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El polvorín

Antes de 2012 habrá una nueva insurgencia social en México

11 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Advierte sobre un nuevo movimiento insurgente antes de 2012


Sergio Rodríguez Lazcano advirtió que antes de 2012 habrá una nueva insurgencia social, similar al levantamiento zapatista de 1994, aunque ésta no será violenta ni armada

Al presentar su libro La crisis del poder y nosotros, Sergio Rodríguez Lazcano advirtió que antes de 2012 habrá una nueva insurgencia social, similar al levantamiento zapatista de 1994, aunque ésta no será violenta ni armada, pues será una movilización social que buscará cambiar la relación dominante entre los pocos que mandan y los millones que obedecen. Por otra parte, Carlos Antonio Aguirre Rojas, director de la revista Contrahistoria, consideró que estamos en la antesala de un estallido social de consecuencias graves por la impunidad, la pobreza y las injustas relaciones económicas, sociales y políticas que prevalecen al país. En contraparte, María Eugenia Sánchez Díaz de Rivera, coordinadora de la Cátedra Alain Touraine, de la Universidad Iberoamericana Puebla, manifestó que no considera que pueda haber un movimiento insurgente o pacífico en los próximos años, sino que por el contrario, habrá un endurecimiento del Estado autoritario en México.

La obra fue presentada ayer en el campus jesuita ante académicos, directivos, estudiantes y activistas sociales, defensores de derechos humanos y sindicalistas, varios de los cuales están adheridos a la otra campaña que realiza y promueve el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). La moderación corrió a cargo de Ana Lidya Flores Marín, directora del Departamento de Ciencias Sociales y Humanidades de la institución.

La primera en tomar la palabra fue Sánchez Díaz de Rivera, quien habló sobre los orígenes del racismo en México y el impacto que desde el siglo XIX y hasta nuestros días –gracias a las políticas del estado de México que impulsaron personajes como Lázaro Cárdenas y José Vasconcelos– tiene la concepción de eugenesia por lograr la identidad mexicana a costa, sobre todo, de la eliminación de la cultura indígena.

La socióloga señaló que en ese racismo se puede encontrar el origen del  rechazo a incorporar en la legislación mexicana el espíritu de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, porque su incorporación supone no sólo la emancipación de los pueblos indios, sino una transformación radical del imaginario de identidades de todos los mexicanos, incluidos por supuesto los mestizos, quienes por esas ideas eugenésicas promovidas por el Estado Revolucionario son ahora, tal vez, el sector más racista.

Carlos Antonio Aguirre Rojas expresó que el país se encuentra en la situación de una crónica de un estallido social de grandes proporciones por varias situaciones, principalmente por la pobreza que sufren millones de explotados a manos de una minoría encumbrada y millonaria.

Explicó que en La crisis del poder y nosotros, Rodríguez Lazcano hace un análisis crítico y profundo de esa serie de situaciones que parecen ser la antesala del estallido social, debido a su trabajo con organizaciones y ciudadanos. En ese sentido, expresó que es en el campo del activismo social, en las organizaciones no gubernamentales de vocación genuina –no en esas que son negocios personales–, donde se está generando el nuevo conocimiento, pues las universidades y los intelectuales están alejados de la realidad.

Manifestó que economistas, sociólogos, antropólogos y demás especialistas de México, por lo general, están produciendo trabajos de baja calidad y que tienen muy poco que ver con lo que ocurre. “No existe nada innovador”, sentenció.

Reprochó que los analistas de izquierda se hayan olvidado de la lucha de clases, algo que se fue acentuando después de la caída del llamado “socialismo real”, a pesar de que en todos los países hay una enorme masa de explotados, de oprimidos, vejados y burlados por reducidas clases políticas de izquierda, centro y derecha, por magnates que viven del trabajo de los demás.

“Ahora ya no se habla de clases sociales, sino de sectores sociales y hasta de grupos sociales, pero esto es un contrasentido a todas luces, porque no se puede entender el deplorable estado del mundo sin la lucha de clases”, expresó el doctor en Economía por la UNAM.

Criticó el poco interés por la formación interdisciplinaria de los intelectuales mexicanos y expresó que en su obra Rodríguez Lazcano analiza el pobre papel de éstos; “la domesticación de la clase política y también de las nuevas expresiones de lucha, entrega una radiografía crítica global, pero además es un enorme esfuerzo de síntesis del trabajo que ha estado realizando durante años y que tiene expresiones posteriores en los números más recientes de Rebeldía (la revista que dirige el autor), donde el trabajo de Sergio Rodríguez Lazcano.

Similitudes temporales

Carlos Antonio Aguirre, quien tiene también el posdoctorado por el Colegio de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, consideró que hay similitudes de este momento con el de la incubación de la Revolución Mexicana: Felipe Calderón Hinojosa, dijo, sería como Porfirio Díaz; Andrés Manuel López Obrador ocuparía, guardadas las distancias y proporciones, el lugar de Francisco I. Madero, y el lugar que tuvieron el floresmagonismo, el villismo y el zapatismo es ocupado hoy por la otra campaña.

En esa elucubración futurista, Aguirre Rojas vaticinó que si en la Revolución hubo un millón de muertos con un país de apenas 15 millones de habitantes, esta vez habría 10 millones en una nación que rebasa los 100 millones de individuos.

El también investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM señaló que los intelectuales no deben preocuparse por el estallido social, porque éste se dará tarde o temprano, sino que su análisis se debe centrar en el papel que jugarán una vez que la revuelta sea una realidad.

Ante ese escenario catastrófico, apuntó, los zapatistas están proponiendo y promoviendo un cambio radical en la concepción del poder, en el cual se instaure un gobierno que mande obedeciendo.

1993–2012

En su turno, Rodríguez Lazcano aseveró que indispensablemente las nuevas formas de relación política dependen de nuevas relaciones sociales. Externó la metáfora de que el presente estado de víspera es como el mar, que se observa tranquilo a la distancia, pero que en el fondo tiene muchas corrientes moviéndose.

Mencionó que a diferencia de otros países México no es una nación de huelgas generales, sino de rebeldías, lo que queda patente desde que la gente de Tenochtitlán se rebeló a la imposición de la religión católica y así sucesivamente hasta llegar a nuestros días, pasando por tres revoluciones: “México es un país de la bola, de la gran rebelión “, aseveró.

México, apuntó, tampoco es un país organizado de manera capitalista, por más que se insista en presentarlo así. La gente de la ciudad, principalmente en zonas deprimidas como Chalco y Ciudad Neza, sigue pensando y viviendo como si estuviera en el campo.

Hay, eso sí, una multiplicación de sujetos sociales, cuya efervescencia va en auge, mientras el Estado se va quedando sin respuesta o la única respuesta que da es la de la violencia institucional por la vía de la protección a los poderosos, que son muy pocos, y luego reprimiendo las iniciativas o las demandas sociales, expresó.

Es por eso que ante ese escenario los zapatistas consideran que hay condiciones similares a las que prevalecían antes de 1994, cuando emergió el movimiento revolucionario de los indígenas chiapanecos. La clase política, advirtió, está a la espera de 2012, pero dicho proceso electoral que ellos aguardan con ansia, para el que se están preparando, puede bien no llegar, porque las condiciones del país, el hartazgo de la gente, la capacidad de organización y movilización está ganando terreno.

Sánchez Díaz de Rivera consideró que López Obrador representó en su momento una alternativa ante los intereses que representaba Felipe Calderón, y aunque resaltó la importancia del movimiento zapatista en la transformación de conciencias, especialmente en las comunidades indígenas, manifestó su escepticismo –pesimismo, dijo ella misma– sobre la posibilidad de una insurgencia en el corto o mediano plazo en el país.

 

Tomado de Pocamadrenews

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