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El polvorín

Perú: Hidroeléctrica Inambari es conflicto a la Vista

28 Mayo 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 
El diario brasileño Folha Online ha revelado que los términos del acuerdo de integración energética entre el Perú y Brasil ya han sido definidos por ambos países. Así, se habría acordado que el 80 % de la electricidad generada en las cinco centrales hidroeléctricas que se planea construir en nuestra selva sirva para nutrir el sistema energético del país vecino, mientras que el resto estaría destinado al mercado peruano. ESTA DECISIÓN, NEGOCIADA POR EL GOBIERNO DE GARCÍA PÉREZ CON SIGILO E IGNORANDO A LA POBLACIONES AFECTADAS y las advertencias de los ambientalistas, pone en riesgo la biodiversidad de nuestro primer pulmón natural.
 
 

 

Certifica.com El riesgo de Inambari

 Aquí una mirada detallada a la represa de Inambari, la primera de esta saga de megaproyectos que transformarían el rostro de la amazonía peruana.

Por Ghiovani Hinojosa


Imagine el distrito limeño de Carabayllo, el más extenso de la capital (con una superficie de 347 kilómetros cuadrados), inundado por el desborde de un río caudaloso. Piense que, poco a poco, las edificaciones y los espacios públicos van quedando sumergidos como señal de otro tiempo en el fondo de una laguna artificial. Suponga que sus habitantes, preocupados por el crecimiento de las aguas, se desplazan a lugares en los que deben rehacer sus vidas. Algo mucho más grave es lo que ocurriría en la triple frontera amazónica entre Puno, Cusco y Madre de Dios por la eventual construcción de la Central Hidroeléctrica de Inambari, uno de los cinco megaproyectos brasileños que asoman en nuestra selva. Se trataría de la hidroeléctrica más grande del Perú y la quinta en tamaño en Latinoamérica.

Y es que esta infraestructura implica la construcción de una represa –o estanque de agua– que inundaría 378 kilómetros cuadrados del área correspondiente a 65 centros poblados amazónicos. Según la constructora, 3,261 lugareños, dedicados principalmente al agro, tendrían que emigrar forzosamente. Las protestas no han tardado, sobre todo desde el lado puneño. La Defensoría del Pueblo ubica el caso Inambari en la lista de 179 conflictos sociales activos en el país.

¡Ay, pachamama!

El ingeniero José Serra, de la ONG ProNaturaleza, explica que uno de los argumentos del gobierno para respaldar la construcción de Inambari, a cargo del consorcio Egasur –conformado por OAS, la empresa que construyó el Metropolitano en Lima, la estatal Eletrobrás y Furnas- es que la energía hidroeléctrica es barata si se la compara con otras formas de generación como la eólica (viento) y la solar. “Pero el razonamiento estatal es erróneo, ya que la energía hidroeléctrica es barata solo si no se consideran los costos ambientales”, precisa Serra.

En el libro “Amazonía peruana en 2021”, del ingeniero Marc Dourojeanni, el abogado Alberto Barandiarán y el antropólogo Diego Dourojeanni documentan los efectos socioambientales. En principio, precisan que Inambari, de concretarse, será una central hidroeléctrica “de embalse”, es decir detendrá el caudal del río, provocará el almacenamiento de sus aguas en una laguna artificial y propiciará su caída desde más de 200 metros. En cuanto al impacto en el ecosistema selvático, calculan que la laguna incrementará la emisión nacional de gases de efecto invernadero (metano y dióxido de carbono, responsables del Calentamiento Global) en 5.9 %, que el lodo acumulado cuando la central deje de operar –al cabo de 80 años– será equivalente a relaves mineros con contaminantes químicos, y que los 300 kilómetros de líneas de transmisión de electricidad (red de cables) que se extenderán hacia el Brasil generarán una deforestación de 6 mil hectáreas de nuestra amazonía. 

El sufrimiento de las aletas

El río Inambari arrastra sus aguas hasta el río Madre de Dios, una de las tres cuencas centrales de nuestra selva. Con las corrientes frías de la zona altoandina llegan peces como las carachamas y los bagres pequeños, especies únicas en esta parte del mundo. Lo certifica el biólogo Max Hidalgo, del Departamento de Ictiología (ciencia de los peces) del Museo de Historia Natural de Lima. Según sus investigaciones, existen alrededor de 150 tipos de peces en el Inambari, es decir un quinto del total de especies de río conocidas en el Perú. “Definitivamente, la represa los afectará”, asegura.

Hidalgo identifica tres formas de posible impacto en el zona generadas por el reemplazo de aguas en movimiento (río) por aguas en reposo (laguna artificial). Primero, los sedimentos o partículas sólidas que fluyen en el cauce se acumularán en el fondo del río, causando la muerte de insectos acuáticos y otros organismos que son alimento de los peces. Segundo, habrá menos oxígeno en el agua –actualmente, la interacción entre las aguas turbulentas y el aire hace que este elemento químico sea abundante–. Tercero, objetos orgánicos como hojas y frutos caídos de los árboles –que hoy son movilizados por la corriente– generarían una acidez inédita en las aguas. Así, la amplia variedad de peces en el Inambari correría serio peligro.

El experto advierte que la represa también alterará el ciclo vital de especies de otras latitudes que vienen a desovar –dejar sus huevos- al área altoandina de la cuenca de Madre de Dios. Se trata de bagres como el dorado, saltón y zúngaro que nadan en los ríos selváticos de Brasil, Bolivia, Colombia y Ecuador, y que se toparían contra el muro de la represa de Inambari en su travesía de reproducción de este a oeste.

¿Se viene un Inambarazo?

“Nos hablan de que todo nos será favorable, pero no responden nuestras preguntas: ¿Qué será de nuestro pueblo? ¿De nuestros cultivos? ¿Cómo nos reubicarán? Cuando se hizo la Interoceánica Sur, se atentó contra nuestras tierras y, al reclamar indemnización, nos dijeron que no nos darían nada porque no teníamos títulos. Eso mismo va a pasar ahora”, vociferó el poblador Jaime Huanca Zamata, herido de bala en diciembre pasado en el puente Inambari en una protesta contra la construcción de la central, durante la presentación del viceministro de Energía, Daniel Cámac, en San Gabán, Puno, a inicios de marzo.

“Si la empresa no llega a un acuerdo con los pobladores la obra no se construirá”, fue la contundente respuesta de Cámac. Así que, como enfatiza el abogado César Gamboa, de la ONG Derecho, Ambiente y Recursos Naturales, si bien la legislación peruana no regula la participación ciudadana en los proyectos hidroenergéticos, la empresa está obligada a obtener el respaldo social antes de tramitar la concesión definitiva. De hecho, Egasur ha solicitado la ampliación de su concesión temporal, que vence a fines de junio. Hasta la fecha, los brasileños no han presentado su Estudio de Impacto Ambiental, y el Estudio de Factibilidad Técnico-Económica que entregaron al Ministerio de Energía y Minas, en enero pasado, fue devuelto porque carecía del componente social ambiental. Sin embargo, este último informe detalla que, del presupuesto total de la obra (4,825 millones de dólares), 377.8 millones de dólares serían destinados a reconstruir los tramos 2 y 4 de la Carretera Interoceánica Sur que serán inundados por la laguna artificial (el tramo 2 está bastante avanzado). Una preocupante sobreposición de proyectos que delata improvisación, en suma, la falta de una política energética y de inversiones a largo plazo.

Se prevé que a mediados de junio los presidentes Alan García y Lula da Silva sellarán el acuerdo energético entre ambas naciones. Mientras tanto, algunos aguafiestas –siempre necesarios– recuerdan que en noviembre el Brasil realizó un simulacro de guerra en una de sus centrales hidroeléctricas 72 horas después de que se registrara un apagón causado por una aparente falla en la represa que construyeron en Itaipú, Paraguay (los brasileños les compran energía a bajo precio).

¿Serían capaces los brasileños de hacer lo mismo en el Perú? La sociedad civil debe estar vigilante frente a estos gestos bélicos del país vecino: no vaya a ser que por querer alumbrarle el destino nos apaguen la luz.

 

 

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