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El polvorín

Uruguay: acompañemos a Bernardino

25 Agosto 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Bernardino García tiene 68 años. Es el bisnieto del cacique Sepé y en este momento se encuentra en el Hospital de Clínicas, en el piso 10 sala 1 con un problema de salud importante. Por lo que cuentan los compañeros que los están cuidando tiene una tumoración hepática a la que no le darían solución quirúrgica. No puedo ofrecerles muchos datos mas porque no los tengo por el momento. Pero la cuestión es que hay que pagar exámenes y cosillas que traen aparejados los quebrantos de salud, para lo que se ha abierto una cuenta en Abitab que estará habilitada desde el lunes 30 de agosto. La cuenta es la numero 17508

Por mas información, pueden por supuesto ponerse en contacto con nosotros al mail del blog, que les haremos llegar las vías de comunicación con lo compañeros que están llevando adelante la campaña y trataremos de conseguir mas información al respecto.

Para que conozcan un poco mas sobre Bernardino, vuelvo a publicar una nota que subí hace unos días ( solo que ahora encontré fotos mas lindas)

Muchas gracias a todos.

Ivonne Leites

 

Estas fotos y dibujos, fueron cedidas por Gerardo Ruíz Barreiro, la foto fue tomada la semana pasada. Bernardino fue su compañero de habitación mientras Gerardo estuvo internado

Gracias Gerardo por las fotos y los aportes.

RELIQUIA: Bernardino García Lemos, tacuaremboense, bisnieto del Cacique Sepé, compañero de habitación durante mi enfermedad- Gerardo Ruíz . B
Bernardino García Lemos, dibujo de Juan Carlos Cafferatta

 

RELIQUIA: Bernardino García Lemos, tacuaremboense, bisnieto del Cacique Sepé, compañero de habitación durante mi enfermedad.
RELIQUIA: Bernardino García Lemos, tacuaremboense, bisnieto del Cacique Sepé, compañero de habitación durante mi enfermedad.

Carta del investigador Eduardo Picerno.

 

 

Bernardino García, Pensamiento y acción charrúa

Anotas

 Suplemento Información  Imprescindible Para  Pensar.

11 de JULIO de 2005

 Queridos amigos de América.

Aunque hace mucho que desaparecieron para siempre los legítimos, los genéticamente puros charrúas, felizmente hubo mucha mestización, y producto  de ello, miles de descendientes, y lo más valioso, supervivieron remanentes de su cultura y sus valores.

Ya sabemos que los colonizadores, los conquistadores, llegaron a una tierra, la Banda Oriental, donde no hubo ninguna mujer blanca durante 2 siglos. Y ellos venían sin pareja, de modo que se unieron con mujeres charrúas, a quienes llamaban “chinas” y así nacieron charruítas mestizos, que vivieron en las tolderías y siguieron siendo culturalmente charrúas. Luego fueron Gauchos, aquel hombre ambivalente que vivía solitario, con elementos de la cultura charrúa y de la cultura blanca. Por fin, después del etnocidio de 1831, y el reparto de mujeres y niños charrúas, el grupo de los mestizos aumentó a cifras extraordinarias, y digamos que llega a una cifra mayor a la quinta parte de la población, que son los que nacen con la manchita sacro coccígea, entre otros indicadores.

Para el Fondo Indígena, en determinada acepción de “pueblo indígena” se indica que son descendientes de pueblos autóctonos del país o región, a la época de la colonización, y que conservan todas o parte de las instituciones (culturales y otras), y principalmente tienen conciencia de su identidad indígena.

En el caso de Uruguay, serian aquellos grupos que además mantienen un lazo afectivo y religioso-espiritual con sus antepasados habitantes de estas tierras, que han sido conocidos en el período histórico, especialmente los Charrúas, que fueron quienes englobaron a todas las parcialidades autóctonas hasta el final de su historia como etnia, la que podemos situar puntualmente el 11 de abril de 1831, día de la masacre a traición.

Pero el día 24 de junio del 2005, después de haber solicitado a todas las regiones del país que enviaran datos de las comunidades, después de haber solicitado a esas comunidades que enviaran 2 delegados elegidos por las mismas, se reunieron éstos en la Junta Departamental de Montevideo estrechándose en un abrazo que implicaba una separación de 174 años, para encontrarse al fin, y verse cara a cara. Fue algo fantástico.

 Nosotros estuvimos solo como observadores y nos sorprendió la naturalidad con que hicieron sonar los cuernos y las caracolas para llamar a reunión del Consejo de Charrúas.

Allí vimos las trazas de una cultura que muchos dijeron extinguida. El mirarse, reconocerse como charrúa, el uso de las palabras con significado profundo y verdadero, recreando lo que fueron las asambleas indias, con participación de hombres y mujeres por igual.

Los semblantes con los rasgos del charrúa aún, su serenidad, su inteligencia ingenua pero profunda y desconfiada a la vez, y su determinación decidida a hacer respetar su cultura antigua y valiosa. Cuánto contenido tuvieron sus palabras, sus frases concisas y descriptivas de la realidad del mundo, del destino del mundo!

Cuando cada delegado tomó la palabra, también tomaba en una mano un símbolo. Era el símbolo de la palabra, un pequeño cetro de caña al que llamaban el  “bastón de la palabra”, con incrustaciones de plumas, y que estaba coronado por un pico de ave autóctona, una garza. Por fin se eligieron los representantes al Fondo Indígena: Una mujer como titular, y dos suplentes, todos de comunidades diferentes.

Se decidió funcionar como Consejo Permanente y también se manifestó que se rechazaba la ingerencia de entidades que no fueran representativas de comunidades reales. Un ejemplo es el caso concreto de la persona que viene auto denominándose “Integrador”, y que utiliza la sigla “INDIA”, y actúa sin autorización de ninguna de las comunidades de referencia. Por el contrario, accede a medios por ser periodista, y vuelca ideas generalmente contrarias y hasta discriminatorias respecto a los charrúas de ayer y de hoy. Esta persona, cuyo nombre no merece figurar en nuestras conversaciones, actúa por su cuenta, ignorando y despreciando la sensibilidad de nuestra cultura autóctona, y ha colaborado entre otras cosas, junto con gobernantes de mentalidad colonialista, a la profanación de los restos de uno de nuestros caciques venerados, Vaimaca Perú, a quien sacaron de la tumba para que los supuestos académicos colocaran en una caja de fósiles al cuidado de un paleontólogo. También hemos constatado la falta de 18 restos mortales en el momento en que realizamos su reducción.

En este inicial Consejo Indio, se mencionó la incipiente Unión de Mujeres Charrúas (UMCHA) tanto de Uruguay y de parte de la Argentina. Son aquellas mujeres que educaron las pautas éticas y de conducta iniciales a los niños, y que son las que perviven para siempre, y se llevan hasta la muerte.

Pero lo esencial ha sido la nueva unión entre los charrúas, y se que tiene la fortaleza de sus ancestros, aquellos que siendo un puñado, lucharon con bravura durante 3 siglos contra las invasiones que pretendían reducirlos por la fuerza del número y de las armas.

Puedo decir, por lo que me tocó observar, que los charrúas están nuevamente en pie de lucha, en la dimensión del presente, y realmente podemos esperar después de esta “resurrección”, que en adelante en la sociedad podrá resurgir lo mejor de esta expresión de una cultura que no pudo ser aniquilada, como tantas de nuestra América indomable*.

*(Hemos visto que se han utilizado símbolos de la cultura charrúa en este acto, lo que unido a la seriedad del mismo resultó muy emocionante)

José Eduardo Picerno

Investigador  del pasado uruguayo y de los Charrúas

José Eduardo Picerno 

Nació el 10 de octubre de 1937, en la ciudad de Canelones, hijo de René García (bisnieta de charrúas) y de Rafael Picerno, hijo de italianos. Antes del año de edad la familia se trasladó a Montevideo, donde su padre trabajó como constructor de obras y su madre, profesora de piano, se dedicó a las labores de la casa. Durante su infancia visitó frecuentemente su casa natal y se sentía atraído por los parajes de campos y chacras que rodeaban la ciudad.

Cursó sus estudios hasta primer año de Facultad de Arquitectura, la que abandonó por sentirse mas atraído por la literatura y la filosofía.

A los 20 años comienza a trabajar como administrativo en el Banco Hipotecario del Uruguay. A los 32 años contrae matrimonio, e inmediatamente comienza a estudiar Psicología en la antigua Facultad de Humanidades y Ciencias (año 1971).  Se siente atraído por los enfoques científicos y experimentales que dan a la Psicología un mayor grado de objetividad. Durante la intervención de la Universidad de la República por el gobierno dictatorial de Bordaberry en 1973, realiza un paréntesis en que prosigue estudiando disciplinas emparentadas con la Psicología tales como Hipnosis Médica, Parapsicología, fundamentalmente Epistemología (Filosofía de la Ciencia). Se hace experto en diseños de experimentación científica e ingresa al Instituto Clemente Estable para realizar investigaciones, pero las deja sin efecto porque se reabre la carrera de Psicología en 1978. Se recibe dos años después con las más altas calificaciones.

Cuando contaba alrededor de 30 años de edad su madre por primera vez le anuncia casi como un secreto que “en la familia hubo un charrúa”. Este dato no fue tomado muy en cuenta hasta que varios años después su madre se lo volviera a reiterar, contándole que un sacerdote había desertado de tal condición en España y llegado al Uruguay había formado su hogar con una mujer charrúa, habiendo tenido descendencia por la vía del apellido Cañete, y que se había transmitido hasta su madre la sangre charrúa, siendo ella bisnieta de charrúas. Este dato quedó almacenado en la memoria hasta que tuvo conocimiento de que existía una Asociación de Descendientes de la Nación Charrúa, a la cual se vinculó y comenzó a estudiar estos temas.

Bernardino García

 

Pensamiento y acción charrúa

Es nieto de charrúas y bisnieto del cacique Sepé, el que apresara y matara a Bernabé Rivera, junto a otros indios en Yacaré Cururú, en 1832 como venganza de la matanza  de Salsipuedes.

En este breve relato diré que es amigo mío, porque lo fui a buscar a Tacuarembó, me hizo entrar a su modesta casa, y me sentí como en la mía. Es un hombre que tiene los rasgos típicos de los charrúas, el pensamiento de los charrúas, y el orgullo de los charrúas. Pese a que es analfabeto, no tiembla si tiene que hablar con  el Presidente o con un niño. Si le ponen un micrófono y una cámara, igual dice lo que debe decir.

Y lo que dice son cosas sencillas pero profundas. Hay en este hombre una inteligencia que no es de esta época.

A veces ha venido a mi casa y mira la TV. En ocasiones mi señora le hace alguna pregunta. La respuesta de Bernardino García, no es inmediata, demora unos 5 segundos  y no contiene casi nunca más de 4 palabras. Tiene gran capacidad de síntesis.

Pero les contaré una anécdota mejor. Para el desfile que se hizo en el año 2000, vino Bernardino de Tacuarembó para unirse a la caballería de los gauchos que en gran número llegaban de todo el país. Pero como de costumbre, estaría vestido de indio charrúa.

Llevaría su vincha con 3 plumas, su tanga de cuero de venado, su lanza de palo (no de tacuara, esta es de los gauchos), sus boleadoras a la cintura, y montaría en pelo un caballo.

Fuimos a un campo donde había un caballo que le prestarían. Mientras, pedimos un serrucho y de un álamo Bernardino comenzó a cortar una rama bien derecha para hacer la lanza. En determinado momento , para seguir serruchando su rama debía corta otra más pequeña que molestaba e impedía continuar. Entonces me dijo:

- No puedo estragar.

-Pero Bernardino, qué le hace romper esa rama, habiendo tantos árboles, y además se hace tarde!

- No, no puedo estragar el árbol.

Le pedí el serrucho y fui yo quien lo “estragó”, o sea que corté la rama y seguí hasta sacar la que habíamos elegido para hacer la lanza. Pero quedé impresionado por la seguridad con  que se negó a cortar esa rama insignificante. Comprendí la filosofía que había en su mente, que era la misma  que alentaba en los charrúas de hace centurias. Pero luego vino el amigo Héctor, que traía el caballo, solamente con el freno y riendas.

-Bueno Bernardino- le dijo- acá tenemos el caballo, súbase a ver si lo prueba.

-No,- dijo Bernardino- primero vamos a ver si me acepta.

Se acercó al animal, puso su cara cerca de la del caballo, parecía que se olfateaban. Estuvieron así medio  minuto. De repente Bernardino nos dijo:

-Sí , parece que me acepta-

Entonces lo montó en pelo y dio una vueltas, mientras comentábamos el respeto inusual que demostraba por el caballo. Con este tipo de personas, la tierra como planeta jamás se destruiría por causa del hombre.

Siempre me quedaré con aquellas imágenes inesperadas pero muy demostrativas de lo que eran nuestros indios, de quien heredó este hombre esa filosofía, tan profunda, y tan actual, o mejor dicho un tipo de pensamiento que jamás debió perderse.

José Eduardo Picerno

 

Ricardo Silva (Caio)

 

Tomado de http://chancharrua.wordpress.com

 

 

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Javier Marsico 08/28/2010 18:06



Buenisimo el articulo y donde encuentro mas informacion e historia al respecto?



El polvorín 08/28/2010 18:27



Podes buscar en los grupos indigenistas. Si te manejas en Facebook estan los grupos Nación Charrúa y TACUABÉ CHASQUI OYENDAU.


Despues tenes los blogs :


Chancharruas http://chancharrua.wordpress.com/


http://uruguaycharrua.blogia.com/temas/novedades.php este creo que esta parado..no le veo publicaciones recientes


En Marquemos un Norte también http://caio.uy.over-blog.com/


 


 



claudia 08/26/2010 14:24



Es una lástima q cada vez se vaya lavando más la sangre charrúa y su pensamiento con respecto a la tierra, deberíamos de aprender de ellos, aunque sea un poco.