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El polvorín

México: Cancún y la Riviera Maya, el paraíso de la explotación

14 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Empresas como Barceló, Sol Meliá, NH o Marsans han convertido esta región en uno de los principales destinos turísticos. Esto ha sido posible gracias a niveles alarmantes de explotación laboral
Ter García | Diagonal |

Sólo el pasado año, cerca de tres millones de turistas llegaron al Caribe mexicano a ocupar una de sus 40.000 plazas hoteleras, mientras muchos de sus habitantes subsisten con un salario que no supera los 150 euros al mes en Cancún, la ciudad más cara de México después de Monterrey.

En los ‘70 el Gobierno mexicano concibió la región, Quintana Roo, como un parque de atracciones para los turistas, atraídos por el agradable clima tropical y las exóticas ruinas mayas de Cobá, Chichen Itzá o Tulum. De la misma manera que nacieron Acapulco, Los Cabos o Puerto Vallarta, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) atrajo a las grandes transacionales hoteleras hasta Cancún y la Riviera Maya a través de créditos, inversiones y la promesa de una total impunidad para de explotar los recursos naturales y humanos que hasta ahora sigue vigente: el presidente Echevarría decretó en 1973 que todo el territorio de Quintana Roo es zona libre.  De los 80 hoteles con 17.000 plazas previstas por Fonatur se ha llegado a superar ampliamente el centenar y medio de megahoteles. De ellos, la gran mayoría pertenecen a cadenas estadounidenses y españolas.

En diciembre de 2007, la publicación mexicana  Proceso  denunció las malas condiciones laborales y de salud a las que se enfrentaban cientos de trabajadores, principalmente procedentes de Chiapas, en la construcción de uno de los hoteles de lujo de la cadena española NH. Según detallaron en un extenso reportaje,  la mayoría de estos obreros vivían hacinados en campamentos de 80 metros cuadrados sin atención médica, trabajando siete días a la semana y pudiendo salir del recinto, ubicado al lado de la construcción, sólo los domingos por la tarde.  Aunque, debido a la crisis económica y a que ya no queda prácticamente terreno para construir, los trabajos de edificación se han reducido, aún quedan campamentos de este tipo en algunas obras de la Riviera Maya, pero resulta casi imposible acceder a ellos al estar flanqueados por vigilantes armados.

Explotación, sol y playa

Según explica Gabriela Campos Cortés, coordinadora del Centro de Atención al Migrante de la Riviera Maya, en estos campamentos los obreros se ven obligados a dormir en el suelo protegidos por plásticos después de trabajar jornadas interminables para cobrar un sueldo que suele ir de los 700 a los 1.000 pesos semanales (40 a 60 euros), de los cuales se descuentan la comida y, en muchos casos, hasta el hospedaje. Los contratos son semanales, de forma que, para que la siguiente semana puedan volver a trabajar, regalan a la empresa la mañana del domingo. Fuera de estos campamentos, las condiciones de vida de las miles de personas que llegan a la Riviera Maya para trabajar no mejora mucho.

La plaza de la colonia Colosio se llena cada mañana con decenas de trabajadores a la espera de que alguien les ofrezca ocupación. Muchos de ellos consiguen trabajo para dos o tres días a la semana, por lo que difícilmente el salario les alcanza para enviar dinero a sus familias después de pagar la renta de un cuarto de dos metros por dos metros que comparten con entre tres y diez personas y que supera los 1.700 pesos mensuales (aproximadamente cien euros).

En Cancún viven ya más de un millón de personas. La pobreza colinda con la opulencia, pero con una demarcación bien definida. Según explica Alejandro Eguía Lis, una de las personas que luchan por la adecuación de un centro sociocultural en esta población, hace 30 años conformaban la industria hotelera varias decenas de pequeños hoteles en los que los trabajadores cobraban un buen sueldo y podían después acercarse a las numerosas e impresionantes playas conquenses. “Con la llegada de las trasnacionales todo cambió”, lamenta Eguía.  Actualmente, los hoteles son los propietarios de las playas y la ciudad está dividida en dos zonas: por un lado, las áreas urbanizadas, denominadas “supermanzanas”, donde vive la clase media y alta; y, por otro, las que se fueron habitando por sí solas, las regiones, que son casi guetos llenos de casas de empeño, centros de Alcohólicos Anónimos y “cervecentros”.

De esta manera, frente a las inmensas mansiones y hoteles de las zonas ricas, las regiones se constituyen como hormigueros con las conocidas como casas Geo o de “interés social”, apartamentos de cuatro metros de ancho por ocho de largo en los que la cocina está unida al baño y que se venden por unos 300.000 pesos (cerca de 18.000 euros). Colindantes a estos barrios se han organizado una serie de colonias donde la gente se construye sus casas y lucha día a día para que no les arrebaten el terreno.

Rubí Argáez, del Comité de Vecinos de una de estas áreas, la colonia Maracuyá, explica cómo, en enero de 2008, las más de 50 familias que habitan actualmente la comunidad fueron asaltadas por decenas de intrusos armados con machetes y pistolas que robaron y quemaron varias de sus casas. Esta colonia nació hace poco más de cinco años con dos familias, después de que éstas pagaran 10.000 pesos (588 euros) por el terreno y desde entonces han tenido que hacer frente en varias ocasiones a estos ataques que, según explican desde el Comité de Vecinos, están dirigidos por las grandes empresas para hacerse con el terreno sobre el que viven, y poder seguir construyendo grandes hoteles y urbanizaciones. “La mayoría de los que vivimos aquí somos mayas. Estamos acostumbrados a vivir así y a luchar por nuestras tierras”, continúa Rubí. La mayoría de estos vecinos trabajan para esos mismos hoteles y restaurantes, a cambio de sueldos de miseria.


Esclavos de su historia

Las grandes víctimas del sistema en Cancún y la Riviera Maya son los propios mayas. “Los mayas no son bienvenidos. No pueden entrar a los hoteles. Hasta Rigoberta Menchú vino a una conferencia de derechos humanos y la expulsaron, le dijeron que se fuera a vender trencitas”, recuerda Alejandro Eguía. Eguía, quien trabajó durante 15 años como capacitador en hoteles y restaurantes, explica que, a la hora de buscar trabajo, en los grandes  resorts  se podía ver una cenefa en la pared que funcionaba para descartar candidatos y que siempre quedaba por encima de la estatura de las mayas.

Aunque, en Quintana Roo, el apelativo “maya” sea la estrella promocional, los mayas no reciben ningún beneficio por la explotación de su patrimonio, son expulsados de las playas y demás zonas turísticas, y les es casi imposible encontrar un trabajo.


Cinco dólares diarios

“Quien sostiene a las grandes cadenas hoteleras con su trabajo es gente humilde que tiene sueldos que no rebasan los cinco dólares diarios”, afirma Rafael Fernández, de la asociación Tzolk’in, quien explicó que lo habitual en la zona es tener dos empleos y trabajar de diez a 12 horas diarias para vivir dignamente. Según añadió, las empresas en Cancún suelen hacer contratos mensuales o semanales y obligan al trabajador a firmar su carta de renuncia el mismo día que comienza a trabajar.

“En algunos casos, los trabajadores de hostelería no reciben un sueldo y dependen totalmente de las propinas, hay otros que tienen que pagar cien pesos por trabajar un turno”, añade Alejandro Eguía. La región, además, es líder en analfabetismo, en consumo de cocaína y en prostitución infantil (entre 16.000 y 20.000 menores).


Líderes en suicidios

El tema laboral, la violencia intrafamiliar y los problemas sentimentales son los principales motivos de suicidio en Cancún, donde en 2008 se registraron cerca de un centenar de casos y en 2009 hasta 74, de los que siete fueron menores de edad, según publicó hace pocos meses el diario  Por Esto!.  “El mexicano aquí está solo, y si a eso se le suma el ver la opulencia de la zona hotelera, el sentido de frustración se agudiza”, explica Alejandro Eguía.

Quintana Roo es uno de los Estados con el índice de suicidio más alto de todo México, 11,1 por cada 100.000 habitantes en 2007, número que cuadruplica la media del país. Aunque el Gobierno provincial ha creado una comisión para investigar las principales causas de suicidio, desde la asociación denuncian que no se ha puesto en práctica ninguna medida preventiva.

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