Un banco abandona el proyecto de megapresa en Etiopía
El Banco Europeo de Inversiones ha anunciado que ya no financiará la presa más alta de África, en Etiopía. Dicha presa tendrá un probable efecto devastador sobre los ocho pueblos indígenas que viven en el Valle del Omo. Survival ha publicado un informe sobre el impacto de las presas hidroeléctricas en los pueblos indígenas.
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| Los mursi son uno de los pueblos indígenas que se verán afectados por la presa © Eric Lafforgue/Survival |
El Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha anunciado que ya no piensa financiar la presa más alta de África, en Etiopía. Esta presa hidroeléctrica, llamada Gibe III, ha generado críticas internacionales por su probable efecto devastador sobre la seguridad alimentaria de al menos ocho pueblos indígenas de Etiopía.
En un comunicado, el BEI anuncia haberse retirado de Gibe III porque el Gobierno etíope ha encontrado financiación alternativa para la presa. Sin embargo, el ICBC, el banco del que es propietario el Gobierno chino y que había sonado como potencial entidad financiadora, dejó claro recientemente que el trato aún no ha sido finalizado y que está lejos de ser algo seguro.
Antes de retirarse de Gibe III, el BEI revisó los estudios de impacto social y ambiental de la presa. Dicha revisión confirma el temor de Survival y otros de que las vidas de los pueblos indígenas que viven en el valle del Omo bajo, río abajo desde Gibe III, se verán profundamente alteradas, y su seguridad alimentaria amenazada, si se completa la presa. El estudio también reconoce que estos pueblos indígenas no han sido debidamente consultados.
Mas información:
- Indígenas del valle del Omo
El bajo río Omo, en el suroeste de Etiopía, es el hogar de ocho pueblos indígenas diferentes, cuya población asciende a unas 200.000 personas. Llevan siglos viviendo en la zona.
Sin embargo, el futuro de estos pueblos pende de un hilo. Se está construyendo en el río Omo una gigantesca presa eléctrica, denominada Gibe III. Cuando se termine, destruirá un entorno frágil y los medios de subsistencia de los pueblos indígenas, que están estrechamente vinculados al río y a su crecida anual.
Salini Costuttori, una empresa italiana, comenzó las obras de la presa Gibe III a finales de 2006 y ya ha construido un tercio de ésta.
Dentro de poco, tanto el Banco Africano de Desarrollo como el Gobierno italiano decidirán si financian el proyecto de la presa, tal como ha sido solicitado el Gobierno de Etiopía.
Survival y varias organizaciones regionales e internacionales creen que la presa Gibe III tendrá unas consecuencias catastróficas para los pueblos indígenas del río Omo, que ya viven en condiciones extremas en este área seca y difícil.
Estamos instando al Banco Africano de Desarrolllo y a otros potenciales financiadores a que no respalden este proyecto hasta que se realice un estudio independiente del impacto social y medioambiental, y hasta que los pueblos indígenas hayan sido consultados adecuadamente y hayan dado su consentimiento previo, libre e informado.
Descargar la carta de Survival a los directores del Banco Africano de Desarrollo (en inglés).
Leer la petición de la ONG International Rivers para que se investigue la conformidad de la presa Gibe 3 con el Compliance Review Mechanism Unit del Banco Africano de Desarrollo »
Descargar la carta de Survival al director ejecutivo del Banco Africano de Desarrollo, Bruce Montador (en inglés). (PDF)*
Descargar un informe del Grupo de trabajo Africa Resources (en inglés).
Descargar la hoja informativa de International Rivers (en inglés).
Modos de vida:
El valle bajo del río Omo es un paraje de una belleza espectacular, que alberga diversos ecosistemas, incluidas praderas, restos volcánicos y uno de los pocos bosques de ribera “prístinos” que quedan en el África semiárida, hábitat de una rica y variada fauna.
Los bodi (me’en), los daasanach, los kara (o karo), los kwegu (o muguji), los mursi y los nyangatom viven a lo largo del río Omo y dependen de él para subsistir, habiendo desarrollado complejas prácticas socioeconómicas y ecológicas intrincadamente adaptadas a las duras y frecuentemente impredecibles condiciones del clima semiárido de la región.
La crecida anual del río Omo propicia la rica biodiversidad de la región y garantiza la seguridad alimentaria de los pueblos indígenas, máxime si se tiene en cuenta que las precipitaciones son escasas e irregulares.
Dichos pueblos dependen de este fenómeno para poder practicar un sistema de cultivos que depende de las crecidas, aprovechando la fértil franja que queda a lo largo de las orillas del río cuando el nivel de las aguas desciende lentamente.
También recurren al cultivo pluvial rotativo de sorgo, maíz, habas, pimientos, calabacines y tabaco en los terrenos inundables. Algunos de estos pueblos, en particular los kwegu, practican la caza y la pesca.
Las vacas, cabras y ovejas son parte vital del modo de vida de la mayoría de estos pueblos indígenas, al reportarles sangre, leche, carne y pieles. Las vacas tienen un gran valor y se emplean como pago por la riqueza que aporta la novia que va a ser desposada.
Constituyen una importante protección contra el hambre cuando escasean las lluvias y los cultivos. En determinadas épocas las familias se desplazan a campamentos temporales para proporcionar nuevos pastos a los rebaños, sobreviviendo a base de la leche y la sangre que éstos les aportan. Los bodi dedican poemas a sus reses favoritas, mientras que los hombres hamar entran en su mayoría de edad saltando sobre una fila de ellas.
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| Jóvenes hamar, Etiopía © Marco Trovato/Survival |
Otros pueblos, como los hamar, dizzi, chai, arbore, toposa y turkana, viven más alejados del río, pero, gracias a una red de alianzas interétnicas, también ellos pueden acceder a los terrenos inundables, especialmente en tiempos de escasez.
A pesar de esta cooperación, se dan períodos de conflicto, en los que los pueblos compiten por los recursos naturales. Debido a que el Gobierno de Etiopía se ha ido apropiando de cada vez más territorio indígena, la competencia por los escasos recursos se ha intensificado. La introducción de armas de fuego ha vuelto más peligrosas las luchas interétnicas.
Sin Voz
Los pueblos indígenas del valle bajo del río Omo llevan años sufriendo una progresiva pérdida de acceso y control sobre sus tierras. En los años sesenta y setenta, se instauraron dos parques nacionales, eb los que los indígenas están excluidos de la gestión de los recursos. Los turistas pueden hacer safaris y cazar en las tierras indígenas, mientras que éstos tienen prohibida la caza. Esto se ha traducido en un aumento de la malnutrición.
En los años ochenta, parte de su territorio se convirtió en superficie agrícola de regadío administrada por el Estado y recientemente el Gobierno ha comenzado a arrendar grandes extensiones de tierra indígena a empresas y gobiernos extranjeros para que puedan desarrollar cultivos industriales, incluida la producción de biocombustibles.
Los pueblos indígenas que llevan usando esta tierra durante generaciones, cultivando sus propias cosechas de subsistencia y pastoreando su gandado, no han tenido oportunidad de dar su opinión sobre el tema.
Aunque la Constitución de Etiopía garantiza a los pueblos indígenas el derecho a que se les "consulte adecuadamente "y a que expresen “sus puntos de vista en la planificación y puesta en marcha de políticas medioambientales y proyectos que les afectan directamente”, en la práctica la consulta rara vez se lleva a cabo completa y adecuadamente.
Los habitantes del valle bajo del río Omo toman todas las decisiones públicas después de exhaustivas reuniones comunitarias en las que participan todos los adultos. Muy pocos hablan amárico, el idioma nacional, y los niveles de alfabetización son los más bajos del país, lo que significa que apenas pueden acceder a la información relativa a los asuntos que les afectan.
Un enviado de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional que visitó el bajo Omo en enero de 2009 para evaluar el impacto de la presa Gibe III informó de que las comunidades indígenas no sabían nada o prácticamente nada sobre el proyecto.
Con la intención de sofocar el debate sobre las controvertidas políticas y restringir la sensibilización sobre los derechos humanos, el Gobierno hizo público en febrero de 2009 un decreto por el que se establecía que cualquier organización benéfica u ONG que obtuviera más del 10% de su financiación de fuentes extranjeras (lo cual es el caso de prácticamente todas las organizaciones benéficas de Etiopía) no tiene permiso para defender los derechos humanos y democráticos.
En julio de 2009, la Southern Region’s Justice Bureau (Oficina judicial de la región del Sur) revocó las licencias a 41 “asociaciones comunitarias” locales, a las que acusaba de no cooperar con las políticas gubernamentales. Muchos observadores creen que esta revocación es, en realidad, una medida del Gobierno para erradicar cualquier tipo de debate u oposición a la Gibe III.
Presa Gibe III
En julio de 2006 el Gobierno de Etiopía firmó un contrato con la compañía italiana Salini Costruttori para construir Gibe III,la mayor presa hidroeléctrica del país. En lo que supone una violación de la legislación etíope, no hubo una licitación pública para adjudicar el contrato.
Las obras comenzaron en 2006 con un presupuesto de 1,4 billones de euros. Ya se ha construido un tercio de la presa y los costes siguen subiendo.
La presa bloqueará la parte suroeste del río Omo, que discurre a lo largo de 760 kilómetros desde las tierras altas de Etiopía hasta el lago Turkana en Kenia. El valle bajo del río Omo está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en reconocimiento a su valor arqueológico y geológico. En esta zona el río Omo atraviesa los Parques Nacionales del Mago y del Omo, hogar de numerosos pueblos indígenas.
La ley medioambiental etíope estipula que debe efectuarse un estudio del impacto medioambiental y social (ESIA, por sus siglas inglesas) antes de aprobar cualquier proyecto. Pese a ello, la Agencia para la Protección Medioambiental (EPA, por sus siglas inglesas) etíope aprobó el ESIA de forma retroactiva, en julio de 2008, dos años después de que se iniciaran las obras.
El ESIA fue realizado por parte de una compañía italiana, CESI, y financiado por la EEPCo (Corporación Etíope para la Energía Eléctrica) y la misma Salini, lo cual plantea dudas acerca de su independencia y credibilidad. El correspondiente informe, publicado en enero de 2009, se pronunciaba a favor del proyecto, afirmando que el impacto sobre el medio ambiente y los pueblos indígenas será “insignificante” e incluso “positivo”.
Según expertos independientes, la presa tendrá un impacto enorme sobre el delicado ecosistema de la región, al alterar la crecida estacional del río Omo y reducir drásticamente su caudal. Esto traerá consigo la desertización de gran parte de la zona ribereña y eliminará el bosque ripícola.
Si la crecida natural, con sus ricos depósitos de cieno, desaparece, las economías de subsistencia se derrumbarán y al menos 100.000 indígenas tendrán que hacer frente a la escasez de alimentos.
Actúa ahora para ayudar a los pueblos indígenas del valle del Omo
- Escribe una carta al Primer Ministro de Etiopía instándole a que reconsidere el proyecto.
- Haz un donativo a esta campaña y a otras campañas de Survival.
- Súmate a la recogida de firmas para detener la presa Gibe III.



