por otra parte cuando Mujica asume el poder muchas de las instituciones del pasado se han desintegrado. La CNT, el Partido Comunista, el MLN Tupamaro, el propio Frente Amplio, la Unión Soviética, el Sistema Socialista. Nosotros debemos estar claros en cuanto que no podemos estudiar por separado la desintegración de estos patrones primarios y la vida común de los aspectos sociales y políticos. La conducta humana y la formación de la posibilidad dependen en gran medida de estas instituciones que hoy ya no existen. Su desintegración representa la desintegración de la personalidad de Mujica, cuya conducta hoy está total y diametralmente reformada.
Debemos esperar como no puede ser de otra manera la desorganización de la personalidad individual y colectiva allí donde se desintegran las instituciones. Hoy sabemos que la conducta y el carácter no son entidades abstractas en si mismas sino que se desarrollan primordialmente del contexto de actividades y en gran medida de los patrones de la acción común en cada época histórica.
Si los patrones de conducta social pierden su fuerza reguladora ya no será aceptados y pierden su vitalidad y prestigio y la conducta está llamada a desintegrarse.
Por algo tardó tantos años en aceptar la idea del “cambio”, pero ya este nada tendría que ver con la revolución, los cambios profundos, el socialismo, la liberación nacional ni el comunismo.
Por eso el pueblo en general acepta como válidas las palabras de Mujica, pues al desaparecer los viejos y tradicionales patrones de conducta de la izquierda no le queda más remedio que adaptarse al “es lo que hay valor”.
En definitiva no tiene tampoco un nuevo patrón que adoptar.
Hoy la mayoría de los viejos militantes de la izquierda tradicional han perdido la fe en aquellos patrones iniciales.
Aquella fe casi fanática en la perfectibilidad de la condición humana y el orden social que traería aparejada la nuevas sociedad socialista. Aquella fe ilimitada en el mejoramiento potencial de los asuntos humanos, despreciando las dificultades de la propia lucha. Con aquel espíritu crítico y a veces ultracrítico, en aquellos años los tupamaros, socialistas, comunistas, estábamos dispuestos a todo y comenzar de nuevo.
Pero ahora para Mujica, y toda la plana mayor de dirección del proceso uruguayo, todos ellos podrían perder mucho con la revolución. Por tanto prefieren asistir y contribuir hacia una sociedad más inteligente, pasiva y pacífica.
Carlos Marx habló en su momento de las “máscaras del carácter” que cubren la verdadera conducta humana. En Mujica asistimos a una de estas transformaciones. Marx planteó el divorcio entre el hombre y la verdadera naturaleza, como consecuencia de la degeneración de las relaciones humanas, puesto que únicamente por obra y gracia de estas relaciones desarrolla o reprime el hombre sus posibilidades.
Si Mujica tuviera una CNT como la de antes mordiéndole los garrones, a los estudiantes de la FEUU exigiéndole respuestas políticas e ideológicas profundas, un MLN armado y decidido, un partido Comunista Marxista Leninista, otro gallo cantaría.
En cambio lo que tiene por amigos son los empresarios argentinos de Menem, los inversores extranjeros de las fábricas contaminantes de la muerte, la cámara de comercio, muchos de los mismos que lo atacaban y despreciaban ahora cretinos útiles por un plato de lentejas, y los milicos viejos presionándolo para que los suelte cuanto antes.
Por algo Lacalle habla tan bien de Mujica, siguiendo los pasos de los representantes del imperialismo, de la gran prensa, nacional e internacional, y de los represores más connotados de la dictadura los cuales ya han “aprontado el mono”, para abandonar el cuartel y dirigirse nuevamente a sus domicilios particulares.
El discurso de Mujica, y demás dirigentes frenteamplistas, presionan al resto de la militancia, la desestimulan a la lucha, contribuyen a la pérdida de la fe en los viejos patrones de la izquierda, y sin otra ideología a la vista, retroceden hasta la vieja tradición de los partidos tradicionales.
POR ESO HACE FALTA CONSERVAR INTACTOS LOS VIEJOS PRINCIPIOS.
NO CEDER EN NADA.
AUMENTAR LA CONFIANZA EN LA REVOLUCIÓN. CONTINUAR DENUNCIANDO LA ENTREGA.
Y NO DAR UNA SOLA LUCHA POR PERDIDA.