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El polvorín

Revolución y contrarrevolución en la Banda Oriental. III

18 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Primera Parte:  Revolución y contrarrevolución en la Banda Oriental.

 

Segunda Parte:   Revolución y contrarrevolución en la Banda Oriental. II

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1815-1830: La Propiedad (III)

Prof. Andrés Freire1 .

Segunda Parte.

El afianzamiento de la contrarrevolución. 1830.

El derecho de Propiedad se vuelve sagrado.

 

Los comienzos de la reacción.

Desde los comienzos mismos la revolución agraria artiguista será frenada hasta la exasperación por el Cabildo. Este órgano representativo de los intereses del patriciado montevideano siguió una continua política de obstrucción a los objetivos pautados por Artigas, buscando por todos los medios a su alcance imposibilitar la aplicación practica del Reglamento, recuérdese por ejemplo el incidente con Encarnación Benitez y la actitud del Cabildo y Artigas respectivamente que ha he narrado anteriormente, tratando incluso de torcer el sentido de las diferentes disposiciones contenidas en el mismo, ya sea en provecho de sus propios integrantes, o (pero aún) en él de notorios emigrados y enemigos, defendiendo por ejemplo a Albin.

Parecía de este modo a fines del año XV “que el Reglamento hubiera nacido para consolidar la propiedad de los latifundistas contrarrevolucionarios que para sostener los derechos de los paisanos pobres al usufructo de la tierra”2 .´

Artigas combinadaEl mismo Artigas tuvo que intervenir en varias oportunidades a favor del paisanaje, enfrentándose al Cabildo en reiteradas ocasiones, pudiéndose ver como “el Cabildo tomaba medidas en desconocimiento y en contradicción con las de Artigas; habían sí, dos gobiernos paralelos, dos políticas, dos revoluciones” 3 .

Por su propia lógica esta situación era insostenible a corto plazo. No es coherente que por largo plazo puedan coexistir en paz dos poderes que día a día se vuelven más distantes y antagónicos, máxime cuando el artigüismo se va radicalizándose cada vez más y tiende a afectar los intereses de los patricios “patriotas”.

Incluso en una nota poco conocida fechada el 8 de julio de 1815, Artigas pierde los estribos, y al recriminar al Cabildo por incumplir su orden de cerrar el tráfico portuario con Buenos Aires, afirma: “Mis órdenes sobre el particular han sido repetidas y terminantes, y su inobservancia no puede sernos favorable… Sean los padres de la patria más inexorables pos su deber: de lo contrario aún me sobran bríos para firmar su exterminio”4 .

Estas advertencias con un lenguaje menos duro se repiten más de una vez, pero no se  concretaran jamás, queda la duda si esto es porque el Protector pensaba que sin el cabildo no se podían concretar sus objetivos políticos, o “por no atreverse a tomar ante esa aristocracia una actitud como aquella que en 1820 llevaría a Gaspar de Francia a eliminar virtualmente de la escena a quienes en Asunción podían ser calificados como grupos análogos a los que entorpecían la marcha de la revolución oriental”5 .

Pero los patriotas orientales no supieron o no quisieron dar ese paso, y se continuara con esta política por parte del Cabildo hasta el momento en que los cabildantes desobedeciendo previamente las ordenes de demoler las murallas de la ciudad, recibirán a Lecor y los portugueses con honores, agradeciendo que los librara del “Teatro de la Anarquía”. Inclusive un sector del patriciado intentara el 2 de septiembre de 1816 con la llamada “rebelión de los cívicos” sacudirse antes el pesada yugo que suponía un gobierno jacobino en acción.

Finalmente la traición del Cabildo, de diferentes caudillos federales y orientales, y la derrota final de Tacuarembó frente a los portugueses marcaran la derrota de Artigas, pero el artigüismo seguirá vivo, y el miedo a la revolución social por las clases dominantes también, y por eso en los sucesos del año 1825 en adelante jamás se reivindicara a Artigas.

¿Por qué?, precisamente por su política agraria, no sólo por el radicalismode su Reglamento es decir por su tinta, sino por su praxis, porque “la práctica revolucionaria…, trascendió largamente el marco jurídico formal inicial”, “el curso de los hechos se enderezó hacia una política general de libre acceso a la tierra”6 .

 

La Cisplatina y los comienzos del Uruguay independiente. Devolviendo la propiedad a los poderosos de siempre.

 

Al momento en que las tropas portuguesas lograron controlar el territorio provincial, los latifundistas expropiados clamaron por recuperar sus propiedades, de las que afirmaron habían sido injusta e ilegalmente privados.

Pero esto no era para nada fácil, ya que el Reglamento había sido aplicado masivamente, y esta situación trajo importantes repercusiones, debido a que para lograr la “pacificación” de la rebelde Provincia fue necesario acordar con los diferentes cabildos locales y con Rivera, y esta sumisión siempre provisoria se logra al pactar este último con Lecor lo siguiente: “los hombres del campo no serán inquietados en su posesión, cualquiera que ésta sea: fruto de donación documentada o mera ocupación a la espera de la documentación artiguista”7 .

Como consecuencia de esta situación no se puede dar satisfacción total a los reclamos, porque de haber desalojos masivos, la paz sólo conseguida por la traición de unos, el agotamiento de los recursos de otros, y las concesiones a otros más, se quebraría, y eso era un lujo que los portugueses no podían darse.

Esta problemática será resuelta en primera instancia por la acordada del 26 de agosto de 1820, en esta circular se amparara a los latifundistas, pero sin expulsar a los llamados “poseedores de buena fé”, es decir a los donatarios artiguistas, de este modo se niega toda validez jurídica a lo actuado por quien guste o no era la legitima autoridad de la Provincia, que lo hagan los portugueses no llama la atención, lo no tan sorprendente es que los primeros gobiernos patrios continúen con esta política como veremos más adelante.

En este primer momento los latifundistas podrán recuperar sólo los campos que estén vacíos o los ocupados por simples intrusos, a su vez esto último provoca un nuevo impulso al caudillismo, ya que para no perder las tierras que usufructuaban los donatarios se ven obligados a vincularse a un “protector” local, el caudillo del pago, otrora comandante militar artigüista, ahora abrasilerado. Pero la solución adoptada no complacía a los latifundistas y una nueva disposición legal del 7 de noviembre de 1821, rebajo la extensión de las tierras que podían poseer los donatarios al establecer que su propiedad estaría limitada únicamente al terreno en que estuvieran sus ganados mansos. Y como los donatarios eran pobres en ganado, la tierra en sus manos se redujo en gran medida.

Además el 21 de noviembre de 1821 se emite el bando por el que se convocaba a todos los poseedores a regularizar sus títulos amplia las disposiciones que afectaban gravemente la situación de los otrora beneficiados.

Estos no pueden regularizar su situación patrimonial, y si bien la mayoría no son desalojados tampoco pueden consolidar sus propiedades.

Los que vieron sus tierras reclamadas tuvieron queenzarzarse en largos y enredados pleitos que por norma general perdían, esto en el mejor de los casos cuando no eran (por hallarse aislados en grandes latifundios poco repartidos o en lugares donde la mayoría de los colonos había muerto resistiendo al invasor) desalojados por la fuerza sin ningún trámite legal.

La disposición que estableció el pago de una “moderada composición” favoreció en forma notoria en cambio a aquellos que tenían capital disponible: los grandes hacendados orientales y los recién llegados portugueses, estos últimos cuando crean la campaña tranquila intentaran profundizar la política de expulsión, pero el paisanaje reaccionaria apoyando masivamente la insurrección de 1825, luego de darle la espalda a intentos anteriores.

La tarea de expulsar a los donatarios artiguistas definitivamente se realizara en el Uruguay independiente, no de inmediato porque como desalojar a miles de hombres armados que pueden aun privados de su conductor hacer sentir su presión, dará largas al asunto mientras esta situación se mantenga paralizando los expedientes y así con fallos a favor de los latifundistas, pero sin expulsiones masivas, llegaremos a 1830.

 

La Constitución de 1830.

Ya desde los comienzos se marca en la legislación del naciente estado la influencia que el miedo al renacer de la revolución social marca en su obra, el miedo a “convivir con las mayoritarias “clases bajas” a las que el artiguismo diera alas y enseñara la “división de posiciones y propiedades” 8 .

artigas 02Este temor llevo a los hombres del “Gobierno Provisorio” a concretar en forma casi inmediata la salvaguardia de la propiedad, y el 12 de julio de 1826 establecieron en el artículo segundo de la Ley de esa fecha: “Las propiedades consagradas por las leyes, están al abrigo de toda violación y de toda extorsión arbitraria”.

En esta ley la propiedad comienza a volverse sagrada, buscando cerrar el camino por lo menos legalmente a un eventual retorno a lo que ellos llamaban la anarquía, es decir el reparto de propiedades, esto es lo que une a todos o casi todos los hombres de 1830, más allá de las polémicas diversas, debido a que hay una posición de clase común a todos los hombres, eso los hace marchar juntos en torno al liberalismo conservador y obviando cualquier referencia al odiado artiguismo. Debo recordar aquí que como ya he dicho en las “Instrucciones del Año XIII” en su artículo IV, se establecía que los gobiernos tienen como objetivo y fin conservar la igualdad, la libertad, y la seguridad, realizando una verdadera declaración de derechos que como ya he explicado en forma intencional ignora la propiedad.

En cambio los constituyentes de 1830 sostendrán en el artículo 130 de la constitución que: “Los habitantes del Estado tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad y propiedad. Nadie puede ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes”. Observe el lector que desaparece la igualdad y aparece como derecho fundamental la propiedad.

Este texto sufrió varias alteraciones, en 1918 se cambio la palabra Estado por República, y en 1934 se agrego el derecho al trabajo y se modifico la segunda parte del articulo quedando redactado así: “Nadie puede ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes que se establecieren por razones de interés general”. Hoy en día es el artículo 7 de nuestra Carta Magna.

Como si esto fuera poco existió otro articulo que con alguna modificación es el 32 actual que establecía que “El derecho de propiedad es sagrado e inviolable; a nadie podrá privarse de ella sino conforme a la ley. En el caso de necesitar la nación la propiedad particular de algún individuo para destinarla á usos públicos; recibirá este del Tesoro Nacional una justa compensación”. O sea para garantía de los “malos extranjeros y peores americanos”, ya no habrá más posibilidad de expropiaciones sin indemnizar, los vencedores de 1820, los que entregaron la ciudad fortaleza, dormirán tranquilos y en paz.

 

Nuestro presente y el final de sus mitos.

Toda Historia tiene un comienzo, y también un final, y nos retrotrae al día en que quedaron establecidas hasta hoy en el texto que debe ser el custodio de nuestros derechos y libertades, en nuestra Constitución, una de las claves de nuestros padecimientos actuales, el momento en el cual la propiedad privada paso a ser sagrada e inviolable, por encima de todos los otros derechos ya que fue este el momento en que se estableció ese carácter divino, mientras otros como la vida, el honor y la libertad, jamás recibieron ese mismo tratamiento por parte de legislador alguno.

Escribir, pensar, reflexionar sobre este momento que continua cristalizado hasta ahora en nuestro derecho no es algo menor, porque requiere desentrañar el carácter a la vez falaz y mítico en el que se apoyan los intereses de clase de los que desde siempre todo lo tienen, en una sucesión de apellidos que se reitera en algunos casos desde la colonia en otros desde la modernización hasta acá.

Y los mitos son siempre los mismos bien decía Carlos Marx en ese libro tan citado y alabado, y tan poco leído como es el Capital, refiriéndose a la acumulación originaria y en definitiva a porque encontramos diferenciación social: “En la economía política, esta acumulación primitiva desempeña aproximadamente el mismo papel que el pecado original en la teología. Adán mordió la manzana, y de ahí vino el pecado del género humano. Se nos explica su origen contándonoslo como una anécdota del pasado. En tiempos muy remotos había, por una parte, una élite laboriosa, inteligente, y sobre todo económica, y por la otra, bribones ociosos que despilfarraban cuanto tenían y aún más… Así fue que los primeros acumularon riqueza, y los otros acabaron por no tener para vender sino su piel. Y de ese pecado original data la pobreza de la gran masa que, a pesar de todo su trabajo, no tiene nada qué vender, si no se vende ella misma, y la riqueza de los menos, que continuamente se acrece, aunque dejaron de trabajar hace mucho tiempo. … Como es sabido, en la historia real, la conquista, el avasallamiento, la rapiña, en una palabra, la violación desempeñan el papel principal. En la suave economía política reinado siempre el idilio. El derecho y el “trabajo” han sido siempre los únicos medios de enriquecimiento,… En realidad los métodos de acumulación primitiva, son todo menos idílicos”9 .

Es así que metódicamente nos han acostumbrado a pensar y a sentir que los ricos lo son por su trabajo, y los pobres a su vez por su indolencia, este es el mito que se ha transmitido de generación en generación. Cuando desde nuestros orígenes coloniales, la realidad es bien distinta, o veamos sino a los vecinos de Nuestra Señora del Rosario, que querían trabajar la tierra y las autoridades coloniales los expulsan una y otra vez para asegurar los “derechos” de los dueños una orden religiosa porteña que tenia estos campos como un típico latifundio ausentista.

Esto no quita que en todas las sociedades y en todos los tiempos nos encontramos con quien prefiere hurtar que trabajar, vagar que producir, y siendo los humanos como somos, siempre será necesario, cierto accionar represivo, pero precisamente de lo que se trata es como lo demostró la política artiguista, que primero hay que darle a las personas la oportunidad de ganarse la vida con el sudor de la frente, impidiendo que sean transformadas metódicamente en delincuentes, del mismo modo en que ayer los latifundistas y estancieros, transformaban a los paisanos en gauchos, en un camino que para algunos fue ya sin retorno.

Así también de rancia y conservadora es la visión que los constituyentes de 1830, impusieron hasta hoy, el triunfo de estos hombres que son los vencedores de 1820 y los traidores de 1817, nos persigue hasta hoy como una maldición, pero también nos llegan otros ecos, otras voces, otras presencias que nos iluminan, y parece que fuera ayer no más que hombres como José Artigas y Benito Monterroso, nos dijeron la tierra para el que la trabaja, algún día cuando fieles a ese legado se redacte una nueva carta magna, la propiedad dejara de ser sagrada e inviolable, porque sagrada es en definitiva sólo la vida, y unos pocos no pueden sacrificar a los demás en el altar de su codicia y avaricia.

Que así sea.


1 Como Profesores hay tantos como profesorados y de dudosa formación, me veo en la obligación moral de aclarar que soy egresado del por muchos motivos glorioso Instituto de Profesores Artigas, 2 De la Torre, N., et alt, “La revolución agraria artigüista”, Montevideo, 1969, Ediciones Pueblos Unidos, p. 157. 3 Ibid. P. 158. 4 Archivo General de la Nación. Uruguay. “Correspondencia del general José Artigas al Cabildo de Montevideo”, p.14, citado por Azcuy, Eduardo, op. Cit. P.

295. 5 Azcuy, Eduardo, op. Cit. P. 299. Como bien lo plantea este historiador son tres ciclos que se desprenden de la Revolución de Mayo, el Ciclo Morenista que va de Mayo a Diciembre de 1810, el Ciclo Artiguista, y el Ciclo Paraguayo de Francia y los López, 6 De la Torre, N., et alt, “La revolución agraria artigüista”, Montevideo, 1969, Ediciones Pueblos Unidos, p. 13. 7 De la Torre, N., et alt, “La revolución agraria artigüista”, Montevideo, 1969, Ediciones Pueblos Unidos, p. 101. 8 Barrán, José Pedro, “La independencia y el miedo a la revolución social en 1825”, Montevideo, Ficha 44 Ciencia Política, Fundación de Cultura Universitaria, p.33. 9 9 Marx, El Capital, Tomo II, Capitulo 24, Ediciones Fuente Cultura, México D.F. pagina 202-3.

 

 

Tomado de Diario La Juventud

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www.diariolajuventud.com.uy

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