URUGUAY-POR QUÉ VOTO A LA ASAMBLEA POPULAR

El proceso por el cual fuimos madurando la necesidad de sentar la bases de un nuevo instrumento político superador del Frente Amplio, después de treinta años de haberlo integrado, se fundamenta en una serie de hechos concretos que jalonaron la creciente descomposición ideológica y política de este movimiento.
En el Frente Amplio, en tanto agrupamiento policlasista, la lucha de clases se ha manifestado en todo momento, muchas veces en forma sutil y otras, en forma violenta. Esto era inevitable. El equilibrio entre las fuerzas contradictorias que lo componían difícilmente podía mantenerse por mucho tiempo.
Así, se produjo un rompimiento por derecha, hace más de veinte años, con la ida de Batalla y el PDC. Más tarde, las tendencias oportunistas y “pragmáticas” generaron el manifiesto de los “24” (una “modernización” ideológica del Frente). Progresivamente, fueron concertando alianzas con sectores no comprometidos con el programa fundacional del FA, las que llevaron a la formación del Encuentro Progresista y posteriormente, en las últimas elecciones, a la reincorporación de parte de la vieja 99, del PDC y de otros grupos y personas de la política tradicional.
No es casual entonces, que los criterios dominantes en la vida política hayan sido el pragmatismo, la desideologización y la revisión de los postulados que nos habían dado origen. Esto se manifestó, como decíamos, en una serie de hechos concretos: el nombramiento de Astori como “primer ministro” que hizo Tabaré Vázquez en Estados Unidos, tendiente a promover una “gobernabilidad” asentada en el continuismo neoliberal; la firma de la nueva carta de intención con el FMI; la firma del Tratado Bilateral de Inversiones con Estados Unidos (como pidiendo disculpas por haber votado contra el ALCA); la firma del TIFA con Estados Unidos; las crecientes “relaciones carnales” reflejadas en las visitas, frecuentes como nunca, de gobernantes uruguayos y yanquis que tuvieron como punto culminante la invitación y visita del carnicero Bush; la situación con la empresa Botnia; las misiones a Haití y el Congo; el operativo UNITAS. Todo esto conforma el afianzamiento de una posición, a nivel regional, de notorio pro-imperialismo, que refuerza el papel del Uruguay como estado tapón a su servicio.
Asimismo, el gobierno de Tabaré Vázquez ha privilegiado el pago de la deuda externa y las inversiones extranjeras en vez de adoptar un criterio nacional y latinoamericano de promover la función del Estado como impulsor del desarrollo, dejándolo sin capacidad real de inversión para apoyar políticas (de carácter democráticas) de reforma agraria, estructuras no capitalistas de producción, políticas sociales (humanización de las cárceles, reestructura de la justicia, la policía, las fuerzas armadas, etc.).
Por otro lado, el gobierno no consideró necesario tocar el aparato represivo creado y formado por la clase dominante y el imperialismo, ni tampoco promover la anulación de la ley de impunidad, pese a contar con la cantidad suficiente de legisladores para anularla por vía parlamentaria.
Helios Sarthou y muchos compañeros que lo acompañamos resolvimos alejarnos de una estructura procapitalista y proimperialista que no nos expresaba. Después de plantear y discutir la posibilidad de la unidad de los distintos grupos y partidos de izquierda no frenteamplista, nos integramos a la Asamblea Popular por considerar que es el núcleo de compañeros que posibilitan progresivamente dicha unidad.
Ante las elecciones de 2009, los candidatos Mujica y Astori ofrecen una perspectiva desalentadora para los que aspiran cambios reales, tendientes al socialismo, y no meramente cosméticos. Todo indica, aun sin entrar a analizar una por una las declaraciones de dichos candidatos, que su probable gobierno será, en el mejor de los casos, la continuidad del de Tabaré.
Fèlix Vitale
Buenos Aires, 12 de octubre de 2009
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