Discrepo con el presidente cubano en una cosa: No siento emoción alguna ante la desaparición de cualquiera que sirva al capitalismo, de la misma manera que no lamento las bajas de los imperialistas en Oriente Medio. Ellos son los “demócratas del mundo” (expresión del político español de extrema derecha Mariano Rajoy, en su mensaje de condolencia a los disidentes), los que jalean crímenes, comparten genocidios, ataques indiscriminados y fosas comunes. El propio Rajoy admite, con su expresión, que ésta no es una cuestión que sólo atañe a Cuba. Hay bandos, y los asesinos están en la trinchera imperialista.
Pero si a alguien le apetece rasgarse las vestiduras, tiene motivos de sobra para no ir más allá de lo razonable. Uribe amenaza, públicamente, de muerte a ciudadanos argentinos residentes en Europa porque no comparten su opinión sobre las FARC; periódicos españoles editan encuestas alentando magnicidios de presidentes democráticos; analistas políticos describen como normal el asesinato selectivo y Estados Unidos trata de ocultar la muerte de centenares de indocumentados; por tanto creo que ya está bien de asumir el papel de cándido cordero. Fuera prejuicios y complejos importados.
Nadie, excepto la clase burguesa, puso el grito en el cielo, cuando al triunfar la revolución fueron fusilados (tras juicios populares) asesinos y torturadores que compartían fines similares a los del fallecido. Así de claro. Para mí, carece de importancia que Orlando Zapata fuera un delincuente condenado por reyerta callejera, lo importante es que se prestó a ser mercenario de Occidente, convirtiéndose en enemigo del pueblo cubano, y de todos los pueblos agredidos por el fascismo. Quienes le empujaron a ello-, llevándolo al fatal desenlace- lanzan ahora sus lamentos fariseos entre orondas barrigas, vestimentas blancas, largas melenas y dinero recibido de manos terroristas.
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El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha lamentado la muerte de Orlando Zapata y ha exigido al Gobierno cubano que "devuelva la libertad a los presos de conciencia y respete los derechos humanos". Como presidente de turno de la Unión Europea (UE) ha manifestado que la UE debe estar "a la vanguardia de los derechos humanos" y por ello exige a Cuba que los respete, y libere a los presos de conciencia.
Lo primero que debería hacer este mediocre, es respetar el derecho a la vida de los niños y mujeres asesinados en su guerrita de Afganistán, no sólo por Estados Unidos sino también por países de esa UE que está "a la vanguardia de la defensa de los derechos humanos". Por otra parte, no creo que esté en disposición de exigir aquello que no cumple en su país: Torturas, represión, desapariciones sin aclarar (Jon Antza), detenciones indiscriminadas y presos aún encerrados pese a que, según la legislación española, deberían estar libres. Esos detalles no parece que reclamen su atención. Lo fácil para un simple, es unirse al coro del terrorismo mediático que ya vaticiné.
A Zapatero le vendría bien, leerse el artículo de Enrique Ubieta, publicado en cubadebate. Así se enterará de que Zapata era un preso común encarcelado por su largo historial delictivo y no estaba vinculado a la política. Su huelga de hambre fue planeada por intereses oscuros de dentro y fuera de Cuba, nada que ver con las huelgas que realizaron en España militantes comunistas revolucionarios. Éstos dieron la vida por una sociedad mejor para todos. Sin embargo, como bien dice Enrique Ubieta, Zapata hizo una huelga priorizando los intereses de unos pocos.
A la vista está que lo sucedido en Cuba implica a todo el mundo, basta con ver las reacciones de Zapatero y su socio ideológico Mariano Rajoy; por tanto (y esto va dirigido al contrarrevolucionario Haroldo Dilla Alfonso), ahora es cuando se notarán los que verdaderamente defienden la revolución cubana en tanto que parte de la necesaria revolución mundial. Ahora, más que nunca, es cuando hay que distinguirse y no permitir que ningún cobarde ni supuestos “progres” (de los sólo la apoyan cuando les conviene para defender su estatus) la calumnien en nuestra presencia.
Tomado del blog de JM Álvarez