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El polvorín

URUGUAY - MUJICA, DEMENCIA VERBAL

16 Marzo 2014 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

bolivar

Del terrorismo verbal, el señor Presidente ha pasado a lo que podríamos considerar “demencia verbal”. Tal lo que me sugiere su último ex–abrupto: “Por desgracia, el Uruguay depende de las divisas del campo”

Mujica fue ministro de ganadería del anterior gobierno, así que también sobre esto sabrá lo que dice. Y, al final de cuentas, caigo en la cuenta del porqué de su entusiasmo por la megaminería: quiere que cambiemos una desgracia por otra.
En lugar de depender de “los latifundistas que le pagan salarios miserables a los peones” (idea que muchos izquierdistas se hacen del campo uruguayo, y que en una época llevó a levantar la bandera de la “reforma agraria”), pasaremos a depender de los beneficios de las transnacionales mineras.

Lo más probable es que de Guatemala pasemos a Guatepeor, y lo que se considera como “diversificación de la matriz productiva” no sea más que diversificación de la explotación de los recursos del Uruguay. Explotación mejor remunerada, sin duda, pero de corto alcance. Como dice el tango: las “luces del centro” suelen “marear”. Aparicio Saravia rechazó una invitación presidencial porque decía que “las alturas lo mareaban”.

Que los terratenientes (que, según algunos voceros gubernamentales, se oponen a la megaminería únicamente por defender sus intereses) sigan pagándoles salarios miserables a los trabajadores rurales debe ponerse a cuenta sobre todo del anterior gobierno frenteamplista, el  cual, con su mayoría parlamentaria, tuvo tiempo de sobra para solucionar ese y otros problemas.
Si no lo hizo, con Mujica en el Ministerio de ganadería, entonces debemos ponerlo en la columna del debe. Y si lo hizo, entonces los actuales argumentos sobre la explotación del peón rural no son de recibo.
Por otra parte, considerar a todos los productores rurales como latifundistas es, por lo menos, desconocer la realidad del campo uruguayo

En épocas más revoltosas, buena parte de la izquierda -entre la que se encontraba el MLN-, consideraba, más bien, que “la desgracia” del Uruguay dependía de las “divisas partidarias”, representadas por los llamados “partidos tradicionales” (a los cuales metíamos en la misma bolsa, con el rótulo de “derecha”)
A la democracia la considerábamos “burguesa” y “formal”, y por eso queríamos “hacer la revolución”. Muchos jóvenes nos embarcamos en ese camino, hartos de la injusticia social y de los tejes y manejes de la politiquería criolla. Por esas razones no sólo corrieron ríos de tinta en este país. Conviene no olvidar ese dato detrás de tanta humareda.

En ese contexto, nació el Frente Amplio, como una luz de esperanza -“una fuerza pacífica y pacificadora”, como decía Seregni-, destinada a cambiar la política uruguaya. A esta altura, creo que lo que sucedió fue que la política uruguaya terminó cambiando al Frente Amplio, el cual se ha convertido en un partido tradicional más

 Se habla, por ejemplo, de que en el transcurso de los gobiernos frenteamplistas, se han incorporado 40.000 empleados públicos más, lo cual contrasta bastante con las críticas que la izquierda le hacía a los partidos tradicionales acerca del clientelismo político. No sé si lo de ahora es exactamente “clientelismo político”, pero sí es evidente que no apunta en la dirección de achicar un Estado que, además de pesado, no parece ser mucho más eficiente (y que, por supuesto, requiere del sector productivo más y más “divisas”). Eso por un lado.

Por otro, que yo recuerde, el Frente Amplio, si bien no se definió como socialista, si lo hizo como antiimperialista. Capaz que el imperialismo pasó a la historia y yo no me enteré, lo cual volvería obsoleto el término “antiimperialista”. Pero el hecho real y concreto, más allá de los términos y las modas del lenguaje, es que las transnacionales existen, y son manifestaciones patentes de lo que solíamos denominar “imperialismo”. Desde este punto de vista, no puedo dejar de  ver como una flagrante contradicción que una fuerza política que nació como antiimperialista le esté dando semejante entrada a una transnacional minera.

¿Sabemos acaso cuáles son los beneficios que le reporta al Uruguay la papelera UPM o Montes del Plata? ¿Un gobierno de izquierda no debería mantener informada a la población acerca de esto?
¿No debería, si es que se considera más democrática que los “partidos de derecha” a los cuales siempre se opuso, informar al pueblo acerca de los beneficios y sobre todo de los costos que un megaproyecto como el de Aratirí nos reportaría? Sobre estas cuestiones, ¿no debería ser el pueblo el que decida? ¿No era esta una de nuestras banderas, quizás la más democrática?
¿O era un simple enunciado para captar votos, y así desplazar a blancos y colorados del gobierno?

Como parece que la cosa es así, es que se me ocurre que la política uruguaya terminó cambiando al Frente Amplio. Es por eso que hizo mutis por el foro la fantasía de “hacer temblar hasta las raíces de los árboles” y entramos en la etapa de dejar de lado “las locas pasiones” (y también, lamentablemente, algunas razones que hacían a la “identidad de izquierda”)

Tanto cambió la cosa que ahora el “cuco” no lo maneja la “derecha”, sino el frenteamplismo: el “cuco” es que no vuelvan los blancos y/o colorados al gobierno, porque eso sería el acabose. Agitado ese “cuco”, el problema de la megaminería queda a la altura de un poroto. ¿Será este el “cambio cultural” del que hablan los gobernantes? ¿Cuál es la diferencia entre el conformismo de los frenteamplistas con lo que hace “su” gobierno, con el conformismo de los votantes blancos o colorados con “sus” respectivos gobiernos? La semejanza es clarísima: conformismo

Tal vez tenga razón un amigo que comparte esta visión: somos unos inadaptados.

BOLIVAR VIANA 

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