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El polvorín

URUGUAY - DECLARACIÓN DEL 1 DE MAYO 2013 Treinta y Tres

30 Abril 2013 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

 

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MENSAJE DEL 1 DE MAYO 2013

   

 

¿Por qué estamos aquí?

En primer lugar para recordar con respeto y admiración a los mártires que en 1886 entregaran su vida en la lucha por los derechos de los trabajadores. Ello son quienes marcan el camino en la dura tarea de avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa.

Por eso estamos aquí para homenajear a

 

Georg Engel, alemán, 50 años, tipógrafo, Adolf Fischer, alemán, 30 años, periodista, Albert Parsons, estadounidense, 39 años, periodista, aunque se probó que no estuvo presente en el lugar del supuesto crimen cometido por los trabajadores, se entregó para estar con sus compañeros y fue su voluntad ser juzgado igualmente, Hessois Auguste Spies, alemán, 31 años, periodista, Louis Linng, alemán, 22 años, carpintero para no ser ejecutado se suicidó en su propia celda. Junto con ellos a los que fueron condenados a prisión en la farsa de juicio que se les hizo: Samuel Fielden, inglés, 39 años, obrero textil, condenado a cadena perpetua, Oscar Neebe, estadounidense, 36 años, vendedor, condenado a 15 años de trabajos forzados, Michael Swabb

, alemán, 33 años, tipógrafo, condenado a cadena perpetua.

Por ellos estamos aquí, para reafirmar su lucha, para tributarles gratitud por su ejemplo de compromiso social. Pero también estamos por los trabajadores de hoy que siguen la senda de éstos pioneros.

El mundo de este siglo 21 está claramente dominado por un dios que parece omnipotente y todopoderoso, cuyo nombre es "Mercado". En su altar todo se sacrifica, hasta la dignidad humana. Para obtener lucro se saquean los recursos naturales del planeta y se atenta contra las condiciones esenciales que hacen posible la vida en él. Vivimos en un momento crucial de la historia, porque de no cambiar el rumbo, la humanidad va hacia su autodestrucción empujada por la avidez y el egoísmo de unos pocos enfermos de ambición materialista, que solo piensan en aumentar su riqueza y su poder sin medir las consecuencias de sus actos.

En medio de esta increíble escena de estupidez que protagonizan los líderes mundiales que nos llevan al borde del colapso, el ser humano que hay en cada trabajador, busca detener una marcha que parece inexorable, porque los que mandan quieren que creamos que no hay otro mundo posible. Y ese ser humano lo hace tratando de salvaguardar su dignidad que depende de que pueda ganarse el sustento propio y de los suyos con un trabajo honrado y debidamente valorado. Nunca fue fácil, y pese a todos los avances sociales y políticos que se han producido desde 1886 a la fecha, sigue siendo dura la vida del trabajador que debe a menudo resignar sus gustos y preferencias personales para aceptar un puesto remunerado en algún lugar de este gigantesco supermercado al que han convertido al mundo quienes lo lideran.

En nuestro caso en particular, que vivimos en un pequeño país, se nos quiere hacer creer que no nos queda alternativa y debemos sumarnos a la locura consumista. Por eso llegan las multinacionales a llevarse nuestra materia prima y a dejarnos contaminación, a llevarse la riqueza y hundirnos en la dependencia. A mentirnos con promesas de desarrollo y fuentes de trabajo atractivas, cuando en realidad sus planes son colonialistas y depredadores. Desembarcan en un territorio privilegiado donde abunda el agua y la tierra fértil, para perpetrar operaciones de saqueo mediante explotaciones mineras, forestales y agrícolas, que empobrecen al país comprometiendo el futuro de nuestros hijos.

Es para hacer frente a este modelo económico tan nefasto, que hace falta organización y unidad entre los trabajadores. Para no someternos a la voluntad de los que se creen los nuevos amos del mundo, es que los trabajadores de hoy tenemos que reaccionar.

¿Cómo hacerlo? ¿Hay alguna forma realmente efectiva? El tiempo dirá si los procedimientos son correctos y no debe sorprendernos la necesidad de corregirlos a medida que aprendemos sobre la marcha. Pero lo importante es no caer en la inmovilidad que terminaría siendo una forma de complicidad.

Por eso estamos aquí. Sería más fácil quedarnos en casa, ser espectadores y no protagonistas. Asumir que los dados están echados y la suerte determinada. Pero: ¿Qué hubiera pasado si hace 127 años los trabajadores hubieran pensado así? ¿Se habría conquistado el derecho a una jornada de ocho horas? Y más adelante: ¿Se hubieran logrado conquistas como el aguinaldo, el salario vacacional, la licencia, el seguro de paro y tantos otros beneficios que hoy tenemos? Seguramente no.

Por esa simple razón, porque ellos no creyeron que "no se podía hacer nada", porque se propusieron objetivos y lucharon para alcanzarlos y que nos alcanzaran, nosotros, los trabajadores de hoy, no podemos dejar caer los brazos con resignación. Tampoco podemos dejarnos contagiar por el virus de la comodidad, dejando que la lucha la den otros, refugiándonos en la retaguardia.

Pero hay aún otra razón por la que estamos aquí, en este acto organizado por el ENTEJ (Encuentro Nacional de Trabajadores, Estudiantes y Jubilados). Esa razón es que sentimos la necesidad de distanciarnos de la histórica central obrera, que ya no representa los verdaderos intereses del pueblo trabajador uruguayo.

Es doloroso decirlo, pero no podemos cegarnos ante la realidad. Esa organización se ha transformado en un grupo más de los que componen el Frente Amplio. Es un operador político que le hace un trabajo muy importante al gobierno: controlar el descontento de la clase trabajadora. Mientras sus dirigentes confraternizan con los jerarcas del gobierno, diseñando estrategias electorales para asegurar el voto de los trabajadores al FA en las próximas elecciones nacionales, no se ocupan de lo que deberían ocuparse.

¿Qué deberían estar haciendo los dirigentes sindicales de este país?

Denunciando que la carga tributaria aplasta a los que menos tienen en beneficio de los más pudientes: Según datos difundidos por la Dirección General Impositiva (DGI) en febrero de este año, nueve de cada diez pesos recaudados provienen de los salarios de los trabajadores (86,6%), es decir que el salario de los trabajadores, por vía de imposición tributaria (IRPF incluido) es la principal fuente de financiamiento del estado. Este año debemos pagar 7.500 millones de dólares de deuda externa, o sea 625 millones de dólares por mes, o casi 21 millones de dólares por día. ¿De dónde sale ese dinero? Del bolsillo del trabajador, del jubilado, de las tarifas públicas infladas que hacen de éste un país caro, de los impuestos que asfixian al pequeño empresario, de la mala calidad de la salud pública, de la decadencia de la educación pública.

Deberían denunciar que la educación está orientada a crear seres humanos consumidores, a promover el egoísmo, la competencia desleal y los vicios que desembocan en el vacío espiritual. Que en las universidades se está formando a profesionales para que sirvan a las demandas del sistema financiero y de las multinacionales, que sólo piensan en la acumulación de riquezas a costa de la pobreza y del subdesarrollo.

Deberían oponerse duramente a la dilapidación de los recursos naturales del país, que cuenta con 16 millones de hectáreas de tierra, de las cuales más del 75 por ciento se concentra en el 1 por ciento de la población, estando el 43 por ciento en manos de sociedades anónimas mayoritariamente extranjeras. La realidad nos muestra una verdadera entrega de la tierra y con ella de la soberanía nacional. Los que mandan hoy en el campo uruguayo son las fuerzas capitalistas del agro-negocio. El Uruguay rural lo dominan UPM (ex Botnia), Montes del Plata, la producción sojera transgénica y muy pronto las mineras como Aratirí para la que hasta le hacen una ley de minería de gran porte a su medida. ¿Y qué hace la central obrera histórica de este país? Mira para otro lado… mientras se van del campo los pequeños productores corridos por los nuevos latifundistas. No moviliza al pueblo contra este sistema capitalista que oprime y manda en nuestro país. Aún más: este gobierno quiere la reforma del estado, con el establecimiento de empresas de capital público pero de derecho privado, privatizando e hipotecando el futuro de las empresas públicas, y al hacerlo recibe una guiñada de la dirigencia sindical oficialista.

Y así podríamos seguir señalando motivos por los que no nos representa el movimiento sindical tradicional de nuestro país.

Por eso estamos aquí. Para marcar una diferencia sustancial, para que se sepa que hay orientales que no claudican del ideario artiguista y no caen en falsos pragmatismos que pretenden justificar lo injustificable.

Este pequeño acto es muy significativo. Por primera vez se hace patente en Treinta y Tres que hay dos organizaciones de trabajadores. Una oficialista y colaboracionista, la otra está dando sus primeros pasos para ser digna de volver a levantar las banderas que han arriado los que ya no defienden al trabajador ni al país.

Somos pocos, por ahora, pero muy seguros de lo que estamos haciendo, y dando esta lucha con dignidad y franqueza, creemos que nuestros hijos y nietos no tendrán de qué avergonzarse cuando la historia nos juzgue.

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