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El polvorín

Mujeres del congo crean un ejército para luchar contra las violaciones

15 Febrero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Ciudad de Alegría. Ex víctimas instalan una base donde empezar a trabajar

http://www.elpais.com.uy/11/02/13/167276_298.jpg

BUKAVU | THE NEW YORK TIMES

Desde hace años, diplomáticos, voluntarios, académicos y funcionarios del Congo se hacen la misma pregunta: ¿cómo atacar la violencia sexual que hace que diversos grupos, que cazan en las colinas del este, violen a cientos de miles de mujeres?

El envío de más tropas agravó el problema. Las fuerzas de paz de Naciones Unidas no pueden detenerlo. ¿Funcionaría reformar al ejército congolés? ¿Construir el Estado congolés? ¿Impulsar con más fuerza que se regulen los denominados minerales de conflicto para privar de un ingreso a los rebeldes?

Para Ensler, la dramaturga feminista que escribió "Los monólogos de la vagina" y que trabaja muy de cerca con mujeres congolesas, la respuesta es simple. "Se integra un ejército de mujeres", señaló. "Y cuando se tiene a suficientes mujeres en el poder, se hacen cargo del gobierno y toman decisiones diferentes. Ya verá. Dirán: `Ya no soportaremos más esto`, y pondrán fin a este problema``.

Ensler dio el primer paso hacia la integración de este ejército: la apertura de una base en Bukavu llamada Ciudad de Alegría. El resplandeciente complejo de casas de ladrillo, grandes salones de clase, patios y verandas será un campus donde se preparará a grupitos de congolesas, en su mayoría víctimas de violación, para convertirse en dirigentes en sus comunidades, para que así, finalmente, puedan levantarse y, espera Ensler, cambien la política de este país.

Tomarán cursos de defensa personal, computación y derechos humanos; aprenderán oficios y agricultura; tratarán de exorcizar sus traumas en sesiones terapéuticas y de baile, y, luego, regresarán a sus aldeas de origen para darles poder a otras mujeres.

El centro, construido en parte por estas mujeres, con sus propias manos, costó alrededor de un millón de dólares. Unicef contribuyó con una cantidad considerable, y el resto lo recaudó el organismo de defensoría de Ensler, V-Day, entre fundaciones y donadores particulares. Google donará un centro de cómputo.

Es un concepto con agallas, invertir así de fuerte en un grupito de mujeres, en su mayoría analfabetas, con la esperanza de que lograrán el cambio social. Sin embargo, Ensler ya enfrentó bajas probabilidades antes al trabajar con víctimas de violación en Afganistán, Bosnia y otras zonas de guerra, para que digan lo que piensan y se conviertan en dirigentes.

"Este podría ser un punto de quiebre", señaló Stephen Lewis, un ex funcionario de Unicef, cuya fundación privada ayuda a Ciudad de Alegría. "Hay una creciente preocupación internacional por lo que sucede en Congo, pero hasta ahora no se llegó a nada en el campo. Quizás éste sea el momento en que las mujeres en el campo muestren que pueden cambiar esto``.

VIOLENCIA. El este de Congo es uno de los lugares en la Tierra más pobres y más disfuncionales, pero también es uno de los más hermosos, un territorio esculpido con montañas verdes y lagos profundos y claros. Es abundante en riquezas: oro, diamantes, maderas preciosas, cobre, estaño y más. Aunque se abusó brutalmente de la gente aquí, en especial de las mujeres -a muchas les metieron bruscamente rifles de asalto, a otras, las violaron con trozos de madera y las dejaron incontinentes y estériles de por vida-, no aplastaron su espíritu.

Cuando se inauguró la Ciudad de Alegría, la semana pasada, cientos de mujeres, la mayoría víctimas de violación, golpearon tambores y cantaron a todo pulmón. Llevaban camisetas negras con la leyenda: "Detengan la violación de nuestro recurso más preciado". Parecía que el ejército de mujeres que vislumbró Ensler estaba allí. Algunas incluso bailaron con las palas y paletas incrustadas de cemento que usaron para construir la Ciudad de Alegría.

El legado de brutalidad y explotación se remonta a los años 1880, cuando el rey Leopoldo II de Bélgica reclamó a Congo como una colonia y esclavizó a la población para obtener pilas de marfil y hule.

A mediados de los 1990, el país se hundió en nuevas profundidades cuando estalló la guerra civil y países vecinos se metieron de prisa, armando a este grupo rebelde o a aquél, para poder conseguir tal mina de oro o de diamantes. Murieron millones. Aunque al final otros ejércitos africanos se retiraron, muchos grupos rebeldes nunca se desbandaron y explotaron el hecho de que el Estado congolés es increíblemente grande e increíblemente débil.

Estos grupos armados han dado rienda suelta a su ira, desquitándose con las mujeres a un grado sorprendente. Las violaciones sádicas -en ocasiones realizadas por niños- se han convertido en la característica distintiva de la violencia en este país, a veces para atemorizar a los civiles; en ocasiones, por ningún propósito estratégico aparente. Si se traza una línea desde Bukavu en casi cualquier dirección, se encuentra una aldea en la que se trató brutalmente a incontables mujeres.

El mes pasado, en la cercana ciudad de Fizi, soldados del ejército congolés violaron a docenas de mujeres. Autoridades congolesas dieron el paso insólito de detener a algunos de los oficiales involucrados, incluido un coronel, pero son pocos los que creen que marcará una diferencia. Naciones Unidas tiene una enorme operación de fuerzas de paz, pero, incluso, han sido atacadas las aldeas cercanas a su base.

El gobierno envió a una delegación de alto nivel a la inauguración de Ciudad de Alegría. A Ensler se le ocurrió la idea del centro hace unos tres años, tras escuchar de las congolesas que querían un lugar seguro donde pudieran aprender oficios. Algunas de las ex alumnas del centro regresarán a sus aldeas, pero otras realizarán su misión en otras formas.

"No quiero regresar a mi aldea y que me vuelvan a violar", dijo Jane Mukoninwa, quien sufrió dos violaciones multitudinarias y estará en la primera generación de reclutas para el liderazgo. "Quiero aprender a leer y escribir para poder quedarme en Bukavu". Y agregó: "Estoy enojada. Y si puedo aprender algunas habilidades, puedo ser una activista".

El sábado, las mujeres dieron una vehemente despedida a Ensler. La sorprendieron con un regalo que le compraron, una escultura en madera de una madre y su hijo, y se apiñaron a su alrededor bailando.

Cantaron: "¿Por qué aceptaste cargar con nosotras? Nunca te abandonaremos".

La cifra

500 Son las violaciones que se registraron en el Congo solo en el mes de julio de 2010. Es la última cifra que dio Naciones Unidas.

El País Digital

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