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El polvorín

Represa de Inambari: medio centenar poblados quedarían sumergidos

30 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

  
 Puerto Manoa, en la provincia puneña de Carabaya, es uno del más de medio centenar de centros poblados que quedarían sumergidos. Víctor Alarcón, presidente de las Rondas Campesinas de la zona, suena rotundo: “Defenderemos nuestro pueblo con nuestra vida. Nosotros vivimos y trabajamos acá”.

 

La mega-represa de Inambari cambiaría todo el ecosistema que constituye la zona de

amortiguamiento del Parque Nacional Bahuaja-Sonene, famoso en el mundo por su altísima biodiversidad y catalogado por Nacional Geographic Society como

uno de los lugares naturales más emblemáticos del mundo.

 

La mega-represa de Inambari provocaría el desplazamiento de más de 15,000 personas y dejaría bajo el agua más de 100 km de la recién construida carretera Interoceánica
  

 

 El Foro Informativo “Impacto Social, Económico y Ambiental del Proyecto Central Hidroeléctrica” organizado por el Gobierno Regional Puno, cumplido en los centros poblados de Lechemayo y Puerto Manoa ha servido para unificar criterios y ratificar la propuesta que planteó oportunamente el Dr. Hernán Fuentes Guzmán, Presidente del Gobierno Regional Puno, en contra de la construcción de la Central Hidroeléctrica Inambari, al saber que el Gobierno Central no consultó con el pueblo y sus autoridades locales y regionales sobre la construcción de un proyecto energético que atenta contra la biodiversidad, el medio ambiente y sus habitantes.

  
Represa de Inambari, una bomba de tiempo

 

 

 “A partir de acá, estaríamos bajo el agua”, dice Aldo Santos, funcionario de

Servicios Educativos Rurales (SER), organización no gubernamental que

trabaja en la región surandina de Puno, mientras el vehículo avanza por la

vía Interoceánica Sur y deja el poblado de San Gabán, en la provincia puneña

de Carabaya.

 

La carretera, que une el estado brasileño de Acre con los puertos del sur

del Perú, por tramos exhibe un asfalto casi reluciente y por otros sólo una

ruta afirmada. La maquinaria pesada sigue trabajando en sus bordes.

 

La visión futurista de una zona sumergida a la que alude Santos es la que

sobrevendría luego de construida la hidroeléctrica de Inambari, un proyecto

que crearía un embalse de 410 km² en el río del mismo nombre.

La gran represa estaría ubicada en la confluencia de los departamentos de

Cusco, Puno y Madre de Dios y produciría 2000 MW de energía eléctrica, que

en un 75% se irían hacia Brasil, como parte del Acuerdo Energético suscrito

entre este país y Perú en junio pasado. El acuerdo supone la construcción de

al menos seis centrales hidroeléctricas en el Perú, las que estarán

administradas por empresas brasileñas por 30 años; el Estado peruano, en

virtud del tratado, deberá vender la energía excedente a Brasil.

 

La inversión en la hidroeléctrica de Inambari es de unos US$4 millardos y el

conflicto social será incalculable.

 

ZONA SUMERGIDA: MÁS DE 50 PUEBLOS

 

Puerto Manoa, en la provincia puneña de Carabaya, es uno del más de medio

centenar de centros poblados que quedarían sumergidos. Víctor Alarcón,

presidente de las Rondas Campesinas de la zona, suena rotundo: “Defenderemos

nuestro pueblo con nuestra vida. Nosotros vivimos y trabajamos acá”.

 

En efecto, el megaembalse, por sus dimensiones, inundaría unas 46,000 Ha,

provocaría el desplazamiento de más de 15,000 personas y, más aún, dejaría

bajo el agua más de 100 km de la mencionada carretera Interoceánica, que

increíblemente se sigue construyendo, como si no pasara nada.

 

 
 
En suma, cambiaría todo el ecosistema que constituye la zona de

amortiguamiento del Parque Nacional Bahuaja-Sonene, famoso en el mundo por

su altísima biodiversidad y catalogado por Nacional Geographic Society como

uno de los lugares naturales más emblemáticos del mundo. El impacto de la

hidroeléctrica aparece, claramente, como desmedido.

 

Organizaciones como la Asociación Civil Labor y ProNaturaleza han alertado

sobre las condiciones desiguales de negociación entre Brasil y Perú para la

construcción de la represa, en la que el Perú “asumiría la mayor parte de

los costos, los riesgos y las incertidumbres económicas, sociales y

ambientales del proyecto, sin una clara participación en sus beneficios y

bajo la amenaza de una enajenación efectiva de recursos que pertenecen al

patrimonio nacional, por parte de agentes extranjeros”.

 

*Zona de impacto*

 
Uno de los argumentos para defender el proyecto que se alza desde el

Ejecutivo peruano y la Empresa de Generación Eléctrica Amazonas Sur

(EGASUR), de capitales brasileños y a cargo de la concesión, es que se trata

de una zona ya impactada. Cierto, no es un área intocada, ni mucho menos, y

sus habitantes tampoco son indígenas amazónicos.

 

Son más bien, como recuerda Santos, migrantes de la parte alta de la región

Puno, que se instalaron en la parte baja en busca de tierras cultivables.

Llevan allí alrededor de 50 años y se dedican principalmente a la siembra de

cacao, piña, plátano, yuca. También, en menor escala, a la pesca y a la

extracción artesanal de oro en el lecho del río Inambari.

 

No se puede decir, entonces, que sea una zona conservada, pero el problema,

como señalan SER y otras organizaciones, es que el megaproyecto terminará de

impactar una zona ya afectada. Las consecuencias en cadena se esperan por

una serie de razones sociales y ambientales.

 

Cerca del proyectado fin del embalse, por citar uno de los riesgos, se

encuentra Mazuko, entrada a la zona de Huaypetue, en Madre de Dios, uno de

los lugares más depredados de toda la Amazonia peruana debido a la

extracción informal de oro. Ante el movimiento masivo de gente, no se

descarta que parte de los desplazados incrementen esta actividad nociva e

ilegal.

 

“No nos han explicado bien qué vamos a hacer cuando nos vayamos”, apunta

Olga Cutida, presidenta del Comité de Lucha de Inambari. Según ella, el

ofrecimiento de la empresa consiste en ofrecerles una nueva casa, cómoda, en

la vecina región Cusco, pero no hay claridad en torno a qué actividad se van

a dedicar, una vez que se hayan mudado.

 

Fuentes de EGASUR señalan que los desplazados participarían en la

construcción de la represa, que requeriría la mano de obra de unas 4,000

personas o más, durante unos cuatro a cinco años. Por añadidura, el

movimiento que generaría el megaproyecto incrementaría el comercio, algo que

es visto con interés por algunos pequeños empresarios de Mazuko.

 

Sin embargo, la ecuación final, de acuerdo con los especialistas del SER y

otras entidades, es muy riesgosa: más impacto en un ecosistema ya impactado,

más desplazamiento de personas, incremento de las actividades informales,

efectos en la ictiofauna de los ríos, ya de por sí escasa. Con el añadido

del despilfarro que implicaría inundar la Interoceánica: buena parte de ese

arduo trabajo para abrir y asfaltar la carretera tendría que volverse a

hacer en otro lado. Esto, por si no fuera poco, podría generar un conflicto

entre la región Puno, que ya contaba con esta vía, y Cusco, por donde iría

el nuevo trazo.

 

*Epicentro de la resistencia*

En Puerto Manoa, que parece el epicentro de la resistencia, la oposición al

proyecto es cerrada; se lee en carteles que dicen “No a la represa de

Inambari”. En la mayoría de pueblos que serán sumergidos la situación es

similar, no así en los pueblos fuera del embalse, donde las opiniones están

divididas y donde la empresa ha comenzado a actuar.

 

EGASUR debe lograr la licencia social mientras dure su concesión temporal,

que expira este año. Para ello, debe hacer talleres en las zonas impactadas,

lo que ha sido imposible en los lugares donde la posibilidad de que se haga

la represa es absolutamente inaceptable. Sencillamente no se les deja pasar.

 

Mientras la tensión crece en la zona, quienes están a favor de la

hidroeléctrica consideran que el proyecto debe seguir adelante por una

razón: implica mejorar las relaciones con Brasil, país al que iría la mayor

parte de la energía producida en Inambari.

 

La razón por la que la potencia emergente, además, necesita ese flujo

energético ha sido bien precisada en el libro “Amazonia Peruana en 2021”, de

Marc Dourojeanni, Alberto Barandiarán y Diego Dourojeanni, publicado el año

pasado. Según el informe, esto se debe a “la creciente demanda insatisfecha

de este país de 200 millones de habitantes, considerablemente

industrializado, que ya ha agotado sus posibilidades técnicas y

ambientales”.

 

Para el abogado Mariano Castro, de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental

(SPDA), la falta de consulta, la velocidad con que se ha firmado el acuerdo

energético y se ha comenzado a empujar Inambari, es inadecuada. Tan veloz

que no parece tener en cuenta la bomba de tiempo social que late en el lugar

de los hechos. *—Noticias Aliadas.*
 
 
 
 
 

 

Puerto Manoa, a orillas del Inambari, es uno de los poblados que

desaparecerán con la represa. Los pobladores de Sallimayo, Lechemayo Grande, Carmen, Cuesta Blanca, Puerto Manoa, Charoplaya, Pradocarpa, pertenecientes al distrito de San Gaban, provincia de Carabaya, ya han acatando paros exigiendo al gobierno central una respuesta al pronunciamiento, rechazando la construcción de la central hidroeléctrica de Inambari.
 
         
Escribió para El Polvorin Blog Malcolm Allison

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