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El polvorín

¿Qué viene después de Mujica? Por Fernando Moyano.

19 Marzo 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Primera Parte

La confirmación del apoyo popular a la gestión del Frente Amplio en el gobierno, cosa esperada y previsible, confirma también la continuidad de dicho proyecto político, que hemos caracterizado de SOCIALDEMÓCRATA.

No se trata de un simple problema de denominación.

Sobre los gobiernos socialdemócratas hay sobrada experiencia en la historia, y la aplicación de una categoría permite y obliga dos cosas: usar esa experiencia para tratar de comprender el fenómeno que tenemos presente, y confrontar ese concepto con la realidad para confirmar o no esa conceptualización. Por supuesto, la política empírica hecha al golpe de la circunstancia, o la política dogmática que nunca confronta sus conceptos contra la realidad, serán siempre ajenas a esta preocupación. 


La idea de que HAY CICLOS en política (como los hay en economía) es más o menos general. Esos ciclos políticos (asenso y caída de una orientación política que es sucedida por otra de signo opuesto, por ejemplo), no están despegados con los ciclos económicos del tipo "ondas largas", pero tienen su propia lógica interior.

La socialdemocracia, precisamente, es un fenómeno cíclico por sus propias contradicciones internas, que son las que definen su naturaleza.


El gobierno de Mujica representa la continuidad y consolidación del proceso iniciado por el de Tabaré. Instala un régimen de bipartidismo entre socialdemócratas y conservadores en el qué, al tener hoy los socialdemócratas mayor confianza y estabilidad, pueden comenzar a buscar la co-participación de los conservadores para consolidar así su propia situación y apostar al largo plazo. Pero ¿qué le sigue? 


Comencemos por casa.


Dentro de la llamada izquierda radical o de intención revolucionaria, hay distintas ideas. En algunos está más o menos implícita la idea de que, al quedar en evidencia ante la gente el carácter claramente pro-capitalista del gobierno de Mujica, los revolucionarios anticapitalistas pueden repuntar políticamente al recoger el descontento popular resultante.


ESO NO VA A PASAR.

El choque de las ilusiones contra la realidad, el desencanto y el duelo YA OCURRIERON, fue lo que pasó cuando se hizo evidente la naturaleza del PRIMER GOBIERNO DEL FRENTE AMPLIO, eso fue lo que verdaderamente impactó sobre toda la masa de frenteamplistas. Lo que haga Mujica ahora es apenas una mancha más al tigre, no va a modificar mucho la idea que tenga el pueblo de lo que es la izquierda en el gobierno, y lo aceptará más o menos de la misma manera que lo ha aceptado cuando el primer choque, como el mal menor ante la amenaza del retorno de una derecha pura y dura. 


La diferencia fuerte con Tabaré, debido a que Mujica viene del movimiento guerrillero de los 60 y de la otrora ala izquierda del FA, es importante solamente para el puñado de militantes que participaron de esa experiencia, y que tenían (teníamos) expectativas diferentes y en algún momento apostamos a una distinción política significativa entre una y otra ala dentro del FA. Esa no es la experiencia vivencial compartida a nivel de masas por nuestra clase trabajadora, que puso sus expectativas en el FA como tal. Porque el ascenso del MPP a primera fuerza en el FA no ocurre en su primera época de izquierda, cuando se opuso a la derechización del FA impulsada por Seregni-Astori-Tabaré, sino que ocurre a partir de que el MPP acompaña esa derechización y le agrega solamente un  tinte "populista". Por lo tanto la gran mayoría de sus simpatizantes actuales no ve nada demasiado horrible en esta orientación actual, porque llegaron cuando la misma estaba al menos iniciándose.


En cuanto a nuestro puñado de militantes, con el dolor y la indignación no alcanza, es necesario un proyecto político, que es lo que no hemos podido reconstruir después de la derrota.


El gran impacto respecto de la orientación política del FA que se produjo cuando el PRIMER gobierno frenteamplista, afectó la militancia de izquierda tradicional de nuestro país. La mayoría de esta militancia nunca tuvo una orientación revolucionaria. La llamada "izquierda radical" en conjunto, ANTES del viraje del MPP, llegó en su mejor momento a reunir entre un sexto y un quinto de un Frente que además era menor al actual, no ya la mitad sino la tercera parte del electorado. Y eso pasó ya hace más de diez años.

De modo que para esa parte de nuestro pueblo frenteamplista que adhería a las ideas de la izquierda tradicional, que representaba en su mejor momento lo que hoy sería LA MITAD de la masa de base electoral del Frente, el desencanto con el gobierno se refiere al abandono de las posiciones REFORMISTAS al correrse a la derecha, no de posiciones revolucionarias o siquiera radicales.


Allí podemos ver la postura falsa que asume en general nuestra izquierda radical extra-frentista cuando hoy  apela a la tradición frenteamplista fundacional. Porque si se habla en términos de revolución se le está  pidiendo al frenteamplista medio que reclame por una política que nunca fue la suya, y si para reclamar con más peso nos ponemos en el lugar de ese frenteamplista medio, se pasa a hablar como reformista.

 Por supuesto que una política revolucionaria puede hacer caudal de la lucha por reformas, pero para eso los revolucionarios deben tener primero una identidad definida y luego una política amplia hacia los trabajadores que pueden participar de esas luchas aún desde un punto de vista reformista, y aquí tenemos exactamente lo contrario de ambas cosas. Por supuesto que es correcto repudiar el abandono por parte del FA de la tradición de nuestra izquierda histórica, incluso la reformista, pero no podemos AL MISMO TIEMPO hacer una defensa acrítica de esa tradición y reivindicarla como si fuese revolucionaria. Sería más interesante introducir allí un balance de POR QUÉ esa tradición de la izquierda reformista no resistió.


No hay razones para suponer que el desengaño de la gente que acompaño al FA lleve a que la izquierda anticapitalista adquiera ahora un mayor predicamento. Esa fue la hipótesis que de una forma u otra se manejó en filas de la izquierda radical cuando se inició el gobierno de TABARÉ. Pero si esa apuesta no funcionó entonces, tampoco funcionará ahora. Hoy no hay un sentimiento anticapitalista extendido, será necesario construirlo, y habrá que hacerlo sobre nuevas bases, ideológicas, programáticas, y metodológicas.


Para tener una idea de las dimensiones de la tarea, recordemos que al FA le llevó 30 años derrotar al viejo bipartidismo burgués tradicional para instalar este nuevo bipartidismo entre socialdemócratas y conservadores. Además aquella vieja izquierda partía de una situación bien diferente a la nuestra. Era chiquita pero existía. En aquél momento pudo mezclar más o menos reformismo y revolución y sacar provecho de esa confusión de conceptos. Nuestra tarea hoy es más difícil. 


Para comprender el futuro posible de este régimen socialdemócrata, debemos analizar el problema de la socialdemocracia como fenómeno político.  En estos escenarios, el posible retorno de la derecha es una constante, y sobre eso también hay distintas visiones. 


El caso chileno, por ejemplo, tiene en ese sentido una gran importancia comparativa. Quiero dejar esto para una próxima nota.


Fernando Moyano.
postaporteñ@
cabecera
2da. Parte: El ejemplo Allende la cordillera

 

 

 

 

 

 


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Todas estas cosas poseen una fuerza negativa, y lo que queda de ellas son los retazos y harapos de las ilusiones perdidas. Pero es en verdad un gran aporte a la causa del proletariado que de la primera fase de la revolución no queden sino retazos y harapos, porque nada hay más dañino que una ilusión, a la vez que nada sirve tanto a la causa revolucionaria como la verdad desnuda.

 

 

Existe un procedimiento revolucionario definitivo mediante el cual se libera al pueblo de las ilusiones pero, desgraciadamente, la cura exige sangrías.

Rosa Luxemburgo

 


De estas ideas de Rosa nos ocuparemos luego. Ahora quiero traer a colación la cosa más vil que he escuchado en este tiempo.

"Es probable que Chile pueda vivir ahora un proceso para el que habría que inventar un término: `keynesianismo sísmico` podría ser... Eso va a elevar rápidamente la marcha de la economía chilena. Están dispuestos a pagar un costo importante porque se proponen reconstruir el país en cuatro o cinco años y reconocen que las fuerzas internas que tienen no les alcanzan. Eso quiere decir que se va a desarrollar una corriente comercial interesante y quiero llamar la atención a las industrias de la madera y de la madera calificada de Uruguay". 

Por supuesto, Mujica no prestó atención a Haití. En ese país miserable los muertos son enterrados en fosas comunes y no hay allí mercado para la industria de la madera de Uruguay.

Si al pueblo de Haití le debemos el ejemplo de la primera revolución en nuestro continente, y primera revolución de esclavos triunfante en toda la Historia además, al pueblo de Chile no le debemos menos. Suya es la rica experiencia del único intento verdadero de transición pacífica al socialismo por abajo con todo lo positivo y negativo que tuvo, y pagó el terrible precio de lo segundo; la experiencia temprana de las consecuencias de la implantación del neoliberalismo en nuestro continente, de la resistencia armada al terrorismo de estado (a través de dos organizaciones y caminos diferentes, el MIR y Frente Manuel Rodríguez que se separa del Partido Comunista), y toda la gama posible de la lucha política y social, legal o extralegal. Y además le debemos la experiencia de un ciclo prolongado de socialdemocracia en su variante social-liberal mostrando lo que significó para el pueblo, también la gran riqueza de formas de lucha en intentos de reagrupamiento de la izquierda en distintas expresiones: desde dentro y fuera de la Concertación, participando o no en elecciones, e incluso de alianza electoral puntual con la Concertación desde fuera, más allá de la opinión que nos merezca cada una de esas opciones. 

El Frente Amplio se miró en Chile en distintos momentos, quiso mirarse en el reformismo de Allende, y en el social-liberalismo de la Concertación en estos tiempos. Por eso la vuelta de la derecha los puso un poco nerviosos. Pero no es lo único que ha pasado.

En mayo 2009 la derecha neoliberal en Panamá desplaza por elecciones al Torrijismo o lo que quedaba de él. Luego el golpe en Honduras, la ofensiva de la derecha boliviana, y otra crisis en Venezuela. El terremoto de Haití permite una sobre-invasión yanqui. Con Chile ahora (más Perú-Colombia-Panamá, con solamente el pequeño y rodeado Ecuador afuera) se completa un eje pro-imperialista en el Pacífico, que también logra entrar en América Central. El ciclo socialdemócrata post-neoliberal en nuestro continente comienza a mostrar su debilidad. Para entender esto tenemos que partir de las contradicciones internas del fenómeno mismo de la socialdemocracia.

No le pidamos a la socialdemocracia que se vea a si misma con objetividad. Para comprender su crisis hay que verla en el marco de la lucha de clases, porque es el resultado de eso. Negar la lucha de clases está en la naturaleza misma de la socialdemocracia, porque el papel que cumple dentro de la lucha de clases es PRECISAMENTE ESE. Es entonces que cuando vemos los “análisis políticos” que los teóricos socialdemócratas hacen sobre sus propios problemas, uno no sabe si reír o si llorar. El término “lumpen-política” podría aplicarse: la política desclasada.

Lumpen-política, ¿de que otra forma podríamos calificar el impúdico cinismo oportunista de Mujica ante el terremoto de Chile? La India pagaba el costo de su propia colonización integrado a su presupuesto. Ahora se pretende que el pueblo chileno pague los costos de la re-colonización del negocio capitalista que viene a lucrar con la desgracia multitudinaria.Babylon system is the vampire, falling empire, suckin' the blood of the sufferers”; el sistema “Babilonia” (como Bob Marley llamó al capitalismo) es el vampiro, imperio decadente, chupando la sangre de los que sufren.

Quiero mostrar la variante académica de esa lumpen-política en la mirada “seria” de Costanza Moreira, en su reciente intervención en la Conferencia del PVP, 06/02/10: http://www.pvp.org.uy/?p=1116, que ella llama reflexión estratégica de más largo aliento”.

“El gobierno (sic) fagocitó a la fuerza política” comienza diciendo para agregar la “contaminación de la cultura política dominante”. 2 + 2 = ?. Costanza NO SACA, no puede sacar, la conclusión elemental que surge de sus propias palabras. Fue “la cultura política dominante”, o sea la cultura del sistema de dominación de clase lo que fagocitó al FA.

Por supuesto, esa expropiación política provoca una reacción dentro de las bases frenteamplistas, una reacción que no puede ser muy vigorosa porque está disuelta de antemano en tanto ocurre dentro de una perspectiva reformista ya controlada desde la cúpula. Se manifiesta en “la forma en que gana Mujica” (en la interna), dice Costanza. Se manifiesta en TODA la rebelión contenida contra Tabaré que tiene su punto principal en la adhesión al plebiscito contra la ley de impunidad y otros puntos programáticos menores. ¿Por qué es una rebelión contenida? Porque esos “sectores” que tanto preocupan a Costanza (“la lógica del dominio de los sectores sobre el frenteamplismo” según sus palabras) son el mecanismo por el cual la burocracia frentista se reparte el botín del aparato de gobierno, que es lo único que interesa.

Costanza “no lo sabe pero lo dice”, diría Marx también aquí, cuando se pregunta ingenuamente por las alianzas a contrapelo de la política en torno a las candidaturas a la IMM (MPP-FLS).

“La forma de castigar la lucha sectorial se expresa de alguna manera: en la baja votación que tuvo el FA en la interna de 2009; el FA votó muy mal, la gente no quería votar”, nos dice Costanza tratando de tapar el sol con un dedo. Comparando los casos del FA con la Concertación en Chile, dice:

Cuidado con maltratar a la gente…”. ¿De qué nos está hablando? ¿De la congelación salarial imponiendo topes máximos a la negociación, del pago de la deuda externa, del impuesto a las jubilaciones, de la aceptación de la forestación y extranjerización de la tierra, de la traición en la lucha contra la ley de impunidad, de la trampa del sistema nacional de salud, del envío de tropas a Haití, de recibir a Bush? Para nada, habla del problema de Daniel Martínez acá y Enríquez-Ominani allá: “Cuidado con las dirigencias restrictivas”, eufemismo para referirse al verticalismo cerrado.

“La pérdida de la base social de un partido lleva a que las cúpulas lo terminen destruyendo”. Seremos curiosos, ¿por qué se produce esa pérdida de base social? ¿Tendrá algo que ver con el contenido de clase (social) de la política que se sigue? Para nada, eso no entra en el horizonte mental de la lumpen-política.

“Es el efecto desilusión que produce la llegada de las izquierdas al gobierno, hay que contar con eso”, dice como hablando de una LEY NATURAL. Pasando por alto los ejemplos claros que van en sentido contrario de fuerzas de izquierda que progresan y se desarrollan ganando más adhesión popular aún cuando gobiernan, comenzando con Allende en Chile!, y el notorio caso de Bolivia. Pierde base social la izquierda que traiciona su programa, gana base social la izquierda que es consecuente con él, aún cuando sea reformista, vacilante, e intente caminos de conciliación. Aún así GANA base social el gobierno de izquierda que tiene un comportamiento digno, aún en las mayores dificultades. Esa es la lección de la Historia, y no verlo es, como dijimos, querer tapar el sol con un dedo.

Pero Costanza le carga las tintas a la disputa entre sectores. En realidad “la lucha fratricida y narcisista de Lagos con Insulza (¿y el narcisismo de los enfermos Tabaré, Astori, Arana, etc., qué?) es consecuencia y no causa, es el resultado de la lucha política en el vacío. Es cierto, además da un mal espectáculo. Pero retomando un ejemplo que poníamos en una nota anterior, lo que decía Malcolm X, “sentarme a la mesa ante un plato vacío no me hace un comensal”, podemos interpretar así las advertencias de Costanza: “Muchachos, bastante es que sentemos a la gente ante un plato vacío, no agravemos las cosas dando el feo espectáculo de ADEMÁS, robarnos entre nosotros la comida del plato!!!!”.

Sí, la verdad es que es demasiado. Pero nosotros a nosotros no nos da la vergüenza como para andar pregonando como solución, un despojo más prolijo de la comida de la mesa que dicen que se tendió “para todos”.

Vayamos a lo nuestro. El ciclo socialdemócrata pos-neoliberal en América Latina está comenzando a mostrar su agotamiento. Eso se debe solamente a una causa fundamental: la socialdemocracia no propone superar el capitalismo, aunque algunas de sus variantes reformistas como el histórico caso de Allende en Chile, hayan intentado con honestidad (y también con ingenuidad, pero llegado el caso también con heroísmo) el camino reformista, y hayan habilitado en los hechos un espacio relativo de auto-construcción socialista por abajo. No es el caso del Frente Amplio en Uruguay, por cierto.

El agotamiento del ciclo socialdemócrata muestra en el horizonte las nubes del retorno de la derecha neoliberal, y en Honduras la tormenta ya se descargó, de la misma forma en que en Colombia o Perú nunca cesó. Ahora llega a Chile. El pueblo chileno tiene ya una gran experiencia sobre lo que es la socialdemocracia en todas sus variantes, y ha probado muy diversas formas de lucha que hasta ahora resultaron infructuosas, pero que no pasaron en vano. De modo que me planteo tres cosas.

·         Tengamos respeto por los pueblos que sufren reveses dramáticos en su lucha, aprendamos de sus experiencias, y repudiemos las actitudes de oportunismo indecente como la de Mujica.

·         “Reflexionemos” (para usar la expresión de Costanza) sobre TODO el problema del posible agotamiento de este ciclo socialdemócrata en nuestro continente, pero hagámoslo desde un punto de vista clasista, y no desde la preocupación intra-burocrática por los cargos estatales.

·         Y tomemos nota que en Uruguay, a “nuestros” socialdemócratas, son esos carguitos lo único que les interesa. Esa es la “disputa narcisista”. (“Porque si no lo hago yo, lo va a hacer otro peor que yo”).

Dentro de la evolución natural del fenómeno socialdemócrata en la lucha de clases, llega un momento en que las cosas se presentan de esta manera que describe con gran claridad Rosa Luxemburgo:

“Por eso, los capitalistas le plantearán el gobierno de Ebert-Scheidemann las siguientes alternativas. Pongan fin a las huelgas -dirán- Pongan fin a este movimiento huelguístico que amenaza destruirnos; si no, no nos sirven más. Yo creo, por cierto, que el gobierno se ha hundido a sí mismo con sus medidas políticas. Ebert y Scheidemann descubren con tristeza que la burguesía ya no los necesita más. Los capitalistas lo pensarán dos veces antes de ponerle la capa de armiño a ese arribista grosero que es…”

En todo caso, echemos una mirada compasiva sobre nuestros arribistas groseros, y Costanza que se despide con esta advertencia y poniendo las barbas en remojo”, adelantándose al día en que les toque ponerse tristes a ellos.

Si no es abuso, en otra nota quiero profundizar un poco el análisis clasista de Rosa Luxemburgo.

Fernando Moyano.
Mujica convocó a aprovechar el "keynesianismo sísmico" de chile
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