- Trancada por ANTEL la posibilidad de que operadores de televisión vendan internet a través de las redes de cable, con equipos de última generación que se desperdician en el uso familiar por las carencias de la pomposamente denominada Administración Nacional de Telecomunicaciones, el país marcha a la deriva y sin rumbo, con la bandada de ANTEL hablando de invertir millones de dólares en fibra óptica cuando existe en el país una infraestructura ociosa que no se permite utilizar.
Con osadía rayana en la insolencia, dos por tres aparece la presidenta de ANTEL en los medios de comunicación, dando cuenta de presuntos adelantos técnicos del organismo en cuestiones de telefonía celular y servicios de internet. A tal punto, que con hipocresía y cinismo se ha promovido designar al Uruguay capital mundial de las telecomunicaciones, aprovechando la falta de conocimiento de la población al respecto, y también del elenco político que paya al unísono. Omar De León, un consultor de privilegio en materia de telecomunicaciones, (que además fue compañero de clase de quien esto opina, escribe y firma), que debió irse de ANTEL harto de palos en las ruedas y envidias conexas, y que hoy asesora organismos internacionales especializados, ha puesto en evidencia que entre junio y julio nuestro país registró un promedio de bajada de 1,73 Megabytes por segundo, índice paupérrimo que nos ubica por debajo de países africanos como Zimbawe, ex Rodesia del Sur, y de Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina a nivel regional. Baste mencionar que nuestro ridículo 1,73 constituye una afrenta a la inteligencia nacional, de la cual ANTEL es responsable, habida cuenta que estamos bastante abajo de nuestros vecinos, (Argentina 3,20 Mbps y Brasil 5,32 Mbps), destacándose que a nivel mundial Corea del Sur tiene un promedio de bajada inigualable de 32 Megabytes por segundo. Pero esto no es más que el principio, dado que Uruguay se posiciona peor, aún, en cuanto a la velocidad de subida de datos por Internet donde, con un exiguo, impúdico y vergonzoso promedio de 0,95, estamos en el lugar 157 sobre un total de 172 países. Y si profundizamos en el tema nos encontramos que en cuanto a costos el servicio local tampoco es competitivo. En Uruguay se paga tres veces más que en Chile y Argentina por velocidades de subida y bajada menores que en estos países. En cuentas generales, Chile y Brasil, por ejemplo, ofrecen 24 veces más velocidad con apenas un 50% más en la tarifa. ANTEL es directamente responsable de llevar el país a bordo de una carreta tecnológica que ni siquiera es de recibo en los países africanos de hambrunas generales. Trancada por el ente la posibilidad de que operadores de televisión vendan internet a través de las redes de cable, con equipos de última generación que se desperdician en el uso familiar por las carencias de la pomposamente denominada Administración Nacional de Telecomunicaciones, el país marcha a la deriva y sin rumbo, con la bandada de ANTEL hablando de invertir millones de dólares en fibra óptica cuando existe en el país una infraestructura ociosa que no se permite utilizar. Esta desgracia nacional que marca el rumbo de los servicios de telecomunicaciones posee el 94 por ciento del mercado de banda ancha, que como hemos visto ni es banda ni es ancha, y se ha constituido en el cerrojo que impide que otros operadores vengan a suplir sus carencias. En los países donde los operadores de TV cable ofrecen internet y telefonía fija, el negocio está armado para recuperar el costo de las redes entre varios servicios, razón por la cual en el Uruguay es considerablemente más cara la TV para abonados, ya que los operadores están obligados a recuperar todos sus costos desde el servicio de la televisión. Se prohíbe desde ANTEL y desde el gobierno la innovación tecnológica, no obstante ser público y notorio que hay inversionistas interesados en invertir en estas tecnologías. En esta renovada y vigente impermeabilización de los cráneos directrices, en donde el rumbo lo marca en definitiva el poder sindical, el Poder Ejecutivo se sigue manejando con el decreto ley de creación de ANTEL de 1974, veinte años antes de que apareciese Internet. Así nos va. RG |