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El polvorín

Rafael Correa, legítimo heredero de la posta revolucionaria de nuestro Eloy Alfaro

1 Febrero 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

 

 

Alexis Ponce (*)

 

En mis 46 años de vida, jamás había visto lugar a un momento tan vasto, prolífico y de debate sobre la memoria de Eloy Alfaro, como el que hoy, desde el año 2007 en adelante, y -con mayor fuerza- en el año centenario del linchamiento criminal, hemos vivido en el Ecuador.

 

Solo eso bastaría para afirmar, y confirmar, que en mi país se vive una revolución de raíces, honda, que empieza a cambiar los patrones culturales que no nos dejaban ver en la oscuridad, aunque estuviese próxima, tan próxima, la aurora.

 

Hoy se rasgan las vestiduras, las izquierdas académicas y del circuito de las ONG’s, y las derechas canónicas y sacrosantas, intentando matar a Alfaro (porque cuando la elite ensalza a un revolucionario, lo mata de nuevo); queriendo distorsionar su legado, pretendiendo desconocer la vinculación histórica y las postas históricas que existen en cada proceso revolucionario que ha parido Ecuador, que ha gestado Latinoamérica. (¿No fue Alfaro, legítima posta de Bolívar?: es curioso cómo el tiempo revive la conducta rastrera y amnésica de las derechas: a inicios del siglo XX, las elites incriminaban al Viejo Luchador por su bolivarianismo).

 

Antes de Rafael Correa y la Revolución Ciudadana, claro que se “hablaba” de Eloy y del 28 de enero, desde las orillas del oficialismo ramplón de la vieja republiqueta, que por fin ha empezado a ser desplazada; claro que El Comercio, “Vanguardia”, “Cosas”, Expreso, El Universo, La Hora, Teleamazonas, la iglesia y los partidos viejos, referían cada 28 de enero y cada 5 de junio, pero despojando a ambas fechas, de su hondo contenido (política, social y culturalmente) revolucionario y transformador.

 

En Cuba, antes de la Revolución y de Fidel, es obvio que la elite, la escuela y la prensa, hablaban de Martí, pero dejándolo muerto en el pedestal de la inacción y en el discurso hueco y simplón. En Nicaragua, antes del FSLN y la Revolución anti-somocista de 1979, claro que una parte de la elite, la escuela y los medios, hablaban de Sandino, pero ocultándolo, difamándolo o cercenándolo de su honda secuela subversiva. En Venezuela, antes de Hugo Chávez, se hablaba, claro que sí, cada 24 de julio y cada 17 de diciembre, en los cenáculos de la historiografía oficial, la escuela, la academia, los partidos tradicionales y los medios, de un Bolívar imposible de tan grande, de un muerto para el monumento, de un Libertador para el pedestal o el panegírico demagógico e inofensivo.

 

Hasta que Fidel revivió a Martí, hasta que los sandinistas revivieron a Sandino, hasta que Chávez renació a Bolívar en su dimensión más honda; hasta que Correa renació de las cenizas a Alfaro, por fin y para siempre.

 

 

Tendremos Juanas Castros y Teodoros Petkoff, para rato

 

En mi casi medio siglo de vida, no recuerdo que ningún profesor, libro, escuela, colegio, canal de televisión, periódico, medio de comunicación, político tradicional o izquierda dogmática alguna, mencionaran la infame responsabilidad de “El Comercio” y la prensa de la época, en el linchamiento de los Alfaro. No recuerdo haber escuchado este centenario secreto en boca de Enrique Ayala Mora y su UASB, ni en los sesudos folletos del PCMLE, ni en los shows mediáticos de Lourdes Tibán, ni en las entrevistas profusas y editoriales de Juan Cuvi en los periódicos donde escribe desde hace mucho tiempo.

 

Solo esa referencia histórica, ocultada durante una centuria, la co-responsabilidad de “El Comercio” y la prensa de la época en el crimen (apenas denunciada por José Peralta o ese patriota que todavía sigue proscrito en las aulas y los libros de historia, Roberto Andrade) que por fin, únicamente bajo el gobierno de Rafael Correa ha sido posible saber, recordar, conocer, debatir, ampliar y profundizar, bastaría para confirmar que se vive en el Ecuador una honda transformación: cultural, política y social.

 

Pero la mezquindad letal de las elites oligárquicas, y la estolidez árida de cierta izquierda dogmática y oenegera, intentan desconocer lo obvio: el hilo histórico que conecta en el continente al pasado y al presente, al presente y al futuro, a las revoluciones inconclusas con las revoluciones en marcha.

 

Ahora resulta que “la derecha y la izquierda unidas, jamás serán vencidas”… en pleno siglo XXI, ante un proceso de transformaciones inocultables en el Estado, la sociedad y el subcontinente latinoamericano, a coro: Enrique Ayala Mora, Juan Cuvi, el MPD, El Comercio, El Universo,  la revista Vanguardia y los canales de televisión privados, desde recalcitrantes posturas de “izquierda” y desmemorias de derechas,  todos a uno, queman en la hoguera de sus infamias, la valentía de este gobierno y la lucidez patriótica de Rafael Correa en pagar una deuda nacional del Estado ecuatoriano con la secuestrada memoria del Ecuador entero.

 

Si no reconocen al Presidente Correa como conductor real y evidente del actual proceso de cambios y de una revolución en marcha, cien años atrás, cada uno de los denostadores, tampoco reconocerían a Alfaro y a los suyos como conductores de una revolución honda. Es fácil para la elite decir, cien años después, que “la única revolución que ha habido en Ecuador es la liberal de 1895”. Es fácil decirlo, después de haber traicionado y quemado esa misma revolución.  Y es que si esos denostadores retornaran a principios del siglo XX, desde la izquierda le acusarían a Alfaro de “no ser marxista-leninista” (porque en 1912 ya había partido bolchevique, seguramente); de “no ser suficientemente radical” (porque Alfaro no perdía el tiempo en los cenáculos de la academia momificada); de “no ser realmente democrático” (porque dejarse arrojar a la calle, dejarse quemar, cortar los testículos, cercenar la boca, romper la quijada y la mandíbula, fue el único acto democrático de Alfaro para la elite oligárquica y episcopal de entonces).

 

 

Las espadas de Alfaro son de la Nación entera, no de la oligarquía separatista

 

Ahora tienen el descaro de reclamar al Presidente y al Gobierno nacional, que las espadas de Alfaro y Montero, les sean “devueltas”. Esas espadas son de la Nación entera. No de la oligarquía separatista y anti-alfarista del linchador municipio del clan Nebot.

 

Custodiadas dignamente durante más de 25 años por una "generación decapitada" de jóvenes asesinados, ejecutados, apresados y torturados por el "monumental" León Febres Cordero y su Frente de “Reconstrucción Nacional” (alianza conservadora-liberal-socialcristiana), hoy esas espadas, por fin, retornan a la Nación entera, que está representada, no solo en Ecuador, sino en cualquier lugar del mundo, por su Gobierno central, no por ningún cacique local de mediana estatura histórica.

 

"Izquierda y derecha unidas jamás serán vencidas": histéricas, intentan linchar mediáticamente a un gobierno que ha sido el único en rescatar verdades ocultadas a los ecuatorianos durante un siglo: que "El Comercio", la prensa de la época y los poderes fácticos, echaron gasolina al fuego en que ardió nuestro Viejo Luchador.

 

En declaraciones a la prensa, como cita un periódico local, un señor de nombre *Melvin Hoyos*, “*director de Cultura del Municipio de Guayaquil*", es decir de la misma dirección municipal que censuró y  mandó a prohibir pinturas y obras de arte que consideraba “impresentables” a la moral oligárquica, pidió que se devuelva el sable de Alfaro "*a su legítimo dueño, que es el pueblo guayaquileño*", intentando confundir, como siempre lo ha hecho la elite, al noble pueblo de Guayaquil en comunión con la oligarquía que aplaudió el 28 de enero desde sus haciendas y bancos en aquel 1912. Ya confundieron el libreto de la historia por cien años, intentando hacernos creer que el asesino de Alfaro y sus compañeros, fue “el pueblo de Quito”, y no los maleantes que gobernaban Quito y el país, y unos cuantos lumpen, cuchilleros, delincuentes, prostitutas y un cura disfrazado de civil.

 

Pero en cuestiones de ética, la oligarquía es desmemoriada: Ocurre que ese mismo departamento de “cultura” del municipio nebotcista que pidió “la devolución” con el gentil auspicio publicitario de El Comercio, los canales privados y demás poderes fácticos que le hicieron eco corifeo a la “justa petición”, fue la fuente de argumentación, días atrás, de un ataque virulento, rastrero y falaz contra la memoria de Don Eloy.

 

En efecto, en el internet hay blogs y páginas de extrema derecha locales dedicadas a insultar la memoria de Alfaro y al gobierno de Rafael Correa, que recuperó esa memoria para siempre. Hallé una “perla” que, solo de mirarla, provocó rechazo ético y estético, y un profundo mal sabor. Se titula “*Las iglesias y Eloy Alfaro, ¿Sabía Usted?*”, y tiene como fuente bibliográfica, nada más y nada menos que la CARTILLA CULTURAL del Arquitecto *Melvin Hoyos Galarza*, cuyos artículos son de tinte “extrema, pero super extrema-derecha”, y que en la Web del municipio porteño es citado (oigan bien) como *Director de Cultura y Promoción Cívica de la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil*. El rabioso artículo en el blog “La plegaria de un pagano”, menciona “datos fríos y neutrales” en los que se infiere que Alfaro asesinó curas, persiguió sacerdotes, y donde literalmente argumenta: “El Arzobispo de Quito en su pastoral del 19 de Junio de 1895 señaló que el Liberalismo en la iglesia de los países hispanoamericanos, se había dedicado a "asesinar sacerdotes, cerrar Iglesias, disolver familias, prohibir el culto Católico".

 

Ahora bien, ese blog también trae insultos procaces, dibujos soeces, textos brutalmente extremistas, llamando al separatismo (la vieja estrofa oligárquica, de su viejo himno anti-alfarista, puesto que Alfaro fue impulsor de la Unidad Nacional), difamando al Presidente Correa, infamando al Libertador Bolívar (lo llama “bellaco, criminal, genocida de españoles”) pero con una curiosa clave: todos esos textos, tienen una fuente: el presunto “rigor académico investigativo histórico” del Arq. Melvin Hoyos Galarza, quien en cada artículo aparece como Director de Cultura y Promoción Cívica del Municipio que hoy reclama las espadas de Alfaro.

 

Ahora es cuando debemos recordar la labor distorsionadora de la historia, cometida por esa supuesta Dirección de Cultura que tiene la desfachatez de reclamar las espadas que resguarda la Nación. Esa Dirección y ese director, coadyuvaron a crear el museo histórico de Guayaquil ubicado en el nuevo Malecón, donde toda la historia es falsificada, denostando a Bolívar en sus paneles, minimizando la lucha de Quito y del resto de la República por la Independencia, y proclamando la autonomía separatista, bajo un folklórico intento de manipular conciencias para culminar en las imágenes de LFC y Nebot, como prohombres de la historia local.

 

Así que alerta compañero Presidente, alerta María Fernanda, nuestra querida Ministra de Patrimonio (y custodia de la memoria del Centenario), y alerta pueblo ecuatoriano. Con mayor razón debemos ayudar a nuestro Mashi Rafael Correa a sostener y custodiar la espada de Alfaro. Jamás la envainaremos, hasta cumplir y culminar el proceso revolucionario actual, de profundas transformaciones irreversibles en lo político, lo social, lo económico y lo cultural.

 

 

Anexo: la “perla” anti-alfarista de los que reclaman la espada de nuestro Don Eloy.

 

 

 

*  (Defensor de DDHH durante 20 años, actual funcionario del Gobierno Nacional de la Revolución Ciudadana).

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