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El polvorín

URUGUAY - Hurgadores marchan contra la IMM

29 Julio 2013 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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POR EL CENTRO, GENERAL FLORES, CIUDAD VIEJA Y EL PALACIO LEGISLATIVO

Eduardo Barreneche El País 27 de julio de 2013

 

Miles de carritos tirados por caballos tienen las horas contadas en Montevideo. Esa "amenaza" motivó ayer una protesta que, durante casi tres horas, afectó el tránsito en las zonas del Palacio Legislativo, de 18 de Julio, la Ciudad Vieja y la Intendencia.

Después de casi tres horas de estar arriba del carro, duelen los riñones. Julio O., el carrero de 50 años, que lleva las riendas del caballo, dice que a él le pasa lo mismo. Luego de una jornada de 10 horas encima del carromato, al otro día renguea.

El caballo de Julio O. es un hermoso oscuro, bastante bien cuidado. Se llama "Gato". Cuando lo compró hace unos años, se llamaba "Siervo". Julio le cambió de nombre porque "Siervo", dice, no es nombre de caballo recolector de basura.

El carro de Julio O. también está cuidado. Tiene detalles en madera dura y barras de hierro. Pero, carece de suspensión y los golpes de las ruedas sobre el pavimento callejero se trasmiten al cuerpo.

Julio O. era uno de los últimos de la larga caravana organizada ayer por la Unión de Clasificadores de Residuos Urbanos Sólidos (Ucrus). Eran dos los motivos de la protesta: un decreto de la Junta Departamental de Montevideo que permite a particulares reciclar residuos especiales de comercios y empresas, y las continuas requisas de caballos efectuadas por la Policía y la IMM.

"La Intendencia y la Junta Departamental de Montevideo, cediendo ante presiones económicas de grupos poderosos, nos están robando la fuente de trabajo que nosotros mismos fuimos capaces de crearnos ante la incapacidad de los gobiernos de turno. Peor aun: ya hay un proyecto presentado en la Junta Departamental para sacarnos a todos los carros de la calle", reza un panfleto de la gremial de clasificadores que se distribuyó ayer.

El panfleto fue costeado por Adeom, contó Juan Carlos Silva, dirigente del sindicato Ucrus y concejal del barrio Marconi, a otros carreros.

A pura sangre.

 

Los salida de la marcha se concentró al mediodía en tres puntos: el Viaducto de Paso Molino; Propios y General Flores, y 8 de Octubre y 20 de Febrero. De ahí marchaban al Palacio Legislativo

Media hora antes, tres carros que llegaban desde Piedras Blancas, cargados con niños, se acercaron a la Plaza del Ejército y estacionaron en un baldío ubicado frente a un liceo. De uno de ellos saltó Richard Silvera (35). Su historia es parecida a la de otros carreros: no tiene la escuela terminada y no sabe hacer otra cosa.

Antes de comenzar la marcha, la secretaria general de la Unión de Recicladores de Residuos Urbanos Sólidos, Patricia Gutiérrez, hizo una larga advertencia a los movilizados.

"La lucha es por defender las fuentes de trabajo. Nada de relajo. Nada de insultos. Habrá autos que se van a tirar adelante. No hay que entrar en esa", señaló. Agregó: "queremos la basura que ellos (los conductores) tiran". Luego aconsejó: "No debe haber alcohol a la vista. Nos van a insultar como siempre. Hagamos oídos sordos".

Algunos carreros no atendieron los consejos de Gutiérrez. Llevaban botellas de vino escondidas debajo de cueros de oveja o en el interior de bolsas negras de residuos. Cada tanto, en medio de sonrisas, las llevaban a sus bocas.

A las 13:30 horas, una treintena de carros -muchos de ellos cargados con mujeres y niños- se dirigieron por General Flores rumbo al Palacio Legislativo. El oscuro de Julio O. se movía con agilidad y rapidez. Otros caballos se pusieron nerviosos y sus dueños debieron detener la marcha para calmarlos. El carro era duro. El "pelego" (cuero de oveja) encima de una tabla de madera no disimulaba la dureza del asfalto. El carro -como todo vehículo de reciclador de basura- carecía de amortiguadores y apenas unos elásticos amortiguaban los golpes provocados por desniveles del pavimento.

Pasaban las luces en rojo mientras un policía en moto trataba de organizar la marcha. Con señas pedía a cada rato que los carros se mantuvieran en una sola senda.

Frente al anexo del Palacio Legislativo esperaban otros 50 carros. Uno del sindicato leyó una proclama. Media hora después la marcha siguió por avenida Libertador hacia la Ciudad Vieja interrumpiendo el tránsito, ya que los carreros no respetaban los semáforos.

A medida que la caravana se acercaba a la zona céntrica, se repetían los bocinazos y las protestas de algunos conductores. Los carreros se detuvieron otra media hora frente a la Junta Departamental de Montevideo, en la calle 25 de Mayo y Juan Carlos Gómez. En ese momento 95 carros ocupaban casi tres cuadras.

Los dirigentes del gremio de clasificadores entregaron allí una carta. Luego la marcha cortó por la mitad a la Ciudad Vieja. Muchos peatones y turistas sacaban fotos en sus celulares. Otros observadores, con rostros crispados, dirigían sus miradas al estado de algunos caballos.

En la avenida 18 de Julio, la protesta se transformó casi en un espectáculo. La gente salía de los comercios o se detenía para verla pasar. Policías en moto circulaban de un lado a otro de la avenida tratando de cortar el tránsito de autos y peatones con el propósito de evitar un accidente.

Frente a la Intendencia de Montevideo, la marcha se detuvo por casi una hora. Varios carreros dieron su punto de vista a través de un parlante mientras dirigentes de la gremial de clasificadores intentaban ser recibidos por la intendenta Ana Olivera. Ocho de ellos fueron autorizados a subir al segundo piso de la Intendencia. Los recibió la directora de Desarrollo Social, María Sara Ribero.

Antes de finalizar la marcha, los carreros saludaron la presencia del exguerrillero tupamaro, Jorge Zabalza.

Los clasificadores anunciaron allí una marcha "a la chacra de José Mujica" para el próximo viernes. "No hay que olvidar que cuando ganó, él hizo una caravana de carros y luego se subió a un auto", dijo Gutiérrez.

Mi hijo, el carrero.

 

Hay dos tipos de carreros: obreros de la construcción que se dedicaron a reciclar basura al ser golpeados por la crisis económicas de 2002 y aquellos que "heredaron" el oficio de sus padres y abuelos y se encuentran atrapados en una espiral de pobreza y falta de oportunidades.

En el primer segmento se encuentran los casos de Luis Acosta (61) y Zulema Lima (45).

Ambos salieron a "requechear" con carros de mano. Lo hicieron durante años hasta que pudieron comprar un carro y un caballo. Un animal puede costar entre $ 24.000 y $ 60.000 dependiendo de su estado y edad. El carro un poco menos: $ 30.000 y los arreos (riendas, bozales, pecheras y maneas).

Zulema recuerda que pagó los arreos con las asignaciones familiares de sus cuatro hijas y el carro y el caballo en cuotas semanales de $ 1.000 que obtenía de reciclar cartón, botellas, papel, metales y nylon que recolectaba en contenedores.

El duro trabajo hizo mella en el rostro de Zulema. Parece que tuviera 65 años en lugar de 45. Lo mismo le pasa a Acosta, exobrero de la construcción. Su cuerpo refleja el trajín diario de andar kilómetros y kilómetros para poder recoger basura reciclable que le permitan obtener $ 200. Ese dinero le basta para comprar comida para él y su esposa y buena ración para el caballo, dice.

Al igual que otros clasificadores, Acosta no se puede jubilar por no reunir los años de trabajo requeridos por el BPS. Debe continuar en el carro otros cuatro años hasta cumplir los 65 años y ahí tratará de jubilarse porque en la construcción y como guardia de seguridad reúne 27 años de trabajo.

Julio O. también trabajó varios años en la construcción y con la crisis del 2002 quedó sin trabajo. "Con 40 años sos viejo en la construcción. A un amigo le dije que no me iba a morir de hambre y salí a reciclar", relata.

Julio O. es uno de los "privilegiados" en el gremio de recicladores. Tiene una lista de clientes -industrias, comercios y particulares- que lo llaman para vaciar talleres y casas de electrodomésticos, herramientas y muebles inservibles o viejos. "A esos clientes los cuido como oro", dice Julio, mostrando una dentadura vacía.

Miguel, uno de los oradores frente a la Intendencia, pertenece a la segunda clase de carreros. Dijo que desde que nació vive encima de un carro. "Tengo 40 años de esto. Ahora la Intendencia me quiere cortar las manos. ¿Qué le doy de comer a mis hijos?", se preguntó.

"La calle rinde".

 

Los carreros se quejan de detenciones "arbitrarias" de la Policía ante acusaciones de maltratos a los animales o robos a viviendas. También se quejan de requisas de caballos y carros por la IMM.

El lema del carrero es que la calle rinde. Solo hay que salir, aconseja Julio O. Y recuerda que a un carrero amigo lo llamaron de una casa para que tirara un mueble viejo. "Cuando llegó a su casa, desarmó el mueble. Escondido había US$ 4.600 dólares", señala con una sonrisa similar a la de un bebé.

Silvera advierte que si la Intendencia deja trabajar "puedo sacar hasta $ 1.000 por día". Ese día es un largo andar. Silveira y su caballo recorren 40 kilómetros. Al caer la noche, dejó atrás 800 contenedores revisados.

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