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El polvorín

La generación Reagan, la generación perdida.

5 Abril 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

A principios de la década de los ochenta la administración Reagan concentró una importante cantidad de recursos económicos, militares y de inteligencia en la región centroamericana, para combatir a los pueblos y sus expresiones de liberación que mostraban un claro y decidido acenso en la conciencia, la movilización y el compromiso social. Eran los primeros años de construcción de la Revolución Sandinista, del ascenso de la lucha armada del FMLN en EL Salvador, de una agudización del conflicto también bélico en Guatemala y Honduras poseía -al igual que hoy- un fuerte movimiento popular.

El contexto internacional, más allá de las fronteras de los cinco países hermanos, presentaba un cuadro crítico por las contradicciones de un mundo aún bipolar que se disputaba entre el  paradigma socialista, de gobiernos populares en el ejercicio de la democracia más directa, menos representativa y la dictadura de las oligarquías locales que representaban, antes como ahora, el interés del imperialismo o la gran corporación mundial.

La región centroamericana considerada de importancia geoestratégica para el imperio del norte, sufrió la escalada del terrorismo de estado, implantado en el caso particular de Honduras por John Dimitri Negroponte (hoy este mismo papel lo cumple Hugo Llorens). En la región centroamericana cada una de las naciones sufrió su propio embajador del norte; enviados especiales del capitalismo, en aquellos años representado por el mediocre actor de películas de tercera categoría y presidente de los Estado Unidos, Ronald Reagan.

Alrededor de 400,000 seres humanos perdieron la vida en la región por la guerra financiada y promovida por el Estado Norteamericano. En el caso de Guatemala, en el que el conflicto armado se prolongó por más de 36 años (1960-1996) y que se agudizó en el mismo período, el saldo de muertes se eleva a más de 200,000, en El Salvador 75,000 y en Nicaragua cerca de 50,000. Esta barbarie que ocurrió hace apenas 30 años fue negada u ocultada a toda una generación en los debates de historia de la academia formal.

Los años ochenta representan también la derrota militar y política de las luchas de liberación de los pueblos de la región centroamericana. Las leyes de la historia de las que Marx hablaba vivían un fuerte revés en toda aquella época. Se derrumbaba el campo socialista, representados para occidente por la Unión Soviética y la Europa del Este. El imperialismo decidía agudizar la explotación y la concentración de las riquezas socialmente producidas, al aplicar de inmediato medidas de ajuste estructural y el modelo neoliberal, como quien se aferraba al dogma del desarrollo a través de la injusticia, el oprobio y la explotación.

Esto traería nuevamente un costo enorme en vidas para los habitantes de la región, cuyos sobrevivientes perdieron además toda esperanza en la posibilidad de producir en condiciones justas sus propios alimentos, de obtener medios para una vida digna y por supuesto para producir cultura. La miseria y el hambre han dominado a Centro América hasta el día de hoy, en el que las oligarquías continúan utilizando los Estados para concentrar los beneficios del trabajo, a la vez que promueven el servilismo y la entrega de las economías nacionales a su amo del norte.

Ahora bien, el afán real de hacer este breve recuento de la lucha de los pueblos por su liberación y el ejercicio del derecho a la autodeterminación, no es otro que mencionar una tragedia más que en los estudios de la Escuela de Formación de la OPLN, llamamos La generación Reagan.

Una generación completa de seres humanos se perdió a causa de las guerras imperialistas de esa época. Proliferó la confusión ideológica, humana y social para todo un sector poblacional, que para las primeras fechas de los ochenta, apenas daban sus primeros pasos y que para el final de los conflictos armados habían perdido contacto con el eslabón para continuar la cadena de la lucha y la liberación.

Los movimientos estudiantiles frenados completamente por la tortura, el asesinato y la persecución, no sobrevivieron para rescatar el pensamiento crítico y analítico necesario para el desarrollo social en cualquiera de sus manifestaciones; con esto se hirió de muerte a la academia y las universidades perdieron su esencia científica o liberadora.

La generación Reagan recuerda las etapas de su vida en relación con las series norteamericanas de televisión que con las que coincidieron en la adolescencia, con las novelas japonés de caricatura que exaltaban grandes máquinas de metal y también por las aventuras para paralíticos que contenían centenares de versiones de consolas de videos juegos. Mientras la pobreza de las mayorías aumentaba al ritmo mismo del aumento de la explotación y la exclusión social, los trabajadores, universitarios, jóvenes de las ciudades y también los campesinos vivían la ficción del desarrollo que promovían quién sabe quién de la cooperación internacional. La generación Reagan vivió el desapego, la confusión, la negación de su historia, su origen, su identidad y al perder su principio perdió su final.

En la actualidad los dirigentes principales del Frente Nacional de Resistencia Popular, constituyen un verdadero baluarte de la lucha social reivindicativa y revolucionaria del país. Son sobrevivientes de otras épocas doradas de la lucha de los pueblos, en los que se enfrentaba al imperialismo y a la injusticia con la manifestación permanente pero también con la lucha armada.

Por muchos medios el movimiento social de Honduras intentó durante años llegar al pensamiento de la nueva juventud y hacer ver la importancia de la conciencia política y de clase que se debe tener para lograr un vida mejor y más digna; una conciencia que le sirviera de herramienta para la transformarse y transformar la sociedad; muchos de los esfuerzos fueron inútiles.

El golpe de estado ha representado la oportunidad histórica para forjar una nueva generación de lucha que reivindique su derecho a una sociedad mejor y que identifique con mayor facilidad a los verdaderos causantes de nuestro subdesarrollo y de nuestra dominación.

Marx hablaba de la historia no como un ciclo de un círculo cerrado, sino como una espiral creciente; hoy la historia se apresta a una nueva etapa de liberación y el pueblo se alista para ganar todas las batallas. El nuevo ciclo de la espiral creciente es, sin duda, más importante.

Una cosecha se perdió hace un tiempo; hoy se siembra lucha, sacrificio y libertad para nunca no volver a perderla.

¡Venceremos!

¡Necedad!

 

Gilberto Ríos Munguía

Secretario de Formación Política e Ideológica

OPLN

 

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¡Venceremos!

¡Necedad!

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