A la primera dificultad reaccionan con el sentido común que las habita, es decir, el mismo que ha hecho posible y justifica a la dominación capitalista. No ven más allá de la superficie, se dejan llevar por las primeras impresiones, no meditan, no piensan, no hacen historia.
El que ayer era bueno, pasa, como en novela de televisión, de galán a villano en un solo capítulo. Las causas de la incomodidad que les embarga se la achacan a razones siempre viles, y siempre sin argumento.
Buscan culpables, personalizan la política, nunca van a las causas profundas, al “móvil de los móviles”. Arreglan los asuntos quemando a unos cuantos muñecos, algunos comunicados, tan groseros cuanto estúpidos, y después se van orondos a mascullar sus “hazañas militares”.
De esa manera, con esos instrumentos para el análisis, se dejan conducir por percepciones inmediatas, no tienen herramientas para la reflexión, así son fácil presa de la reacción.
Al primer desagrado tiran por la borda la opción revolucionaria que tanto ha costado construir. Trabajan, sin percibirlo, para sus verdugos, que bailan contentos viendo la conducta que presagia la restauración.
Peleando sólo en la superficie descuidan las causas de los fenómenos, y esos orígenes terminan por construir un mundo que es lo contrario de lo que soñaron.
La segunda enseñanza, es que de esa conducta errada la Revolución es culpable. Descuidó la formación y la conducción de las masas, la formación de dirigentes. Con el absurdo de que la “masa sabe”, renunció a la tarea de dirección, de formación, dejándola a merced de la ideología que nos domina desde hace siglos. No ha sabido producir, conducir la sustitución de cultura.
La formación, el estudio, lo hemos tomado como un ejercicio subalterno: “lo importante es la práctica”, la acción, el sofoco. Pensar, reflexionar, es desperdicio: “el pueblo sabrá que hacer”.
La tercera enseñanza es que tenemos un partido autista, todavía no ha reaccionado con lo de Joaquín. Bajo aquel aguacero, con la base desconcertada, no hubo ninguna información ni orientación, dejó a la masa a merced de los oportunistas pescadores en río revuelto, hubo que esperar que Chávez hablara para poner las cosas en su sitio.
¡Con Chávez resteaos!