La “muy buena salud” de los pueblos originarios de Chubut se basaba en su variada dieta, según reveló una investigación de la arqueóloga Julieta Gómez Otero, miembro de la Unidad de Investigación Diversidad y Evolución del Centro Nacional Patagónico (Cenpat), de la ciudad de Puerto Madryn.
No sólo de guanacos vivieron los antiguos cazadores patagónicos es el título del trabajo que profundiza la variedad de alimentos que ingerían los habitantes de esa región austral.
“El estudio de los restos que hemos hecho nos deja en claro que tuvieron una muy buena salud, la que únicamente puede estar garantizada con una rica y variada fuente de proteínas, grasas, minerales y vitaminas.
Es indudable que la base alimentaria ha sido el guanaco y el choique (o ñandú)”, explicó la arqueóloga a la agencia de noticias Télam.
“Hemos encontrado varios utensilios utilizados para moler vegetales que formaron parte de la alimentación y fueron proveedores de minerales”, agregó.
Entre las fuentes de alimentación figuran los mamíferos marinos, que aportaban una buena dosis de grasas, y diversos arbustos propios de la región, pese a que, según afirma la especialista, “durante mucho tiempo se creyó que los pueblos originarios se ubicaron en la meseta y no eran propensos a llegar al mar”.
Los estudios demostraron que los originarios consumían moluscos, y en algunos casos el 60% de lo ingerido provenía del mar. Algunos de los secretos de la prehistoria patagónica quedaron bajo el océano, ya que se cree que la línea de costa estaba mucho más al Este y que, al desplazarse, tapó los sitios arqueológicos que hoy son parte del lecho submarino.
El estudio amplía la brecha de estudios, llevando el conocimiento de los 3000 años a. C. a evidencias de 7500 años a. C., en los que “ya había pobladores viviendo a orillas del mar”.
De la zona del nordeste chubutense, hay asentamientos poblacionales en lugares donde no se registran fuentes de agua dulce.
La presencia de humanos en esa región data de por lo menos 12 mil años, en los que debieron compartir la geografía con tigres dientes de sable, mastodontes, caballos americanos y variedades de comadrejas.
“Por lógica, las poblaciones se asientan en los cursos de agua, pero en el caso de la meseta, donde predomina la aridez, hay registros poblacionales, lo que lleva a pensar que contaban con alguna técnica para aprovechar la escasa agua de lluvia y almacenarla”, explicó Gómez Otero, y como ejemplo de interacción dijo:
“Es como en La Era del Hielo de Disney, pero sin los mamuts.”
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