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El polvorín

Revolución y contrarrevolución en la Banda Oriental.

15 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

Nombre-copia-17.jpgProf. Andrés Freire.

1815-1830: La Propiedad.

Primera Parte.
La guillotina oriental cae sobre los campos de los latifundistas.

 

A modo de introducción.

 

10 de septiembre de 1815, aquel día ya perdido en el tiempo, Artigas terminaba de dictar a su secretario Monterroso (quién tendría años más adelante el honor de ser sino el primero uno de los primeros presos políticos del Estado Oriental independiente, el mismo que por otra parte negara la legitimidad de las donaciones efectuadas por el Jefe de los Orientales y sus comandantes militares, lo encarcelara bajo cargos falsos de apostasía, produciendo en este hombre a la vez un sacerdote católico y un jacobino casi un “rabioso”, le causara todo el dolor que la infamia y la injuria traen consigo) las palabras de su “Reglamento Provisorio para el fomento de su campaña y seguridad de sus hacendados”, de ahora en más el Reglamento.

Lejanos días donde los orientales éramos la vanguardia de la emancipación americana, el sol de Mayo había visto ya en 1811 en la ciudad de Las Piedras los campos tenidos de la generosa sangre de los indios y gauchos, del paisanaje en la primera victoria emancipadora del continente.

Supimos ser los primeros, y ahora somos de los últimos, mientras Venezuela avanza en su contradictoria transición al socialismo, Ecuador y Bolivia reasumen partes fundamentales de su soberanía, e incluso Argentina resucita en un gobierno que no es de izquierda pero que le importa algo más su gente que el nuestro, lo mejor del peronismo para establecer algo de justicia y sobre todo a través de las retenciones la expropiación de parte de la riqueza que el cultivo de la soja genera, nosotros seguimos redistribuyendo regresivamente el ingreso, ocultando el número de pobres, y rebajando de apuro aspiraciones y programas para que los discursos coincidan con una realidad que sale a luz por todos lados, como la basura que escondemos bajo la alfombra.

Pero no siempre fue así, ayer no más, en este devenir constante Independencia, República, Federación, y una jacobina revolución agraria sacudían nuestras comarcas, siendo luz y ejemplo imperecedero de hasta donde puede llegar un pueblo cuando conduciendo y conducido a la vez por las ideas más avanzadas de su tiempo y los hombres que las encarnaron, intento llegar muchas más allá de lo posible, y no lo pudo hacer solamente porque los egoísmos personales y provinciales, las vacilaciones de ultimo momento, la inquina y la defección, y el tener que combatir a dos frentes a los malos extranjeros y peores americanos, al imperialismo español y el portugués, interrumpieron un proceso histórico, que aunque se lo niegue o desfigure existió y marco huella.

El corsi y recorsi de la Historia pasan una y otra vez, y los problemas se repiten, ¿delito?, las clases altas ayer y hoy dicen represión, sólo y siempre represión, Artigas dijo no primero la oportunidad al hombre de ganarse la vida honradamente, démosle tierra, ganado y que el gaucho indómito se haga hombre de provecho que viva de su trabajo y engrandezca a la nación, y sólo la represión para el que teniendo la oportunidad no vive de su trabajo.

Pero nuestros líderes de hoy que son los herederos no de Artigas sino de los hombres de 1830, no aprendieron esa lección e insisten, más cárceles, más cámaras, más vigilancia, más penas, nadie se preocupa mucho en investigar porque aumenta el delito, a la vez que se profundiza una permanente redistribución regresiva del ingreso.

Estamos a mediados del 2010, ahora no más, cientos de obreros de los frigoríficos y las curtiembres se quedan sin trabajo, la carne sube a las nubes cuatro veces por lo menos en un mes, y el presidente Mujica nos explica por radio las razones tan validas de los ganaderos y su derecho de exportar ganado en pie, porque en definitiva ellos están disponiendo legítimamente de su propiedad, de la sacrosanta propiedad privada, sagrada e inviolable, y que el bien común en la gigantesca parrillada de oligarcas y frigoríficos, se termine de cocinar para un banquete en el que no nos invitaran, ni siquiera con huesitos porque casi ni impuestos van a aportar.

Pero claro desde 1830, en nuestro país la propiedad privada es sagrada e inviolable, y como tal nadie la cuestiona, pero esto no siempre fue así, hubo un momento haya por 1815, que alguien que bebía a la vez, de la tradición hispánica que habla de la legitimidad de la propiedad ligada a la función social, de los principios del Contrato Social en cuanto a que la propiedad privada no es un derecho humano fundamental dado por Dios, sino un derecho que emana del Contrato Social y como tal es modificable, siendo a la vez la causa de todos los males del hombre o poco menos que eso, de la tradición judeo-cristiana que si bien no rechaza la existencia de la propiedad privada y la protege, a la vez la limita y busca impedir su concentración con precisos mecanismos como el jubileo.

Sumerjámonos púes en el pasado, recordemos nuestra grandeza, bañémonos en el río generoso de nuestra historia, y salgamos de el fortalecidos, pensando nuevas consignas tajantes como navaja, que ya pronto, algún día, mañana quizás, el sol de Mayo arderá en los corazones, y este pueblo que es aquel, escribirá una pagina más del libro imperecedero de su gloria.

 

LA ENCRUCIJADA DEL AÑO XV.

Artigas_combinada.jpg

1815 marca sin lugar a dudas un momento clave para el artigüismo. Luego de la decisiva victoria obtenida en la batalla de Guayabo sobre las fuerzas porteñas y la consiguiente retirada de estas de Montevideo, los orientales por vez primera se han adueñado de todo el territorio de la Provincia.

Paralelamente continúa expandiéndose el influjo de Artigas por el litoral argentino, el 29 de marzo Córdoba se libera del control porteño y se adhiere a la causa artigüista, al igual que el día 13 de abril recibe al Protector.

Completando un panorama favorable el 3 de abril las fuerzas enviadas por Buenos Aires con el fin de enfrentarlo detienen su avance y se pronuncian contra el Director Supremo, en el llamado Motín de Fontezuelas, logrando su destitución. El patriciado porteño ya se había quedado sin un general de prestigio que dirigiera sus tropas, e incluso procuro conseguir los oficios de San Marín con este fin, el que se negó y en su lugar intento una mediación que no tendrá buen fin, ya que se impedirá que los delegados se contacten con el Protector, y esto sólo tendrá conocimiento por comentarios tres años después.

El nuevo director Alvarez Thomas iniciara negociaciones con Artigas, solamente para ganar tiempo reanudándose las hostilidades a los pocos meses.

Mientras tanto en el “Congreso de Oriente” se reúnen los representantes de las provincias de Santa Fé, Corrientes, Córdoba, Misiones, Entre Ríos y la Banda Oriental; mostrando el alcance y la irradiación alcanzadas por el federalismo, pero a pesar de todo lo positivo hay problemas grandes que resolver, uno de ellos es el descalabramiento de la economía oriental, debido a que nuestra tierra era epicentro de los combates, entre orientales, españoles, portugueses y porteños, desde 1811, la depredación de toda la riqueza ganadera, vital para el imprescindible circuito económico de cueros por armas y pólvora con los comerciantes ingleses, en una política económica que podríamos nombrar muy sucintamente como todo para la guerra, sin descuidar otros aspectos fundamentales como veremos más adelante.

La campaña esta arruinada y no sólo el aparato productivo esta casi paralizado, sino que las relaciones sociales de producción se hallan totalmente desintegradas, abunda el gaucho depredador y alzado, y por otra parte todo el paisanaje o parte importante de el se halla enrolado en el ejército, el mismo que se alimenta del ganado del enemigo si es posible, o del otro, mientras que las propiedades habían cambiado más de una vez de manos por las confiscaciones habituales en las guerras civiles.

Había entonces que reorganizar la propiedad en forma urgente casi desesperada, para conseguir recursos para enfrentar a la inminente invasión portuguesa y a las acechanzas de Buenos Aires.

Pero reorganizar la producción y conseguir recursos son tareas que se pueden realizar de diferente formas, afectando intereses particulares muy diversos, según el camino que se tome, porque nadie puede gobernar para todos, del mismo modo que nadie puede servir a dos amos, y toda decisión que se tome implica ganancias y perdidas para alguien.

Las opción tomada por Artigas, marca distanciamientos pero también cercanías, señalando el fin de un proceso que ha llevado a Artigas a ser el “niño mimado de los jefes”, la gran “esperanza de los terratenientes en 1811, a caudillo de multitudes de indios, negros, mestizos y blancos pobres”.

 

LA SOLUCIÓN OLIGÁRQUICA.

artigas_02.gifEl 11 de agosto de 1815 se reúne en Montevideo la llamada “Junta de Hacendados”, hallándose promovida esta reunión por las misivas que Artigas enviare al Cabildo los días 4 y 8 de agosto de 1815, En ambos mensajes el Protector señalaba la necesidad impostergable de ordenar y poblar las estancias, reedificando las construcciones destruidas y realizando el rodeo y el marcaje de ganado so pena de que si en un plazo de dos meses no se cumpliese lo dispuesto por parte del propietario, los bienes del mismo serian entonces expropiados y dados a otras personas que con su labor dieran prosperidad a la Provincia.

El Cabildo se puso en acción quizás previendo lo que iba a acontecer, nombrando dos comisionados que deberían entrevistarse con Artigas y convoco a la Junta de Hacendados, a ella concurrieron trece hacendados entre ellos los más importantes hacendados latifundistas del bando oriental, las autoridades del Cabildo y el Comandante de Armas Fructuoso Rivera.

Por lo que podemos leer en los fragmentos de las actas de la reunión en cuestión las soluciones que se barajaron fueron pura y exclusivamente de carácter represivo, esto es lógico ya que este grupo social aspiraba a conseguir mano de obra apta para las tareas a realizar en el medio rural y fundamentalmente a acabar con la anarquía reinante en la campaña, pero no a repartos de tierra que llevaran eventualmente a amenazar la existencia misma del latifundio.

En esta reunión es significativo lo que declaro Rivera: “expuso que era de parecer que ante todas cosas, se pusiese remedio en punto a los continuos abusos que públicamente se observaban en los comandantes y tropas que guarnecen los pueblos y partidos de la campaña”, como el interés fundamental es restablecer el orden en la campaña y frenar a los caudillos rurales, la solución ofrecida es sencilla: todos los destacamentos deben reunirse en el cuartel general y o otros puntos a determinar, quedando los pueblos protegidos por las milicias que ellos mismo formasen con ese fin.

La junta de hacendados trata de esto modo de frenar a hombres como Encarnación Benítez, un mulato enorme, que había sido peón y matrero, devenido en caudillo artiguista, eficaz guerrillero que bajo el nombre de “Protector de siete pueblos” aterrorizaba a los españoles, impidiéndoles cualquier comunicación y controlando la zona de Soriano, más adelante a fines de ese mismo año, el Cabildo expresión social y política de los mismo hombres que recibirán al invasor portugués con honores, toldo y alfombra, se quejaran de él afirmando: “Encarnación, al frente de un tropel de hombres perseguidos por sus desórdenes, o por vagos, o por sus crímenes, atraviesa los campos, destroza la hacienda, desola las poblaciones, aterra al vecino y distribuye ganados y tierra a su antojo”.

Artigas ante una denuncia tan grave llamara a su fiel comandante a su cuartel en Purificación y luego de enterarse directamente de lo actuado y rezongarlo por algunos excesos cometidos le ordenara volver a su zona de acción con la orden de cumplir “el cometido que le había confiado”, y le comunicara al Cabildo “Si V.S. lo oyese, y oyese los informes de otros a quienes he interrogado, tal vez modificaría su juicio”.

Como podemos ver en este caso en particular tanto la Junta de Hacendados como Artigas quieren ordenar la producción y el aparato productivo en la Campaña, pero las soluciones son muy diferentes, mientras el Cabildo pide el ostracismo de Encarnación sino la cárcel, en lo substancial Artigas lo respalda, y le ordena seguir con las tareas que el propio cabildo demora y retacea hasta la exasperación, la aplicación del Reglamento.

Porque desde aquel memorando de la Junta de Hacendados hasta este incidente que relatamos o tantos otros que se han perdido en la memoria, el objetivo de los latifundistas es siempre el mismo, quitarle a los comandantes militares la posibilidad de repartir las tierras, y establecer únicamente medidas de policía rural, no es que en principio ellos vayan a verse perjudicados por el Reglamento, de hecho en primera instancia no lo serán, es que en esencia los latifundistas son más o menos solidarios con otros latifundistas, es decir que como siempre anteponen sus intereses de clase a los de la nación misma, y esto en muchas ocasiones cuando cobijan a más de uno que Artigas reclama lo envíen a su cuartel general para “purificarlo”, a través del trabajo.

De este modo se presenta ante Artigas una propuesta de solución del problema en cuestión muy similar en sus aspectos fundamentales y en su mentalidad impulsora a “la solución policial represiva, que los terratenientes bonaerenses consagrarían oficialmente con el bando del gobernador Oliden en 1815”, efectivamente al comparar las propuestas de Rivera con este bando encontramos un objetivo común en ambos documentos: el control de la población rural, en un caso a través de la concentración de las tropas, las milicias urbanas y la policía rural, en el otro caso a través de la papeleta de sirviente otorgada por el patrón y visada por el juez de partido, renovada ante este cada tres meses.

En esto consiste lo que hemos llamado la solución oligárquica, sin embargo el artigüismo toma otros caminos, consciente era el caudillo de que: “Para que el paisano dejara de robar y “destrozar” no había que matarlo, ni perseguirlo, ni clavarlo en el cepo.

Eso valía tanto como crucificar la revolución, porque ellos eran la revolución. Al paisano había que hacerlo sentirse dueño, amo y señor de todas aquellas riquezas. Había que hacerlo propietario”.

Por supuesto que el Reglamento tiene elementos represivos, como en los artículos 25 donde establece la creación de una “policía de la campaña”, constituida por ocho hombres y un sargento sujetos a la autoridad del alcalde provincial y de cuatro hombres y un cabo a cada Teniente de Provincia, teniendo como fin detener a los malhechores y desertores, así como deben desterrar a los vagabundos, y el artículo 26 donde se determinan las atribuciones respectivas de los tenientes de provincia, el alcalde provincial y los jueces de los pueblos y partidos.

En el artículo 27 se establece que las atribuciones de los tenientes de provincia consisten en la distribución de tierras, y la aprehensión de los vagos a los que se debe remitir al Cuartel General o al Gobierno de Montevideo con el fin de enrolarlos en el ejército. Los hacendados deben proveer de papeletas a sus peones para que estos no sean confundidos con vagos y reclutados a la fuerza.

Pienso yo que a la hora de referirnos al tema de la represión se debe distinguir con claridad muy bien quien y para que utiliza los mecanismos represivos, no es lo mismo si se hace para consolidar el poder de la oligarquía que si se hace para avanzar en la revolución social emprendida.

En este caso particular la represión se halla legitimada, desde el momento en que todos tienen la oportunidad de acceder a la tierra y establecerse en ella como productores, por lo tanto los mecanismos represivos se aplicaran a aquellos que rechazando esta oportunidad persistan en continuar afectando gravemente la economía colonial con los depredadores efectos provocados por la vaquería y la desorganización de la producción.

El planteamiento artigüista, “invierte la lógica de la propuesta latifundista”, priorizando la posibilidad real de asentarse en la tierra, abandonando en forma libre el semi-nomadismo, antes que a las medidas coercitivas.

Merece destacarse también que a la hora de aplicar el Reglamento hubo diferentes problemas que obstaculizaron su puesta en marcha, una bastante compleja fue el hecho de que: “El gaucho changador y contrabandista que tanto había contribuido a corroer el cascarón monopolista y colonial, había forjado un modo de vida que, a partir del triunfó de la revolución, se transformaba  exactamente en su contrario, en el mayor sostén del viejo mundo que había contribuido a derrotar”. La represión era entonces necesaria.

A pesar de todos estos problemas, 1815, marca una encrucijada, un momento de definiciones, la tomada por Artigas fue tan clara como la circunstancias lo permitieron. Su alternativa revolucionaria implico rechazar lo esencial de la solución oligárquica y especialmente rechazar la idea liberal y burguesa de entender el derecho de propiedad como algo inviolable y sagrado, rechazar esta concepción implicaba tomar partido en la encrucijada.

 

LA TRADICIÓN HISPÁNICA.

Hay en el Reglamento Provisorio múltiples vertientes que confluyen una de ellas es “el concepto hispánico de la “propiedadfunción social”, - que hunde sus raíces en el Medioevo y que es ajeno a la idea del dominio sagrado e intangible, propio de la concepción liberal burguesa- es la que está en la raíz del pensamiento artiguista”.

Desde esta concepción lo que legitima la tenencia y el usufructo de la propiedad es el beneficio obtenido por la comunidad por el uso que de ella realiza el propietario y no el derecho natural.

El derecho hispánico a través de la llamada “legislación indiana” que pretendió aplicarse por la corona, también se expresa en este sentido, aunque sólo en los papeles, ya que en la práctica la corona apoya a los grandes hacendados ausentitas.

A pesar de lo antedicho, se puede hallar como un gran punto en común entre el Reglamento y los planes de los reformadores españoles (Memoria anónima de 1794, Azara y Lastarria), la presencia de la concepción de propiedad a la que me he referido, en ambos casos no hay ni sombra de la idea de indemnizar a los propietarios que eventualmente se vieran afectados por la puesta en marcha de las medidas propuestas.

Pero existía una diferencia fundamental no sólo en los fines que se buscaban sino en cuestiones de fondo. En la colonia los sucesivos reformadores buscaron resolver el problema del “arreglo de los campos” partiendo de las necesidad de solucionar diferentes problemas económicos y militares, Artigas que tuvo en cuenta estas preocupaciones, procuraba acabar con la vida semi-nómada del gaucho sedentarizandolo y creando de este modo una base social comprometida en un todo con la revolución, persiguiendo el fin social de recompensar a gauchos, indios, y mestizos, en suma al paisanaje pobre, castigando a los españoles y enemigos de la revolución.

 

NOTAS

En el artiguismo, “el derecho de propiedad aparecía vinculado a la justicia revolucionaria”, efectivizada esta por medio de sus contenidos confiscatorios que sin lugar a dudas alarmaron a los latifundistas ya que: “ el ataque del Reglamento al derecho de propiedad de los “malos europeos y peores americanos”, al unirse con la sed de tierras y de revancha social del paisanaje, comenzaba a extender peligrosamente su radio de acción hasta amenazar todo el derecho de propiedad vigente”.

Como Profesores hay tantos como profesorados y de dudosa formación, me veo en la obligación moral de aclarar que soy egresado del por muchos motivos glorioso Instituto de Profesores Artigas, Dentro de todas las contradicciones que quedaran planteadas en 1810 luego de la Revolución de Mayo, una de las fundamentales es precisamente como estará organizado el nuevo estado: ¿Será en forma centralista, con Buenos Aires como poder central, disponiendo libremente de las rentas de Aduana, imponiendo un liberalismo económico a las provincias del interior que las arruina, e impidiendo el libre comercio del litoral, nombrando gobernadores adeptos en todo el país? ¿O será en forma confederal primero y federal después, respetando tan celosamente las autonomías de cada Provincia que hasta ejercito propio tendrán, con la capital fuera de Buenos Aires, integrándose todas las Provincias en un plano de igualdad, protegiendo el desarrollo de las manufacturas del interior, y nacionalizando al puerto porteño?

Azcuy Ameghino, Eduardo., “Historia de Artigas y la Independencia Argentina”, Montevideo, 1993, Ediciones de la Banda Oriental, p. 201. En nuestra historiografía, hay mucha y muy buena producción sobre Artigas, sin embargo este libro, que es paradójicamente escrito por un historiador argentino, es el mejor de todos, porque ha rescatado las viejas-nuevas tesis del grupo de Lucia Sala de Touron, Julio Rodríguez y Nelson de La Torre, del huracán neoconservador que buscaba y busca convencernos de que tener principios y defenderlos con intransigencia es algo malo. Este pequeño ensayo le debe mucho al libro de Eduardo Azcuy y a él mismo, de quien tuvimos el honor de conocerlo personalmente y asistir a una de sus charlas, y como el escribió en el ejemplar que tengo del mismo, es una historia que enseña que rebelarse esta justificado.

También como lectura complementaria para el lector interesado en profundizar en el tema del mismo autor es sumamente recomendable el libro “El latifundio y la gran propiedad colonial rioplatense”, editado por la editorial Eduardo García Cambeiro, Buenos Aires, 1995. Por supuesto que también sigue siendo valida toda la serie de Lucia Sala de Touron, Julio Rodríguez y Nelson de La Torre, que en cuatro tomos estudia toda nuestra historia desde la colonia hasta la cisplatina, editadas por Ediciones Pueblos Unidos, en la década del 60 y 70.

Fragmento del acta del Cabildo de Montevideo, 11 de agosto de 1815, citado por Reyes Abadie, W., Bruschera, Oscar., Melogno, Tabaré, Montevideo, 1969, Universidad de la República, p. 13.

Lockart, Washington., “Maximo Perez.Caudillo de Soriano”; Montevideo, 1962, pp, 7- 8, las negritas son nuestras, y demuestran que era lo que atemorizaba y encolerizaba al grupo patricio, el hecho de que a su manera peculiar, Encarnación realizaba la revolución agraria artiguista, no era un bandido rural más, sino un fiel ejecutor pero a su manera del ideario plasmado en el Reglamento. Ibidem. Ibidem. Azcuy Ameghino, Eduardo., op. Cit. P. 283.

De la Torre, N., Rodríguez., J.C., Sala de Touron, Lucía., “La revolución agraria artigüista”, Montevideo, 1969, Ediciones Pueblos Unidos, p. 56. Azcuy Ameghino, Eduardo., op. Cit. P. 301. De la Torre, N., Rodríguez., J.C., Sala de Touron, Lucía., “Artigas: Tierra y Revolución”, Montevideo, 1967, Arca, p. 97. Reyes Abadie, W., et alt, op. Cit. Pp. 31-2. Azcuy Ameghino, Eduardo., op. Cit. P. 294. Azcuy Ameghino, Eduardo., op. Cit. P. 308.

 

 

Tomado de Diario La Juventud

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