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El polvorín

Los laberintos del hambre

23 Enero 2010 Etiquetado en #Politica

Manuel Sánchez

Sábado 23 de enero de 2010, por Revista Pueblos

El hambre es la más indigna y vergonzante dimensión de la pobreza, máxime cuando hay alimentos para todos. Se estima que sólo en cereales el mundo puede proveer 3.500 calorías por persona y, considerando otros alimentos como verduras, legumbres, frutas, pescado y carnes, casi 2 kilos de comida por persona al día. Por lo tanto cabe preguntarnos ¿por qué se muere la gente de hambre? Es realmente escandaloso el problema del hambre frente a la abundancia de alimentos, el de un Norte obeso que se preocupa por su peso frente a los más de 1.000 millones de hambrientos, cifra lanzada por el Estado de la Inseguridad Alimentaria (SOFI) 2009 de la FAO1. El problema no sólo es una cuestión económica, sino política y judicial, como se muestra a continuación.

Diez años después de la Cumbre Mundial de la Alimentación (CMA) celebrada en Roma en 1996 aún no se han cumplido sus objetivos. Entre 2001 y 2003, según estimaciones de la FAO, había todavía 854 millones de personas subnutridas a escala mundial; según el SOFI de 2008, la crisis alimentaria ha retrocedido el desarrollo aumentando el progreso del hambre hasta 973 millones de personas, y el 2009 muestra un mayor agravamiento, hasta ascender a más de 1.000 el número de hambrientos, es decir por primera vez en la Historia, la sexta parte de la población mundial.

Hambre de pan

Todas las regiones del mundo se han visto afectadas por el aumento de la inseguridad alimentaria. En Asia y el Pacífico, la región más poblada del mundo,vive el mayor número de personas que padecen hambre (642 millones). En África Subsahariana existe la prevalencia más elevada de la subnutrición en relación con la población (32 por ciento). El mayor incremento porcentual en el número de personas que padecen hambre en los países en desarrollo se produjo en Oriente Próximo y África del Norte (13,5 por ciento). En América Latina y el Caribe, la única región en que había habido señales de mejoría en los últimos años, también se produjo un marcado aumento (12,8 por ciento).

La actual ralentización de la economía mundial, que sigue a la crisis de los alimentos y los combustibles y coincide en parte con ella, está en el centro del fuerte aumento del hambre en el mundo. A consecuencia de la crisis se han reducido los ingresos y las posibilidades de empleo de los empobrecidos y ha disminuido considerablemente su acceso a los alimentos. El aumento del número de personas subnutridas no es resultado de limitaciones en los suministros internacionales de alimentos, sino de acceso y distribución de los mismos. Al disponer de menos ingresos, los empobrecidos tienen menos posibilidades de comprar alimentos, especialmente donde los precios de los mercados internos son todavía persistentemente elevados. Las consecuencias de, por una parte, la reducción de los ingresos como resultado de la crisis económica y, por otra parte, los elevados precios de los alimentos, han resultado devastadoras para las poblaciones más vulnerables del mundo.

Los mecanismos de las familias más empobrecidas ante la crisis van a afectar no sólo al hambre y al aumento de la subnutrición, sino a otros aspectos del desarrollo. Por ejemplo, es menos probable que las madres trabajadoras empobrecidas procuren obtener atención sanitaria para sí mismas o para sus hijos; la migración podría debilitar la cohesión de las comunidades; la retirada de los niños de las escuelas destruye el capital humano a largo plazo; la venta de bienes reduce las existencias de recursos físicos o financieros y no es fácilmente reversible; pasar a consumir alimentos menos nutritivos, o simplemente comer menos, causa malnutrición, afecta a la productividad laboral y reduce el potencial cognitivo de los niños; sin hablar de los empobrecidos que carecen de tierras y no pueden acudir a una agricultura de subsistencia.

En este contexto, los países se han preocupado más de inyectar liquidez a los bancos ante la crisis económica que de poner rostro humano y trabajar por los que padecen hambre. La ayuda extranjera, que se incrementó sustancialmente a escala mundial en 2008, es la principal fuente de afluencia de capitales en muchos de los países más empobrecidos. Sin embargo, como la ralentización de la economía mundial también ha afectado a los presupuestos de los países donantes, el FMI (Fondo Monetario Internacional) prevé que la AOD (Ayuda Oficial al Desarrollo) se reducirá un 25 por ciento aproximadamente en el caso de los 71 países más empobrecidos del mundo.

Prácticamente no se ha avanzado en la consecución del objetivo de la CMA (reducir a 420 millones el número de hambrientos) y del Objetivo de Desarrollo del Milenio nº 1 (reducir a la mitad el número de personas subnutridas para 2015). Desde 1990-1992, periodo de referencia para este objetivo, la población subnutrida en los países en desarrollo sólo ha disminuido en 3 millones de personas, pasando de 823 a 820 millones. Estas cifras contrastan de una manera sorprendente con la reducción de 37 millones lograda en el decenio de 1970 y de 100 millones en el de 1980. Además, las tendencias más recientes son motivo de preocupación. Un descenso de 26 millones entre 1990 y 1992 y 1995 y 1997 fue seguido de un aumento de 23 millones hasta 2001-2003; y según los últimos datos de la FAO, como ya hemos visto, las cifras han aumentado en unos 100 millones de hambrientos más respecto al SOFI 2008.

Durante los últimos meses ha habido un boom informativo en torno a una severa alza en el precio de los alimentos como cereales y otros de primera necesidad, un aumento del 45 por ciento desde julio de 2007 [1]. Aunque la producción agraria ha aumentado, las causas de esta situación se deben buscar en diversos factores estructurales que han disparado la inflación: la oferta resentida por el cambio climático que no satisface el aumento de la demanda alimentaria de China e India, el consumo cada vez mayor de carne por parte de estas economías emergentes, el alza del precio del petróleo que encarece fertilizantes o transportes presentes en la cadena productiva de los alimentos, el auge de los biocombustibles, el desplome del dólar, la disminución de la exportación, las contraproducentes medidas proteccionistas de algunos gobiernos (India, Vietnam…), las políticas del FMI que favorecen cultivos en el Sur más dirigidos a la exportación que a alimentar a la gente y, en definitiva, la especulación realizada sobre el mercado alimentario.

Una cuestión como ésta ha traído serios disturbios, violencia social y muertes en países como Egipto, Haití, Mauritania o Filipinas, con millones de personas que ven amenazada su seguridad alimentaria y temen la posibilidad de la hambruna. Esto confirma algo que sabíamos: la causa y consecuencia de los conflictos internacionales es la pobreza y la epidemia del hambre, redimensionadas en un fuerte contexto político.

En definitiva, parece ser que tras las cifras dadas, tras los gráficos, tras los aspectos más técnicos de la seguridad alimentaria, se esconde una cuestión política y legal. Es una cuestión de justiciabilidad, voluntad política y movilización social más que sólo y exclusivamente de recursos.

Hambre de democracia Sin duda, la definición más acertada del hambre es la de Josué de Castro que abre este texto: “Hambre es la expresión biológica de males sociológicos”, al incidir en la dimensión política del problema. Uno de los autores que más profusamente se ha encargado del tema es Amartya Sen, dejando claro “que ninguna verdadera hambruna se ha dado jamás en aquellos países con forma democrática de gobierno o con prensa relativamente libre” [2]

Para evitar las hambrunas, Sen habla, por un lado, de incentivos o estímulos económicos y políticos, referidos estos últimos a la sensibilización en la prevención de las hambrunas, y por otro, de información, de prensa libre capaz de alertar sobre los indicios de una hambruna [3].

Considerando la democracia como el “ejercicio de la razón pública”, se puede garantizar la libertad de la discusión pública y la consecuente participación. Esta libertad favorece el desarrollo, es decir las opciones económicas y sociales que sacan a los individuos de la pobreza. Por lo tanto, si hablar de libertad es hablar de opciones, estamos hablando tanto de derechos civiles y políticos como derechos económicos, sociales y culturales, todos ellos en interacción " [4].

Si la libertad es el medio y el fin del desarrollo para Sen, la pobreza y el hambre es una privación de la libertad. En las causas de la pobreza y el hambre hay una ausencia de derechos en base a las necesidades básicas y a la exclusión política y social de los individuos. Todo ello nos habla de las profundas implicaciones sociales y políticas, tanto en las causas como en las consecuencias del problema del hambre, desmintiendo dramáticamente la consideración tradicional de “fenómeno natural cíclico” y reclamando el fortalecimiento democrático.

Hambre de justicia

El primero de mayo de 2008 se conmemoró el día del recuerdo del Holocausto en Israel. El presidente Shimon Peres llamó a la comunidad internacional para impedir que se repita algo parecido. Quizá no sepa que “algo parecido” ya se ha repetido, no hay más que volver los ojos para recordar la guerra de Bosnia y el genocidio serbio o el genocidio de Rwanda. Son crímenes condenados por la Corte Penal Internacional al violar los derechos civiles y políticos, pero hay otros crímenes pertenecientes a los derechos económicos, sociales y culturales que forman parte de estos “postholocaustos”, como las hambrunas o la más invisibilizada subnutrición como “arma de destrucción masiva”.

La Corte Penal Internacional no menciona a la subnutrición y sólo condena aquellas hambrunas producidas intencionadamente como instrumento de guerra. No se condenan las hambrunas producidas por la “omisión activa” de los Estados y la comunidad internacional, quizá porque son demasiado frecuentes o porque absurdamente aun se consideran fenómenos naturales y no lo que realmente son, una acción antrópica evitable. Como afirmaba el anterior relator especial para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, las muertes por hambre son hoy un auténtico crimen. Por tanto, es necesario introducir nuevos instrumentos judiciales que logren la justiciabilidad del derecho a la alimentación, para que estos implementen el corpus legal sobre la materia" [5]

En este sentido, se ha producido recientemente un avance: el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, un procedimiento semijudicial de quejas individuales o denuncias de violaciones de Derechos Humanos que puede tratar el Comité de Derechos Humanos de la ONU. El problema es que sólo entran dentro de este sistema los Estados que han ratificado el citado Pacto.

Conclusiones

Entre el 16 y el 18 de noviembre de 2009 se celebró en Roma la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria. En ella el director general del FAO, Jacques Diouf, declaró que los más de mil millones de hambrientos son “nuestra trágica conquista de la era moderna”. Significativas palabras para una Cumbre sobre el principal problema político de la humanidad, a la que no han asistido ni los líderes del G8.

En Roma se habló principalmente sobre la necesidad de crear instrumentos de desarrollo y económicos para impulsar la producción y productividad agrícolas y del aumento de la inversión en agricultura como condición previa para el crecimiento económico general. En definitiva, cuestiones técnicas y económicas que puedan promover la cobertura de la necesidad alimenticia. Pero parecen haber olvidado en estos planteamientos generales de la Cumbre que esta cobertura obedece al derecho a la alimentación. ¿Dónde está el apoyo a leyes a nivel nacional en materia de alimentación? ¿Dónde el fortalecimiento de políticas públicas? ¿Dónde los acuerdos jurídicamente vinculantes? En definitiva, y sin menospreciar la actuación sobre las consecuencias y las necesidades de las personas, ¿dónde están las medidas para acabar con las causas del hambre?

Hablar de cuestiones agronómicas y económicas es importante, pero es tan necesario como hablar de marcos legales desde Estados democráticos que impidan de raíz el avance del hambre. El hambre, efectivamente, es un mal sociológico porque es una problemática humanitaria, de Derechos Humanos, que debe ser plenamente judiciable, para que no se repita y dado el caso, poder ser condenado.

Ahora más que nunca debemos trabajar desde el desarrollo con una perspectiva indivisible de los Derechos Humanos. Afianzando el derecho a la alimentación de modo que se fortalezca el sistema legal y penal internacional, y para que desde los gobiernos se creen y modifiquen leyes nacionales que impidan crisis como la que estamos viviendo.

Las cifras demuestran el fracaso del actual modelo de desarrollo. Por tanto, seguir actuando como se ha hecho hasta ahora no permitirá reducir la subnutrición en la medida que se requiere. Para escapar del hambre, las poblaciones necesitarán una mejor gobernanza a escala internacional, nacional y local. Es necesario reformular las instituciones existentes sobre la base de los principios del derecho a una alimentación adecuada. Para ir reflexionando, una frase de Albert Einstein: “no pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo.”


Manuel Sánchez es responsable de proyectos de WFTO Europe y consultor independiente. Este artículo ha sido publicado en el nº 40 de la Revista Pueblos, diciembre de 2009.

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M
<br /> Miguel Hernández: "El hambre"<br /> <br /> <br /> El hambre es un poema de Miguel Hernández perteneciente a su obra El hombre acecha (1937-1939)<br /> <br /> <br /> <br /> <br /> El hambre<br /> <br /> <br /> I<br /> <br /> Tened presente el hambre: recordad su pasado<br /> turbio de capataces que pagaban en plomo.<br /> Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,<br /> con yugos en el alma, con golpes en el lomo.<br /> <br /> El hambre paseaba sus vacas exprimidas,<br /> sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,<br /> sus ávidas quijadas, sus miserables vidas<br /> frente a los comedores y los cuerpos salubres.<br /> <br /> Los años de abundancia, la saciedad, la hartura,<br /> eran sólo de aquellos que se llamaban amos.<br /> Para que venga el pan justo a la dentadura<br /> del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos.<br /> <br /> Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,<br /> los que entienden la vida por un botín sangriento:<br /> como los tiburones, voracidad y diente,<br /> panteras deseosas de un mundo siempre hambriento.<br /> <br /> Años del hambre han sido para el pobre sus años.<br /> Sumaban para el otro su cantidad los panes.<br /> Y el hambre alobadaba sus rapaces rebaños<br /> de cuervos, de tenazas, de lobos, de alacranes.<br /> <br /> Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas,<br /> cicatrices y heridas, señales y recuerdos<br /> del hambre, contra tantas barrigas satisfechas:<br /> cerdos con un origen peor que el de los cerdos.<br /> <br /> Por haber engordado tan baja y brutalmente,<br /> más abajo de donde los cerdos se solazan,<br /> seréis atravesados por esta gran corriente<br /> de espigas que llamean, de puños que amenazan.<br /> <br /> No habéis querido oír con orejas abiertas<br /> el llanto de millones de niños jornaleros.<br /> Ladrábais cuando el hambre llegaba a vuestras puertas<br /> a pedir con la boca de los mismos luceros.<br /> <br /> En cada casa, un odio como una higuera fosca,<br /> como un tremante toro con los cuernos tremantes,<br /> rompe por los tejados, os cerca y os embosca,<br /> y os destruye a cornadas, perros agonizantes.<br /> <br /> II<br /> <br /> El hambre es el primero de los conocimientos:<br /> tener hambre es la cosa primera que se aprende.<br /> Y la ferocidad de nuestros sentimientos,<br /> allá donde el estómago se origina, se enciende.<br /> <br /> Uno no es tan humano que no estrangule un día<br /> pájaros sin sentir herida en la conciencia:<br /> que no sea capaz de ahogar en nieve fría<br /> palomas que no saben si no es de la inocencia.<br /> <br /> El animal influye sobre mí con extremo,<br /> la fiera late en todas mis fuerzas, mis pasiones.<br /> A veces, he de hacer un esfuerzo supremo<br /> para acallar en mí la voz de los leones.<br /> <br /> Me enorgullece el título de animal en mi vida,<br /> pero en el animal humano persevero.<br /> Y busco por mi cuerpo lo más puro que anida,<br /> bajo tanta maleza, con su valor primero.<br /> <br /> Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos<br /> donde la vida habita siniestramente sola.<br /> Reaparece la fiera, recobra sus instintos,<br /> sus patas erizadas, sus rencores, su cola.<br /> <br /> Arroja sus estudios y la sabiduría,<br /> y se quita la máscara, la piel de la cultura,<br /> los ojos de la ciencia, la corteza tardía<br /> de los conocimientos que descubre y procura.<br /> <br /> Entonces solo sabe del mal, del exterminio.<br /> Inventa gases, lanza motivos destructores,<br /> regresa a la pezuña, retrocede al dominio<br /> del colmillo, y avanza sobre los comedores.<br /> <br /> Se ejercita en la bestia, y empuña la cuchara<br /> dispuesto a que ninguno se le acerque a la mesa.<br /> Entonces sólo veo sobre el mundo una piara<br /> de tigres, y en mis ojos la visión duele y pesa.<br /> <br /> Yo no tengo en el alma tanto tigre admitido,<br /> tanto chacal prohijado, que el vino que me toca,<br /> el pan, el día, el hambre no tenga compartido<br /> con otras hambres puestas noblemente en la boca.<br /> <br /> Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera<br /> hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente.<br /> Yo, animal familiar, con esta sangre obrera<br /> os doy la humanidad que mi canción presiente.<br /> <br /> <br />
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