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El polvorín

El arte de ignorar a los pobres.

29 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Miedo y asco en MVD
La columna de Daniel Figares.

       

imagesEl arte de ignorar a los pobres, se llama un documento escrito x el notable economista estadounidense –aunque de origen canadiense- John Kenneth Galbraith (1908 – 2006), a quien hemos citado más de una vez en este blog.

En él, desarrolla de frente el pensamiento de que “cada catástrofe “natural” pone en evidencia la extrema fragilidad de las clases populares, cuya vida y supervivencia se encuentran devaluadas”, llegando a la triste conclusión de que “la compasión x los pobres ostentada en casos puntuales encubre apenas el hecho de que en todos los tiempos se ha tratado de justificar la miseria y de atacar toda política seria dirigida a erradicarla, culpabilizando incluso a las víctimas.”

“Quisiera reflexionar acerca de uno de los ejercicios humanos más antiguos: el proceso x el cual, al correr de los años, e incluso de los siglos, hemos intentado eliminar a los pobres de nuestra conciencia” –sostiene Galbraith. “Desde siempre, pobres y ricos han vivido unos al lado de los otros, siempre incómodos, a veces peligrosamente. Plutarco afirmaba que "el desequilibrio entre los ricos y los pobres es la más antigua y la más fatal de las enfermedades de las repúblicas". Los problemas resultantes de esa permanente coexistencia entre opulencia y pobreza, y particularmente el de la justificación de la buena fortuna de algunos frente a la mala fortuna de otros, han sido una preocupación intelectual de todos los tiempos. Y siguen siéndolo en nuestra época.”

Como el documento fue escrito originalmente luego de la era Reagan (Presidente de los Estados Unidos desde 1981 a 1989), que no eran otros que los tiempos de la Thatcher (Primera Ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990), es interesantísimo conocer -más allá de la discrepancias que uno pueda tener con el economista que escribió el célebre libro “La sociedad Opulenta”- la mayoría de sus reflexiones.

“Empecemos x la solución que propone la Biblia: los pobres sufren en este mundo, pero serán magníficamente recompensados en el otro. La pobreza es un contratiempo pasajero; si son pobres y además sumisos, heredarán la Tierra. Es una solución en muchos sentidos admirable: permite a los ricos gozar de su riqueza al mismo tiempo que envidian a los pobres su buena fortuna en el más allá.”

“Mucho más tarde, en los veinte o treinta años que siguieron a la publicación, en 1776, de las Investigaciones sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones (tardío amanecer de la Revolución Industrial en Gran Bretaña, pues el autor, Adam Smith, murió en 1759), el problema y su solución comenzaron a adquirir su forma moderna. Un casi contemporáneo de Smith, Jeremy Bentham (1748-1832), inventó una fórmula que ejerció durante cincuenta años una influencia extraordinaria en el pensamiento británico y también, en cierta medida, en el pensamiento estadounidense: el utilitarismo. "X principio de utilidad -escribió Bentham en 1789- es preciso entender el principio que aprueba o desaprueba cualquier acción según su tendencia a aumentar o disminuir la felicidad de la parte cuyo interés está en juego". La virtud es, e incluso debe ser, autocentrada. El problema social de la coexistencia de una reducida cantidad de ricos y de una gran cantidad de pobres se soluciona desde el momento en que se logra "el mayor bien para la mayor cantidad". La sociedad hacía las cosas lo mejor posible para la mayor cantidad de personas y había que aceptar que, desgraciadamente, el resultado fuese muy desagradable para aquellos, muy numerosos, a quienes no les tocaba la felicidad.”

“En 1830 se propuso una nueva fórmula, que conserva parte de su vigencia, para eliminar la pobreza de la conciencia pública. Está asociada a los nombres del financista David Ricardo (1722-1823) y del pastor anglicano Thomas Robert Malthus (1766-1834): si los pobres son pobres, es culpa suya, se debe a su excesiva fecundidad. Su lujuria descontrolada los lleva a multiplicarse hasta el límite de los recursos disponibles.” (…)

“A mediados del siglo XIX gozó de gran éxito, particularmente en Estados Unidos, una nueva forma de negación: el "darwinismo social", asociado al nombre de Herbert Spencer (1820-1903). Para Spencer, tanto en la vida económica como en el desarrollo biológico, la regla suprema era la supervivencia de los más aptos, expresión que se atribuye equivocadamente a Charles Darwin (1822-1882). La eliminación de los pobres es el medio utilizado x la naturaleza para mejorar la raza. La calidad de la especie humana sale reforzada con la desaparición de los débiles y los desheredados.”

“Uno de los más notables portavoces estadounidenses del darwinismo social fue John D. Rockefeller, el primero de la dinastía, quien declaró en un discurso célebre: "Con el esplendor y el perfume que entusiasman a los que la contemplan, la variedad de rosas ‘American Beauty' sólo puede obtenerse sacrificando los primeros brotes que nacen a su alrededor. Lo mismo ocurre en la vida económica. No es más que la aplicación de una ley de la naturaleza y de una ley de Dios".”

“Durante el siglo XX, el darwinismo social llegó a ser considerado como demasiado cruel: su popularidad declinó y cuando se lo mencionaba generalmente era para condenarlo. Le siguió una negación más amorfa de la pobreza, asociada a los presidentes Calvin Coolidge (1923-1929) y Herbert Hoover (1929-1933). Para ellos, toda ayuda pública a los pobres era un obstáculo para el funcionamiento eficaz de la economía. Era incluso incompatible con el proyecto económico que había sido tan útil para la mayoría de la gente. Esta idea de que es económicamente perjudicial ayudar a los pobres conserva su vigencia como uno de los modos de mantenerlos fuera de la conciencia.”

Más adelante en el texto -que luego fuera reproducido en El Dipló x estos lares- analiza la existencia de cuatro o tal vez cinco métodos vigentes para mantener a los pobres fuera de la conciencia. “El primero –escribe Galbraith- es producto de un hecho ineludible: la mayoría de las iniciativas a tomar a favor de los pobres dependen de un modo u otro del gobierno. Entonces se hace valer el supuesto de que el gobierno es x naturaleza incompetente, salvo en materia de concepción de armamentos -y de su otorgamiento en las licitaciones públicas- y de gestión del Pentágono. Ya que el gobierno es al mismo tiempo incompetente e ineficaz, resultaría difícil pedirle que acuda al rescate de los pobres, ya que no haría más que introducir más desorden, agravando todavía más su suerte.”

“Vivimos una época en que los alegatos sobre la incompetencia gubernamental corren parejos con la condena general de los burócratas, con excepción, nunca se lo repetirá bastante, de los que trabajan para la defensa nacional. La única forma de discriminación todavía permitida -para ser más precisos, todavía alentada- en Estados Unidos es la discriminación hacia las personas que trabajan para el gobierno federal, en particular en las actividades de protección social. Tenemos grandes burocracias empresariales, que desbordan de burócratas, pero esa gente es buena. Sólo la burocracia pública y sus funcionarios son malos.” (…)

“El segundo método, que se inscribe en esta gran tradición secular, consiste en explicar que toda forma de ayuda pública a los pobres es para ellos un pésimo servicio. Xque destruye su moral. Los desvía de un empleo bien remunerado. Destruye a las parejas, ya que las esposas pueden solicitar ayudas sociales para ellas mismas y sus hijos una vez que se encuentran sin marido. Pero no existe absolutamente ninguna prueba de que esos daños sean superiores a los que entrañaría la supresión de las ayudas públicas. Sin embargo, el argumento según el cual dañan gravemente a los desheredados es constantemente machacado y, lo más grave, creído. Tal vez sea una de las más influyentes de nuestras fantasmagorías.”

“El tercer método para lavarnos las manos respecto de la situación de los pobres, estrechamente vinculado al anterior, es afirmar que las ayudas públicas tienen un efecto negativo sobre el incentivo a trabajar. Producen una transferencia de ingresos de las personas activas hacia los ociosos y los que no sirven para nada, desalentando de esa manera los esfuerzos de los activos y alentando la pereza de los ociosos.” (…)

“El cuarto método para evitar cualquier mala conciencia es poner en evidencia los presuntos efectos negativos que tendría una confiscación de sus responsabilidades sobre la libertad de los pobres. La libertad es el derecho de gastar el máximo de dinero a su gusto, y de ver un mínimo sonsacado y gastado x el gobierno. Nuevamente, claro, con excepción del presupuesto de la defensa nacional. Para retomar las definitivas declaraciones del profesor Milton Friedman [El economista Milton Friedman, junto con Friedrich von Hayek, es uno de los pilares de la escuela de Chicago. A partir de la década de 1960 los "Chicago Boys" difundieron las ideas neoliberales en el mundo, desde el Estados Unidos de Ronald Reagan al Reino Unido de Margaret Thatcher, pasando x el Chile de Augusto Pinochet. Su libro de referencia es Capitalismo y libertad], la gente debe ser "libre de elegir".”

“Ésta es, sin duda, la más transparente de todas las argucias, xque generalmente no se establece ninguna relación entre los ingresos y la libertad de los pobres (el profesor Friedman constituye, una vez más, una excepción, xque mediante el impuesto negativo sobre el ingreso, garantizaría un ingreso universal mínimo). Cualquiera convendrá que no existe una forma de opresión más grande, ni una movilización del pensamiento y el esfuerzo más sostenido, que las que experimentan quienes no tienen un centavo en el bolsillo. Mucho se oye hablar de los daños a la libertad de los más ricos cuando sus ingresos disminuyen x los impuestos, pero nunca se oye hablar del extraordinario aumento en la libertad de los pobres cuando tienen un poco de dinero personal para gastar. Y, sin embargo, las limitaciones que impone el sistema fiscal a la libertad de los ricos son poca cosa comparadas con el incremento de libertad que se aporta a los pobres cuando se les brinda un ingreso. Tenemos razones para codiciar la libertad. No deberíamos usarla como excusa para negarles la libertad a los necesitados.”

“Finalmente, cuando todo lo demás fracasa, podemos recurrir a la negación psicológica. Se trata de una tendencia psíquica que, x variados caminos, es común a todos nosotros. Nos conduce a evitar pensar en la muerte. Lleva a muchos a evitar pensar en la carrera armamentista y, x lo tanto, en el rápido movimiento hacia una muy probable extinción de la humanidad. El mismo mecanismo de negación psicológica se pone en práctica para abstraerse de pensar en los pobres, ya estén en Etiopía, en el Bronx Sud o en Los Ángeles. Piensen en algo agradable, nos aconsejan muchas veces.”

Las últimas palabras de Galbraith son toda una advertencia: “El descontento social y las consecuencias que puede traer consigo [esta forma de vivir] no vendrá de las personas satisfechas. En la medida en que podamos generar una satisfacción tan universal como sea posible, preservaremos y reforzaremos la tranquilidad social y política. ¿No es acaso eso a lo que deberían aspirar en primer lugar los conservadores?”

Difícil pregunta –se comprenderá-, cuando alguna de las cuestiones que hacen a la cosa ES LA SOBREPOBLACIÓN MUNDIAL, o la tendencia actualmente imperante en todo el globo -que en su momento se conoció como “Fórmula Thatcher”-: revertir la caída de la tasa de ganancia mediante el aumento de la explotación relativa y absoluta de la fuerza de trabajo, y una mayor succión de las riquezas del tercer mundo x medios financieros.


Desde Mvd, fábrica de pobres del Sur, donde cinco miserables lucas son la barrera, atte,


DanielFigares

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