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El polvorín

“Gracias por el fuego” - por Graciela Azcárate

13 Febrero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Historia de vida


Por Graciela Azcárate


Gracias por el fuego”


Para Ivonne Leites


Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”.

Mario Benedetti

 

Diálogo es palabra de larga prosapia. Implica la tolerancia y no se concibe sin la entera libertad de las partes. No hay diálogo sin libertad. (…) Dialogar es reconocerles una autoridad de la que carecen. Dialogar es transar. Hay que aguantar hasta que se caigan (los militares, los torturadores, los censores) sin dejar de acosarlos. Y caerán, sin duda. No tienen salida, y el tiempo trabaja contra ellos (…) Dejémonos, pues, de imaginar conciliaciones imposibles y no olvidemos. Los pueblos que olvidan o ignoran la historia están condenados a repetirla”.

Carlos Quijano: “Cuadernos de Marcha”.

 

Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información”.

Rodolfo Walsh

 


 

En realidad todo empezó cuando buscando fotos del cabo Anselmo encontré el blog El Polvorín. El gatito mojado por no comentar, “la satisfacción moral” de  Rodolfo  Walsh  para hacer conocer la verdad y el aire francamente jovial y subversivo de Yvonne Leites, la editora del blog me pusieron alas a la imaginación.

 

libro Gracias por el fuegoPara mis adentros susurré: “Gracias por el fuego” y cuarentaicinco años  después le agradecí a la bloguera,  con esa frase entre el  parricida suicida y la amante en la novela de Mario Benedetti, el fuego que me ofreció para recordar.  

 

De pronto abrí la puerta a la memoria, al Uruguay surrealista de Isidoro Ducasse y me di cuenta sorprendida que Antonio Tabucchi tituló su libro, precisamente con “el pueril reverso de las cosas”, con ese conde de Lautreamont que es el seudónimo  de aquel montevideano romántico nacido en 1836, poeta maldito, pionero del surrealismo en 1868,  que se murió con veinticuatro años mientras escribía en Paris, “Los cantos de Maldoror” y paseaba una langosta, llevada por el cuello con un cinta azul  por los bulevares  parisienses. Loquísimo, arrebatado, tan joven, tan romántico, tan trágico, tan sudamericano, tan Onetti  y su “novia robada”, o “las gracias por el fuego”  de un hombre que no sea atreve a matar al padre y termina arrojándose por un balcón, o el viejo Quijano, lucido, profético diciendo que no hay dialogo posible, que debemos seguir el acoso,  hasta que se  caigan… los militares, los torturadores, los delatores.

 

“Gracias por el fuego” es la novela de Mario Benedetti publicada  en 1965. Es el relato de un país, de un hombre y su padre. Es la vida de  Ramón Budiño  mientras reflexiona sobre su vida, su país; mientras planea matar a su padre. Si. Quiere matar al padre. No,  sé si en términos freudianos o no. Es una mezcla de Isidoro Ducasse o el conde Lautremont, es Benedetti, Onetti, Quijano. Es esa amante que le ofrece fuego para su cigarrillo mientras desmenuza su relación con el padre, son  las diversas mujeres de esos uruguayos  que se deslizan, reptan, convocan, interpelan, se matan, languidecen de que “no pase nada”, las matan, las buscan, las resucitan…

 

No se sabe si es la Julita de “Juntacadáveres” ,  la joven  cuñada suicida  de un Malabia  adolescente  o la mujer amada, desaparecida  y buscada por un exiliado, fugitivo de un dictadura militar que añora a una mujer presa, tal vez asesinada, es  el  Malabia casi viejo, crepuscular en el Madrid de los setenta, rebosante de tupamaros, montoneros, ERP, Frente Farabundo Marti, MPD  o es la   loquita, la vasca Moncha Insaurralde  de Onetti en “La novia robada”.

 

Los uruguayos salen a navegar, por los riachos del Paraná, o pasean por los bulevares de París, o caminan desmemoriados por el Madrid de Onetti donde perezosos miran “la cara de la desgracia”, o navegan en  los Cuadernos de Marcha con la lucidez de un periodista como Carlos Quijano que:

 

“Fue capaz de apresar en una frase, en un giro a veces, aquello de secreto y entrañable que lleva consigo cada ser humano, más allá de las contingencias, de las horas fastas o funestas de una existencia. Con una agudeza sorprendente y con un conocimiento de causa admirable, Quijano supo captar aquellos rasgos que definen a un personaje, ciertas insistentes fidelidades a causas o ideas que no tenían por qué ser las suyas, más allá de distanciamientos y de largos silencios”.

  

Carlos-Quijano.jpgEl 12 y el 19 de mayo del 2007 escribí dos Historias de vida publicadas en Areito del periódico HOY. “Carlos Quijano, un maestro del periodismo” y  “La lucidez del viejo Quijano”. Ese periodista singular recomendaba: “Hay que rascar hasta el hueso”.  Dijo que Argentina es un país de suicidas políticos  y que Uruguay lo es de desterrados.

 

La revolución cubana lo hizo reflexionar sobre el Uruguay que ha perdido  “la facultad de pensar”.   Dijo “Carece de mitos vitales, de principios, ignora sus posibilidades y limitaciones, no tiene conciencia de su destino, colectivo y trascendente; la tarea primordial consiste en crearle esos mitos, en ayudarlo a encontrar “ese su destino”.

 

En el editorial titulado “Atados al mástil” (Marcha, 26/6/64), reflexionó en torno a la crisis del Uruguay y repasó esos 25 años en los que vivió “atado al mástil” del semanario Marcha. En el último editorial “Los mitos y los hechos” dijo “que el país debe comprender que es débil y pequeño; que está en un continente enfeudado; que el peligro y la amenaza rondan sus fronteras; que las nuevas técnicas, lanzadas ya a la conquista del espacio y de otros mundos, llevan camino de trastornar toda la escala de valores; que la victoria será de los más eficientes y lo más capaces; que en la insularidad no encontrará refugio; que el pasado no vuelve, que sus mitos están muertos y no le sirven ya, ni de arma ni de escudo. Y, por último, advierte que sólo se vive cuando se vive peligrosamente y que nuestra gran aventura “es la de recrear el país y crear la gran patria o las grandes patrias americanas”.

 

Acusado de pesimista y de dedicarse a la demolición el escribió: “Hay quienes piensan que la obligación del director de opinión pública es la constante sugestión de arbitrios, remedios, recetas, fórmulas “para ir tirando”. Olvidan (entre muchísimas otras cosas) que puede existir la conciencia de un deber antagónico: el de aventar ilusiones, el de desarmar errores mil veces reiterados, mutuamente sostenidos y reforzados, el de tajar toda maraña viciosa, el de dejar que el curso de las cosas siga hasta el final la pura dialéctica de su nocividad y todo ir sea un ir hasta el fondo de los males para que los males tengan remedio, para que, en último término, en la intemperie dura, tónica, la tarea de una pueblo pueda reiniciarse en toda su ambición y desde el limpio principio”.

  

Para Mirian Pino, catedrática de la Universidad Nacional de Córdoba que escribió la tesis: “La utopía sesentista en el discurso político-cultural de Carlos Quijano: el editorial Atados al mástil” (1964), el director del semanario “Fue el rostro visible de un sueño colectivo, el exilio y la muerte en tierras mexicanas la constatación irrefrenable de que la realidad en política y economía tiene otro rostro, más real y menos irrevocable que el sueño marchista. El “nosotros” y el “yo”, que campean en las editoriales, presupone la estrecha comunión entre la palabra política y la coherencia de un accionar en la sociedad. El temor de Quijano y la urgencia de su discurso, que constantemente nos interpela, sigue señalando: “navegar es necesario, vivir, no”, aunque desde América Latina y a inicios de un nuevo milenio, navegar signifique el tránsito inusitado en el inmenso océano de la globalización”.

  

Pensar que  Borges adoraba a los uruguayos, remememoraba un ancestro militar y convocaba  los espectros de pasadas batallas crepusculares escondidos  en sus mejores cuentos.

 

Isidoro Ducasse, Benedetti, Onetti, Quijano, “La novia robada”, la loquita de Malabia me hacen agradecerle a Yvonne el fuego encendido de la memoria resumido en esa novela de los sesenta.

 

La novela narra lo que le pasa a grupo de uruguayos reunidos para cenar en un restaurante estadounidense. Al principio critican a su país, encontrándole sólo cosas malas. Después, el relato recorre la vida de Ramón Budiño y la influencia que su padre, Edmundo, al que todos conocen como el Viejo, ha tenido sobre él y el resto de la familia, que es conocida por  ser el hijo, la esposa, el cuñado o la amante de ese terrible personaje.

 

La novela transcurre morosa en esa  relación entre Ramón y Edmundo y cómo en un momento determinado el hijo se sintió decepcionado y cambió su actitud. Es el relato de un hombre que de manera poética e intensa piensa en su padre y en lo significa ser hijo.

 

Hay un paralelo entre Edmundo y el Uruguay, y ese  país manejado  por personas excesivamente poderosas y sin de escrúpulos, un paralelo que indaga en las raíces y  la historia de lo político, histórico y personal. El conflicto paterno filial es una dupla de lo que pasa entre el poder y el pueblo. La amante del Viejo explica la relación con él, y se debate entre el  amor y la admiración a pesar de la falta de decencia y honradez. Después llega el desencanto y la decepción.

 

Es una tragedia griega y el conflicto entre padre e hijo, entre  Ramón y Edmundo, se dibujan en el tormento de Ramón, enamorado de su cuñada, intentando matar al padre sin decidirse, atrapado en las emociones, las dudas,  las reflexiones y la incertidumbre de lo que vendrá.

 

El camino serpentea por los senderos de las reflexiones personales, por la recreación de un país  a fines de 1960, con ese preámbulo de los setenta, discurre por el fracaso no solo personal, sino el de una sociedad y  la historia de los últimos cincuenta años. Una sociedad que como escribió  Carlos Quijano  debe “ir hasta el fondo de los males para que los males tengan remedio, para que, en último término, en la intemperie dura, tónica, la tarea de una pueblo pueda reiniciarse en toda su ambición y desde el limpio principio”.

Fuentes:

http://elpolvorin.over-blog.es/article-como-contribuye-europa-a-la-ocupacion-de-palestina-66476085.html

Historia de vida. La lucidez del viejo Quijano- Carlos Quijano: un maestro del periodismo.

http://www.hoy.com.do/areito/2007/5/21/221107/print

Historia de vida: Contra la muerte y el olvido.

http://www.7dias.com.do/app/article.aspx?id=76341&commentMode=true#comments

 

 

Separador

Nota de El Polvorín

Muchísimas gracias Graciela.

Para mi es  un placer publicar tu trabajo.

Un abrazo enorme

Ivonne

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