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El polvorín

Narcosubmarinos / Narcosubs

30 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 
 

Un narcosubmarino big-foot exhibido en la Naval Air Station Key West en Florida.                                                                                                                        Bigfoot, a drug-smuggling submarine, is now on display at Truman Annex, Naval Air Station Key West in Florida.

Un narco submarino, llamado Big Foot sub por la Armada de EEUU, es un vehículo marino ilegal; construido por narcotraficantes colombianos para transportar cocaína de Colombia a los Estados Unidos. Los narco submarinos empezaron a ser usados al final de la década de los 90s, y aunque se les llama submarinos, estos generalmente no tienen la capacidad de sumergirse completamente, por lo que técnicamente, son semi-sumergibles.

El Big Foot sub es capaz de deslizarse al nivel del agua, solamente con la pequeña cabina y dos tubos (escape y ventilación) sobresaliendo del agua.

Debido a su capacidad de viajar semi-sumergido, es extremadamente difícil detectarlos visualmente. Su detección por radar o luz infraroja es igualmente difícil. Debido a su construcción de fibra de vidrio, también son prácticamente invisibles a la detección por sonar.


Contrabando de cocaína

Durante la década de los 80s, las lanchas go fast eran las embarcaciones preferidas de los narcotraficantes, debido a su alta velocidad de crucero tanto de día como de noche; pero al mejorar la cobertura de radar por parte de México, y especialmente de los EE.UU., los narcotraficantes colombianos han modificado y adaptado nuevos métodos y tecnologías para evadir la detección en alta mar; diseñando y construyendo semi-sumergibles, apodados narco submarinos.

Un narco submarino de 20 metros puede transportar unas 10 toneladas de cocaína a una velocidad de 23 km/h. La primera vez que la Armada de los Estados Unidos capturó un narco submarino, fue en el 2006 a unos 145 kilómetros al oeste de Costa Rica. Los marinos estadounidenses lo apodaron Big Foot porque habían recibido rumores de la existencia de dichos navíos clandestinos, pero nunca habían visto uno. En 2006, las autoridades estadounidenses declararon que habían detectado tres narco submarinos; en 2008 reportan la detección de diez por mes, pero la tripulación del semi-sumergible invariablemente hunde su propio navío para destruir toda prueba de actos ilícitos. Aún cuando los narcotraficantes logran el trayecto de dos semanas hasta los EE. UU. sin ser detectados, los narcóticos son descargados y el aparato es hundido.

No se sabe con certeza qué organización fabrica y opera los narco submarinos, sin embargo, el gobierno estadounidense sospecha de las FARC, quienes parecen utilizar las ganancias del narcotráfico marítimo para financiar su movimiento armado y derrocar el gobierno legítimo de Colombia.

Construcción

La costa occidental de Colombia tiene muchos ríos que cruzan la selva y desembocan al Océano Pacífico, facilitando la construcción de varios astilleros clandestinos, difíciles de descubrir pero con un fácil acceso al mar. A veces, los narco submarinos son fabricados en una bodega, transportados por partes y ensamblados en las costas del Océano Pacífico o del Océano Atlántico. Se calcula que el tipo de narco submarinos que se han confiscado hasta la fecha, implica un costo de construcción de $1 millón de dólares por navío, así como un tiempo de construcción aproximado de un año.

En el 2000, la policía colombiana descubrió un submarino con casco metálico en una bodega en Bogotá, el cual estaba todavía en proceso de construcción con la ayuda de ingenieros navales rusos. Ya terminado, el submarino hubiera medido unos 32 metros de longitud, con una capacidad de carga de 150 toneladas de cocaína, un alcance de 3,800 kilómetros, y una capacidad de sumergirse de 100 metros (330 pies) de profundidad.

Archivo:Narco sub2.jpg 
Un narco submarino momentos antes de ser interceptado por la Armada de los Estados Unidos. Agosto del 2007.

La tecnología aplicada a los semi-sumergibles ha evolucionado desde la década de los 1990s, produciendo navíos más seguros, sofisticados y veloces. Normalmente, cuentan con estructura y cubierta de fibra de vidrio, un motor diesel de 300 - 350 hp y son tripulados por 3 o 4 pescadores contratados. Los navíos son capaces de transportar unas 10 toneladas de cocaína a un alcance de 3,200 kilómetros. Cuentan con tanques de combustible y con tanques de lastre para estabilidad y flotación regulable justo a la superficie del mar.

Los navíos cuentan con ventilación permanente al exterior, pero ingenieros colombianos opinan que el calor en el interior ha de ser extremo, debido al clima, la humedad y al motor funcionando constantemente. Algunos narco submarinos cuentan con una delgada capa de plomo en la cubierta para evitar detección por medio de luz infrarroja. En la mayoría de los casos, la mejor oportunidad de detección es de día y por medio visual desde una aeronave.

Estrategas estadounidenses y colombianos calculan que que unos 100 narco submarinos realizan el recorrido hasta los EE. UU. .

Rutas

Se han interceptado narco submarinos en el Océano Pacífic, Océano Atlántico y en el Mar Caribe. Los guardacostas de los Estados Unidos declararon que los narco submarinos cuentan con navegación satelital (GPS) y un sistema de apoyo logístico completo por buques de pesca que los reabastecen de combustible, agua, comida e información de barcos y aeronaves en la proximidad. Para los tripulantes al mando de un narco submarino, completar su trayecto y entregar el cargamento de cocaína, representa un pago de salario de unos $100,000 dólares. En 2006, un narco submarino de 11 metros de largo fue encontrado abandonado en la costa de España

 Archivo:Mexican submarine 2008.jpg

Entre 1993 y 2008, decomisaron en Colombia 26 narco submarinos tanto en proceso de construcción como en el mar, durante 2007 las fuerzas armadas de Colombia confiscaron un total de trece narco submarinos, y durante 2008, decomisaron ocho. Pesentemente, los guardacostas estadounidenses se encuentran programando y ajustando sus hydrófonos (micrófono marino) para detectar los sonidos particulares de este tipo de navío desde larga distancia

El Congreso de los EE. UU. esta por producir una ley que les permita arrestar -en aguas nacionales e internacionales- a todo operador de semi-sumergibles no identificados, ya se confisquen narcóticos o no. El crímen llevaría una pena de 20 años de prisión.

El 16 de julio del 2008, la Armada de México interceptó a un narco submarino de 10 metros de largo navegando rumbo al norte a unos 200 kilómetros al sur del Puerto de Salina Cruz, Oaxaca, México. Haciendo uso de información proporcionada por agencias de EE. UU., un helicóptero naval, adecuadamente pertrechado y con fuerzas especiales de Infantería de Marina a bordo, efectuó una operación de inserción vertical vía soga rápida, sorprendiendo y arrestando a la tripulación de cuatro personas, la cual no opuso resistencia. El semi-sumergible portaba cerca de 6 toneladas de cocaína

 
   
 

La cabina del narcosub "Big Foot II" , tenía una rueda de dirección de madera adaptada de un timón de bote de pesca.

  

El vehículo surgió como algo salido de una película de ciencia-ficción. Era noviembre de 2006, y la patrullera de la Guardia Costera descubrió una mancha extraña en el mar a 100 millas de Costa Rica. A medida que la patrullera se acercó, lo que parecía ser tres snorkels asomando fuera del agua se hicieron visibles. Luego, algo aún más sorprendente fue descubierto adjunto a los tubos de aire: un submarino casero con cuatro hombres, un fusil AK-47 y tres toneladas de cocaína.

 

Ahora, el submarino casero de 49 pies de largo, se exhibe frente a la oficina del contralmirante Joseph Nimmich en Key West, Florida. Aquí, en la Fuerza de Tarea Interagencial Conjunta del Sur, Nimmich comanda los esfuerzos de incautación de drogas en las aguas al sur de la los Estados Unidos. De ojos acerados, canoso y vestido con un mono azul, mostró el sub casero una calurosa tarde de febrero de 2009, cual un cazador alardeando de su captura. "Hemos tenido rumores e indicadores de esto por un período muy largo de antemano", confesó, por eso lo apodaron Bigfoot, como al elusivo mounstro legendario de las forestas norteamericanas

  

 

 


 
 
 

 

 
 
Drug-Sub Culture - The Latest Way to Get Cocaine Out of Colombia ... - 
26 Apr 2009 ... Drug-Sub Culture. Richard Barnes for The New York Times .... David Kushner is the author of “Levittown: Two Families, One Tycoon and the ...
www.nytimes.com/2009/04/26/magazine/26drugs-t.html
  
THE CRAFT FIRST surfaced like something out of a science-fiction movie. It was November 2006, and a Coast Guard cutter spotted a strange blur on the ocean 100 miles off Costa Rica. As the cutter approached, what appeared to be three snorkels poking up out of the water became visible. Then something even more surprising was discovered attached to the air pipes: a homemade submarine carrying four men, an AK-47 and three tons of cocaine.
 
Today, the 49-foot-long vessel bakes on concrete blocks outside the office of Rear Adm. Joseph Nimmich in Key West, Fla. Here, at the Joint Interagency Task Force South, Nimmich commands drug-interdiction efforts in the waters south of the United States. Steely-eyed, gray-haired and dressed in a blue jumpsuit, he showed me the homemade sub one hot February afternoon like a hunter flaunting his catch. “We had rumors and indicators of this for a very long period beforehand,” he told me, which is why they nicknamed it Bigfoot.

This kind of vessel — a self-propelled, semisubmersible made by hand in the jungles of Colombia — is no longer quite so mythic: four were intercepted in January alone. But because of their ability to elude radar systems, these subs are almost impossible to detect; only an estimated 14 percent of them are stopped. And perhaps as many as 70 of them will be made this year, up from 45 or so in 2007, according to a task-force spokesman. Made for as little as $500,000 each and assembled in fewer than 90 days, they are now thought to carry nearly 30 percent of Colombia’s total cocaine exports.

These subs are the most ingenious innovation in the drug trade. But as Joe Biden told Congress last July, that’s not the only reason they pose “a significant danger to the United States.” In late January, a Sri Lankan Army task force found three semisubs being built by Tamil rebels in the jungles of Mullaitivu. “With this discovery the [Tamil] will go down in history as the first terrorist organization to develop underwater weapons,” the Sri Lankan ministry of defense declared.

Nimmich said, “If you can carry 10 tons of cocaine, you can carry 10 tons of anything.”

Bigfoot isn’t just a trophy. It’s a reminder of the ever-escalating cat-and-mouse game of drug interdiction. Before the subs, the battle focused on fishing vessels and “go fast” boats. In 2006, improved intelligence and radar detection from helicopters and cutters helped remove a record 256 metric tons of cocaine from what is estimated to have been more than a thousand metric tons that moved through the U.S. and Central and South American transit zones that year. But that led to the next wave of smuggling vessels. “Like any business, if you’re losing more and more of your product, you try to find a different way,” Nimmich said.

Early drug-sub experiments date back to the mid-1990s. In 1995, an émigré from the former Soviet Union was arrested in Miami after trying to broker the sale of an old Soviet sub from the Russian mafia to the Colombian cartels. In 2000, the Colombian police found Russian documents scattered in a warehouse in a suburb of Bogotá alongside a half-built, 100-foot-long submarine capable of carrying 200 tons of cocaine.

Building a fully submersible submarine is complicated and indiscreet, requiring highly skilled workers and a manufacturing facility that’s too big to be easily hidden. The alternative: semisubmersibles that, though considerably smaller than the sub found in the warehouse, can carry five times as much cocaine as a common fishing vessel. Nimmich said the rise of semisubs has been traced to two unnamed men, a Pakistani and a Sri Lankan, who in early 2006 provided plans to the Colombians for building semisubs quickly, stealthily and out of cheap, commonly available materials. One of the biggest concerns when making a drug sub is that a laborer will reveal its location before the work is done. For this reason, the 15 or 20 people brought in to build a craft remain on site for the duration. They set up a campsite in the dense brush, relying on generators for electricity and make the ships by hand. When I asked Nimmich if he was impressed by their craftsmanship, he arched a brow and said: “You ever try to build something in your backyard? They’re building these in the jungles.”

 
   
 

La cocaína era almacenada en la proa.

AT THE BEGINNING of last September, a 44-year-old fisherman named Padro Mercedes Arboleda-Palacios left the town of Buenaventura for a two-day trip upriver into the Colombian jungle. After staying in a small hut for several days, he was led by four men with rifles on another boat to a vessel in the woods surrounded by six armed guards. It was el ataúd, the coffin, the nickname Colombians gave to semisubs after a few were rumored to have disappeared at sea.

The subs’ dangerous reputation hasn’t stopped crew members — a captain, a navigator and two workers like Arboleda-Palacios — from taking the job. “Generally they don’t have much of a criminal background,” Adam Tanenbaum, an assistant federal public defender who has represented several drug-sub crew members, says. “They don’t do it because they’re in criminal life. They’re doing it to survive.” Arboleda-Palacios hadn’t worked on a drug boat before, but when a friend said he could make $3,000 at it, he accepted.

In early September, according to the lawyer who would later represent him and shared his story with me, Arboleda-Palacios squeezed into the cramped boat. He and the three others stood in the middle section, the navigation room — barely 12 feet across by 6 feet wide. There was GPS gear, a couple of mattresses on benches and a splintery wooden steering wheel from a fishing boat. The engine was in the stern. Two hundred and ninety-five bales of cocaine, weighing more than seven tons and with a street value of $196 million, were crammed into the bow. Packages of dry noodles and bottled water were the crew’s only provisions.

Two small, go-fast boats guided the semisub downriver and released the ship into the sea. As it crawled at barely seven miles per hour, water splashed over the porthole, making it all but impossible to see outside.

The captain called the base with his coordinates twice a day to get directions to the rendezvous point. Miles off the destination coast, a semisub is typically met by go-fast boats, which then take the cocaine to shore. Once their trips are complete, the subs are scuttled and abandoned — the cheapest and least conspicuous way to dispose of them. The crew then get the rest of their pay and are taken back home, if all goes well.

Two days after Arboleda-Palacios set out in the sub, his crew lost communication with the base. So they cut their engine and waited for contact as they drifted at sea.

IN THE DRUG-SUB hunt, one of Key West’s top figures is a 28-year-old Naval Intelligence officer who spent years in the Navy on nuclear subs and is unabashedly earnest about taking on the cartels. “It sounds corny,” he told me, “but I want to help make a better society.”

The officer, whom the government does not want identified because it says doing so might jeopardize future missions, was standing atop the rocking surface of Bigfoot II, the only working semisub that has been captured, which now resides at the Joint Interagency Task Force South. The 59-foot-long ship bobbed off the docks of Key West like something from the world of “Mad Max.” Two fat pipes in the aft twisted up from the flat top. There was a small square section raised in the middle with a thin rectangular window on each of the four sides. A hatch revealed the cramped navigation quarters inside that reeked of diesel — along with a snarl of cables and a faded wooden wheel for steering.

As Arboleda-Palacios was drifting elsewhere at sea last September, the U.S.S. McInerney spotted Bigfoot II 350 miles off the Mexico-­Guatemala coast. When the McInerney crew boarded the vessel, the smugglers inside Bigfoot II reversed direction to try to knock them into the sea. But the McInerney crew broke in and found four Colombians and 6.4 tons of cocaine worth $107 million inside.

Catching, let alone spotting, the drug subs is difficult. The Naval Intelligence officer compared it to patrolling the entire country as a sheriff with three cars. “So if there’s someone in Texas holding up a 7-Eleven, and somebody’s in Baltimore mugging somebody,” he said, “you have to move.”

The cocaine packed inside provides a built-in ballast, giving the boats, which are painted the color of the ocean, about a foot of freeboard above the surface. With little or no steel, the fiberglass-and-wood boats have a low radar signature. Some semisubs use lead pads to shield the hot engines from the military’s infrared sensors. Bigfoot II is among the newer models that have piping along the bottom to allow the water to cool the exhaust as the ship moves, making it even less susceptible to infrared detection.

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