Otra ‘perla’ en la “excelencia” del gobierno Piñerochetista
En la fotografía, agentes de la DICOMCAR en la reconstrucción de escena del momento en que degüellan a Manuel Guerrero Ceballos, luego de torturarlo en el local de la DICOMCAR, el 29 de marzo de 1985, donde le quitaron las uñas, quemaron con cigarros ambas orejas y quebraron la frente de un culatazo. El recién designado Director de Gendarmería, Iván Andrusco Aspé, participó activamente en la DICOMCAR.
De escándalo en escándalo, se han estado concretando algunas promesas de la alianza derechista –la cual, al llegar a La Moneda, pasó a controlar todos los poderes en Chile–, por ejemplo, aquella de que su gobierno sería de “excelencia”, escogiendo sólo a los mejores. Desde ridículos bochornos, hasta groseras incompatibilidades –no apenas de conflictos de interés–, esta peculiar “excelencia” provoca tanta indignación como risa. Sin embargo, lo más grave, mismo gravísimo, es el reclutamiento de individuos que fueron funcionarios de la vil dictadura, encabezada por el cobarde Pinochet. Ahora, somos agredidos con el nombramiento para Director de Gendarmería de un ex carabinero, Iván Andrusco Aspé, que hizo parte de DICOMAR (Dirección de Comunicaciones de Carabineros), brutal organización represiva responsable de numerosas detenciones ilegales, torturas y asesinatos, incluyendo los degollamientos, en 1985, del publicista Santiago Nattino y de los profesores José Manuel Parada y Manuel Guerrero. La media docena de archivos juntos proporciona bastantes elementos para mejor entender lo que significa esta perversión de los actuales poderes, sobre todo la acuciosa investigación d’ El Mostrador y el humanísimo texto del hijo de Manuel Guerrero, que vivió el secuestro y asesinato de su padre con apenas 14 años de edad. Respetando la verdad, se torna insoslayable explicitar que antes de ser promovido por el gobierno de la Derecha, Iván Andrusco Aspé fue cuidadosamente tratado por los gobernantes concertacionistas, los que –entre otros reconocimientos– le permitieron alcanzar el generalato…
Jorge Araya
Cuestionan designación de Iván Andrusco en Gendarmería por
vinculación con crímenes en dictadura
Publicado por Felipe Delgado, Julio Sánchez • Información de Rienzi Franco
Bio Bio La Radio - 6 de abril de 2010
Un duro cuestionamiento realizó, en La Moneda, el diputado comunista Hugo Gutiérrez, por la designación de Iván Andrusco, recién asumido director de Gendarmería y carabinero en retiro, acusado de estar involucrado en el Caso Degollados.
Dicha causa fue emblemática en Dictadura, por la muerte de tres profesores miembros del Partido Comunista (PC), perpetrado por Carabineros, en 1985.
Lorena Pizarro, representante de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, señaló que no se puede poner a esta persona a cargo de Gendarmería, quien, eventualmente, tendrá que decidir si se aplica algún tipo de beneficio carcelario, en el marco del indulto Bicentenario.
Por todo esto, hoy el diputado Hugo Gutiérrez, en compañía de diversas organizaciones de derechos humanos, le pedirán al presidente Sebastián Piñera que le solicite la renuncia.
Lo anterior se sustenta luego de que, según explicó Gutiérrez en exclusiva a Bío-Bío La Radio, Andrusco Aspe declaró como inculpado por el asesinato de tres miembros del PC, perpetrado por Carabineros, en 1985, en el llamado Caso Degollados.
En esa fecha, el actual director nacional de Gendarmería se desempeñaba como miembro de la Dirección Comunicaciones de Carabineros, DICOMAR, en plena Dictadura, según detalló el parlamentario.
Hugo Gutiérrez dice que entregará más datos
sobre el director de Gendarmería
El diputado pide la salida de Iván Andrusco, quien habría estado involucrado en el caso "degollados".
La Tercera - 07/04/2010
El diputado del Partido Comunista, Hugo Gutiérrez, mantiene su arremetida en contra del recién designado director de Gendarmería, Iván Andrusco, y aseguró, hoy, a Radio ADN, tener más antecedentes, que dará a conocer si el Gobierno no rectifica su decisión de mantener a Andrusco en el cargo.
Ayer, el parlamentario –quien se ha desempeñado, como abogado, en temas de derechos humanos– exigió la salida de Andrusco, debido a su supuesta vinculación con casos de violaciones a los derechos humanos, durante el gobierno militar, cuando el actual jefe carcelario integraba la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR).
Tras las acusaciones, el Gobierno no tardó en salir a respaldar a Andrusco, primero a través de la vocera, Ena von Baer, y, luego, a través del ministro de Justicia, Felipe Bulnes, quienes aseguraron que Andrusco no ha estado involucrado y no tiene ninguna causa pendiente por casos de violaciones a los derechos humanos.
Sin embargo, Gutiérrez, hoy, aseguró que, si el Gobierno persiste en su decisión, dará a conocer más antecedentes sobre Andrusco. "No sé si lo que estoy diciendo es en chino, o en hebreo, pero, cómo es posible que alguien de la DICOMCAR, un organismo involucrado en asesinatos, en secuestro, que tenía centros clandestinos, detenía a las personas de manera ilegal. Él formaba parte de esa estructura, y esa estructura cometió violaciones a los derechos humanos", dijo Gutiérrez.
El diputado dijo, además, que pedirá al ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, que acuda, hoy, a las 15.30 horas a la Cámara de Diputados, para que de explicaciones del por qué el Gobierno escogió a Andrusco como director de Gendarmería, y reiteró que su mayor preocupación es que, desde ese cargo, Andrusco otorgue beneficios carcelarios a los ex uniformados que, actualmente, cumplen condena por violaciones a los derechos humanos. "Una persona como esa no puede ser designada como encargada de Gendarmería", aseguró.
Caso Degollados
Así se denomina al secuestro y degollamiento de tres profesionales de militancia comunista, José Manuel Parada, Santiago Nattino y Manuel Guerrero, el 29 de marzo de 1985. Este hecho se produjo tras ser detenidos por agentes de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR).
El caso provocó que, el 2 de agosto de 1985, se produjera la dimisión del General Director de Carabineros, César Mendoza, y miembro de la Junta del Gobierno, desde el 11 de septiembre de 1973, como, también, la disolución de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros.
Gobierno respaldó a general (R) Iván Andrusco
El ex carabinero declaró como inculpado en dos oportunidades ante el ministro Milton Juica. Sus ex colegas aseguran que era uno de los principales asesores del entonces jefe de dicho servicio de inteligencia, el coronel Luis Fontaine, según revelan los documentos del proceso que publica El Mostrador. Organismos de derechos humanos temen que beneficie a sus ex colegas condenados en Punta Peuco. El ministro de Justicia, Felipe Bulnes, lo descartó de plano.
7 de Abril del 2010
El recién nombrado director de Gendarmería, general (R) de Carabineros Iván Andrusco, fue cuestionado ayer por organizaciones de derechos humanos y por el diputado PC Hugo Gutiérrez, debido a su paso por la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (Dicomcar). De este organismo de inteligencia policial eran los agentes que en 1985 secuestraron a los profesores Santiago Natino, José Manuel Parada y Manuel Guerrero, quienes luego fueron degollados y abandonados en las cercanías del aeropuerto.
Este proceso lo sustanció a principios de los 80 el ministro José Cánovas Robles y a fines de la misma década continuó la labor su colega de la Corte de Apelaciones de Santiago, Milton Juica (hoy titular de la Suprema), quien interrogó a Iván Andrusco en calidad de inculpado en dos oportunidades.
Básicamente, Juica mantenía sospechas sobre este ex oficial de la policía uniformada, porque junto con pertenecer a la Dicomcar, su versión de qué hizo el día del secuestro de los tres militantes del PC -el 29 de marzo de 1985- era poco creíble, tomando en consideración la experiencia de los agentes de inteligencia para difuminar su participación en hechos de este tipo.
Según Andrusco, aquel día 28 de marzo tuvo un turno de 24 horas, por lo que la mañana siguiente estaba saliente de servicio, lo que implicaba que en la práctica estaba descansando en su casa.
Los testimonios de Andrusco se produjeron ante Juica en dos oportunidades. La primera fue el 6 de octubre de 1992 y luego el 1 de abril de 1993, respectivamente (ver documentos anexos). En ambos, el oficial negó su participación en los hechos, argumentando que siempre trabajó como escolta, funciones que cumplía por órdenes del entonces jefe de la Dicomcar, el coronel Luis Fontaine. Este último fue asesinado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez el 10 de mayo de 1990.
De hecho, en su segunda “indagatoria”, Andrusco es inquirido por Juica debido a la imputación hecha en su contra por el coronel Guillermo González Betancourt, respecto a que dejó en libertad a Ramón Arriagada, un egresado de Arquitectura detenido en febrero de 1985, a quien precisamente se le interrogó por las actividades de Natino y Parada. Andrusco rechazó los dichos de su superior y los relacionó a problemas de envidia, ya que al trabajar como escolta de personas importantes, dijo, gozaba de ciertos privilegios. El coronel en cuestión fue condenado por Juica a presidio perpetuo.
En otra foja del expediente, del 7 de enero de 1985, Miguel Sandoval Martínez, funcionario de la Dicomcar, relató que dentro del organigrama interno el coronel Julio Michea era “asesorado” por un grupo de oficiales, entre los cuales estaba Andrusco, quien tenía el grado de teniente (ver documento anexo Miguel Sandoval). La versión fue confirmada por el propio Michea el mismo año (ver declaración adjunta).
Michea fue condenado por el ministro Milton Juica a cinco años y un día por secuestro y asociación ilícita.
En julio de 1991, Juica interroga al entonces cabo primero Daniel Valderrama Satt (ver declaración anexa), quien aseguró que después de cometido el crimen, Fontaine realizaba muchas reuniones relativas a cómo se iban desarrollando los hechos. En ellas participaba Andrusco, como también el capitán Patricio Zamora, el capitán Manuel Muñoz Gamboa, el coronal Guillermo González Betancourt, los cabos Luis Jofré, Ramón Valenzuela, Claudio Salazar y el propio Michea. Todos los anteriores fueron condenados por Juica, menos Andrusco.
Por último, en el expediente también está la declaración de Elsa Esquivel Rojo (ver declaración anexa), quien aseguró ante Juica que fue detenida junto a su hijo, Carlos González Esquivel. Esto lo hizo, según la mujer, el entonces teniente Andrusco, en el marco de las diligencias que realizaban para dar con el paradero de los atacantes a la tenencia Santa Adriana ocurrida a fines de 1984.
Esta declaración tomada por Juica buscaba establecer si Andrusco realizaba o no actividades operativas y no sólo de escolta.
El caso degollados fue uno de los episodios más complejos para la dictadura, ya que a cuatro meses de iniciada la investigación de Cánovas Robles, el entonces director general de Carabineros, César Mendoza Durán, renunció al cargo el 2 de agosto de 1985, dejando claro que los agentes de su institución habían participado en el crimen. En todo caso el gobierno de la época calificó su salida como un acto de “generoso patriotismo”.
Pese a lo anterior, Andrusco ayer fue confirmado y respaldado por La Moneda. La secretaria general de Gobierno, Ena Von Baer, manifestó que la administración “ha mostrado con hechos, el gobierno del presidente Sebastián Piñera tiene un compromiso profundo con los derechos humanos”, señaló.
Von Baer recordó que “el señor Andrusco es una persona que fue promovida en sus cargos durante los gobiernos de la Presidenta Bachelet y también durante el gobierno del Presidente Lagos” y agregó que “no existe en este momento ningún antecedente y no está comprometido en ninguna causa”.
En la misma línea habló el ministro de Justicia, Felipe Bulnes. Este dijo que Andrusco “nunca ha sido procesado en causas de derechos humanos, no tiene ninguna causa pendiente de este tipo y de ningún otro… También fue elegido en 2004 para integrar la delegación chilena que expuso sobre la situación de derechos humanos en el país ante la Comisión de Derechos Humanos, en Ginebra”.
Y recalcó que “la misma confianza que tuvieron los gobiernos anteriores para confirmarlo y promoverlo es la confianza que tenemos nosotros también hoy día para designarlo en Gendarmería. No hay nuevos antecedentes, son los mismos antecedentes con los cuales nosotros resolvimos”.
Uno de los temas que preocupa a los organismos de derechos humanos es que, para las materias relativas a los beneficios carcelarios de los carabineros condenados por el caso degollados -es decir sus ex colegas- y que cumplen la pena en Punta Peuco, se produce una inhabilidad de facto.
Al respecto, Bulnes explicó ayer que dichos procedimientos “se evalúan según protocolos establecidos en cada unidad penal por un reglamento interno de Gendarmería, los que son estudiados por un consejo técnico que resuelve caso a caso y no dependen de una decisión del director nacional”.
Sin embargo, fuentes de Gendarmería explicaron que los dichos de Bulnes chocan de pronto con la realidad de cómo se manejan las cosas.
Por ejemplo, el consejo técnico citado por el secretario de Estado para el caso de Punta Peuco, no es de carácter permanente, es decir, se arma para la ocasión. La decisión de este grupo de profesionales no es vinculante y quien tiene la facultad privativa es el jefe del penal. Este último, en la formalidad de la ley, es independiente, pero las mismas fuentes señalan que hay un código no escrito y siempre se consulta con el director nacional y éste con el Ministerio de Justicia.
La decisión de Gendarmería respecto a los que tienen derecho a beneficios, va en consulta ante la comisión de libertades provisionales que conforman jueces y ministros del Poder Judicial a fines de año, quienes valoran los antecedentes caso a caso. Posteriormente, los elegidos son evaluados por el seremi de Justicia y sólo entonces pueden acceder a los beneficios.
Para el caso puntual de los condenados por el caso degollados, hay varios de ellos que cumplen con los requisitos, ya que están a punto de completar los 20 años de una condena a presidio perpetuo para solicitar los beneficios, debido a que se les aplica la legislación antigua. Entre estos casos se encuentra el de Miguel Estay Reino, el Fanta, entre otros.
Desde este punto de vista, las agrupaciones de derechos humanos y el propio Hugo Gutiérrez sostuvieron que existe una sombra de duda sobre el posible actuar de Andrusco y, por cierto, un problema de imagen pública.
Andrusco también se refirió a los cuestionamientos hechos por el parlamentario durante una visita que realizó al penal El Manzano de Concepción, que se vio afectado por el terremoto.
“Estoy absolutamente tranquilo. La seguridad de que no he hecho absolutamente nada, mi vida privada y mi trayectoria profesional han sido absolutamente transparentes, por lo tanto en ese sentido no tengo nada que ocultar. Durante toda mi trayectoria he cumplido numerosas funciones operativas, y nunca he estado involucrado en un proceso”.
Reconoció que “en su oportunidad fui citado a prestar declaraciones, como todo el personal que fue citado de declarar. Yo fui nombrado General de la República durante el Gobierno del Presidente Ricardo Lagos, y en esa oportunidad se hicieron todos los chequeos correspondientes para aprobar mi designación. Posteriormente trabajé como General en esta zona en el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, por lo tanto yo creo que a esta altura no tengo que dar ninguna demostración ni ninguna prueba de idoneidad”.
Viuda de Parada: nominación de Andrusco es una vergüenza
Lanacion.cl - 8 de abril de 2010
Estela Ortiz, esposa del sociólogo comunista que, junto a Manuel Guerrero y Santiago Nattino, fueron secuestrados y degollados durante la dictadura de Pinochet, lamentó la designación en Gendarmería, ya que –afirmó– está clara su cercanía con los responsables de la DICOMCAR.

José Miguel Parada, Santiago Nattino y Manuel Guerrero
Estela Ortiz, viuda del sociólogo comunista José Miguel Parada –que fue secuestrado y degollado, junto a Manuel Guerrero y Santiago Nattino, en marzo de 1985 por organismos represivos de la dictadura de Augusto Pinochet–, catalogó de vergüenza la designación de Iván Andrusco como director de Gendarmería, a pesar de haber trabajado en la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR).
“Lo encuentro lamentable, una vergüenza, un retroceso, porque él no era simplemente el portero, o algo, así de la DICOMCAR: él era muy cercano a los responsables de DICOMCAR, entre ellos el general Fontaine, asesoraba a Michea y a González Bentancourt, que tienen un gran historial represivo”, formuló la mujer, en entrevista a Radio Cooperativa.
Ortiz agregó que “en el proceso quedó absolutamente clara su participación en el encubrimiento. Hay una declaración que expresa que él participó en las reuniones que se sostuvieron, posteriormente, para encubrir todo este secuestro y asesinato”.
La ex vicepresidenta de la JUNJI (Junta Nacional de Jardines Infantiles, durante el gobierno de Michelle Bachelet) manifestó que no puede ser que un general que participó de un organismo represivo sea nominado a un cargo importante. “A esto se suma que él es nombrado director de Gendarmería, cosa que a mí me llama totalmente la atención, porque el presidente Piñera había firmado un documento, anteriormente, con Gendarmería, para que la persona que él nombrara viniera de sus propias filas y corre el riesgo de tener este conflicto nombrándolo a él”.
La viuda de Parada aseguró que “fue compañero de quienes hoy día están detenidos, en Punta Peuco, por el asesinato de José Miguel, Manuel y Santiago, y ahora él, en calidad de director de Gendarmería, tiene que dar el certificado para que ellos tengan beneficios carcelarios”.
“Este país no se merece, en relación a los avances que hemos tenido durante estos 20 años en el tema de Derechos Humanos, verse enfrentado a esta situación de retroceso, que lo encontramos serio, grave. ¿Qué hay detrás de esto? ¿Es llegar a la impunidad, nuevamente?”, se preguntó Ortiz.
Comisión de DD.HH. pide salida de director de Gendarmería
El Mercurio – 8 de abril de 2010
Un nuevo capítulo se desarrolló, ayer, en la Comisión de DD.HH. de la Cámara de Diputados, por la designación del general (r) de Carabineros Iván Andrusco, como director de Gendarmería.
Conocido el nombramiento, la instancia decidió citar al ministro Rodrigo Hinzpeter, para que explique la situación del ex uniformado, tras la denuncia del diputado Hugo Gutiérrez (PC), por una supuesta vinculación de Andrusco con casos de violaciones a los DD.HH., en 1985.
Sin embargo, Hinzpeter se excusó de participar en la reunión, lo cual molestó a los parlamentarios. A pesar de su ausencia, la Comisión sesionó de igual forma y determinó, por seis votos a favor y dos abstenciones, solicitar al Gobierno la destitución de Andrusco.
En la Concertación, amenazaron con no votar los proyectos del Ministerio de Justicia, mientras no se revoque la designación. Además, Gutiérrez afirmó que tiene más antecedentes del ex uniformado.
Lo que ahora escribo lo hago con mucho dolor
Manuel Guerrero Antequera (Hijo de Manuel Guerrero Ceballos)
30 Marzo 2006
En este preciso momento, que en Santiago son las 8:35 de la mañana, hace 21 años llegaba al colegio, como todos los días, y vi a mi a papá recibiendo a los niños, pues era el inspector del colegio. Conversaba con José Manuel Parada, sociólogo de la Vicaría de Solidaridad, antiguo camarada de la época de la Jota [de JJCC, Juventudes Comunistas de Chile] y apoderado del colegio. Llegué y nos saludamos, de beso. Me llevó, un momento, a un lado y me contó que habían secuestrado a un grupo de profesores de su asociación gremial, la AGECH [Asociación Gremial de Educadores de Chile], de la cual era dirigente, y que los aprehensores habían preguntado por él.
Me quedé atónito, mirándolo. Tenía catorce años, pero eso ya era edad suficiente como para tener la lógica mínima de que si te buscan –estábamos en pleno estado de sitio–, escóndete, ándate del país, qué haces aquí a las puertas de este colegio, a plena luz del día, te van tomar!!!! Se lo planteé, y él, muy pausado y mirando con una ternura infinita a los ojos, me tomó las manos y me dijo que no, que este era su trabajo, este era su país, que él ya se había ido una vez y no lo volvería a hacer, que su lugar era junto al pueblo y su lucha para terminar con la Dictadura. Buscando argumentos nuevos, que pudieran hacerlo cambiar de opinión, le pregunté si el Partido [Partido Comunista de Chile, PC] le había autorizado para irse del País, que en ese caso hiciera caso. Paciente, se sonrió, y me dijo que, pasara lo que pasara, jamás culpara al Partido. Que, tranquilo, ya veremos cómo salimos de esta.
Lo último que me preguntó es acerca de la Gigi, que es mi abuela materna, una mujer muy sencilla que perdió, cuando muy pequeñita, a sus padres, en el terremoto de Chillán, en la primera mitad del siglo XX, y que llegó como empleada [doméstica] a Santiago. Ella siempre había acogido a mi padre, a pesar que no tenía formación política alguna, y estuvo con nosotros en todas las búsquedas, el 76 [1976] por los campos de concentración, incluso detenida, en el Fuerte Silva Palma, en la segunda desaparición de papá. Aquel viernes 29 de marzo, mi papá me contó que la Gigi, días después del Golpe, cuando papá andaba absolutamente clandestino, sucio y hambriento, escondido tratando de reorganizar a la Jota, lo recibió en su casa, corriendo un riesgo altísimo. Le había preparado un baño y comida. Pocas veces se sintió tan acogido por casi una desconocida, por alguien que se entregaba a él por puro amor, por ser el padre de su nieto y esposo de su hija. Mi padre me contó que la tenía siempre presente, y que lamentaba no haber tenido la oportunidad de agradecérselo.
Le di un beso y me fui a clases.
Mi sala daba las espaldas a la calle. A las 8:50, que es cuando ahora escribo, oímos un helicóptero descender casi al techo del Colegio. Nos miramos todos, extrañados. Luego, un freno de un auto, griterío de voces masculinas que denotaban forcejeo, un balazo y silencio.
Tomé el brazo del compañero de banco y le dije: “mi papá”. Él me miró, sorprendido, pero preocupado, a la vez. Fui muy categórico. Inmediatamente, entra Carmen Leiva a la sala, que era miembro del Centro de Alumnos, con los ojos en lágrima y tirándose los dedos de las manos. Le pidió permiso al profesor, para hablar con Manuel Guerrero. Yo me paré de inmediato y le dije: “se llevaron a mi papá”. Asintió con la cabeza y se puso llorar.
Salí de la sala y me fui directo al baño. Me miré rápido al espejo y me tomé unos remedios que tenía para la taquicardia, de la que padecía hacía un año. Me hablé a mí mismo, preguntándome qué haría papá en una situación como esta. Salí corriendo, a la Inspectoría; pedí el teléfono y llamé a Sergio Campos, amigo de mi padre, que era locutor de Radio Cooperativa, muy escuchado en Chile. Me puso al aire y denuncié que sujetos desconocidos, probablemente de la CNI [Central Nacional de Informaciones, nombre con el que la Dictadura, en agosto de 1977, procuró camuflar a la monstruosa Dirección de Inteligencia Nacional, más conocida por su sigla, DINA], habían secuestrado a mi padre, junto a José Manuel Parada, y que temía por sus vidas. Llamé a que la ciudadanía se movilizara, de inmediato, para exigir a las autoridades su búsqueda y liberación.
Salí de la Inspectoría y fui a la calle, a ver que es lo que había sucedido, exactamente. Había una confusión enorme en el Colegio. Cuando se los llevaron, había un curso completo que, en ese momento, estaba en clases de Educación Física y se encontraba trotando alrededor de la manzana. Muchos de ellos vieron el plagio. Ahí, me enteré que el tránsito había sido interrumpido, minutos antes del rapto, por carabineros de tránsito, motorizados y a pie, y que se reanudó apenas se habían llevado a mi padre, con José Manuel. Que el helicóptero, también, era de Carabineros de Chile. Que al tío Leo lo habían baleado y que un profe se lo había llevado a una clínica. Que Marcela, una compañera de segundo medio del Colegio, intentó quitarles a los raptores a mi padre, que alcanzó a tomarle la mano, pero los otros eran más fuertes. Que el Pelluco, uno de los dueños del Colegio, fue encañonado y amenazado, por lo que él, pálido, probablemente para proteger a los niños, cerró la reja del Colegio, dejando a mi padre y José Manuel peleando solos con sus raptores, en la calle, y que ahí llegó corriendo el Leo, que casi recupera a mi padre, que no paraba de gritar, ¡Son de la CNI, ayuda, nos quieren secuestrar!
Me paré en la calle y me bajó la sensación que todo esto ya lo había vivido. Me preocupé, absurdamente, por mi seguridad; así, compañeros me cambiaron parte de la ropa, me puse lentes oscuros, un jockey de gorra, y le pedí a Cristóbal, un compañero y amigo de la Jota del Colegio, que me sacara de ahí, que yo tenía un papel que cumplir, que no podía pasar nada.
Cuando nos fuimos a casa de Cristóbal, había llegado la policía de Investigaciones de Chile, junto a Carabineros, para preguntar qué había pasado… Me irritó el cinismo de nuestras instituciones de “Orden y Seguridad” y traté de pensar a qué lugar se llevaban a papá, en ese momento…
En casa de Cristóbal, conversamos qué podíamos hacer. Era todo confuso, me faltaban elementos, papá sabía lo que estaba ocurriendo, en qué debía fijarme y acordarme para entender con qué y quiénes estábamos tratando… Yo mismo no tenía clara cuál era la función de papá en el Partido, conocía su labor de dirigente público, pero debía haber algo más, pues sino por qué tanto recurso del Estado, comprometido, para tomarlo…
Desde que había llegado papá, el 82 [1982], de regreso a Chile, el 22 de noviembre, ya en el aeropuerto lo detuvieron. Al entregar sus documentos en el mesón de Policía Internacional, el funcionario, al leer la tarjeta de embarque, dijo, en voz alta, “es él”, y acto seguido se lo llevaron a una sala, esperando una llamada del “jefe”. Mi padre, muy preocupado consultó qué es lo que sucedía y en virtud de qué lo tenían retenido. No hubo respuesta. Después que le revisaron toda la documentación y lo que traía, lo dejaron ir. Un automóvil lo siguió, hasta la casa familiar de Maipú…
En diciembre de 1982, llegamos nosotros –mamá, mi hermana América y yo– a Santiago, desde Barcelona. Nos encontramos con papá, quien ya estaba participando en la organización de la primera marcha del hambre que se realizó, convocada por el movimiento sindical. El año 83 [1983] fue mágico, pues las protestas nacionales eran masivas, se respiraba mucha esperanza, con actos multitudinarios. Papá se abocó a organizar a los profesores cesantes y a la creación del Movimiento Democrático Popular, MDP, que agrupaba a las fuerzas políticas de izquierda en la recuperación de la democracia. Lo acompañé a muchas manifestaciones y concentraciones. Su energía de trabajo era infinita, y siempre tenía la ‘película muy clara’. Su apuesta política eran las políticas de alianzas, la unidad de la oposición, el derrotar a la Dictadura, pero en el marco de una transformación simultánea de la economía, de modo que ésta favoreciera a las grandes mayorías, fundamentalmente al mundo trabajador y poblacional que, en aquellos años, sufrían una situación de cesantía y hambruna real.
Llegó el año 1984, y papá trabajaba junto al ‘Pato’ Madera, muralista destacado de la época de las Brigadas Ramona Parra [organización de las JJCC, creada para apoyar la campaña presidencial que culminaría con el triunfo de Salvador Allende], en un taller que tenían en la calle San Pablo. Todo muy sencillo, pero lleno de jóvenes y viejos que hacían lienzos, pintaban cuadros, experimentaban formatos distintos de cassettes y revistas, todo con mensajes llamando a la organización y lucha contra la Dictadura.
Asumió Sergio Onofre Jarpa de Ministro del Interior y la Central Nacional de Informaciones fue a casa, a buscar a papá, para detenerlo. Como él no vivía con nosotros, no lo pudieron ubicar, pero dejaron una copia de la orden detención y expulsión del país de papá, junto a Mario Insunza Becker, firmada por el Ministro del Interior, con la leyenda “por orden del Presidente de la República”, es decir, Augusto Pinochet.
Papá tuvo que volver a la clandestinidad. Allanaron la casa de la familia Guerrero, en Maipú; secuestraron al hermano menor de papá, mi tío Francisco; detuvieron a una hermana de papá, mi tía Esperanza; detuvieron y torturaron al profesor Tolosa, de la AGECH, preguntando por papá; en fin, la represión era muy fuerte e intensa. Mi padre comenzó un exasperante peregrinar, de casa en casa.
En aquellos días, yo había cumplido los catorce años. Vivía el inicio de mi adolescencia. Rebelde sin causa, me peleé con mamá y la amenacé con irme a vivir con papá. Ubiqué a mi padre y la comuniqué mi decisión. Él estaba radiante de felicidad, siempre había soñado volver a compartir, conmigo, los momentos en que me dormía y despertaba. Quedamos de acuerdo, yo tomé mis textos escolares, un poco de ropa, mi guitarra, y me fui a Maipú, a encontrarme con él, a tomar once e iniciar nuestra vida, juntos. Llegué puntual, pero dieron las siete, las ocho, las once de la noche y papá no llegaba. Ya cuando me estaba durmiendo apareció, con los ojos llorosos. Me dio un gran abrazo y me dijo, con el dolor de su alma, que lamentablemente no podía irme con él, que habían sacado una nueva orden de detención –de parte del Ministerio del Interior– y, ahora, tendría que salir de Santiago. No lo podía creer. Me había costado mucho tomar la decisión. Ahora, tendría que volver –con mi orgullo en el suelo– a casa, a mi pieza de niño, cuando estaba a punto de cumplir uno de mis sueños. Pero, sus ojos no mentían: estaba verdaderamente preocupado.
De ahí, no lo volví a ver, durante meses. Llegó el Año Nuevo, con el que comenzaría 1985. Con mi hermana, América, fuimos a la casa de mis abuelos, en Maipú y celebramos contentos, pero con la ausencia de mi padre que, en algún lugar, en alguna casa, estaría comiendo con una familia ajena. De pronto, noté que mi abuelo se puso muy nervioso y me hablaba como enojado. Había algo raro en el ambiente. Súbitamente, entró al patio de la casa el auto de mi tío Francisco, pero en reversa. Estacionó frente a la puerta de la casa, lo que no era usual. Se bajó mi tío y abrió, expectante, la maletera. Corriendo, fuimos con mi hermana y primos a ver qué sucedía. En su interior estaba mi padre, en posición fetal, y de entre unas frazadas que lo cubrían, se asomaba su risa gigante con la cual nos miraba victorioso. Había burlado el seguimiento y podía compartir unos momentos junto a nosotros.
Pasé toda la tarde pegado a él, como un pequeño animalito incondicional. Comimos, lavamos los platos juntos, cantamos un rato –ambos somos muy desafinados, pero gozamos cantando–, y luego llegó el momento de la despedida. Yo me abracé de mi hermana, mientras observábamos como se volvía a introducir a la maletera y se perdía bajo la frazada.
A principios del año 85 [1985], el Ministerio del Interior informó a la familia que le habían levantado la orden de detención y expulsión del país a papá. Él aprovechó, de inmediato, la ocasión, para volver a encontrarse con los profesores y juntos pasamos el terremoto, de marzo de aquel año. Papá criticaba el que los propios profesores tuvieran que juntar limosnas para repartírsela a los colegas que habían quedado sin hogar, producto del sismo. “Le estamos quitando a los que no tienen, y le estamos dando miseria a los que se merecen mucho más. Tenemos que exigir a las autoridades estatales que asuman ayudar a todos los damnificados. Esto no es una cuestión de caridad, es un problema político desde el cual debemos organizarnos, para protestar y buscar unidad de propósitos con amplios sectores”, decía.
En eso estaba, cuando fue el secuestro del 29 de marzo de 1985. Sin embargo, esto no podía constituir motivo suficiente para que una institución del Estado secuestrara a tanta gente, consultando por papá. Ese era mi intuición, en aquel minuto. No supe desenredar la madeja. Me faltó edad, experiencia, y –claro– papá realizaba una actividad con mucho sigilo, que sólo con el tiempo pude ir reconfigurando. Ahí estaba la verdadera clave de su secuestro y posterior degollamiento. Su caso fue utilizado para atormentar a toda la sociedad, de ello no cabe ninguna duda. Pero, no era sólo eso, había un odio particular hacia él, desde el año 76 mismo…
A fines de 1984, la periodista Mónica González de la Revista Cauce, de oposición al régimen, había sido contactada por Andrés Valenzuela, alias ‘El Papudo’, ex agente del Comando Conjunto [Agrupación de inteligencia –entre 1975 y 1976, cuyo objetivo principal fue reprimir al Partido y Juventudes comunistas– formada por agentes de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea (DIFA), Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR), Servicio de Inteligencia Naval (SIN) y Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), además de miembros de la Policía de Investigaciones de Chile y fascistas de Patria y Libertad], quien se encontraba sometido a profundos remordimientos por sus acciones pasadas y, valientemente, dio el paso a contar su verdad, a riesgo de que se supiera y fuera ultimado por sus propios ex colegas. Mónica González se juntó con él y no podía dar crédito a todo lo que este hombre le relataba: detalles de las detenciones, torturas, ejecuciones y lugares donde habrían dejado los restos de muchos detenidos desaparecidos durante el año 1976, el mismo año en que el Comando Conjunto había tenido detenido desaparecido a mi padre. La periodista, dándose cuenta de que se trataba de información extremadamente delicada, antes de su publicación decidió validar la misma, para lo cual contactó a José Manuel Parada que, a la sazón, era el encargado de Documentación y Archivos de la Vicaría de la Solidaridad. En Chile, había muy pocas personas que, como él, manejaban casi toda la información acerca de los aparatos represivos, pues le llegaban –a diario– testimonios de los luchadores sociales y sus familiares, que habían sido apresados.
José Manuel, al conocer el carácter de la información y antes de entrar en su detalle, le sugirió a la periodista que había una persona, la única persona en realidad, que contaba con toda su confianza y que podía triangular su propia experiencia de detención en manos del Comando Conjunto y lo que indicaba Valenzuela: mi padre. Con la venia de Mónica González, los tres se pusieron a analizar las largas horas de grabación del testimonio y mi padre, con José Manuel, no podían creer a lo que estaban accediendo: la estructura completa del Comando Conjunto, sus acciones, las fechas de detención de los militantes comunistas detenidos desaparecidos, los sitios en que fueron ultimados, los nombres y alias de los agentes de las distintas ramas de las fuerzas armadas y de civiles que participaban en el Comando. Mi padre, absolutamente impresionado, iba confirmando –una a una– las informaciones. Estaban frente a una maravilla de información, para aclarar muchos casos de violaciones a los derechos humanos; pero, al mismo tiempo, se dieron cuenta que sus vidas, como la del ex agente, corrían peligro. Por ello, decidieron que la información se publicaría cuando Andrés Valenzuela estuviera a salvo –fuera del País– y cuando ellos mismos hubieran alcanzado a tomar las medidas de seguridad que evitaran su inminente captura. La decisión era presentar toda la información a los Tribunales de Justicia, para que investigaran los hechos.
Así, se pudo enterar mi padre de los detalles de su propia detención, en 1976, pues Andrés Valenzuela había participado en tal episodio. Ahora, comparto con ustedes la información que, probablemente, llevó mi padre a la muerte:
“El operativo fue en el sector de Departamental. Recuerdo que la ‘Pochi”, la agente de la FACH Viviana Ugarte Sandoval, estaba en el lugar con un equipo de radio para avisar su salida. Cuando salió, fue tomado por el ‘Chico’ y ‘Alex’, agentes de la Marina, y a consecuencia de un pequeño forcejeo, a ‘Chico’ se le disparó el arma, hiriendo a Guerrero en un costado. Fue conducido de inmediato a ‘La Firma’ estando herido. Allá, el ‘Lolo’, el ‘Fifo’ Palma, ‘Jano’ y ‘Wally’, lo interrogaron y torturaron poniéndole electricidad directamente en la herida.
A consecuencias de los golpes y electricidad, Guerrero perdió el conocimiento por unos instantes por lo que se llamó al doctor Alejandro Forero ‘hijo’, hoy cardiólogo en el Hospital de la FACH. El doctor señaló que la herida era grave y que el detenido debía ser trasladado al hospital.
Alrededor de una hora después que se fue el doctor Forero de ‘La Firma’, se recibió el llamado telefónico de un general, no estoy seguro que fuera de la FACH, y ordenó el traslado de Guerrero al Hospital de Carabineros. Nos causó sorpresa que el general ya estuviera enterado que teníamos a Guerrero. En el hospital estuvo siempre esposado, lo que recuerdo bien ya que varias noches me tocó hacerle guardia.”
Ahora, quedaba claro porque el Comando Conjunto había resuelto “entregar” a mi padre a la DINA: cuando mi madre concurrió a las oficinas del presidente de la Corte Suprema, no supo que la llamada que este efectuó al despacho del coronel Manuel Contreras [‘Mamo’, el vil jefe de la DINA, 1973/77], le salvó la vida. Cuando Contreras se enteró que uno de los principales dirigentes de las Juventudes Comunistas, a quien sus hombres buscaban intensamente, se encontraba en poder del Comando Conjunto –o el ‘Grupo de los 20’, como se hacía llamar–, enfureció. Movió todos sus contactos y exigió que el director de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, general Enrique Ruiz Bunguer, y el director de la Dirección de Inteligencia de Carabineros, general Rubén Romero Gormaz, le entregaran a mi padre.
La presión del coronel Manuel Contreras se hizo insoportable y la DICAR debió asumir su detención. El 18 de junio, estando mi padre en el Hospital de Carabineros, el general Romero debió entregarlo a la DINA, a pesar de que la bala seguía enterrada en la axila. Un oficio firmado por el general Rubén Romero Gormaz, y dirigido al director de la DINA, acompañó a mi padre en su ingreso a Cuatro Álamos [Centro transitorio de incomunicación de la DINA, se encontraba al interior del Campamento de Detenidos de Tres Álamos, en Santiago, en la calle Canadá, altura del 3.000 de Vicuña Mackenna, Paradero 5]: “Remito antecedente del dirigente de las Juventudes Comunistas Manuel Guerrero Ceballos, quien fue detenido por personal de Inteligencia y que se encuentra a disposición de la DINA, en el Hospital de Carabineros”.
Siete días permaneció incomunicado mi padre en Cuatro Álamos. La bala la tenía aún clavada en el costado. En esos siete días se decidió su destino, pues el viernes 25 de junio, el día de su cumpleaños y a la misma hora en que la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó el recurso de amparo en favor de él, mi padre fue obligado a levantarse de su camastro, en la celda de Cuatro Álamos. No sabía adonde lo llevarían. Esa misma mañana, fue trasladado al campamento del lado, el del tránsito a la libertad, Tres Álamos. Habían decidido que viviera, pero no contaban con que mi padre denunciaría por todo el mundo lo que le habían hecho y que había reconocido a uno de los agentes, el traidor Miguel Estay Reino, el ‘Fanta’ [de ser dirigente comunista, con responsabilidades en autodefensa e inteligencia, pasó a ser delator, torturador y asesino, al servicio de la Dictadura].
La información que entregó Valenzuela era una bomba; en rigor, sigue siendo una bomba. En ella se establece, entre otros aspectos, que Viviana Ugarte Sandoval, alias ‘La Pochi’, había participado, como agente del Comando Conjunto, en la detención ilegal de mi padre. Presumiblemente, ella es la mujer que relata papá, en La sesión macabra continua, que lo acariciaba, mientras le aplicaban electricidad.
Sí. Viviana Lucinda Ugarte Sandoval es la esposa del general de la FACH [Fuerza Aérea de Chile] Patricio Campos, quien es la persona nombrada por las Fuerzas Armadas que participó en la Mesa de Diálogo, que tenía por objeto recabar información acerca del paradero de los detenidos desaparecidos en Chile… Curiosamente, precisamente la información que correspondía a las víctimas del Comando Conjunto fue alterada, de acuerdo a las declaraciones de Otto Trujillo, ‘Colmillo Blanco’, otro agente del Comando Conjunto, que contó su versión de la verdad al diario La Nación…
Por desgracia, y por razones que aún no logro comprender, la entrevista a Andrés Valenzuela fue publicada sin autorización de mi padre y José Manuel en el extranjero, antes que ellos pudieran ponerse a salvo. Los agentes del Comando Conjunto, agrupados en un departamento de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros, con domicilio en calle Dieciocho, en el mismo local de ‘La Firma’, se pusieron en alerta y decidieron cortar, literalmente, el problema por la raíz: eliminar a José Manuel y mi padre.
Y fue a eso a lo que se abocaron, el 29 de marzo de 1985, del cual hoy conmemoramos 21 años del último beso que le di a papá…